La ceremonia de inauguración fue el 6 de septiembre de 1953 bajo un lema: “Estreno del hogar”
Fue de esa forma que el propósito inicial trascendió a la propia biblioteca, dando lugar a conferencias, conciertos, bailes y diferentes tipos de reuniones, siempre intentando potenciar su vocación cultural y comunitaria.
El elenco fue destacado entre el teatro independiente platense.
Ese crecimiento, en paralelo con la adquisición de un edificio lindero de la cuadra al cual anexaron el predio y mudaron la escuela, permitió que para 1952 se decidiera reconvertir la propiedad de calle 58 y transformarla de forma definitiva en el Cine Teatro Ópera. La ceremonia de inauguración se llevó a cabo el 6 de septiembre de 1953. Su invitación, en la que se ve una fotografía del frente del teatro prácticamente en la forma que se ve en pleno 2026, también anunciaba en idish: “Estreno del hogar”. En ese acto se cortó la cinta de inauguración y se cantaron los himnos de Argentina e Israel, todo eso frente a más de 650 personas.
Para ese momento, la apuesta inicial era la del teatro. El diario El Día, por ejemplo, valoraba la frescura de la labor del cuerpo actoral del Teatro Ópera, señalando su “auspiciosa calidad” y cómo el elenco independiente de arte escénico del teatro se destacaba dentro del movimiento local de los teatros vocacionales. Las obras, además, señalaban que principalmente se dedicaban al realismo, pero que particularmente sus actores lograban una vibración comunicativa que, con lo espontáneo del lenguaje coloquial, lograban transmitir lo que esas obras intentaban generar en el público.
La arquitectura edilicia, ícono de identidad.
Crisis y renacimiento
Sin embargo, lo que se había iniciado como un viaje con viento de cola, antes de sus 15 años ya empezaba a mostrar grietas por temporadas de descuido en su gestión edilicia. En paralelo a su función de cine, también comenzaba a funcionar como sala de conciertos. Pero, el 20 de julio de 1968, por ejemplo, al ingresar al show de Los Trovadores, a cada persona se le entregó un volante en mano que decía: “Señor espectador: En este momento, está Ud. sentado en una butaca de esta joven sala, que es el Cine Teatro Opera. Muchos años estuvo inactiva, mientras la acción del tiempo destartalaba sus paredes. La estamos vistiendo lo mejor posible, y la presentamos nuevamente a la ciudad.
Se cortó la cinta de inauguración y se cantaron los himnos de Argentina e Israel, todo eso frente a más de 650 personas. Se cortó la cinta de inauguración y se cantaron los himnos de Argentina e Israel, todo eso frente a más de 650 personas.
Sus constructores tuvieron como fin, hacer de esta sala una caja de resonancia cultural. Que los mejores poetas reciten sus obras, los mejores trovadores canten, los mejores teatros interpreten, en fin, que todas las personas con inquietudes elevadas, digan lo que tengan y quieran decir. Hoy hubiéramos deseado presentar la sala con plateas numeradas, con calefacción, con todos los elementos de la técnica, que la haga habitable y grata. No hemos llegado. Trataremos de hacerlo y pronto. De Ud. por ahora esperamos nos disculpen los defectos. Y que nos ayuden a prestigiarla con su presencia y la de sus amigos en cada acto. Por nuestra parte nos comprometemos a traer lo mejor que nuestros artistas e intelectuales puedan ofrecernos”.
A modo de disculpas, en ese comunicado además le prometían al espectador futuros shows de calidad, tal es el caso del anuncio a futuro de Mercedes Sosa. Shows que, sin embargo, jamás sucedieron. Pero eso mismo, buscar alternativas, quizás fue lo que poco a poco fue llevando al Teatro Ópera a acercarse al circuito alternativo, a aquellas expresiones jóvenes que nacían de los márgenes como apuestas a nuevas sonoridades o experiencias.
Algo que pudo verse, por ejemplo, con el anuncio del “1er concierto experimental Beat”, donde tocaron Diplodocum Red & Brown y La Cofradía de la Flor Solar, el grupo de rock psicodélico formado por jóvenes hippies de la ciudad. Ese show, en su propio anuncio, afirmaba: “Consecuentemente con el movimiento socio-cultural que se da en algunas partes del mundo nació también una nueva manera de expresar sensaciones óptico-visuales mediante la creación de un clima en el cual el espectador llega a sentir una verdadera experiencia comunicativa y vivencial creemos que ésta es la manera por eso lo intentamos”.
Las obras de teatro ocuparon un lugar protagónico.
En el libro Fuimos reyes de Mariano del Mazo y Pablo Perantuono, donde repasan la historia de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, los autores afirman que “La Plata era un foco cultural que, en sus 60 kilómetros de distancia con la gran metrópolis, lograba el doble juego de la permeabilidad y el aislamiento. Mundana y pueblerina, desarrollaba epicentros artísticos propios”. Además, “La Plata parecía el centro del mundo. Había una mezcla de arrogancia y orgullo. Los estudiantes egresaban y la población universitaria se renovaba en una cinta sinfín. El chico del interior se encontraba de pronto viviendo con sus pares en departamentitos o pensiones, con toda la libertad del mundo. Musicalmente, con los últimos Beatles, Rolling Stones, Who, Kinks, Jimi Hendrix, Cream, Bob Dylan y tantos más, el fin de la década del 60 fue glorioso. Mientras en el hemisferio norte una etapa comenzaba a cerrarse, con la disolución de Los Beatles y el célebre "dream is over" de Lennon como epitafio, en la Argentina —o con más precisión, en Sudamérica— asomaba un paisaje musical e iconográfico totalmente novedoso: estaba inventándose una historia todavía impoluta”.
Esa historia todavía por escribir la llevaban adelante, por ejemplo, grupos como los mencionados, La Cofradía y Diplodocum con Skay Beilinson en sus filas. Kubero Díaz, guitarrista de La Cofradía, dice en ese libro: "Para mí eran vanguardia. Nadie sonaba así acá. Skay trajo mucha data de Europa: tenía una valija llena con discos recién salidos. El primero de Led Zeppelin lo gastamos de escuchar lo con el Flaco. Había dos bandas en La Plata: la nuestra y Diplodocum. Y enseguida pegamos onda".
Y Rocambole, artista plástico en las filas de la cofradía y luego actor fundamental de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, por su lado, decía: "Ellos tenían mucha presencia audiovisual en sus shows. Y usaban un proyector de aceite que estaba muy de moda porque lo tenían todas las bandas psicodélicas de la Costa Oeste de los Estados Unidos. Nosotros habíamos desarrollado un proyector de aceite casero muy rudimentario. Cuando vimos que los Beilinson traían uno 'industrial' nos hicimos amigos y decidimos hacer un recital juntos en el Teatro Ópera".
Ligado al Max Nordau, se realizaron todo tipo de actividades.
El registro en video recientemente publicado en YouTube de ese día muestra a la gente sentada, pero enérgica. Ese recital fue, además del encuentro de dos bandas vanguardistas, uno de los hitos más importantes de la música nacional que marcaría, tiempo después, no solo la música local sino también una forma de hacer, una forma de trasladar al trabajo una convicción de independencia inédita. Esa noche, en el Teatro Ópera, el mito afirma que se conocieron Skay y Poli, una de las duplas más fuertes del rock local por el amor, por las ideas y por las formas de elegir moverse en el universo de la industria para generar, finalmente, uno de los movimientos populares más importantes de la historia argentina.
Durante los años 70, además de mantenerse como un espacio de conciertos, el Cine Teatro Ópera funcionó como galería de arte. Su hall de entrada funcionaba como espacio de exposiciones. Contó con obras como las esculturas expresionistas de Nelba Greco, óleos grabados de Lozdan Brandolín o pinturas de los artistas plásticos Miguel Ángel Guereña y Ernesto Isaac Winitzky, por ejemplo. Lo que siempre se mantuvo fue, esencialmente, el teatro. Con el golpe de estado en el año 76 y el comienzo de la dictadura cívico-militar, La Plata fue uno de los lugares más golpeados por la represión estatal. La persecución, secuestro, asesinato y desaparición de estudiantes, trabajadores, docentes, sindicalistas y más, tuvo a la misma Universidad Nacional de La Plata como una de las instituciones de educación superior más castigadas por el aparato represivo. Sumado al cierre estratégico de las carreras de Sociología, Antropología, Psicología, Cine, Mural y Periodismo, la UNLP tuvo entre su cuerpo de alumnos, docentes y no docentes a más de 750 víctimas del terrorismo de estado. De esta forma, no solo la comunidad educativa era golpeada por el contexto sino también la cultural.
El acto de inauguración del salón de actos.
En ese mismo año, Miguel Ángel Solá debía interpretar la obra Equus, originalmente de Peter Shaffer y bajo dirección de Cecilio Madanes, en el Teatro Ópera. La obra se puso en escena en plena dictadura y su historia sucede dentro de un hospital psiquiátrico. Cuenta sobre un joven que cegó a 26 caballos y mantiene una relación de tensión sexual y fascinación total por esos animales. La interpretación de Solá junto a Duilio Marzio, sumado a los temas que abordaba la obra y un desnudo total de parte de Miguel Ángel, generaron escándalo y conmoción en una sociedad militarizada y oprimida.
Fue de tal magnitud el impacto que a la hora de presentarse en el Teatro Ópera de La Plata sufrieron un atentado. En la previa, mientras se preparaban para actuar, encontraron una bomba en el camarín. Ésta fue retirada y la hicieron explotar en la calle, pero ese ataque -frustrado- fue suficiente para levantar y suspender la obra.
El cartel en la vereda, vigente desde antaño.
El contexto sociopolítico fue un factor clave durante la década de los 80 para las actividades del Centro Literario Israelita y Biblioteca Max Nordau, que encontró una causa unificadora en la lucha por la defensa de los derechos humanos y la solidaridad con los oprimidos. Para comienzos de 1983, la juventud del Centro comenzó a organizar un encuentro para conmemorar el cuadragésimo aniversario del levantamiento del ghetto de Varsovia. Si bien hubo opiniones divididas entre la comunidad entre quienes consideraban que no se debían mezclar las causas, quienes pensaban que debían excluirse las referencias a la represión ilegal y quienes sostenían que había que mantenerlas, los integrantes del Max Nordau se mantuvieron en la decisión y el acto se realizó en el Teatro Ópera. Las consignas que allí se esgrimían frente a diferentes dirigentes, miembros de la comunidad judía y Madres de Plaza de Mayo fueron: "Contra el antisemitismo" y "Por los derechos humanos".
Año a año, se mantuvo la lucha conjunta impulsada por la memoria al levantamiento del ghetto de Varsovia y también los derechos humanos, convocando cada vez a mayor cantidad de personas de la comunidad democrática platense. Eso reunió a personas como Graciela Fernández Meijide (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos), el dirigente radical Federico Storani, Ernesto Tenenbaum (Juventud Judía Independiente), Horacio Huarte, Pablo Díaz (sobreviviente de La Noche de los Lápices), Renée Epelbaum y Hebe de Bonafini (Madres de Plaza de Mayo), Eduardo Aliverti y tantos otros más.
Una actividad contra el antisemitismo, en un foro debate.
Mientras tanto, la búsqueda artística del Teatro continuaba alimentando el circuito local. Durante la década de los 80 se presentaron allí Virus, el valor local de los hermanos Moura, Seru Giran, Spinetta Jade, Fito Páez, Celeste Carballo, Horacio Guaraní y muchos más. Como visita internacional, por ejemplo, Vinicius de Moraes, Toquinho y Maria Creuza trajeron a la sala la música popular de Brasil. Con el paso de los años, aprovechando la presencia todavía de las butacas originales, durante la década de los 90 volvió a ser exclusivamente un cine. El Grupo Harari, los máximos responsables de que La Plata cuente con un circuito de salas cinematográficas de calidad y a la altura de grandes ciudades del mundo, se hizo cargo del lugar. La actividad se extendió desde agosto de 1993 hasta diciembre de 2000, con Amores Perros, la película de Alejandro González Iñárritu, como última proyección.
Lo que siguió desde allí fue, nuevamente, una época de descuido y deterioro. El edificio pasó a manos de una iglesia durante toda la década de los 2000, marcando así una pausa en su vida artística y escénica. Sin embargo, tras diez años de actividades religiosas, de la mano de Javier Mardikián, un querido y recordado trabajador e impulsor de la cultura local, se buscó recuperar su espíritu original para principios de 2010. Javier fue el encargado de reactivar y potenciar el Teatro Ópera, algo que ya había hecho con la sala de calle 43, con un objetivo puntual, "fomentar la movida cultural, social y recreativa de la ciudad desde un espacio seguro que cuente con la legitimidad de los platenses”, tal como anunciaban los diarios de la época. En esa remodelación se quitaron las butacas, tanto fue así que solo queda una guardada en el teatro actualmente, y pasó a concebirse como una sala de conciertos tipo americana, con los espectadores de a pie.
El mito afirma que en el Ópera se conocieron Skay y Poli, una de las duplas más fuertes del rock local
“Vivimos esta apertura con mucha expectativa. Tenemos un espacio que ofrece, aproximadamente, 400 shows por año y esta cifra, por estos días, es algo que casi no ocurre”, le decía Javier al diario El Día. La reinauguración fue un jueves 18 de marzo con un brindis entre amigos, pero el 19 se presentó La Bomba de Tiempo como primer show del nuevo comienzo. El sábado 20 tocaron Los Ratones Paranoicos y luego fue el turno, con el paso de las semanas, de Peligrosos Gorriones, Dancing Mood, Almafuerte, Las Pelotas e Hijos del Oeste. Desde ese momento, y fiel a su pulso original, el Teatro supo hacer convivir el circuito de la cultural local con los artistas de carácter nacional y fue transformándose, nuevamente, en un escenario clave para la región.
La fachada actual, en el centro platense.
Con el fallecimiento de Javier en el año 2017, la sala volvió a cambiar de gestión. Desde 2018 es la productora Gonna Go quien se encuentra al frente de su administración y programación, con especial interés en el carácter histórico del lugar. Durante los últimos años se logró reacondicionar el frente del teatro para mantenerlo lo más parecido a su estado original. Tal es así que el cartel que se ve en su frente, ese que dice “Opera” en vertical, es el mismo de los inicios de la sala. Lo que vino después fue una renovación técnica y edilicia para poder modernizar el espacio y, de esa forma, también la propuesta artística.
“Buscamos recuperar esa esencia y actualizarla con una programación diversa”, supo decir Alexis Turnes Amadeo, director de la sala, dialogando de esa forma entre el peso histórico, su valor, y su importancia actual. Desde ese nuevo comienzo han pasado artistas como Estelares, Airbag, Miranda!, Babasónicos, Los Auténticos Decadentes, Dillom, Duki, El Mató a un Policía Motorizado, Catriel & Paco Amoroso, Wos y tantos otros más.
Durante lo que resta de la temporada, el Teatro Ópera de La Plata se encargará de celebrar sus 74 años de historia, una que sabe mirar hacia adelante. La sala mantiene su vigencia a nivel artístico y como espacio sigue firme en el rol que cumple dentro del circuito en el que está inserto. Originalmente fue pensado para darle cobijo a la educación cultural de las nuevas generaciones, para mantener viva la propia historia, para animarse en las expresiones de los márgenes y para ser un espacio fundamental para la vida social y política de la comunidad. Con épocas de esplendor y otras atravesadas por el olvido, la naturaleza inherente del Teatro Ópera obliga a una sola cosa: todavía intentarlo.