domingo 13 de septiembre de 2026
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A 50 años del crimen

¿Cómo fue el secuestro y asesinato de los abogados Karakachof y Teruggi?

Sergio Karakachoff era uno de los dirigentes con mayor proyección de la UCR platense y Domingo Teruggi había presidido la Federación Universitaria Argentina.

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El sábado 11 de septiembre de 1976, un automovilista encontró los cadáveres de dos hombres acribillados a balazos a la vera de la ruta 36, en el partido bonaerense de Magdalena. Sus cuerpos presentaban signos de tortura y numerosos impactos de armas de distinto calibre. En pocas horas, las víctimas fueron identificadas: eran los abogados platenses Sergio Karakachoff, de 37 años, y Domingo Teruggi, de 31, socios de un estudio jurídico dedicado a la temática laboral. Ambos habían sido secuestrados por un comando civil dos días antes en La Plata.

Eran los días más negros de la última dictadura militar. La Plata se había convertido en un sitio especialmente castigado por el accionar del aparato represivo. Los letrados habían sido secuestrados el jueves 9, en un amplio operativo desplegado por un grupo fuertemente armado que se movilizaba en varios automóviles. Tras recorrer distintos domicilios, los captores llegaron a la casa de Tolosa, donde Teruggi, que ese mismo año se habia recibido de abogado e incorporado al estudio junto a Karakachoff, vivía con su esposa, María Rosa Tonelli, y su hijo Mariano, de apenas 10 meses. Primero redujeron al dueño de casa y lo retiraron del lugar. Sin embargo, una parte del grupo permaneció en la vivienda y, cuando se presentó su socio, también lo capturaron.

"Mingo" Teruggi y el "Ruso" Karakachoff se conocían desde hacía muchos años. Aunque militaban en espacios políticos diferentes, compartían una misma concepción de la abogacía y una serie de ideales. Nacido en Lobería y formado en la tradición socialista, Teruggi se había sumado al reformismo universitario y en 1971 había llegado a presidir la Federación Universitaria Argentina (FUA). En el estudio jurídico que compartían se ocupaban principalmente litigios laborales de trabajadores de la zona.

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Pese a su raíz radical, Karakachoff se había acercado al mundo sindical, fuertemente dominado por el peronismo, entre otros motivos por influencia de su tío político, el abogado y dirigente peronista Roberto Guaresti, quien, desde fines de la década de 1960, lo había introducido en la CGT de los Argentinos, la corriente sindical liderada por el dirigente gráfico Raimundo Ongaro.

A la izquierda de la imagen Domingo Teruggi y Sergio Karakachoff, junto a sus parejas Marimé Arias y Marirrós Tonelli y un amigo en Chile. Una de las pocas imagenes en la que aparecen juntos.

A la izquierda de la imagen Domingo Teruggi y Sergio Karakachoff, junto a sus parejas Marimé Arias y Marirrós Tonelli y un amigo en Chile. Una de las pocas imagenes en la que aparecen juntos.

Imbuidos en ese ambiente, antes y después del golpe de Estado, ambos abogados habían presentado varios recursos de hábeas corpus en favor de presos políticos y militantes secuestrados.

Sergio, por entonces uno de los dirigentes del radicalismo platense con mayor proyección, estaba casado con María del Carmen Arias Noriega, a quien todos conocían como “Marimé”, profesora de Filosofía. El matrimonio tenía dos hijas pequeñas: Matilde y Sofía. Sergio fue uno de los fundadores de la Federación de Estudiantes Secundarios de La Plata, cuya conducción también integraron, entre otros, el tambien radical Pablo Pinto y los hermanos Hugo y Osvaldo Papaleo, miembros de una familia de panaderos anarquistas. Ya en la universidad lideró la agrupación Unión Universitaria de Derecho, una alianza fundada sobre los ideales reformistas e integrada principalmente por radicales pero también socialistas, anarquistas e independientes. Tambien estuvo en la creación de la Junta Coordinadora Nacional y participó de la creación del Movimiento de Renovación y Cambio, la corriente radical encabezada por Raúl Alfonsín. En 1973 había sido candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. En 1975, se había incorporado a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), desde donde continuó defendiendo a detenidos y desaparecidos.

Entre los militantes de su época admiraban su capacidad para leer los procesos, saber dónde pararse y rechazar las amarras de la disciplina partidaria. Recordaba que una de sus frases de aquellos años era: “Nosotros no somos ni Monseñor Plaza ni Nikita Kruschev”.

Karakachoff también habia incursionado en la prensa a partir de sus estudios en la Escuela Superior de Periodismo de la UNLP y su amistad con Raúl Kraiselburd, con quien habia compartido militancia estudiantil, reuniones políticas y hasta proyectos periodísticos y su pasion futbolistic por Estudiantes de La Plata. A la vez, Sergio había persistido en su vocación periodística, estudiaba en la Escuela Superior de Periodismo de la UNLP y participaba activamente en la edición de periódicos como Tarea, En Lucha, La Causa o La Calle, este último dirigido por Martha Mercader. Pero también incursionó en el periodismo comercial donde llegó incluso a trabajar para el diario platense El Día y lideró el diario El Sureño en Bahia Blanca, fundado en 1964 por Valentín Pitiot que vino a reemplazar a El Atlántico respaldado por un grupo liderado por Juan José Martín, poderoso empresario local y concejal que aspiraba a la intendencia.

Razones de una persecusión

Como muchos de los episodios de aquella época, la secuencia del secuestro tiene contornos difusos y versiones que no siempre coinciden en sus detalles. Lo que sigue es una reconstrucción que intenta sortear esas inconsistencias a partir del cotejo de testimonios de protagonistas y testigos cercanos y del relato transmitido durante generaciones dentro de las familias, la militancia radical y los organismos de derechos humanos.

El Ruso Karakachoff y Mingo Teruggi se concieron en la UNLP y tuvieron militancia común en el reformismo.

El Ruso Karakachoff y Mingo Teruggi se concieron en la UNLP y tuvieron militancia común en el reformismo.

Hacía un tiempo que Marimé y Mingo se habían acercado al Peronismo de Base (PB), brazo político de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), surgido a comienzos de los años 70 y con un fuerte trabajo territorial, tanto barrial como sindical. Su principal referente, el abogado y diputado Rodolfo Ortega Peña, había sido asesinado por la Triple A poco después de la muerte de Perón, en julio de 1974. Ese crimen provocó una fuerte dispersión dentro de la corriente. Muchos de sus militantes habían optado por la lucha armada, sin embargo, Mingo y Marimé aseguraban no compartir esa opción según recuerda, en diálogo con Begum, Marimé Arias Noriega, que vive desde hace muchos años fuera del país y en estos dias visitó La Plata donde participó de una serie de homenajes a quien fuera su marido, entre otros, la declaracion de ciudadano ilustre postmorten por parte del municipio. En ese tiempo y dadas las críticas circunstancias que vivía el pais, Sergio le había pedido a su mujer que se afiliara al radicalismo, convencido de que eso podía brindarle cierta protección.

Teruggi y Karakachoff, junto a sus respectivas parejas e hijos, mantenían un vínculo estrecho que excedía el ámbito del trabajo y la militancia. La abogacía los apasionaba, pero los juicios que atendían en su estudio de la calle 1 al 600, a metros de la estación del Ferrocarril Roca, apenas alcanzaban para cubrir los gastos del bufete y aportar algo a la economía familiar.

En busca de mejorar sus ingresos, unos meses antes Mingo Teruggi y Marimé Arias Noriega se habían presentado a un concurso para acceder a dos cargos de inspectores en la Caja de Subsidios Familiares para el Personal de la Industria (CASFPI). Los militares que habían intervenido el organismo habían cesanteado a unos treinta contratados vinculados con la ultraderechista Concentración Nacional Universitaria (CNU) y buscaban comenzar a cubrir esas vacantes. Teruggi y Arias Noriega fueron seleccionados y se incorporaron al organismo.

La medida provocó una inmediata reacción de la CNU, que respondió con la distribución de volantes en los que se protestaba por el desplazamiento de sus militantes y se denunciaba la incorporación de “reconocidos ideólogos marxistas”. Según testimonios recogidos muchos años después, uno de los principales instigadores de esas acusaciones habría sido el dirigente Héctor Darío Alessandro. Con el correr de los días, las presiones fueron en aumento hasta que, a comienzos de septiembre, antes de cumplir el primer mes en sus nuevos puestos, Mingo y Marimé decidieron renunciar. Faltaban solo unos días para el operativo que culminó con el secuestro de los abogados.

Los perseguidores contaban con información precisa para dar con sus presas. El grupo comando los buscó en lugares que pocos sabían que podían conducir hasta ellos, información que figuraba en los registros del CASFPI. Teruggi se había mudado a fines de agosto y había dejado allí la dirección de su nuevo domicilio, que solo conocía un puñado de allegados. Entre ellos estaba uno de los responsables máximos del CASFPI, que solía pasar a buscarlo en automóvil para concurrir a la oficina. Marimé, por su parte, al completar los formularios para su incorporación, había declarado como lugar de residencia el estudio jurídico de su marido y también había consignado la dirección de la guardería a la que concurrían sus hijas.

La guardería fue, precisamente, el punto de partida del operativo. Allí se presentaron a primera hora dos integrantes del grupo de tareas y preguntaron si las niñas habían asistido ese día. La directora, María Luisa Navarro, extrañada por la situación, se negó a brindarles información y puso al tanto de lo ocurrido a una hermana de Marimé, que también llevaba allí a su hija, para alertarla. Como todavía no había salido hacia el establecimiento, recibió el aviso a tiempo y logró poner a sus hijas a salvo y salió de la ciudad con destino a Buenos Aires.

En auxilio del amigo

Sergio pudo palpar el peligro. Después de comprobar que los desconocidos también habían pasado por el estudio, se comunicó con algunas personas de su confianza. Uno de ellos le ofreció las llaves de una vivienda para que pudiera ocultarse. Sin embargo, decidió ir antes a la casa de su socio para advertirle lo que estaba ocurriendo. Sus amigos Luis Mennucci y Julio Fernández Cortés intentaron disuadirlo, pero fue en vano.

Al presentarse en la casa de Mingo, María Rosa salió a su encuentro. Lo que le dijo lo dejó desconcertado: como si no lo conociera, aseguró que allí no vivía nadie llamado Domingo Teruggi, que estaba equivocado y le pidió que regresara en otro momento. Karakachoff comprendió entonces que algo no estaba bien. La tensión en el rostro de la mujer terminó de confirmárselo. Cuando insistió en pasar, dos desconocidos aparecieron detrás de la puerta. Karakachoff se presentó como abogado y dijo que quería entrar. Los hombres se miraron un instante y le franquearon el paso. Una vez dentro de la vivienda, lo redujeron. Tras un breve interrogatorio, comprendieron quién acababa de caer en sus manos: era Sergio Karakachoff, abogado laboralista reconocido defensor de presos políticos y referente de la UCR platense, señalado por los sectores conservadores -incluso en el propio partido- como uno de los “inspiradores del marxismo en la juventud radical.

La oratoria, una de las cosas que distinguía al Ruso Karakachoff.

La oratoria, una de las cosas que distinguía al Ruso Karakachoff.

Todo lo que sigue es brumoso. Según los relatos de aquella época recuperados por las familias, los integrantes de la patota se habrían comunicado con sus superiores para recibir instrucciones. Todo indica que, si bien el objetivo inicial eran Mingo y Marimé, la orden terminó incluyendo también a Sergio. Para entonces, al parecer, los captores ya se habían llevado a Teruggi. Sin embargo, un grupo permaneció en la vivienda, a la espera de Marimé, convencido de que llegaría al advertir la ausencia de su marido. Pero nunca apareció: ya habia sido puesta a resguardo junto a sus hijas. Finalmente, cerca de la medianoche, los hombres se retiraron.

En esas horas, dirigentes de la UCR reunidos en la escribanía de Juan Carlos Albertí iniciaron gestiones desesperadas para dar con el paradero de los dos abogados. El referente del Partido Intransigente Rafael Marino, por su parte, presentó un hábeas corpus ante el Juzgado Federal N.º 2 de La Plata, a cargo de Leopoldo Russo. Horas después, la Policía informó que no tenía bajo su órbita a ningún detenido con esos nombres.

Muerte y despedida

Sergio Karakachoff y Domingo Teruggi habrían sido asesinados durante esa misma madrugada y sus cuerpos abandonados junto a la ruta 36 —Camino del Sud—, frente al acceso al establecimiento Santa Juana, a mitad de camino entre Arditti y Bavio, en el partido de Magdalena. En la tarde del sábado 11, un automovilista que circuaba por la zona los encontró en ese lugar. Horas después, los familiares reconocieron los cuerpos.

En el archivo personal de Karakachoff que conserva la Universidad Nacional de La Plata, se indica que ambos fueron torturados antes de ser asesinados a balazos, con armas de distinto calibre.

La reconstrucción de los hechos y los testimonios recogidos posteriormente apuntaron a la posible participación de militantes de la CNU que para entonces se habían incorporado al aparato represivo. También se especuló con la intervención de efectivos de la inteligencia naval, aunque ese vínculo nunca pudo ser confirmado de manera fehaciente. La Justicia bonaerense jamás logró esclarecer el crimen. La causa abierta en el Juzgado Criminal N.º 6, a cargo de Ángel Nelky Martínez, por el hallazgo de los cuerpos apenas tiene tres fojas. Más allá de la formalidad del expediente, nunca se llevó adelante una investigación.

En medio de la incertidumbre y el temor de esos días, Marimé y sus hijas se refugiaron primero en la casa de las militantes de la Juventud Radical Gabriela González Gass y Fernanda Martinelli, según se consigna en el libro En lucha. Apuntes sobre la vida y militancia de Sergio Karakachoff, editado por la Universidad Nacional de La Plata en 1996. De acuerdo con la misma fuente, luego pasaron un tiempo, en medio de la más absoluta reserva, en lo de Rafael Marino, quien, junto al radical Raúl “Polilla” García y otros dirigentes, realizó ingentes gestiones ante la embajada de Venezuela que finalmente les permitieron salir del país rumbo a Caracas.

“Nunca hemos encontrado ni una huella ni una sombra de quienes fueron los que secuestraron a Sergio y a Domingo. Al principio apuntamos a la CNU, hicimos un montón de averiguaciones y gestiones pero no conseguimos nada”, cuenta Marimé. Y agrega: “Inicialmente la cosa era conmigo y con Domingo por nuestra incorporación al CASFPI. Por eso nos buscaban. Se tropezaron con Sergio que fue avisarle a su amigo que lo estaban buscando y cuando llegó los secuestradores estaban allí”, relata. Y concluye: “Pienso que los mataron por ser abogados laboralistas y de presos políticos que presentaban habeas corpus. Fijate que a Maria Rosa, la esposa de Mingo, no le hicieron nada”.

En el círculo familiar de Karakachoff recuerdan un hecho que consideran un antecedente directo y que da cuenta del difícil panorama de aquellos días: el secuestro, el 17 de agosto de 1976, de los exlegisladores Hipólito Solari Yrigoyen y Mario Amaya, ambos abogados defensores de presos políticos. Fueron llevados primero a un centro clandestino de detención en Bahía Blanca y, tras una fuerte presión internacional, blanqueados y trasladados a una cárcel común. Aquel episodio generó un fuerte debate interno en la UCR, centrado en el grado de confrontación que el partido debía asumir frente a la represión ilegal. En ese contexto, aseguran, Sergio Karakachoff fue uno de los dirigentes que, en las reuniones internas, defendió con mayor vehemencia la necesidad de enfrentar los atropellos cometidos por los militares.

Domingo Alberto Teruggi, para todos Mingo.

Domingo Alberto Teruggi, para todos Mingo.

También suele mencionarse que pocos días antes del secuestro, Sergio entregó en la redacción del periódico radical La Causa dos textos. En uno de ellos el dirigente opinaba sobre la violencia imperante. “Hay un terrorismo que nunca ha tenido baja alguna y mucho menos un apresado o un detenido. Y no cabe duda de que ese terrorismo hace más daño al país que el otro, el definido y perseguido”, escribió. Cuando el periódico fue impreso, Karakachoff estaba muerto. No obstante, la publicación decidió reproducirlos como homenaje. Medio siglo después, aquellas páginas conservan una fuerza particular.

Al velatorio de Karakachoff asistieron las principales figuras del partido. Estuvieron Ricardo Balbín, Conrado Storani, Raúl Alfonsín y Anselmo Marini, entre otros. El cortejo fúnebre se detuvo frente al Comité Radical de la calle 48, clausurado por disposición de la dictadura, que había suspendido toda actividad política. Allí, el líder de la Juventud Radical, Federico Storani, despidió a su amigo y referente desde uno de los balcones del edificio con un breve pero encendido discurso en el que destacó su trayectoria militante. Cuando el cortejo retomó la marcha hacia el cementerio por diagonal 74, en más de una ocasión se escucharon disparos efectuados desde vehículos que pasaban junto a la caravana en actitud intimidatoria. Ya en el cementerio habló el exgobernador Marini. Por su parte, Balbín, que había mantenido con Karakachoff un vínculo particularmente cercano, dijo que el dolor le impedía hablar en ese momento. Al día siguiente hizo pública una declaración publicada por la prensa en la que exigió el esclarecimiento del crimen y advirtió que callar equivaldría a contribuir al miedo y a la intimidación.

La desarticulacion del PB -en cuyas filas militaron, entre otros, Rodolfo Walsh y Horacio Verbitsky- durante la dictadura ha hecho que la memoria sobre el crimen de los abogados se haya concentrado más en los espacios ligados al radicalismo y la figura de Karakachoff. En los últimos días, además de su designación como Ciudadano Ilustre Post Mortem por el Concejo Deliberante, Karakachoff recibió la distinción “Azucena Villaflor” en la Legislatura bonaerense. En la UNLP, a la imposición de su nombre a la biblioteca del Colegio Nacional y al edificio céntrico de la calle 48 entre 6 y 7 se sumó ahora la postulación institucional para otorgarle el título de Doctor Honoris Causa.

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