domingo 06 de septiembre de 2026
Tapa-Begum-H 04-09.jpg
Faro contracultural

La historia de La Cofradía de la Flor Solar, rock de La Plata original

Cultores de la vida en comunidad, los cofrades abrazaron el rock como vehículo de expresión musical y artística, siendo el espejo de muchos jóvenes que veían que sus sueños se podían hacer realidad.

--:--

La ciudad de La Plata fue siempre un semillero y uno de los epicentros musicales del país, junto a la Capital Federal y Rosario. Desde el segundo lustro de la década de los sesenta, comenzaron a calar hondo en la juventud el beat y el rock, en sintonía con las tendencias mundiales. The Beatles fueron una especie de bomba atómica que cayó para cambiar el mapa musical global. Por otro lado, corrían vientos de cambio con la llegada del hippismo; este nuevo estilo de vida y movimiento contracultural pregonaba el pacifismo, la anarquía, la libertad sexual y una vida sin los preconceptos culturales tradicionales, y rechazaba los dogmas clásicos de correlación lineal entre el capitalismo y el consumismo como paradigmas vitales.

A pesar de que en La Plata ya existían varias bandas que comulgaban con el rock, a fines de los sesenta hubo una que colocó la piedra fundacional del “rock platense”, y fue La Cofradía de la Flor Solar. Cultores de la vida en comunidad, los cofrades abrazaron el rock como vehículo de expresión musical y artística, siendo el espejo de muchos jóvenes de la región que veían que sus sueños se podían hacer realidad.

Fueron un motor para toda una generación de músicos.

Fueron un motor para toda una generación de músicos.

Los libros dirán que La Cofradía fue un grupo de personas que vivía en comunidad y subsistía de las artesanías que realizaba, pero reducirla a eso sería desconocer todo lo que significó. Fue mucho más que una experiencia comunitaria: se convirtió en una de las primeras expresiones del rock platense que se animó a cantar sus propias canciones en castellano y en un verdadero motor de referencia para toda una generación de músicos. Su espíritu creativo y su manera de entender la música marcaron un camino que luego sería transitado por numerosas bandas de la ciudad.

Lee además

La primera formación orgánica del grupo, con verdaderas pretensiones de hacer música, comenzó a tomar forma en 1967, a partir del trinomio integrado por “Manija” Paz en batería, “Morcy” Requena en bajo y Hugo Pascua García en guitarra.

Bohemia, artesanías y vida comunitaria.

Bohemia, artesanías y vida comunitaria.

Morcy Requena: “Nací en Nogoyá, Entre Ríos, y desde chico siempre me atrajo la música de una forma increíble. Comencé tocando folklore en la escuela y cantando tangos con mi padre. En mi casa siempre hubo música, y empecé a tocar la guitarra de manera autodidacta, aprendiendo como podía. Era una época bastante difícil para aprender si no tenías un familiar o amigo que tocara, era muy complicado conseguir un profesor de guitarra en mi ciudad. Un día conocí a mi vecino Kubero Díaz, que vivía a tres cuadras de casa, y nos unió la pasión por los Beatles y esa nueva música que estaba sonando en el mundo. Lo primero que armé, entonces, fue un grupo llamado Los Grillos, donde tocábamos Manija, Kubero, Carlos Gómez y yo. Con esa banda nos presentamos muchísimo en confiterías, bailes, bares, y sonábamos muy bien, sobre todo gracias a Kubero. Hacíamos temas de The Beatles y Los Iracundos, entre otros, y así empezó mi carrera musical. Cuando terminé la secundaria, me fui a estudiar periodismo a La Plata junto a Manija, que se inscribió en Bellas Artes donde conocimos a Rocambole, a la “Negra” Poli y a mucha gente que estaba metida en el circuito artístico. Junto con Néstor Candy, que estudiaba cine, empezamos a tocar un poco, hasta que se nos dio por alquilar una casa en calle 41 y 13, para ensayar y empezar con la fabricación de artesanías”.

Ricardo Cohen: “Siempre estuve ligado a la música y tenía muchos amigos en ese mundo. A Jorge Pinchevsky lo conocía desde antes, porque éramos de la misma clase, pero siempre a través de las artes tenía amigos músicos. El comienzo del rock platense es muy confuso, porque muchos de los que dicen que hacían rock, personalmente pienso que hacían beat y se presentaban en los bailes haciendo covers. Hacían música en inglés de la que estaba de moda: si la moda eran los Beatles, tocaban eso; si era Creedence, todos tocaban ‘Orgullosa Mary’. Los Cluster’s Four eran clones de los Beatles, por lo que para mí, el primer grupo de rock platense que se atrevió a cantar en castellano y hacer sus propias canciones fue La Cofradía de la Flor Solar”.

Morcy Requena: “La Cofradía se fue formando de la nada, prácticamente. Al principio éramos Néstor, Manija y yo. Pero como conocíamos a un guitarrista genial que vivía en Entre Ríos, decidimos ir a buscarlo… era nada menos que Kubero Díaz. Nos fuimos con Néstor Candy y Rocambole a Nogoyá para que lo conocieran, y le tuvimos que pedir permiso a la familia Díaz para que lo dejaran venir a Kubero porque era menor. En Nogoyá está la iglesia de la Cofradía del Carmen, que visitamos, y a Néstor se le ocurrió la idea de juntar el nombre de aquella cofradía con uno creado por Miguel Grinberg, que por entonces editaba Eco Contemporáneo y tenía El Reducto de la Flor Solar. Isabel Vivanco, quien era parte de nuestro círculo platense, trabajaba en ese lugar”.

Experimentación, psicodelia y beatnik.

Experimentación, psicodelia y beatnik.

Ricardo Cohen: “Yo estudiaba en la Escuela de Bellas Artes, que todavía no era facultad. Ahí me encontraba con gente con la que congeniaba, y sabíamos que existía una tribu identificada con toda la bohemia del beat norteamericano, denominada beatnik, en la que estaban incluidos Manija Paz e Isabel Vivanco. Ella vino a la ciudad a estudiar estenografía, y trabajaba en la revista Eco Contemporáneo. De casualidad, el lugar donde se hacía la revista se llamaba El Reducto de la Flor Solar. Por otro lado, acá en La Plata, tenía un amigo que había fundado una librería en calle 7 entre 45 y 46 que se llamaba La Cofradía de la Flor Solar. Paralelamente, en la escuela de Bellas Artes, en la carrera de muralismo -que estaba en los sótanos- un montón de alumnos había hecho uno que consistía en una franja larga con flores tipo submarino amarillo y toda una estética psicodélica, al que le habían puesto de nombre ‘La Flor Solar’. Entonces el nombre estaba ahí, repitiéndose por todos lados. Y cuando se hizo el festival Gran Maratón Beat, de 30 horas sin parar, se acercó un hippie de una comuna llamada ‘Sun Flower’’’.

La Cofradía de la Flor Solar fue el nombre que estaba en el aire y la marca que necesitaba el grupo para salir a mostrarse. Los músicos comenzaron a ensayar en la hoy mítica casa de calle 13 y 41, y los artesanos, en un primer momento, supieron que debían seguir canalizando su arte a través de la música. Al principio, la banda se caracterizó por la experimentación y la psicodelia, sobresaliendo por la ejecución de música propia, lo que para la época no era poco. Con la incorporación del joven Kubero Díaz, la nave tomó vuelo y quedó conformada la formación más estable de la Cofradía, que debutó un 21 de septiembre de 1967 en la inauguración de una disquería que se encontraba al lado del cine Belgrano, en diagonal 80 entre 48 y 49.

Ricardo Cohen: “La primera formación de la Cofradía de la Flor Solar como banda fue la que alistó a ‘Pipo’ Fischer, más conocido después como Pipo Pescador, Néstor Candy, Enrique García y Abel Pachelo, que fue una formación previa a la históricamente conocida, y se armó para un baile que se hizo en Punta Lara. Como necesitaban un grupo medio tropical para bailar, que tocara en la fiesta, se improvisó esa formación en 1966, que se bautizó La Cofradía de la Flor Solar porque necesitaba un nombre que saliera en los carteles de publicidad. Ese mismo año presentamos una lista para hacemos cargo del Centro de Estudiantes de Bellas Artes, y ganamos. Pero en junio vino el golpe de estado de Onganía y se prohibió todo tipo de actividad política. Cerraron el comedor estudiantil, lo que fue una catástrofe. Entonces nosotros organizamos nuestro propio comedor; nos prestaron un lugar en el gremio de Correos; mangueábamos comida en el mercado de 49 entre 3 y 4, y en las carnicerías, y armábamos ollas populares. Luego, como queríamos hacer una universidad paralela, porque la dictadura había echado profesores, alquilamos la casa de calle 41 y continuamos con el comedor ahí. En esa casa habitaban Morcy Requena y Manija Paz, que ya traían la experiencia de haber formado una banda en su ciudad natal junto a Kubero Díaz, a quien mencionaban como un gran guitarrista. Tuvimos que comenzar a pensar en cómo mantenernos y cómo mantener a otros jóvenes que venían a la casa, entre ellos Kubero, y surgió la idea de la artesanía que se avivó con la llegada de Videla, que nos enseñó el oficio de trabajar el cuero y el metal. En 1967 ya quedó conformada la formación histórica del grupo, con Morcy Requena en bajo y voz, Kubero Díaz en guitarra y voz, Manija Paz en batería y Hugo Pascua García en guitarra”.

"Buscar aires de libertad", uno de sus leitmotiv.

Morcy Requena: “Beatles, Cream, Hendrix y toda la movida de fines de los ‘60 fueron nuestras influencias, y también el cambio en el estilo de vivir, en cuanto a fumar un porro y escuchar a Ravi Shankar. La idea era romper con el molde de esa estructura que teníamos todos los jóvenes de esa época y buscar aires de libertad. La característica del grupo era que no nos interesaba sonar bien, sino vivir la experiencia de que algo nuevo y diferente para nosotros y la gente que nos iba a ver estaba pasando. Nuestros conciertos eran un poco caóticos, y los temas a veces no terminaban... o terminaban en cualquier cosa”.

En 1968, Requena y los suyos comenzaron a grabar en cinta abierta en un estudio de grabación de la Capital Federal, con la producción de Miguel Grinberg, un demo que no tuvo repercusión; ninguna compañía discográfica se interesó en el material, a pesar del intenso peregrinar del productor por sus oficinas.

Morcy Requena: “La formación tuvo muchos cambios. Estaban Quique Gornatti en guitarra, Néstor Paul en guitarra, Manija, Tzocneh que tocaba la batería, Pinchevsky que iba y venía, Hugo Pascua… Pero la base era el trío Kubero-Manija-Requena. A veces entraba Néstor Candy en tumbadoras, e Isabel y Manija se encargaban de las luces, algo novedoso para la época porque en ese campo no había nada y experimentábamos con luces psicodélicas que hacíamos nosotros mismos. Por otro lado, como trabajamos en la fábrica de parlantes Fonum, en City Bell, eso nos ayudaba a equiparnos al menos decentemente”.

Quique Gornatti: “Mi relación con la música comienza a los cinco o seis años, al oír en el tocadiscos familiar las melodías de Beethoven, Mozart y otros grandes de la música clásica, que era lo que escuchaban mis padres y a todos nos gustaba; había una gran colección de esos discos pesados de pasta, y también algunos de tango. En mi casa también teníamos un piano Schneider vertical con el que mi madre se acompañaba cantando tangos, y en el que mi hermana mayor comenzó a estudiar y desarrollar su carrera de concertista. La música siempre estuvo presente en mi casa; este ambiente, más la herencia del oído musical de mi madre, fueron fuertes influencias para mí. A los nueve años empecé mis primeras lecciones de piano con la misma profesora de mi hermana. El estudio no duró mucho, porque cuando me enteré de que existían guitarras eléctricas, decidí que ése sería mi instrumento en adelante. A los doce años, recibí como regalo de cumpleaños mi primera guitarra eléctrica, una Fratti de una pastilla con palanca de vibrato que era exactamente lo que soñaba tener. Me sentí muy feliz, nunca terminaré de agradecerles a mis padres su regalo tan valioso y especial. Esa viola me abrió un nuevo camino de posibilidades y me sirvió para descubrir nuevos sonidos; a partir de ahí aprendí lo básico de técnica con un profesor, y me fui desarrollando intuitivamente escuchando de todo, especialmente los discos importados que traía de Europa el tío de un amigo, que justamente eran los mejores grupos que tocaban temas instrumentales, The Ventures, The Shadows y el gran Jerry Lee Lewis. Con ellos aprendí mucho, hasta que un día de 1966 me llegó el LP ‘Aftermath’ de los Rolling Stones, y después de escuchar aquello, quedé totalmente alucinado. Sentí que algo había llegado para quedarse en mí: era el rhythm and blues, y fue el gran envión que me animó a buscar mi destino como músico. Mi primer grupo lo formé junto a mi hermano Mario en 1963, y se llamó Los Drawers. Hacíamos ritmos tropicales y temas instrumentales, hasta que en 1968 me fui a estudiar Arquitectura a La Plata, y luego de instalarme, me uní a La Cofradía de la Flor Solar, luego de que un amigo de mi hermano me comentara que había una casa antigua llena de músicos. Cuando llego a la casa, me encuentro a Néstor Paul y le pregunto si podía tocar con ellos. Y me dice que justo en ese momento les faltaba un guitarrista”.

Ricardo Cohen: “Hacia 1969, yo ya había tomado las riendas ideológicas, y junto a Luis Creus decidimos actuar como ‘managers’ de la banda. Para esa época, logramos que La Cofradía estrenara la ópera rock llamada “Mezcladora de cemento” en el Instituto Di Tella. Era una especie de cuento a la Ray Bradbury, donde la experiencia era sonora y visual y se proyectaban imágenes en pantalla grande”.

En el insert interno de la reedición del CD acerca de aquella experiencia, Rocambole consignó que: “mientras tocaba La Cofradía de la Flor Solar se proyectaban cosas en pantalla. Era como una invasión de marcianos que llegaban a la Tierra y eran captados por el consumo y se hacían consumidores, o sea que ellos, a su vez, eran invadidos. Se hacían adictos a la Coca-Cola, a los helados… Luego de esa presentación, le gustamos a un productor llamado Manuel Román, quien enseguida nos consiguió una grabación para RCA, donde se registró el primer simple con los temas ‘La Mufa’ y ‘Sombra fugaz por la ciudad’, más otros dos que no se llegaron a editar que eran ‘El abuelo mufado’ y ‘Ahora es el momento’’”.

En 1969, La Cofradía logra presentarse en el Teatro del Globo, el festival Pinap, y el Anfiteatro Municipal de Pueyrredón y Figueroa Alcorta, donde comparte cartel con Almendra, Manal, Los Gatos y La Barra de Chocolate, entre otros. Ese mismo año, graba su primer simple oficial para la RCA con los temas “Sombra Fugaz por la Ciudad” y “La Mufa”. Editado por el sello RCA Vik bajo el número 31Z-1556, muestra un sonido emparentado con el beat rock de fines de los sesenta, iluminado por fulgores enrarecidos de psicodelia.

Morcy Requena: “Teníamos contrato con RCA, que nos grabó primero un simple y después nos cajoneó el contrato porque como también tenía a Almendra, que había editado ‘Muchacha ojos de papel’, y los ejecutivos tenían la absurda idea de que una banda no debía eclipsar a otra, guardaron nuestro contrato. Cuando nos lo devolvieron, después de muchas idas y vueltas, Billy Bond nos propuso que como le sobraban horas de grabación, veinte en realidad, grabáramos el primer disco de la cofradía en Music Hall”.

En 1970, merced a la iniciativa de Bond, participan del compilado “Pidamos Peras a Mandioca” con el tema “Juana”, a pesar de haber grabado mucho más material. En ese corte, la voz principal estuvo a cargo de Kubero Díaz, mientras que Requena cantó las voces graves en el estribillo. Grabado en los estudios TNT, la letra está basada en Juana Troncoso, de Nogoyá. Al tiempo, nuevamente bajo el ala del líder de La Pesada, lograron ingresar al estudio Phonal para grabar su primer larga duración. El disco, registrado en menos de 20 horas, se editó en 1971 bajo el nombre de La Cofradía de la Flor Solar, convirtiéndose en el primer long play de una banda platense. Editado por Microfon, bajo el catalogo I-293, contaba con 8 canciones: entre ellas “Quiero ser una luciérnaga”, “En la siesta” y “Rock alrededor del país”. Los integrantes fueron Kubero Díaz en guitarra y voz, Morcy Requena en bajo y voz, Manija Paz en batería y maracas, y Quique Gornatti y Skay Beilinson como “colaboradores”. La producción recayó en Jorge Álvarez, Pedro Puyó y Ricardo Kleiman, y el diseño gráfico quedó en manos de Rocambole y Kubero. En La Plata lograron tocar varias veces en discotecas. Luego se presentaron por primera vez en TV, participando de un programa de Germán Klein en La Plata; gracias a esa actuación, fueron invitados al programa de canal 11 Sótano Beat.

Quique Gornatti: “A fines de 1971 comencé a tocar con la Pesada porque faltaba un guitarrista, y como era amigo de Alejandro Medina, me aventuré y me fui a Buenos Aires a tocar con ellos. Como no estaban Pappo ni Gabis, que habían grabado el primer disco, toqué con ellos en varios shows hasta que ingresé a grabar con La Pesada el Volumen 2. En esa formación, para los shows estaban Javier Martínez en batería, David Lebón en guitarra, Alejandro Medina en bajo y Billy Bond en voz. En el disco, grabé el tema ‘La marcha de San Lorenzo’, pero no aparezco en los créditos, y como sobraban 20 horas de grabación, se las ofrecieron a la Cofradía para que grabara su primer long play. Esas horas eran para grabar, mezclar y ecualizar...”.

Ricardo Cohen: “Para la grabación del disco se siguió el concepto de comunidad, ya que todos están en esas grabaciones, hasta el gato. Era normal llevar incienso y comer pasteles. Con respecto al arte gráfico, la foto de tapa se sacó en la fachada de la casa de enfrente, y luego la procesé con una matriz de serigrafía, como la que usaba para los letreros de las actuaciones. Después, Kubero pintó la portada con marcadores de colores, recortó las impresiones serigrafiadas y pegó una con letras, también serigrafiada. En el interior del álbum hice un dibujo donde están los músicos caracterizados como si fuera el futuro, donde hay participantes gordos y otros flacos.

Morcy Requena: “Nosotros nos presentamos en el primer B.A.Rock en formato de trío, con Kubero Díaz en guitarra, Manija Paz en batería y yo en bajo. Para la presentación en el B.A.Rock II ya no toqué, ocupando mi lugar Paul, más Jorge Pinchevsky en violín y Quique Gornatti en guitarra.

Un arte propio en la gráfica de los discos.

Un arte propio en la gráfica de los discos.

El 11 de noviembre de 1970, La Cofradía tocó en el Festival de Música Progresiva de Buenos Aires, más conocido como B.A.Rock, compartiendo escenario con Contraluz, Jarabe de Menta, Los Mentales y los también platenses Diplodocum Red & Brown. En ese primer B.A.Rock también fueron de la partida las bandas consagradas del momento, como Almendra, Manal, Arco Iris, Pappo Blues, Los Gatos, Miguel Abuelo y Vox Dei, entre otros. Los músicos aún recuerdan la lluvia de monedas que les tiraron. Al año siguiente, en el B.A.Rock II, volvieron a presentarse con mejor respuesta del público. En esa ocasión compartieron escenario con Billy Bond y La Pesada del Rock and Roll, Vox Dei, Moris y Alma y Vida, más conjuntos del interior del país, lo me convertía al festival en un espectáculo federal.

En 1971, con el disco bajo el brazo, el grupo emprende una extensa gira bonaerense, en la que recibe el apoyo del público. La cosa pintaba de parabienes, pero en Mar del Plata, donde tocaron junto a Pedro y Pablo y Sui Generis, la policía allanó la casa en la que se alojaban y les imputaron cargos de posesión de drogas, a pesar de la terminante desmentida de los acusados.

Ricardo Cohen: “En Mar del Plata, la policía inventa un asunto con las drogas para que los cofrades nos vayamos de la ciudad veraniega. Inmediatamente, allanan la casa de La Plata y los dueños del inmueble nos rescinden el contrato de alquiler, y nos obligan a abandonarlo de inmediato. Ante esa situación, la vida en comunidad se desarma y cada uno tuvo que alojarse en casa de amigos y parientes. Con el caos de tener que desalojar la casa rápidamente se perdieron muchos objetos importantes, entre ellos, instrumentos. Con motivo de esta situación, yo decido quedarme en Mar del Plata y trabajar en ferias, algunos se mudan a la casa porteña de Pedro y Pablo en la calle Conesa, y otros se van a Brasil”.

Entre los que se alejan de La Cofradía de Flor Solar, Manija Paz se va del país e ingresa Rubén Lezcano, alias Tzocneh, para hacerse cargo de la batería. Continúan tocando, incluso bajo el nombre provisorio de La Energía Total. Por esa época ingresa Jorge Pinchevsky en calidad de invitado, ya que el grupo estaba buscando nuevos sonidos y la posibilidad de incorporar un violín le aportaba un color distintivo.

Quique Gornatti: “Nosotros invitamos a Jorge a tocar con nosotros, entonces, luego de un concierto con la Filarmónica de La Plata se apareció por la nueva casa de la Cofradía, en calle 122. Como yo tenía que visitar la casa de mis padres, en 9 de Julio, le traje el violín eléctrico que había hecho varios años atrás. Lo había construido para reemplazar el sonido de la trompeta en otra banda que tenía, y me parecía ideal incorporarlo a la Cofradía. Este violín no tenía caja, era como una ballesta con micrófonos... Se lo presté a Pinchevsky y no me lo devolvió más, hasta que luego de un problema en Inglaterra lo recuperé”.

Los graves problemas institucionales que atravesaba el país, sumados a la conducta del grupo que vivía en comunidad, muy mal vista por la pacata sociedad argentina de la época, y las escasas oportunidades para tocar en vivo en años de severa represión policial, llevaron a los músicos a replantearse su situación, y decidieron probar suerte, tomando otros caminos.

Quique Gornatti: “Con la banda ya consolidada, tocamos por diferentes lugares de Buenos Aires y La Plata; tocábamos con Almendra, con Manal, hasta que en 1971 tocamos en el comedor Universitario donde además de nosotros se presentaron un montón de músicos, entre ellos Miguel Abuelo. Cuando subimos a tocar, nos dimos de que detrás habían puesto una pancarta muy grande que decía Partido Comunista, ya que ellos lo habían organizado… ¡pero nosotros no teníamos ni idea de que eso era así! No teníamos vinculación política, fuimos a tocar porque nos habían invitado y era un concierto a beneficio. A partir de ahí, todos los que tocamos ese día comenzamos a ser perseguidos y vigilados. Además, nuestra actitud de vivir muchas personas juntas en una casa, con ropas raras, pelos largos y barba, llamaba por demás la atención y éramos muy vistosos en un entorno muy represivo. Cada vez que tocábamos, venían la policía y los servicios secretos y teníamos que escondernos. Así tuvimos varios episodios muy fuertes y agresivos en la calle. A fines de 1971 nos fuimos a vivir a los alrededores del casco urbano, a una casa de 122 bis y 72; un lugar descampado, con calles de tierra y todo. En la casa de 41 ya no podíamos estar más, porque nos exponía a todos. Luego de estar más o menos un año en ese lugar, vinieron dos veces grupos paramilitares a lincharnos, literalmente, haciendo un simulacro de fusilamiento. Nos tiraron al piso y tenían todas las armas listas para disparar, pero justo llegó el Mono Cohen y un policía que lo reconoció le preguntó ‘si era el pintor’. Y el Mono le preguntó si era Carlos. Y eran. Como lo conocían, pararon todo, pero nos dijeron que nos fuéramos del país, porque si no la próxima nos reventaban porque estábamos marcados por los militares. A partir de ahí abandonamos la casa, y nos desperdigamos por distintos lugares. Yo me fui a Brasil, Morcy y Kubero también y nos encontramos en Buzios, en Bahía, y luego de un año volvimos a la Argentina. A la vuelta nos encontramos y volvimos a tocar juntos, y surge la posibilidad de la grabación del disco de Pedro y Pablo; fue un disco muy censurado en el momento, así que no pudimos hacer ningún show, y a partir de ahí nos comenzamos a refugiar de nuevo en distintos lugares. Yo me fui a la Costa, porque ya no se podía estar en la ciudad, y nos escondíamos porque era una situación muy brava”.

Un recital en el comedor universitario, popular en aquellas épocas.

Un recital en el comedor universitario, popular en aquellas épocas.

En 1974, varios de los cofrades son invitados por Miguel Cantilo y Jorge Durietz para grabar un disco que se conoció como “Cantilo / Durietz y Los Apóstoles”, en el que participaron Quique Gornatti en guitarra y voz, Kubero Díaz en guitarra, Morcy Requena en voz y bajo, Rubén Lezcano en batería, y Jorge Pinchevsky en violín.

Quique Gornatti: “El productor del disco ‘Apóstoles’ fue Piero, y se grabó en los estudios de RCA. Cuando quisimos salir a presentarlo, un coronel llamó a nuestro productor y le dijo que estábamos prohibidos y censurados, que se retiraban todos los discos fabricados y que no podíamos hacer shows. Entonces nos volvimos a exiliar, con Piero que también tenía serios problemas políticos. Estuvimos un largo tiempo vagando entre La Plata, Capital y la costa, hasta que al final, luego de un verano en la costa nos quedamos ahí porque la ciudad era muy pesada. Hasta que por medio de nuestro amigo el Gordo Pierre surgió la posibilidad de ir a Londres, porque había conseguido que Mike Oldfield se interesara en nosotros para ir grabar allá, ya que él nos producía un nuevo disco. Kubero viajó con su mujer y su hija Luciana, yo con mi mujer e hija Jazmín de un año, Jorge Pinchevsky, y un asistente de la época llamado Pangaré. Aterrizamos en Francia, y como queríamos llegar rápido a Inglaterra nos tomamos un tren directo al puerto de Dunkerque, desde donde abordamos un ferry para cruzar el canal de la Mancha a Dover. Pero al llegar tenemos un grave problema que nos impide entrar”.

Ricardo Cohen: “En 1975, con un disco grabado, se lo llevamos a un manager importante y conseguimos que a la banda le tomen una prueba de grabación e ir a Inglaterra. Como Alejandro Legna tenía un dinero que había ganado por la lotería, alquiló allá una casa enorme y viajaron todos los cofrades. Los primeros en ir fueron Legna y Morcy, que arreglaron todo allá, y luego lo siguió el resto. Cuando van, a Pinchevsky se le ocurre meter en el violín un poco de marihuana, recurso que parece que ya era conocido porque lo primero que le pidió la policía inglesa fue el instrumento. Mientras los otros lo estaban esperando en esa nueva casa, se aparece un auto de la Scotland Yard y les pregunta si esperaban gente de Argentina; ante la respuesta afirmativa... se los llevaron a todos. Una anécdota que no sé si será cierta o parte de la leyenda, cuenta que en el juicio por tenencia, el juez británico le dice a Pinchevsky que por la cantidad de marihuana que llevaba no era para uso personal, porque era demasiada, y él le contesta que sí, porque era una fuente de inspiración… ¡Y que le diera una hora para demostrarle cómo la consumía!”.

Quique Gornatti: “Lo de Pinchevsky fue que él tenía dos violines; uno acústico y otro eléctrico, que yo le había prestado. En el acústico se le ocurrió meter mucha hierba, cosa que desconocíamos totalmente, porque le hubiéramos aconsejado que no lo hiciera. Cuando lo revisan y le encuentran las sustancias, lo meten preso tres o cuatro meses y a nosotros nos tachan el pasaporte y nos prohíben la entrada, con lo cual nos perdimos la producción. A partir de ahí, comenzó una nueva historia de ver como subsistir porque no contábamos con que nos íbamos a tener que ir de Londres, donde íbamos a tener casa y todo”.

Deportados a Francia, pasan luego a Holanda y comienzan a girar por Europa. Luego de deambular mucho, tocando en calles y bares, llegan a España y se encuentran con Miguel Cantilo que venía de Colombia. Algunos años después, Cantilo, Requena y Gornatti formarían Punch.

Los últimos conciertos fueron en Europa.

Los últimos conciertos fueron en Europa.

Morcy Requena: “Entre 1972 y 1977 fue una época muy complicada. No hubo una disolución; fue una orden del Ministerio del Interior que quiso destruir a La Cofradía de la Flor Solar. Los últimos conciertos fueron en Ibiza, en una época muy loca”.

En síntesis, la primera etapa de La Cofradía fue una historia de idas y vueltas: de experimentación y vanguardia, de alegrías y sinsabores, de persecución, prohibición y exilio. Allí, la música -unto a los oficios- sostenía la vida comunitaria, y funcionaba como refugio y motor creativo. Finalmente llegó el disco, pero las esperanzas de crecer y triunfar se dispersaron. El sistema castrador de la época los fue apagando hasta disolver el proyecto: les negó la posibilidad de tocar con libertad, de vender sus obras como otros artistas y de obtener rédito por su trabajo creativo.

Luego de varios años, en 1997 La Cofradía de la Flor Solar resurgió de las cenizas, como el Ave Fénix, para demostrar que sus músicos seguían más activos que nunca. A través de Morcy Requena, como artífice de la reaparición, la banda grabó “El Café de los ciegos”, esta vez junto a nuevos integrantes, entre ellos Sebastián Rivas en guitarra, Gustavo Melli en batería y Ary Farías en bajo. El álbum contó con nueve canciones, fue grabado y mezclado por Daniel Zanessi, contó con la producción artística de Morcy Requena y Santina Barbera y contó con el diseño gráfico de Rocambole.

Morcy Requena: “Cuando falleció Manija Paz en Buzios quise hacerle un homenaje, por lo que le consulté a Rocambole y grabamos un nuevo disco llamado El café de los ciegos con jóvenes artistas. El álbum fue grabado de manera analógica con cintas de dos pulgadas y contó con dos ediciones, una primera por DBN y luego lo volvimos a editar con La Cofra Records que era nuestro sello”.

Además de alegrías y pequeñas revoluciones, sufrieron persecución, prohibición y exilio.

Además de alegrías y pequeñas revoluciones, sufrieron persecución, prohibición y exilio.

Un año después en 1998, editan “Cofradika”, con la misma formación del disco anterior, más el regreso del histórico Kubero Díaz en guitarra y Moyano en teclados. El disco sale por medio de su sello y se convierte en el tercero de la banda.

Morcy Requena: “Para la grabación de ‘Cofradika’ se sumó Kubero Díaz y grabamos en los estudios Zanessi, nuevamente de manera analógica en cinta de dos pulgadas. Luego de esto el grupo se volvió a disolver, hasta que en 2005 se lanzó el CD ‘Histórico’, recuperando canciones inéditas y otras en vivo”.

En 2005, Requena, a través de su sello La Cofra Records, decide desempolvar viejas canciones que por distintas razones habían estado durmiendo más de tres décadas y que fueron remasterizadas en los estudios Zanessi. Con varias de los comienzos, entre 1967-1969, más otras con distintas formaciones de los setenta y los noventa, se edita el compilado “Histórico”, que resulta un documento imprescindible para entender en forma global su música, como así también pieza de lujo para los coleccionistas. Con el paso de los años y luego de quedar descatalogado, RGS lo volvió a editar en 2019. Por último, en 2007 graban “Kundabuffer”, el primer álbum editado por la banda de manera completamente digital.

Morcy Requena: “’Kundabuffer’ también fue grabado en Estudios Zanessi, con la misma formación de 1997. El disco se subió a la red de manera digital, para ser descargado de manera gratuita. Por supuesto el álbum contó con diseño gráfico de Rocambole, que fue siempre el responsable de todas nuestras tapas”.

Así se cierra la historia de la primera banda platense que logró colarse en el incipiente mundo del rock y que sentó las bases de la independencia artística, abriendo el camino a las que vendrían después. Porque La Cofradía de la Flor Solar fue más que un grupo pionero: fue un movimiento, un grito primal colectivo, una comunidad artística que marcó el verdadero comienzo del rock en la ciudad. Su particular modo de vida -esa forma de aunar música, arte y filosofía en una misma experiencia- se convirtió en faro para músicos, pintores y poetas. Fueron de los primeros en unir letras de vuelo místico y anclaje real con sonoridades que oscilaban entre lo lisérgico y lo existencial.

Entre guitarreadas, pinceles y noches infinitas, demostraron que era posible hacer música de manera autosuficiente, siendo libres y desobedientes. Y así, la icónica casa de la calle 41 terminó por volverse un templo: punto de reunión de músicos y de jóvenes curiosos que querían descubrir, de primera mano, de qué se trataba la cosa.

Este fragmento forma parte del libro "Rock de las diagonales", escrito por Leonardo De Angelis y editado por Ojos y Música.

Lee además

¿Qué es 0221.com.ar| Logo Begum?

Begum es un segmento periodístico de calidad de 0221 que busca recuperar historias, mitos y personajes de La Plata y toda la región. El nombre se desprende de la novela de Julio Verne “Los quinientos millones de la Begum”. Según la historia, la Begum era una princesa hindú cuya fortuna sirvió a uno de sus herederos para diseñar una ciudad ideal. La leyenda indica que parte de los rasgos de esa urbe de ficción sirvieron para concebir la traza de La Plata.

Dejá tu comentario

Leer más de BEGUM