Una historia que empezó en La Plata
Mucho antes de que Morena naciera, parte de su familia llegó a La Plata desde Europa. Su abuela paterna era española y su abuelo, italiano. Marcados por historias de guerra y obligados a empezar de nuevo, fueron construyendo una vida en la ciudad: él trabajó como sastre y llegó a tener un local en la zona de Plaza Italia, mientras ella trabajó junto a su familia en un almacén.
Las oportunidades que ellos no habían tenido buscaron abrirlas para sus hijos. Sin haber podido estudiar, hicieron de la educación una prioridad y acompañaron a la generación siguiente para que pudiera formarse. El papá de Morena, Juan La Vecchia, trabajó mientras estudiaba y tanto él como quien más tarde sería su pareja y mamá de la joven, Alejandra Galán, se recibieron de geofísicos en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
Morena junto a su familia, protagonista de una historia que atraviesa varias generaciones y mantiene un fuerte vínculo con La Plata
Del lado materno, otra herencia comenzaba a abrirse camino. Su abuela Marta creció en una familia de 15 hermanos en la que había quienes tocaban el piano y cantaban, aunque las posibilidades de la época no siempre permitieron convertir esas inquietudes en una profesión. Años después, sería ella una de las personas que más impulsaría el vínculo de Morena con la música.
El trabajo llevó luego a sus padres a instalarse en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), donde nacieron Morena y su hermana. La mudanza, sin embargo, no cortó el vínculo con La Plata: allí seguían estando sus abuelos, sus tíos y buena parte de una vida familiar que continuaba cada fin de semana.
“Toda mi familia es de La Plata”, cuenta Morena. La casa de sus abuelos y esos encuentros hicieron que, aunque hubiera nacido y crecido en CABA, La Plata también se convirtiera en un lugar propio: “Para mí esa segunda casa siempre fue La Plata”.
Para mí esa segunda casa siempre fue La Plata Para mí esa segunda casa siempre fue La Plata
Al mirar hacia atrás, Morena reconoce en ese recorrido familiar parte de la forma en que aprendió a perseguir sus propios objetivos. Sus padres, asegura, le transmitieron la disciplina y la determinación, pero también la libertad para elegir un camino muy distinto al de ellos. “Nunca me cortaron las alas”, recuerda.
El día que descubrió que podía cantar
De chica, Morena era introvertida y su mamá decidió mandarla a clases de canto para ayudarla a soltarse y ganar confianza. Al principio era un juego: cantaba porque le gustaba, sin imaginar que detrás de esas canciones podía haber algo más.
El descubrimiento llegó casi por accidente. A los 7 años, Morena estaba tarareando en su casa una canción que había aprendido en una de esas clases cuando su mamá la escuchó y la frenó. “Pará, pará, pará. Cantá eso de vuelta”, recuerda que le dijo.
Morena cantó otra vez. Su mamá llamó a su papá y tuvo que repetir la canción. Después llamaron a su abuela y volvió a cantar. De repente, lo que había empezado como un momento cotidiano terminó con la familia reunida a su alrededor, como una especie de jurado improvisado. “Puede cantar”, fue la conclusión.
Morena empezó a tomar clases de canto a los 7 años y poco después comenzó a presentarse sobre distintos escenarios
A los 9 años, otra escena terminó de acercarla a la música. Morena estaba cenando con su familia mientras la televisión transmitía la reapertura del Teatro Colón, en mayo de 2010. No sabía que el teatro tenía un coro de niños, pero cuando vio a ese grupo de chicos cantando sobre el escenario no tuvo dudas: “Quiero estar ahí”.
Su profesora de canto le contó que había audiciones para ingresar. Morena se presentó con una canción de una princesa de Disney y quedó seleccionada. Durante los seis años siguientes, el teatro se convirtió en su primera casa artística. Allí creció como cantante, participó de sus primeras óperas y empezó a descubrir desde adentro el mundo al que quería dedicarse.
La música también la acompañaba de regreso a La Plata. Los fines de semana, después de los almuerzos en el quincho de sus abuelos, Morena se sentaba al piano y hacía pequeños shows para la familia. A su lado solía estar Marta, la misma abuela que había alentado la música desde generaciones anteriores, escuchándola tocar y pidiéndole canciones.
Todavía faltaban años para Nueva York y para el Metropolitan Opera. Por entonces, el público de Morena estaba mucho más cerca: su familia reunida alrededor del piano en la casa de sus abuelos.
A los 9 años ingresó al coro infantil del Teatro Colón, donde se formó durante los seis años siguientes
De Buenos Aires a Nueva York: cada minuto es oro
Después de su paso por el Teatro Colón, Morena continuó su formación en el Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla, en CABA, donde cursó dos años de la carrera tras adelantar parte de sus estudios. Para entonces, el canto ya había dejado de ser solamente algo que disfrutaba: empezaba a convertirse en la profesión que quería construir.
Al terminar la secundaria consiguió una beca para estudiar canto clásico en la Mannes School of Music, en Nueva York. Tenía 18 años cuando se subió sola a un avión rumbo a Estados Unidos, mientras su familia continuaba su vida en Argentina. “Las ganas que tenía eran más fuertes que cualquier tipo de miedo”, recuerda en diálogo con este medio.
Morena interpretó a Eva Perón en Evita, su primer trabajo profesional en Estados Unidos
La distancia también hizo que cada oportunidad adquiriera otro valor. Morena sentía que no tenía la comodidad de haber nacido en Estados Unidos y que debía aprovechar el tiempo que tenía allí. “Cada minuto es oro estando acá”, dice. Esa idea se convirtió en una forma de moverse por Nueva York: insistir, golpear puertas y buscar oportunidades sin dejarse estar frente al primer “no”.
Durante los años siguientes se formó como cantante y compositora y comenzó a sumar sus primeras experiencias profesionales. En ese recorrido también encontró una manera de mantener cerca a Argentina: cantó tango, folklore y rock nacional, participó de distintos espectáculos en español y en 2023 interpretó el Himno Nacional Argentino durante un acto por los 200 años de relaciones bilaterales entre Argentina y Estados Unidos.
En 2023, Morena interpretó el Himno Nacional Argentino durante el acto por los 200 años de relaciones bilaterales entre Argentina y Estados Unidos
Había, sin embargo, un escenario al que seguía entrando como espectadora. Durante sus años de estudiante, siempre que podía, Morena compraba las entradas más económicas que el Metropolitan Opera ofrecía a estudiantes. Después de estudiar, iba con algún amigo y veía desde los sectores más altos del teatro a algunos de los cantantes que admiraba.
Años después, las redes sociales todavía le devuelven recuerdos de aquellas noches: videos de las óperas que veía desde las butacas y de los artistas durante los saludos finales. Son imágenes de una época en la que Morena todavía miraba hacia el escenario sin saber que, años después, sería ella quien observaría al público desde el otro lado.
El regreso de Turandot
En 2025, apenas dos meses después de graduarse de su maestría en Nueva York, Morena alcanzó uno de los objetivos que había perseguido durante años: ingresó al coro del Metropolitan Opera como integrante permanente. Tenía 24 años y se convirtió en la integrante más joven del coro y en la única cantante hispanohablante en ocupar una posición de tiempo completo.
El teatro al que durante años había entrado con una entrada estudiantil empezó a formar parte de su vida cotidiana. Con casi 4.000 asientos, el Met se convirtió también en su segunda casa artística, después de aquella primera que había encontrado de chica en el Teatro Colón.
El cierre de la primera temporada terminó por unir esos dos momentos de su vida. La última ópera que cantó fue Turandot, la misma que había visto a los 11 años durante aquel viaje familiar a Nueva York y que la había llevado a pensar, por primera vez frente a ese escenario, que algún día quería estar ahí.
Morena convirtió el canto en una profesión y hoy vive desde el escenario aquello que durante años observó como espectadora
Al llegar los saludos finales, Morena pudo mirar desde el escenario las caras del público. Reconoció en quienes lloraban, reían y aplaudían con la misma fascinación que había sentido de chica y, por unos minutos, dejó de pensar en lo que vendría después. “Veo las caras del público y me acuerdo de cómo estaba alucinada a los 11 viendo eso”, cuenta.
En esos minutos no piensa solamente en la nena que alguna vez miró Turandot desde una butaca. También aparecen los años de formación, la decisión de dejar Argentina a los 18 y el recorrido de una familia que había comenzado mucho antes en La Plata. “Veo todo el esfuerzo que hice yo, veo todo el esfuerzo que hizo mi familia”, recuerda. “Mi victoria no es individual”.
Veo todo el esfuerzo que hice yo, veo todo el esfuerzo que hizo mi familia. Mi victoria no es individual Veo todo el esfuerzo que hice yo, veo todo el esfuerzo que hizo mi familia. Mi victoria no es individual
El sueño de volver a su primera casa artística
A los 25 años, Morena todavía tiene escenarios con los que sueña. Uno de ellos es Broadway, donde le gustaría explorar otra de sus pasiones, la comedia musical. Hay otro, sin embargo, que conoce desde mucho antes y al que espera regresar algún día: el Teatro Colón.
Allí pasó seis años de su infancia y adolescencia, participó de sus primeras óperas y comenzó una formación que después continuaría en Nueva York. Volver a cantar en el Colón como profesional tendría por eso un significado diferente: sería regresar al lugar donde descubrió el mundo al que quería dedicarse, pero con todo lo aprendido durante los años que siguieron.
Ese deseo no está ligado solamente al lugar donde comenzó su carrera, sino también a lo que recibió durante aquellos años de formación. “Empecé ahí, aprendí, me formé, me dieron mucho en Argentina”, recuerda Morena. Por eso, entre los sueños que todavía tiene por delante, guarda uno especialmente ligado a sus comienzos: “Volver ahí y poder devolver un poco de todo ese camino que hice”.
Morena de bebé junto a su abuela Marta, la persona que más impulsó su vínculo con la música y quien todavía le pide que cante cada vez que la visita
Acostumbrada a pensar en el próximo objetivo, es en su familia donde Morena vuelve a encontrarse con las razones que la llevaron a cantar desde chica. Allí no importa cuál será el próximo escenario, sino algo mucho más simple: compartir la música con quienes la acompañaron desde el comienzo.
Marta todavía le pide que cante cuando Morena regresa a Argentina, como hacía durante aquellos encuentros familiares en los que se sentaba a su lado mientras tocaba el piano. Entonces vuelven los tangos y las canciones en español que su abuela quiere escuchar. El pedido sigue siendo el mismo que cuando era chica: “Canta algo”. Y Morena canta.