Hacía semanas que la chica de 14 años no respondía a ningún estímulo. Permanecía inmóvil en la cama del Hospital de Niños de La Plata, atrapada en un estado catatónico que le dificultaba comunicarse y conectar con el entorno. Sin embargo, un día el sonido suave de las patas de Ari comenzó a escucharse en la habitación. El perro acercó lentamente la cabeza hacia una de las manos de la niña y ocurrió algo inesperado. Primero fue un movimiento casi imperceptible en sus dedos, pero tras dos meses de visitas progresivas, la historia de la adolescente comenzó a cambiar, y el día de su alta médica terminó con una merienda en el patio del hospital junto al animal que la acompañó durante su recuperación.
El protagonista de esta historia es Ari, un chihuahua de pelo largo de cuatro años que integra el “Staff Canino”, el programa de intervenciones asistidas con perros del Sor María Ludovica de La Plata.
Cada viernes recorre los pasillos del hospital acompañado por Laura Fosque, una enfermera que asumió el compromiso de guiarlo durante las visitas. Entre salas de internación, estudios médicos y tratamientos, se acerca a los chicos, juega, se deja acariciar y acompaña momentos atravesados por el miedo, la angustia y la incertidumbre.
Ari nació en Ucrania, en un criadero ubicado cerca de una zona afectada por los bombardeos de la guerra con Rusia. Sin embargo, esa historia quedó lejos del perro tranquilo y sociable que hoy vive con una tutora a pocas cuadras de la República de los Niños y genera sonrisas apenas aparece por los pasillos del hospital.
Un día con Ari en el Hospital de Niños
El perro llega al hospital después de una rutina que se repite con precisión casi ceremonial. El día anterior lo bañan y lo peinan para estar apto para las visitas. Una vez allí, antes de recorrer las salas, espera unos minutos en una oficina donde toma agua mientras le colocan su correa y el chaleco celeste que le indica que su jornada está por comenzar.
Después baja al patio para hacer sus necesidades y comienza el trayecto que ya conoce de memoria: el mismo ascensor y los mismos pasillos que recorre cada semana.
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Ari sale al patio del Hospital de Niños antes de comenzar su rutina con los pacientes
Marcos Gómez | AGLP
Antes de entrar en contacto con los pacientes, se sienta quieto para la desinfección de patas y hocico con toallas antisépticas. Recién entonces llega a la sala de trabajo conjunto, donde médicos y especialistas definen qué chicos pueden recibir la visita de ese día. Con el consentimiento firmado por las familias, empieza a entrar habitación por habitación y la conexión con los niños es instantánea.
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Ari en uno de los pasillos del Hospital de Niños, haciendo el recorrido de cada viernes antes de compartir con los pequeños pacientes
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Cuando Ari se sienta, se echa y juega con los chicos logra romper por un momento con la lógica hospitalaria. Los encuentros ocurren en un clima íntimo y cálido. Así lo vivió Lola, una de las pacientes que compartió tres encuentros con el chihuahua durante su internación. Mientras la niña permanece sentada sobre la camilla, conectada al suero y acompañada por su mamá, él perro entra despacio a la habitación y se acerca hasta quedar sobre la cama. Lola lo acaricia, le da de comer y observa en silencio cada uno de sus movimientos.
Después comienza el juego. La niña esconde el premio detrás de la espalda y extiende las dos manos cerradas para que su nuevo amigo adivine dónde está. El perro olfatea con atención, duda unos segundos y finalmente elige una.
Cuando Ari acierta, Lola sonríe. Por unos minutos deja de mirar el suero, los estudios y la habitación del hospital para concentrarse solamente en él.
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El momento íntimo en el que Ari y Lola juegan juntos en el Hospital de Niños de La Plata
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Beneficios de la intervención asistida con perros
El mayor impacto de las intervenciones es emocional. A medida que Ari recorre los pasillos del hospital, las expresiones de los chicos cambian. Muchos sonríen apenas lo ven aparecer, otros estás esperando en sus habitaciones y algunos pacientes, que minutos antes estaban angustiados o desanimados, vuelven a mostrarse atentos y participativos durante las actividades.
Los efectos también se reflejan de manera progresiva en los tratamientos. Muchos niños ya no se resisten a realizarse estudios o procedimientos médicos cuando están acompañados por el perro. Incluso participa en ecografías y acompaña a los pacientes al momento de bajarse de la camilla. Su presencia funciona como una motivación y ayuda a transformar situaciones de tensión en experiencias más amenas.
La presencia de Ari es una motivación y ayuda a transformar momentos los de tensión de los procedimientos médicos en experiencias más amenas
En un contexto atravesado por internaciones prolongadas, medicación y estudios constantes, el vínculo con el animal introduce momentos de juego, cercanía y afecto que alivian, aunque sea por un rato, la rutina hospitalaria.
Elizabet Montero, médica del Hospital de Niños, contó a 0221.com.ar que la implementación del programa generó cambios notables en la experiencia de los pacientes durante las internaciones.
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Los perros se convirtieron en puentes de alivio y conexión para los chicos internados en el Hospital de Niños de La Plata
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El trabajo se desarrolla de manera conjunta entre médicos, trabajadores sociales y psicólogos, quienes evalúan cada intervención según el estado de salud y las necesidades de cada niño. Cuando un paciente recibe el alta, además, se lleva un recuerdo especial: un certificado firmado con la huella de Ari.
La historia del programa y la llegada de Ari
El programa “ Staff Canino ” comenzó a implementarse hace un año en el Hospital de Niños y desde entonces ya fueron 86 los pacientes que participaron de las intervenciones asistidas junto a Ari.
La iniciativa nació a partir de un trabajo conjunto entre la Defensoría del Pueblo bonaerense, el Observatorio del Vínculo Humano-Animal de la Universidad Nacional Arturo Jauretche y la Fundación Ludovica. La propuesta tomó como referencia experiencias similares implementadas en el Hospital El Cruce “Néstor Kirchner”.
Desde que Ari llegó al Hospital de Niños ya fueron 86 los pacientes que disfrutaron de sus intervenciones asistidas
El hospital recibe niños de entre 0 y 14 años y el principal objetivo de la propuesta es recuperar parte de la cotidianeidad que muchos pierden durante las internaciones prolongadas.
Son chicos que atraviesan situaciones de desarraigo, lejos de sus casas, amigos, familiares y mascotas. En ese contexto, la presencia del perro aporta cercanía y calidez en un espacio que muchas veces puede sentirse frío o abrumador.
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Ari en acción con uno de los pacientes. Su presencia aporta calidez en situaciones que pueden ser abrumadoras para los chicos
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Los pacientes que los esperan
El programa se desarrolla principalmente en terapia intermedia, con pacientes que atravesaron patologías complejas o pasaron por terapias intensivas y ya transitan una etapa de recuperación, como ocurre en muchos casos oncológicos.
Para formar parte del proyecto, Ari atravesó una evaluación rigurosa. Su tranquilidad, el temperamento sociable y el tamaño pequeño fueron algunas de las características que hicieron posible su incorporación. Puede subirse a las camas sin dificultad y durante las visitas permanece en calma, incluso en ambientes de mucha circulación y estímulos.
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Ari, el perro terapeuta del Hospital de Niños de La Plata, esperando entrar en acción
Laura Fosque, enfermera del hospital, es quien lo acompaña en cada recorrido de los viernes. Fuera de las jornadas de trabajo, el perro vive junto a Luisina Corrales, trabajadora social y tutora de Ari en el programa, quien se encarga de sus cuidados diarios.
Actualmente, en el Hospital de Niños funcionan dos programas de intervenciones asistidas con perros. Los viernes participa Ari con el “Staff Canino” y los miércoles recorren las salas Saru y Cora, dos golden retriever que forman parte de otro espacio de acompañamiento terapéutico.