viernes 11 de septiembre de 2026
Alejandra Ciappa
A 25 años del ataque

La conmovedora historia de la médica de la UNLP que asistió a rescatistas tras el ataque a las Torres Gemelas

Alejandra Ciappa estaba en Nueva York cuando ocurrió el ataque a las Torres Gemelas y, como médica egresada de la UNLP, decidió ayudar en Ground Zero.

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A 25 años del atentado perpetrado por la organización terrorista Al Qaeda que cambió para siempre la historia de Estados Unidos, la médica Alejandra Ciappa recuerda aquellos días que también transformaron su vida. Egresada de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), fue voluntaria en Ground Zero y asistió a rescatistas durante las jornadas posteriores al ataque.

Alejandra es oriunda de Tandil y llegó a La Plata con la premisa de estudiar Medicina. "Fui porque era una ciudad estudiantil en la cual yo me sentía segura, una ciudad hermosa para estudiar. Cruzaba la diagonal del Bosque para llegar a la Facultad, tenía mis compañeros de estudio, vivía con amigas. Fue una vida estudiantil hermosa", relata en diálogo con 0221.com.ar.

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Se recibió de médica y poco después, en 1999, viajó junto a su hermana a Nueva York para estudiar inglés. Durante aquella primera etapa vivió a pocas cuadras de las Torres Gemelas, que rápidamente se incorporaron a su vida cotidiana. Incluso, todos los miércoles asistía a la noche hispana con sus compañeros de estudio en el Windows on the World, ubicado en el piso 106.

Alejandra Ciappa posando con su diploma en 1999, tras recibirse en la facultad de Ciencias Médicas de la UNLP

Alejandra Ciappa posando con su diploma en 1999, tras recibirse en la facultad de Ciencias Médicas de la UNLP

Durante ese período consiguió, además, una entrevista que le permitió acceder a una pasantía en un laboratorio dedicado a la investigación genética. Allí aprendió a realizar extracciones de ADN. "En ese momento era como la NASA para mí", cuenta.

Después volvió a Argentina, pero al poco tiempo recibió una propuesta para realizar una pasantía de dos meses en dependencias de la Universidad de Columbia en Tycko’s Lab. La experiencia se renovó y terminó derivando en un posdoctorado de investigación científica mientras trabajaba en un laboratorio. Así, su vida terminó consolidándose en Nueva York, donde vivió cerca de cuatro años.

El día que todo cambió en Nueva York

"Hay eventos que te pasan que te llevan al lugar donde tenés que estar y que, quizás, ni vos mismo sabías", reflexiona al recordar aquella segunda etapa en Estados Unidos. Para septiembre de 2001, Alejandra ya vivía en el Upper West Side, un barrio residencial de Manhattan, y trabajaba al norte de la isla, bastante más alejada de las Torres Gemelas que durante su primera llegada.

La mañana del 11 de septiembre comenzó como cualquier otra. "Estaba en mi casa, me despierto y veo un avioncito en un televisor chiquito, la imagen que todo el mundo vio del avión chocando con las Torres", recuerda. Después salió rumbo a su trabajo y se subió al subte, todavía sin dimensionar lo que estaba ocurriendo.

"En el subte me doy cuenta de que era un atentado. Me hice la señal de la cruz y dije 'por favor, que no me toque'", relata. Al llegar a la zona del laboratorio encontró un escenario de caos, tránsito desbordado e incertidumbre. Muchos todavía no comprendían la magnitud del ataque. "Pensé que se había caído el techito de las Torres. Lo veía como una maqueta, no imaginaba la dimensión".

El laboratorio donde trabajaba Alejandra en Nueva York cuando ocurrió el ataque a las Torres Gemelas

El laboratorio donde trabajaba Alejandra en Nueva York cuando ocurrió el ataque a las Torres Gemelas

En medio de la confusión también se cortó internet, había pocos teléfonos celulares y las líneas estaban colapsadas. Desde Argentina, su mamá logró comunicarse con el laboratorio y le pidió desesperadamente que regresara a su casa. "Hija, por favor, Nueva York está sitiada. No hay más, no hay Torres Gemelas", le dijo. Alejandra pensó que estaba exagerando, hasta que cruzó a un bar frente a su trabajo y vio por televisión cómo se desplomaban las Torres.

Fue entonces cuando decidió acercarse para colaborar. "Volví y le dije a mi jefe 'me voy a las Torres, me voy a la American Red Cross, seguramente van a necesitar médicos'". También estaba preocupada por algunos conocidos que podían encontrarse en la zona, entre ellos el novio de su amiga inglesa Lorraine, que trabajaba en Wall Street. Junto a ella tomó un subte y avanzó hasta donde el servicio permitía acercarse a las Torres en medio del operativo de emergencia.

Tres días entre los escombros de Ground Zero

"No había un avión en el cielo, eso fue tremendo porque en Manhattan eran como pajaritos los aviones", recuerda sobre aquella escena. En la Cruz Roja se ofreció como voluntaria, pero debido al colapso informático le indicaron que regresara al día siguiente para ser derivada. La cantidad de sangre donada había sido tan grande que no había lugares suficientes para almacenarla ni sobrevivientes a quienes administrársela. "Todo se iba organizando sobre la marcha".

El 12 de septiembre, a las 6 de la mañana, comenzó a colaborar en Chelsea Piers. Durante tres días, entre el 12 y el 14 de septiembre, trabajó en Ground Zero, donde realizó tareas de primeros auxilios y contención. Atendió problemas en la piel, los ojos y las vías respiratorias, en una zona cubierta por un humo denso y contaminado. "Había mucho humo con olor a combustible quemado de avión. Era muy denso, porque estaba lleno de astillitas de asbesto, entonces ese humo gris que vos veías cuando volaba era como un polvo de hierro finito".

Alejandra participó como voluntaria en las tareas de asistencia y contención durante el operativo posterior al ataque

Alejandra participó como voluntaria en las tareas de asistencia y contención durante el operativo posterior al ataque

El asbesto representaba uno de los principales riesgos para quienes trabajaban entre los escombros. En un primer momento utilizaban barbijos y luego máscaras para protegerse. Para quienes sufrían irritación en los ojos o la piel, Alejandra recuerda que "había que lavar la cara y los ojos con mucha agua, no con un trapo mojado".

Pero hubo una tarea que la marcó especialmente. Además de los primeros auxilios, ayudaba a determinar quiénes podían continuar trabajando en Ground Zero y quiénes necesitaban ser retirados por las crisis psicológicas que atravesaban. Muchos de los rescatistas eran latinos y hablaban español, por lo que Alejandra también colaboraba como traductora. "Esa fue para mí la labor que más me impactó y la que más me gustó de la parte que tuvo que ver con lo humano y con lo médico".

Durante esas jornadas, la adrenalina le permitió realizar esfuerzos que después, en condiciones normales, parecían imposibles. "En ese momento yo subía y bajaba 15 pisos, la adrenalina te lleva. Después lo quise hacer en un momento normal y no podía creer cómo lo había hecho", dice y agrega: "El día que me fui, me miré en un espejo y no me reconocía".

El valor de la vida después del horror

La experiencia también provocó un pequeño estrés postraumático emocional y modificó para siempre su manera de entender la medicina y la vida. "Tu ego entra como un superhéroe que va a salvar una vida. Vas a rescatar, sos rescatista. Sos médico, salvás vidas. De golpe, en tres días la realidad te muestra que no va a salir un sobreviviente. Entonces, hacés una aniquilación del ego, que es buenísima para la vida misma, donde decís, '¿quién soy yo para salvar lo que ni Dios salva?'".

A partir de aquella experiencia decidió orientar su carrera hacia la prevención y no hacia las emergencias. Hoy es médica especializada en Gerociencia, Longevidad Cognitiva y Bienestar Emocional en Genix, además de conferencista internacional en Spiquers, y sostiene que la medicina también puede anticiparse a las enfermedades. "Desde los test genéticos, vos podés predecir una enfermedad, abordar los factores de riesgo cardiovasculares, cerebrales y genéticos, y podés modificarlos para disminuir ese riesgo y aumentar la longevidad".

Alejandra Ciappa regresó en reiteradas ocasiones al lugar del atentado, donde mantuvo vivo el recuerdo de aquella experiencia

Alejandra Ciappa regresó en reiteradas ocasiones al lugar del atentado, donde mantuvo vivo el recuerdo de aquella experiencia

A 25 años del ataque, Alejandra todavía conserva recuerdos de aquellos días y asegura que el aprendizaje continúa vigente. Con el tiempo pudo conocer a familiares de personas argentinas que murieron en el atentado y entregarles piedras que había guardado durante dos décadas y que había recogido en el primer aniversario de las Torres. Entre ellos estuvo la familia de Pedro Grehan, un empresario que trabajaba en el piso 105 de la Torre Norte.

Ahora, Alejandra trabaja en la escritura de un libro para contar su experiencia durante aquellos días. "25 años más tarde uno sigue estando vigente por su experiencia en un evento que duró tres días, pero es un aprendizaje que sigue enseñándome", afirma. Para ella, el 11 de septiembre significó conocer de cerca "la vulnerabilidad humana, el hecho de hoy estamos y mañana no, el valor de la vida".

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