viernes 12 de julio de 2024
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Historia ricotera

La larga marca de Skay Beilinson y su guitarra mágica: de La Plata al Luna

Skay Beilinson fundó Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, pero esa es solo una parada en un viaje continúo que lo depositó hace poco en su primer y contundente Luna Park junto a su banda Los Fakires

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A sus 87 años, Aarón Beilinson inauguró su última muestra individual. La apertura de Abstracciones tuvo lugar el 31 de octubre de 2008 en la Galería Suipacha de la ciudad de Buenos Aires, y presentó una serie de esculturas que el artista había producido en el pasado reciente. “Signado por una tendencia que podría muy bien remontarse hasta (el artista rumano Constantin) Brâncui, el escultor Aaron Beilinson, tiene una segura vía de comunicación en el abstraccionismo”, consignó el diario La Prensa en su comentario. “Pero él no niega la forma referente sino que la espiritualiza hasta llevarla a una presencia esencial que la contiene”.

Por esa época, el menor de los hijos de Aarón y Berta Zdar, Eduardo Federico Skay Beilinson, estaba haciendo rodar su tercer álbum solista, La Marca de Cain (2007). Como el resto de su trabajo en solitario, el disco de Skay trataba sobre viajes, personajes trashumantes y paisajes lejanos que se confunden con los caminos sinuosos de la introspección.

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La Casa de La Luna uno de los reductos que habitaron Skay y Poli

La Casa de La Luna uno de los reductos que habitaron Skay y Poli

Los elementos interiores en unidad con los del universo, la trascendencia del tiempo y el espacio y el difícil arte de descifrar las señas del destino. La maldición bíblica de Caín, que fue condenado por el asesinato de su hermano Abel a vagar por el mundo con un marca en su rostro, era resignificada por Skay, para quien el viaje perpetuo no es un castigo, sino una condición de vida.

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La errancia y la marca unen de manera sutil a padre e hijo. Aarón había nacido en Bakú, en la actual República de Azerbaiyán otrora parte de Rusia. De origen persa, la ciudad fue zona de disputa entre rusos e iraníes durante siglos, hasta que en 1813 se firmó su anexión al imperio de los zares. Décadas más tarde se descubrirá que su costa, que se proyecta sobre el mar Caspio, es rica en petróleo. A partir de entonces, llegaron inversores privados de toda Europa. La población se triplicó y Bakú se convirtió en la ciudad más habitada del Cáucaso.

Durante el auge de “La Ciudad Negra” -que producía casi la mitad del petróleo mundial- la pareja conformada por Sara Guinsburg y Benjamín Beilinson concibió dos hijos, Aarón y Emanuel. Eran los años de mayor presencia de la comunidad judía -a la que pertenecían los Guinsburg-Beilinson- en Bakú: unos 70 mil, que irían disminuyendo hasta los poco más de 6 mil que se censaron en 2009. En abril de 1920, seis meses antes de que nazca Aarón, el Ejército Rojo tomó el control de Bakú después de tres años de guerra civil entre musulmanes, otomanos, rusos y armenios. La diáspora judía comenzó enseguida, y los Guinsburg-Beilinson viajaron a Argentina en 1924. Se asentaron en Bahía Blanca, hasta que los hermanos tuvieron edad para estudiar en la universidad pública. Entonces se relocalizaron en La Plata.

Aarón se graduó como ingeniero civil en la Facultad de Ingeniería de la UNLP. En 1945, un mes antes de la rendición nazi, fundó la compañía Babic S.A, con la que construyó más de mil kilómetros de rutas nacionales y participó de obras hidroeléctricas de gran magnitud como Futaleufú y Yacyretá. Tres años más tarde se casó con Berta Zdar, otra inmigrante de ascendencia judía, y tuvieron tres varones: Daniel, Guillermo y Eduardo.

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Poli y Skay, tierna juventud.

Poli y Skay, tierna juventud.

Como era habitual en las casas de clase media de la época, Aarón y Berta imprimieron en sus hijos el gusto por la ópera. “Con mi vieja yo escuchaba Carmina Burana, y Mozart y Vivaldi, que me apasionaban”, le contó Skay al periodista Mariano del Mazo en 2013. El paso siguiente fueron las clases de guitarra, que el pequeño Eduardo tomó a partir de los ocho años con el maestro Leopoldo Ezcurra. “Me enseñó temas de Eduardo Falú y Atahualpa”, recordaría Skay. “Cuando descubrí a los Beatles largué todo. ¡Se me quemó la cabeza! Empecé a tocar solo, como un loco”.

Toma tu caballo alado

En 1967, cuando Skay tenía quince años y la cabeza tomada por el cuarteto de Liverpool, la familia en pleno tomó un buque a Sudáfrica en viaje de placer. Durante la travesía, se disputó un concurso, un secreto atajo del destino que Skay supo tomar. En el barco convocaron a todos los pasajeros a que hicieran su gracia para entretenerse, ya que eran largas semanas de navegación. “Yo subí y toqué con la guitarra unos temas de los Beatles y de Dylan. Me gané el primer premio, que era un viaje ida y vuelta a España”, le contó Skay a Manuel Buscalia para una nota de la revista especializada Dale. Como era menor, debió esperar un año a que Guillermo, su hermano, cumpliera los dieciocho y fuera el garante de la travesía europea. “Él quería estudiar antropología y como mi vieja tenía unos amigos en París, nos dijo que fuéramos a ver si podíamos conectarnos, hacer unos cursos. Caímos ahí a fines del ’68. Y si bien la historia cuenta que mayo fue la época, en el barrio latino una vez por semana había corridas. Los policías estaban muy bien entrenados. Me partieron la cabeza de un palazo y nos mandaron adentro. En 48 horas tuvimos que abandonar el país. Con tanta mala suerte que dijimos ‘vamos a Londres’”.

"Estuve mucho tiempo peleado con la ciudad", Skay "Estuve mucho tiempo peleado con la ciudad", Skay

Con solo dieciséis años, Skay quizás no entendiera del todo la complejidad de lo vivido. A duras penas la humanidad lo ha entendido. Pero no hay dudas de que las proclamas por ser realista para pedir lo imposible y levantar el adoquinado para llegar a la playa lo conmovieron. “Había una revolución cultural, por primera vez los jóvenes empezaban a tomar conciencia de que el mundo que estábamos heredando era una mierda y que no había por qué aceptarlo así”.

En Londres los esperaba el mayor de los Beilinson, Daniel, al que ya entonces apodaban “el hippie”. “Daniel siempre fue un extremista”, rememoró Guillermo para el libro Fuimos Reyes. La historia completa de los Redonditos de Ricota (Planeta 2015) de Mariano del Mazo y Pablo Perantuono. “Estaba totalmente metido con el Swinging London, nos hizo probar hachís… Empezamos a recorrer la ciudad, que era una fiesta. Vimos en el cine Magical Mystery Tour, de los Beatles, que recién se había estrenado”. También fueron a conciertos de Traffic, Family Free, Donovan y Soft Machine, pero fueron nada en comparación a The Jimi Hendrix Experience en el Royal Albert Hall. Skay ha mencionado reiteradas veces que fue “a fines del ‘68”, pero todo hace suponer que se refiere a los legendarios shows de Hendrix en febrero de 1969, ya que el músico norteamericano no tocó en esa sala durante 1968.

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Para Skay el concierto de Hendrix "fue alucinante". “Era un ser absolutamente salvaje, que tocaba con acople. Era la libertad hecha música. Y me mostró una característica fundamental del rock: la gestualidad. Hendrix marcó un quiebre. Era un exponente más de lo que estaba pasando y que se vivía en la calle todo el tiempo”. Es fácil imaginar cómo relampagueaban los ojos del joven Skay al ver actuar a Hendrix, mientras el público bailaba solo, de pie, sobre las butacas. “Uno estaba acostumbrado a ver otra cosa acá y eso era una furia desenfrenada, una tormenta”, recordó con Buscalia. “Eso mismo se veía en la calle, no solamente Hendrix con su grupo Experience”.

Fue difícil convencerse de volver, pero lo hicieron. Los hermanos negociaron con Aarón un regreso a sus costas, y con un sobre equipaje para expandir la conciencia de La Plata. Guillermo cargó cámaras Súper 8 y de fotografía, mientras que Skay trajo el Santo Grial del rock psicodélico: “volví con con una valija de discos de Hendrix, Cream, Pink Floyd y Vanilla Fudge, y con un amplificador Marshall, una guitarra Grestch, un wah-wah y un distorsionador”.

Pero no era solo la música que escuchaban la que había cambiado. En distinto grado, cada uno de los hermanos había iniciado un camino místico luego de haber conocido gurúes venidos de la India, intérpretes esotéricos y la droga como puerta a nuevas dimensiones de la percepción. El regreso de Daniel a fines de 1969 volvió a reunir a los hermanos. Para entonces, Guillermo y Skay ya habían formado un grupo que sintetizaba en su nombre el nuevo arraigo de aquellos instrumentos importados. Diplodocum Red & Brown homenajeaba tanto al Museo de Ciencias Naturales como a Grestch y Marshall, en una curiosa asociación transatlántica y psicodélica. “Mi hermano Daniel volvió de Europa con un cargamento de hachís”, reveló Guillermo. “Creo que así se inauguró la cultura psicodélica de la ciudad de La Plata, y Diplodocum fue importante porque a través de esa banda dejamos la casa de nuestros padres. Nos dijeron: ‘O se quedan y cambian, o se van y siguen’. Con Skay no dudamos: nos fuimos”. En una nota del diario El Día de 2003, Skay contó: “Nos instalamos un par de años en Tolosa, en un terreno que habíamos conseguido cerca de la laguna del Aeroclub; éramos una banda, vivíamos en un galpón abandonado. Instalamos ahí un campamento, en 121 y 527. Eran las últimas casas y después todo campo”.

Aún estaba todo por hacerse. Durante el otoño de aquel 1969, el espíritu del Mayo Francés se había acriollado en el Cordobazo, el Rosariazo y otras rebeliones y movilizaciones que encontraban juntos a obreros y estudiantes, a peronistas y sectores de izquierda. En simultáneo, habían comenzado las acciones violentas de la ultraderecha, como la Concentración Nacional Universitaria (CNU), que actuaban bajo el paraguas de la dictadura del ultraconservador Juan Carlos Onganía. En ese contexto se realizó, el 4 de juli

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Club Atenas, 2014. Con Poli y los integrantes de Los Fakires, en su primer recital en La Plata después de mucho tiempo

Club Atenas, 2014. Con Poli y los integrantes de Los Fakires, en su primer recital en La Plata después de mucho tiempo

o de 1969, el Primer Concierto Experimental Beat en el Teatro Ópera de la calle 58, donde Diplodocum Red & Brown hizo su aparición con Guillermo Beilinson en voz, Skay Beilinson en bajo, Bernardo Rubaja en órgano Hammond, Isa Portugheis en batería y Topo D´Aloisio en usufructo de la guitarra Grestch y el amplificador Marshall. Salvo D’Aloisio, los demás se conocían desde The Longfellows, grupo beat que se formó en el Liceo Víctor Mercante y hacía covers de The Beatles y The Byrds.

En pocos meses, Diplodocum evolucionó y terminó por extinguirse. Antes de fin de ese año, tocaron en el comedor universitario junto a Mezcladora de Cemento y el trío de Juan Tata Cedrón, y grabaron un simple con dos canciones originales, Blind Sex y Blues del hombre de la cara azul, en los estudios ION de Buenos Aires. El disco fue editado por el prestigioso sello Trova de Alfredo Radoszynski y prometía tener una secuela, con dos temas que el grupo anunció en una nota periodística de junio, Sobre el pucho y Vive su juventud, que nunca se registraron. En noviembre volvieron al Ópera. Y en abril de 1970 fueron puntales del festival 30 Horas de Rock, que la mítica Cofradía de La Flor Solar organizó en el Club Atenas, en una emulación vernácula de lo que había pasado en agosto del ‘69 en Woodstock. El título era literal: tocaron sin intervalos decenas de bandas, entre las que se contaron las visitas de Almendra, Facundo Cabral, Moris, Vox Dei, Pajarito Zaguri y Arco Iris. Kubero Díaz, guitarrista de La Cofradía, recuerda que incluso Miguel Abuelo se subió a cantar, aunque no tenía grupo. “Las bandas subían una detrás de la otra, mucha gente se había llevado la bolsa de dormir, circulaba un mate con una pava gigante y vinieron todos los rockeros de Buenos Aires”. Incluidos los favoritos de Skay, Manal: “Mi hermano me hizo escuchar No Pibe y yo le pregunté si era Hendrix. Enseguida me enganché con la manera de cantar de Javier [Martínez] y con sus letras. Además, hacían blues en castellano, un invento buenísimo para la época”.

Opuestos complementarios

Ese día, según parece, Skay conoció a la actriz Carmen Poli Castro. “No estoy seguro si en Atenas o en el Ópera, de todas maneras da lo mismo porque era la misma época”, dice Ricardo Mono Cohen, especie de padrino de la pareja y futuro cerebro visual de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. Cohen conocía a Poli del Ciclo Básico de Artes, aunque Castro estudiaba en la Escuela de Teatro de la provincia. Se había deslumbrado con ella luego de verla reclinada sobre una moto a los James Dean en la puerta de la confitería París, apenas días después de haber protagonizado una noticia policial en el Bosque, en el que había muerto una amiga suya a la salida de una sesión de “jazz plástico” en una boite llamada El Pato Loco. Además de joven, Poli era madre soltera: su hijo Claudio Quartero, músico y fundador de La Saga de Sayweke, fue ladero de Skay en las distintas formaciones de su banda como solista.

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Con Poli, Skay se aventuró a su sueño hippie. Después de frecuentar la casa de La Cofradía, donde varios artistas y estudiantes vivían en comunidad, y de participar como invitado en la grabación del disco que se editó en 1971, Poli y Skay iniciaron un periplo que no escapaba a la vigilancia de Aarón. Vivieron en la Isla Paulino, en La Balandra, en City Bell, en Villa Elisa, y después volvieron a Tolosa, a La Casa de la Luna, en 527 entre 6 y 7, donde el que mandaba era Guillermo, ya entonces apodado El Boss, el alias con el que se conocería con otro joven con inquietudes contraculturales, Carlos Indio Solari.

En un punto, Aarón pidió intervenir en la itinerancia y propició una suerte de retiro en un campo en Cura Malal, a más de 560 kilómetros de La Plata, en el partido de Coronel Suárez. El predio había sido propiedad suya, y le pidió al dueño de ese momento que les permitiera a sus hijos y amigos hippies experimentar la fantasía de la regresión al estado natural. Aarón estaba desesperado por retomar contacto con sus hijos, al punto de haber probado el hachís por intermedio de Daniel. Temía que volvieran a irse, en una época que de agitada estaba pasando a turbulenta.

“Estábamos a orillas de un río”, contó Poli, que venía de vivir en una casa comunitaria conocida como La Troskera. “Éramos un grupo de gente que quería aprender. Era la nada misma. Construimos un rancho. Cultivamos algo, los lugareños nos regalaron una vaca que nunca logramos ordeñar. Vivíamos bárbaro. Los muchachos cazaban vizcachas, con arco y flecha. Yo conseguí algo de plata y compré una bolsa de harina y un poco de aceite. No nos drogábamos, ni siquiera había alcohol. Habremos estado un año.” Esa temporada se terminó cuando el dueño del campo consideró que el misticismo de Skay era más bien locura. Le advirtió a Aaron que su hijo menor andaba por ahí hablando con Dios, y al poco tiempo fue repatriado bajo el diagnóstico de “neurosis mística”.

Al regreso de esa experiencia, Poli y Skay conocieron al Indio Solari a través de Guillermo, El Boss, quien fue la amalgama de los futuros Redondos: por un lado, ensayaba en los sótanos del actual Pasaje Rodrigo con Skay, Bernardo Rubaja, Pepe Fenton, Beto Verne y los hermanos Basilio y Ricardo Rodrigo. Al mismo tiempo, rodaba con Solari, unos cortos de perfil psicodélico existencialista, menos cercano a los místicos que a la historieta y la ciencia ficción.

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Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota surgió de las extravagancias eléctricas para musicalizar esos trabajos audiovisuales, y se fue forjando con la disciplina metafísica de Skay, que comenzó a ejercer su liderazgo como director musical, más el ingenio y el carisma de Solari en la composición de canciones y letras y la “ingeniería psíquica” de Poli.

Cuando las aguas parecían aquietarse para los Beilinson, el 23 de mayo de 1973 Aarón fue secuestrado por el "Comando Víctor Fernández Palmeiro", perteneciente a la fracción roja del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), un desprendimiento del Partido Rrevolucionario de los Trabajadores (PRT). Fue capturado en calidad de representante de la burguesía, cuando se desplazaba en su cupé Torino por 3 y 67, rumbo a la sede de su empresa, Babic S.A., ubicada en 69 y 3. Once días después recuperó la libertad como resultado del pago de un rescate millonario a partir de negociaciones que lideró su hijo mayor Daniel. Aarón dio una conferencia de prensa en Babic y leyó un documento de la fracción roja como parte del acuerdo para la liberacion. Esa semana, otro comando había acribillado al líder de los metalúrgicos, Henry Klosterman cuando llegaba a su hogar frente al Parque San Martín de La Plata. Fueron los últimos días de Aaron y Berta en La Plata: se mudaron a Buenos Aires hasta el final de sus vidas.

En 2014, luego de varios años sin tocar en La Plata, Skay recordaba aquellos ‘70 como una época muy oscura. “Había mucha locura en las calles. Por eso estuve mucho tiempo peleado con la ciudad. Volver a ella siempre se trató de buscar a los amigos, esos viejos cariños, y muchas veces me encontré con que muchos no estaban”, declaró entonces al mensuario De Garage. Pese a todo, Patricio Rey se empecinó en proteger el estado de ánimo y continuó con los ensayos, siempre encabezados por Skay y su silbato, al que hacía sonar cada vez que el grupo desbarrancaba. “Los Redondos no era un plan ni nada, era una reunión de un montón de gente desesperada”, aseguró en la citada nota. “Creo que el único que quería hacer una banda de rock era yo (risas). El resto no tenía ninguna idea firme y ni siquiera yo estaba tan seguro. Además nadie tocaba, incluyéndome a mí. Éramos unas bestias”.

El primer concierto del grupo llegó el 26 de noviembre de 1977, en el Teatro Lozano de 11 entre 45 y 46. Fue el comienzo de los “Lozanazos” y otros encuentros para al leyenda, “guaridas underground para Dionisos”, como las llamaría Solari décadas más tarde, en el trabajo Modo Mata Moda, Arte, cuerpo y (micro) politica en los '80 (EDULP 2016) de Daniela Lucena y Gisela Laboreau. “Los Redondos eran una reunión de gente loca en busca de quince minutos de gloria y de éxtasis, para después nunca más. El único obsesivo era yo”, decía Skay. Esa disciplina necesaria para sostener una banda de rock fue purgando las distintas formas en que se materializaba Patricio Rey. Después de un viaje a Salta en 1978 el grupo quedó al mando de la tríada Skay-Poli-Indio, que a partir de la década entrante comandaría la gesta más extraordinaria del rock plebeyo argentino.

Aves migratorias

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Skay y Semilla

Skay y Semilla

“El conjunto de esculturas que Beilinson ha logrado realizar en los altos años de su vida es verdaderamente importante y las que exhibe permiten descubrir a un artista de una sensibilidad relevante”, había dicho La Prensa sobre el trabajo de Aarón, que murió poco después de la muestra, en 2009. En agosto de ese mismo año, Skay dio una entrevista al diario La Nación que desató el fuego cruzado con su exsocio Solari. “Todo se terminó cuando nos dimos cuenta de que uno de nosotros se quería apropiar de ese proyecto tan hermoso que fue Patricio Rey, que había nacido como la comunión y el aporte de muchos artistas y no los deseos de uno solo”, sentenció Beilinson. Horas más tarde, Solari publicó una carta diciendo su parte, en la que acusaba a Poli y Skay de “estar sentados sobre” las grabaciones de audio y video de los multitudinarios conciertos de Los Redondos entre fines de los ‘90 y principios del nuevo milenio.

Con esa disputa se terminaba para siempre el tiempo sabático indefinido que se había dado la banda a fines de 2001, justo a las puertas de lo peor de la crisis del post menemismo. La ruptura se cifró en una noche en la que planeaban el luego cancelado show en instalaciones del club Unión de Santa Fe y creció en espiral negativa hasta hace poco, cuando Skay envió algunos mensajes públicos de acercamiento a Solari, en tiempos en que su viejo amigo se mostró debilitado por el mal de Párkinson que lo aqueja.

Según apuntó el guitarrista Kubero Díaz -un gran referente para Skay al que consideraba “un músico de otro planeta”-, Beillinson tocaba como “un judío errante”. Skay fue, en efecto, un guitarrista singular desde el principio, y aunque fue ampliando su sonido con el paso de los años, tiene un estilo idiosincrático, fundamentado en una paleta de recursos limitada pero exquisita, y un sentido rítmico excepcional. A eso se suma una tendencia misteriosa hacia las afinaciones abiertas y acordes con reminiscencias orientales.

“Yo lo relaciono con mi viejo”, señaló Skay en diciembre de 2013, luego de editar los dos discos más signados por los sonidos y la imaginería del Oriente Próximo, ¿Dónde vas? (2010) y La luna hueca (2013). “En casa éramos judíos casi sin serlo, porque no se profesaba nada, no se celebraban fiestas, ni siquiera fuimos bautizados. Mis viejos eran ateos. Curiosamente, de grandes, la cosa cambió. Mi hermano Guillermo se volcó al estudio del judaísmo, de la Cábala. Me pasó un montón de textos, y descubrí una cultura riquísima. Mi padre nació en la zona de los kurdos. Siempre pensé que había algún gen dando vuelta por ahí que me llevaba a hacer este tipo de escalas de Medio Oriente. Me salen solas, me resultan familiares”, se explayó.

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Skay y su magnetismo sobre el escenario

Skay y su magnetismo sobre el escenario

Richard Coleman advirtió enseguida que aquel guitarrista que vio tocar con Los Redondos en la Nochevieja de 1981 era alguien fuera de lo común. “Era algo muy moderno para la época”, dice, en diálogo con Begum. “Era un guitarrista que administraba muy bien los silencios, nunca apurando la canción ni acercándose al virtuosismo. Y muy rítmico: cuando vi eso dije, ‘guau’. ‘¡Y qué buen audio!’”.

Coleman recuerda una trasnoche en un café de Avenida de Mayo, después de un concierto de Fricción, al que Poli y Skay habían asistido. Décadas más tarde, lo convocaron a girar como parte de Los Fakires, la banda de Skay, en un acercamiento que ya había tenido antecedentes en la grabación de su disco Inscandescente (2013). “Lo que me impresionó de sus canciones, al estudiarlas, es lo eficiente de su composición: la manera de resolver con certeza los arreglos. Parece super simple pero tiene una complejidad para que, justamente, parezca simple. A eso le llamo eficiencia: algo bien resuelto”. “Cuando me sumé a la banda pude compartir estas observaciones con él”, continúa. “Hablamos de cómo logra el desarrollo de las melodías vocales, dentro de un rango más bien limitado. Le decía que me gustaba eso. Y él me dijo que él conoce muy bien sus limitaciones, y que de entender eso surge su estilo. Eso tiene algo de humildad pero también de verdad; es crucial para un artista conocer sus limitaciones”.

Como Skay, Coleman es un guitarrista personalísimo y un fan de los grandes intérpretes del instrumento. Recuerda una noche en que se lo encontró justo al lado de la consola de sonido durante un concierto de Television en Buenos Aires: “Los dos éramos fans, muy fans de Tom Verlaine y del trabajo de guitarras de Television. Estábamos como chicos, fue muy lindo compartir eso”. “Skay tiene una distorsión muy prístina: casi no te das cuenta que está”, dice Coleman sobre el estilo Beilinson. “Uno podría pensar que tiene que ver con esa Gibson SG del ‘68 que tiene desde siempre, pero no. Lo he escuchado lograr su audio con otras guitarras. Como los grandes guitarristas, tiene el sonido en los dedos, y maneja muy bien las dinámicas. Su audio tiene un vibrato muy lindo. Y es uno de esos guitarristas que carga con el tiempo, es él el que lleva el groove en la banda, el baterista lo sigue a él. Es un guitarrista de tiempos medios. Es como, salvando las distancias de estilo, Keith Richards: todo está en el peso de su mano derecha”.

Gustavo Monsalvo, guitarrista de las bandas Él mató a un policía motorizado y Polgar 3, es un devoto de Beilinson desde la temprana adolescencia. “Fue el primer guitarrista que al escucharlo y al poco tiempo ver una foto suya me movilizó a querer tocar la guitarra”, confía. “La primera vez que lo vi en vivo fue en Santa Fe. Tocó todo el recital con su Gibson Les Paul negra, la que tantas veces había visto en fotos, y fue como si todas esa imágenes cobrasen vida”.

Para Monsalvo, conocido como Niño Elefante, el estilo de Skay “es la síntesis de los guitarristas contemporáneos a él: sin grandes artilugios encontró su forma para destacarse del resto, es el guitarrista perfecto para una banda de rock donde predominan las canciones”. “Cuando Los Redondos empezaron a desmarcarse de su sonido clásico, Skay acompañó esa evolución naturalmente, encontró nuevos recursos, nuevos sonidos y sigue impregnando su personalidad en las canciones”, destaca Monsalvo. “Como técnicamente soy bastante limitado, empecé a incorporar aspectos generales de su forma de abordar las canciones. A mi manera, pienso que el hecho de que en muchas de las canciones de Él Mató tengan riffs y punteos coreables es en parte por la influencia de las intervenciones de Skay en las canciones. También su forma de acompañar las estrofas con arpegios fue algo que incorporé de él”. Como Coleman, destaca el uso del vibrato en Skay.

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“Es clave en su forma de tocar: tiene ese vibrato sutil, para nada exagerado que acompaña la vibración de cada nota. A mi manera incorporé esa técnica de estudiar viola, donde me enseñaron que el la velocidad del vibrato acompaña la vibración de cada nota, más lento para las graves y más rápido en las agudas”. “En el último disco que hicimos con Él Mató se podría decir que las guitarras están un poco más cerca a su sonido, aunque en un plano más discreto”, observa el violero en referencia a Súper Terror (2023).

La trama invisible

El misticismo del hermano menor de los Beilinson continúa manifestándose en una búsqueda individual no religiosa, una indagación introspectiva que conduce con la meditación. Skay ha llevado al paroxismo esa búsqueda del sonido propio: en las entrevistas de las últimas décadas repite que no escucha música, ni siquiera cuando está produciendo sus discos, y apenas ha cambiado su equipamiento: las guitarras que se le conocen pueden contarse con los dedos de una mano. Sencillamente busca conectar en su interior un sonido para esas historias de personajes y elementos sin tiempo que surgen, invariablemente, de conversaciones con Poli. Es el caso de El sueño de la calle Nueva York, del disco El corazón del laberinto (2019) o Inventario, del hasta ahora último disco, Espejismos (2023).

En la época en que se editó La marca de Caín y su padre buscaba nuevas formas en la escultura de la cerámica, Skay decía que todos somos, en origen y a la vez, Caín y Abel. “Abel sería la parte espiritual, la parte que Dios recibe con beneplácito, y Caín representa la parte humana que tiene que lidiar con el mundo. Desgraciadamente todos, en algún momento, cometemos el asesinato de Abel”, le explicaba al periodista Sebastián Ramos. "Lo interesante de estos relatos bíblicos es que permiten muchas lecturas; también con Caín comienza la civilización. Caín crea la primera ciudad, y entre sus descendientes figuran tanto el padre de todos los artesanos como el padre de todos los músicos. Un poco con Caín empieza la civilización, y por eso La marca de Caín es también la marca de la civilización, la marca de lo humano condenado a lo terrenal”.

"Después de escuchar a Skay me movilizó a querer tocar la guitarra”, Gustavo Monsalvo "Después de escuchar a Skay me movilizó a querer tocar la guitarra”, Gustavo Monsalvo

Una leyenda del rock argentino dice que Skay y Poli conocieron a Ricardo Iorio cuando el padrino de la música pesada nacional tenía solo 16 años. Al vuelo, Poli le dijo al futuro líder de Almafuerte que llevaba la marca de Caín. “Es probable que se lo hayamos dicho, porque todas estas cosas surgen de conversas que tenemos con Poli”, había admitido Skay a la revista Soy Rock allá por 2007. “Ella siempre dice que existen esos personajes en la vida, los perdidos, los locos, los desesperados, los dolidos, que parece que llevaran una marca. De la descendencia de Caín viene Jubal, el padre de todos los músicos. Por eso los músicos tenemos esa marca que nos reconoce. Al encontrarnos, hay una especie de reconocimiento; pertenecemos a la misma rama familiar. Yo tengo una gran admiración y cariño por todos los músicos, porque creo que la música te acerca a otras dimensiones, al estar tratando con esa materia tan sutil y tan inasible”.

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