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La leyenda cuenta que la casa que Dardo Rocha mandó construir frente a la actual Plaza Moreno se levantó en 40 días.
Se trata de la famosa “casa de los 40 días”, en alusión al tiempo en el cuál se alzó la edificación. “Se empezó a hacer el 19 de noviembre de 1885 y se puso a la vista de todo el mundo el 1 de enero del año siguiente”, confirmó.
Originalmente el solar comprendía media manzana entre las calles 13, 14, 49 y 50. Allí se erigieron dos viviendas: “la casa grande”, que habitara el fundador ocasionalmente, y la “casa chica”, construida con fines de renta.
La primera seguía esquemas tradicionales de vivienda rioplatense; se estructuraba alrededor de patios y galerías, por las que se ingresaba a las diferentes dependencias. “La mayor parte del terreno era un parque muy importante que tenía hacia el lado de la calle 49”, explicó Mesa. Por su parte, manifestó que la estructura era típica de estilo italiano (o como se las llama de manera popular: ”casa chorizo”), que después empezaron a proliferar en La Plata. “Esto no era un palacio para que se viera que acá vivía el gobernador, sino un ejemplo a seguir para el resto de las construcciones de la ciudad”, reflexionó. “No nos olvidemos que luego de la fundación hubo que empezar a poblar la ciudad, porque no había residentes y tampoco edificaciones”.
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A falta de un museo especifico sobre la ciudad y su historia, la casa de Dardo Rocha asumió la mision de contar el pasado de la capital provincial.
En la actualidad, la única parte que queda en pie de lo que fuera la “casa grande” es la fachada y los muros interiores de la biblioteca del Museo y Archivo Dardo Rocha. Mientras tanto, la mayor parte del espacio que ocupa en la actualidad la institución era la “casa chica”, que se conserva de manera casi idéntica a la construcción original.
Su primer patio fue cubierto, en virtud de necesidades funcionales. Además, en los fondos de la parcela se construyeron habitaciones que se diferencian del edificio original por su escala y época. También se unificaron los patios posteriores de las dos propiedades originales para utilizarlos en actividades culturales.
De hogar a museo
Al promediar la década de 1920, tras la muerte de Dardo Rocha y de su esposa, Paula Arana, el inmueble pasó a manos de sus descendientes: Jacinta Rocha de Bond, Juan José Dardo Rocha y Bernardina Paula Rocha. Los herederos subdividieron la propiedad sin alterar de manera sustancial su aspecto exterior y construyeron cinco viviendas, cada una con acceso directo a la calle.
Pero con el paso del tiempo estas propiedades se vendieron. Y a partir de la década de 1940 se demolieron para dar paso a nuevas construcciones, a excepción de la lindera a la “casa chica”. Sin embargo, lo que quedaba de la casa de Dardo Rocha parecía ser el lugar ideal para erigir un espacio que se dedique a la historia de la ciudad.
El primer proyecto de creación del museo surgió del Centro de Estudios Históricos de la Universidad Nacional de La Plata. “Era algo que, en aquel momento, la ciudad reclamaba”, apunta Daniel Mesa en relación a los pedidos de preservación de la finca.
Finalmente, el 16 de junio de 1948, en la séptima sesión ordinaria de la Cámara de Diputados bonaerense, se presentó el proyecto de ley del Poder Ejecutivo provincial en el que se declaró monumento histórico la residencia del doctor Rocha. La legislación se sancionó el 30 de octubre de ese año, bajo el número 5336. La norma creó el Museo y Archivo Dardo Rocha, que debía instalarse en la casa de la calle 50. El gobernador Domingo Mercante dictó un decreto de expropiación de la casa frente a Plaza Moreno y el lugar quedó bajo la órbita del Ministerio de Educación bonaerense.
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Elementos vinculados con la fundación de La Plata en noviembre de 1882.
En 1950, Jacinta Haydée y María Celia (herederas del ex gobernador), donaron a la futura institución los muebles, libros, documentos, álbumes, periódicos y objetos históricos pertenecientes a su padre. Con esa colección, el Museo, por entonces dependiente del Ministerio de Educación de la provincia de Buenos Aires, se inauguró el 19 de noviembre de 1952, en el 70° aniversario de la creación de La Plata. Su primer director fue Manuel Bejarano, quien durante décadas estuvo al frente de la Dirección provincial de Museos, Monumentos y Lugares Históricos. En la nómina de directores del museo también figuran Alcibíades Robbiani, Alfredo Vés Losada, José Seco Villalba y Hermelinda Álvarez.
Durante la gestión de Florencia Apreda, entre 1976 y 1981, se creó la Asociación de Amigos del Museo Dardo Rocha, cuyo primer presidente fue Ricardo Pérez Tiribelli y que actualmente preside el museólogo Juan Emilio Arana.
En esa misma época, el Museo pasó de la órbita provincial a la municipal. La medida fue dispuesta el 22 de diciembre de 1980 mediante un convenio firmado entre ambas jurisdicciones. A partir de ese cambio, el establecimiento quedó bajo la dirección de María Cecilia Crivaro, quien permaneció en el cargo hasta 1988. Más tarde asumieron Ana María Goycoa, Mario Ramírez y Elvira Nouzeilles. Esta última fue encargada de la restauración de la casa.
Desde 2008, la dirección estuvo a cargo de Susana Scorians, quien permaneció al frente hasta el año pasado.
Los primeros tiempos
“Horario para visitar el Museo y Archivo Dardo Rocha”, anunciaba un pequeño recuadro publicado en El Día y El Plata el 19 de noviembre de 1952. El aviso invitaba a los platenses a acercarse “en el horario de 10 a 12 y de 14 a 18, diariamente, con excepción de los lunes y martes, días en que permanecerá cerrado”.
Además, en la edición de El Plata del 21 de ese mismo mes, una semblanza firmada con las iniciales J.H.B.S. llevaba por título “La casa de Dardo Rocha”. “Tu casa, para cuántos desconocida y para muchos olvidada; tus patios de mosaicos rojos, orgullo de la época, recuerdan el paso de las damas y los caballeros que fueron a visitarte en tu retiro”, comenzaba el artículo, que concluía con un vaticinio: “Así, conservándote siempre baja y humilde, vieja pero fuerte, seguirás a través de los tiempos”.
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Con el paso de los años, la institución fue creciendo. En la actualidad, está compuesta por la “casa chica”, que fue ambientada como si hubiera sido la vivienda de Rocha y un sector de la “casa grande”, donde funcionan las salas Fundacional y del Bicentenario, incorporadas en 1965. “Lo único que conserva original es el frente y algunas paredes internas de la biblioteca”, explicó el director del Museo. “Como ocurrió con el resto de la propiedad, se vendió y los nuevos dueños la modificaron a partir de la estructura original, aunque adaptándola a la estética de la época”.
Eso se percibe en las distintas aberturas entre las habitaciones, las diferencias en la altura de los techos y la variedad de materiales utilizados en la construcción. “Con el tiempo, la Provincia compró esta propiedad y la anexó”, explicó Mesa. Esa incorporación resultó clave para ampliar el contenido del Museo, un proceso que se profundizó en las décadas siguientes.
Un viaje al pasado
La “casa chica” se encuentra ambientada con objetos pertenecientes al doctor Dardo Rocha. La visita a ese sector del Museo permite acercarse al modo de vida de las familias tradicionales de fines del siglo XIX. Los ambientes fueron recreados a partir de las donaciones realizadas por las hijas del fundador de La Plata, que constituyen la parte más importante del acervo de la institución.
“En exhibición tenemos el mobiliario, la vajilla y la indumentaria de su casa en Buenos Aires”, explicó el responsable del Museo, quien aclaró que los objetos expuestos no pertenecían a la vivienda platense, sino a la residencia porteña de Rocha.
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La habitación de Dardo Rocha reconstruida con elementos de su casa porteña demolida en 1970.
En 1970, tras la demolición de la residencia permanente de Dardo Rocha en Lavalle 835 (Ciudad de Buenos Aires), se trasladaron al Museo el portón de entrada, parte de la reja y algunos mascarones ornamentales, que hoy integran la muestra permanente. El resto del mobiliario y los objetos fueron en su mayoría enviados al Archivo General de la Nación o rematados, aunque se logró rescatar esos elementos, que pasaron a formar parte del patrimonio del museo platense como testimonio de la vivienda porteña del fundador de La Plata.
Otro momento de ampliación del museo se produjo en 1982, durante los festejos del centenario de La Plata, cuando se abrió la piedra fundacional ubicada en Plaza Moreno. En su interior se hallaron los objetos que los fundadores de la ciudad habían depositado en 1882, los cuales hoy se conservan en uno de los salones del Museo y Archivo Dardo Rocha.
Al retirarse el receptáculo de plomo se recuperó una redoma de cristal y una caja de madera con tres cerraduras. En su interior se hallaron los objetos depositados en 1882 por los fundadores de la ciudad, hoy conservados en el Museo y Archivo Dardo Rocha: medallas conmemorativas y documentos fundacionales y ejemplares de La Nación y La Prensa, algunos deteriorados por la humedad. Si bien Rocha habia pedido expresamente que esos elementos volvieran a la piedra fundacional, el comisionado del gobierno de facto, Abel Román dispuso que ante “el interés público que dichos testimonios han suscitado en la ciudadanía, considerando su valor testimonial para el patrimonio histórico de la Provincia –valor que para ser efectivo debe hacerse accesible a la observación de quienes lo deseen– y que todo lo cual tiene a demás un valor simbólico de profundo sentido político para nuestra comunidad, he decidido disponer que los mismos sean definitivamente exhumados y se guarden expuestos al público” indico el funcionario en la carta que el 16 de diciembre de 1982 dirigio al gobernador Jorge Aguado dando cuenta de su decisión.
En la misma sala se exhiben réplicas de esos materiales, junto con los que serán incorporados a la nueva piedra fundacional, prevista para abrirse en 2082. “El objetivo es que quienes no pudieron ni podrán estar en ninguno de los festejos conozcan lo que hay allí abajo, y representar a las instituciones, empresas y personas que dejaron su medalla”, explicó Mesa.
En 1986, durante la intendencia del radical Juan Carlos Albertí, se dictó el decreto 695 que declaró a la casa-museo de Rocha como patrimonio arquitectónico de la ciudad.
El último sector en sumarse a la propuesta de la institución se encuentra en la “casa chica”. Se trata de una exposición de las prendas de la esposa de Rocha, Paula Arana.
En el museo también se conserva la colección fotográfica de Tomás Bradley, que documenta todo el proceso de construcción de La Plata, junto con retratos familiares y oficiales vinculados a la actuación pública de Rocha.
En el patio trasero se conservan esculturas que pertenecían al Jardín de la Paz del Teatro Argentino, rescatadas del incendio que afectó al coliseo en 1977. Las piezas fueron restauradas y permanecen bajo resguardo. Junto a ellas se encuentra un ejemplar de Strelitzia reginae, también conocida como flor de pájaro o ave del paraíso, una especie originaria de África que Rocha introdujo al país tras un viaje alrededor del mundo realizado entre 1887 y 1889.
Misión y funcionalidad
Debido a la ausencia de un museo dedicado específicamente a la ciudad, su historia, vecinos ilustres y acontecimientos, la institución ha asumido de hecho un papel central en la comprensión del pasado platense. El actual responsable del Museo y Archivo Dardo Rocha considera que, de todos modos, “más allá de que se oriente a la figura de Rocha o a mostrar una casa que le perteneció con objetos de finales del siglo XIX, la historia de La Plata es inseparable de la de su creador”, agregó.
Además de las piezas y objetos que integran su acervo museístico, la entidad alberga un valioso archivo construido, inicialmente, a partir del fondo documental de la familia de Dardo Rocha, compuesto por documentos, telegramas y correspondencia vinculados tanto a su vida privada como a su gestión pública. “Tiene más de 16 mil documentos, es el más completo sobre su campaña a lo largo de su vida política, y también de lo que se relaciona con la construcción y el proyecto de la capital bonaerense”.
Este sector está en proceso de digitalización, “para poder tener los documentos en una plataforma y que la gente los pueda consultar sin tener que acercarse de forma presencial”, adelantó Mesa. Este trabajo se encuentra en su etapa inicial, pero es muy prometedor ya que además, “posibilita que el archivo no se manipule de manera constante, con el riesgo que eso tiene, sobre todo con documentos tan antiguos”.
A su vez, un deseo de los trabajadores es llevar el Archivo y la Biblioteca a la zona trasera del predio. Allí hay una casita que tiene su propio pasado, ya que por más de veinticinco años sirvió de hogar para los caseros del lugar.
“Cuando la señora a cargo se jubiló y se fue, el espacio quedó vacío”, exlplicó Daniel Mesa. “Ese espacio se puede acondicionar y llevar el archivo histórico y la biblioteca, para utilizar estas salas como parte de la exhibición del museo”. Y concluyó: “tenemos la fortuna de conservar este lugar histórico, para que la gente tenga acceso a cómo era la vida a finales del SXIX, ver qué tipo de muebles o indumentaria usaban, cómo era la vajilla. Eso es lo importante, conocer cosas que de otra manera son muy difíciles”.
Una pasión personal
La antigua casa del fundador recibe visitas escolares y de vecinos de la región, además de despertar el interés de turistas que llegan a la ciudad. Allí, la historia local se entrelaza con las vivencias personales de quienes la recorren.
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Daniel Mesa, actual responsable del Museo y Archivo Dardo Rocha
Algo similar ocurrió con el actual responsable de la institución. “A mí siempre me interesó la historia de la ciudad, de la que leí mucho desde chico”, comentó Mesa, quien tras veinte años volvió a trabajar en el municipio y fue asignado a la Oficina de Museos Históricos, que bajo su órbita reúne a los museos Dardo Rocha y Almafuerte. “Me empecé a acercar de a poquito a hacer actividades acá, hasta que en un momento, como yo siempre digo, el museo te chupa, te tira para adentro y no te larga más”.
Mesa comparte todos los días sus conocimientos sobre la identidad platense a los visitantes. Además, en el último tiempo volcó su pasión en un proyecto personal: una novela que se titula La Plata y los falsificadores de la historia en la que se propone combatir la distorsión histórica en la que a veces se cae al compartir los sucesos de la ciudad. Emplea las herramientas de la novela para atraer a los lectores, y a través de la ficción, recomponer el pasado platense.