domingo 09 de agosto de 2026
WhatsApp Image 2026-08-06 at 3.40.06 PM (1)
De las diagonales al mundo

Gurí Jáuregui y el Quinteto Tiempo, grupo admirado por Mercedes Sosa y famoso por "Canción con todos"

Faro de los '70, fue ícono de una época y se disolvió en 2020. Un libro recupera la historia de su origen, la vida del Gurí Jáuregui y una época dorada de los conjuntos vocales platenses.

--:--

Alejandro “Gurí” Jáuregui formó parte de la primera promoción de alumnos de la Escuela de Bellas Artes –uno de los tres colegios universitarios de La Plata–.

El Bachillerato de Bellas Artes fue creado por iniciativa de un grupo de profesores de la Facultad de Bellas Artes que hicieron posible la transformación de la Escuela de Dibujo de la Universidad en un Bachillerato especializado en artes. En 1956 se creó el Bachillerato de Bellas Artes y tres años después se aprobó el primer plan de estudios.

La base del conjunto empezó en la escuela de Bellas Artes.

La base del conjunto empezó en la escuela de Bellas Artes.

Los Jáuregui tenían la característica de estar intensamente politizados de muy jóvenes, por eso, fue natural que Gurí de inmediato se integrara al Centro de Estudiantes. Editaban un boletín informativo con todo lo que fuera interesante para el alumnado. Al Gurí se lo podía ver, siempre acompañado, dejando oír su voz tonante que reverberaba entre los altos pasillos del colegio, recitando poemas de memoria, o creando conciliábulos de discusión política. Tenía una gran elocuencia, una manera pausada de transmitir sus ideas, reflexiva, amistosa, alejada de cualquier cerrazón ideológica. Pero su claridad política no transigía ni se atenuaba según las circunstancias, sabía, como Roberto Arlt, que cuando el edificio social se desmorona no es posible pensar en bordados.

Lee además

Participaba en todas las manifestaciones políticas que movilizaban a los estudiantes. Recuerda Eduardo Molina: “Salía mucha gente de Bellas Artes para sumarse a las protestas sociales. Solíamos ir juntos con los del Normal 3, que estaban cerca. Sentíamos la necesidad de acompañar los reclamos populares. Fue lo que hicimos durante toda la vida, primero en las calles, después también sobre los escenarios. Podemos decir que alguna coherencia hemos tenido”.

La Negra Sosa, una amiga del grupo.

La Negra Sosa, una amiga del grupo.

Los ideales del Che Guevara era la bandera que los cobijaba. La certeza de que cuando del mundo ya no quedara piedra sobre piedra, el recuerdo de lo que ese hombre había hecho con su vida nos redimiría como especie.

Lalo Painceira fue testigo y cronista de esos años, y cuenta cómo conoció al Gurí: “Yo estudiaba cine en Bellas Artes. Allí profundicé una militancia que había comenzado como pintor, con Víctor Grippo, quien había llevado a las charlas del bar el tema político. Ingresamos al partido comunista, pese a que nuestra pintura no era para nada ortodoxa. Nuestro grupo estaba a cargo de Mauricio Tenembaum. Teníamos reuniones en casa de mis padres, en Gonnet. Allí nos encontramos con Gurí, a quien conocía de nuestras andanzas en el centro de estudiantes del que nos habíamos hecho cargo. Él tenía una sólida formación familiar. Cuando yo ingresé a Bellas Artes, él ya estaba terminando su bachillerato. En ese período hicimos un montón de cosas juntos en Bellas Artes, desde torneos de volley en el patio del colegio, hasta reuniones de fin de año, bailes de carnaval, la organización de recitales como el de la entonces desconocida Mercedes Sosa y, sobre todo, con el Gurí compartimos la militancia”.

La abierta militancia del Gurí en la Federación Juvenil Comunista le deparó no pocos sinsabores, entrenándose para un hostigamiento que, en algunos períodos más duramente que en otros, lo acompañaría a lo largo de su vida: «Cuando participé de un Torneo de fútbol en Ensenada en solidaridad con los trabajadores despedidos del Astillero Rio Santiago, fui detenido junto a dos compañeros, por supuestas quejas de los vecinos del barrio. Esos contratiempos no lo desanimaban, tenía esa obstinación que llamamos perseverancia, cuando la causa es buena, y terquedad, cuando es mala”.

El Gurí Jáuregui, estudiante de Bellas Artes.

El Gurí Jáuregui, estudiante de Bellas Artes.

Por la misma época, conoció el encierro: “Con 18 años recién cumplidos, estuve casi tres meses privado de la libertad, en la Comisaría del centro de Ensenada. Nos trataron como presos comunes y pasamos a depender del Poder Ejecutivo Nacional (PEN). La detención fue en 1963, bajo el gobierno de José María Guido, quien había llegado a la presidencia a horcajadas de los militares que habían derrocado a Arturo Frondizi. Esa temporada en el purgatorio le hizo perder el año en Bellas Artes: «Comencé a dar materias como alumno libre por todos los colegios secundarios. Hice un gran esfuerzo, pero por dos materias no llegué a recibirme de Bachiller”.

Susana Gorostidi tenía quince años cuando conoció al Gurí, quien era un año mayor. Lo primero que recuerda de él es que ya era un militante de convicciones fuertes, con cierta fama entre el estudiantado: “Compartí muchas cosas con el Gurí. Me acercó a la poesía leyendo poetas como Pablo Neruda y Javier Villafañe. Durante todo el bachillerato estuvimos juntos, en el coro de Bellas Artes, en las famosas fiestas del estudiante que se celebraban en la primavera. En ese período, las autoridades del Colegio nos daban una semana para organizar todo tipo de actividades artísticas, produciéndose mucho intercambio entre las distintas divisiones del Colegio, lo que permitía fortalecer los contactos”.

Recogió la bohemia y la gesta revolucionaria de su época.

Recogió la bohemia y la gesta revolucionaria de su época.

Eran años en que Gurí Jáuregui y Eduardo Molina compartieron descubrimientos que le cambiarían para siempre la vida: “Con el Gurí descubrimos juntos que había una música que hablaba de nuestro país, de la gente del interior, de los sufrimientos de nuestro pueblo. Nos incorporamos juntos al Coro de la Escuela de Bellas Artes donde aprendimos a cantar en armonía”. El Coro de Bellas Artes se formó al año siguiente que el Gurí ingresara al colegio. Sus integrantes fueron sumados de aula en aula. El Coro se fue afianzando y alcanzó cierta notoriedad, participó en numerosos encuentros corales universitarios. Era un gran aglutinante, mantenía cohesionado a quienes con el tiempo construirían sus propias experiencias musicales: Susana Gorostidi y algunas de sus compañeras de división, formarían un grupo que cantaba canciones españolas. El Gurí, Eduardo Molina y Miguel Coloma, plantarían las simientes de lo que luego sería el Quinteto Vocal Tiempo.

En La Moneda, de pie, con Salvador Allende como cercano espectador.

En La Moneda, de pie, con Salvador Allende como cercano espectador.

Gurí y Eduardo siguieron integrando el coro aun cuando ya estaba formado el Quinteto: «Con la dirección de Jorge Armesto, el coro había logrado un sonido, una interpretación con arreglos vocales más que interesantes. Ensayos semanales y funciones mensuales». Jorge Armesto era un salteño que estudió en La Plata Composición y Dirección orquestal; años después de fundar el coro sería nombrado decano de la Facultad de Bellas Artes. Fue el gestor de los Encuentros Corales de Verano en Villa Gesell, idea de Carlos Gesell quien donó al Coro de Bellas Artes un anfiteatro natural enclavado en el pinar de la Villa: «Con la única condición de que, a partir de 1969, todos los veranos se presentaran coros de todo el país y América». Asimismo, Jorge Armesto creó el Coral Contemporáneo, con el que estrenó obras sinfónico-corales en el Teatro Colón, y participó en bandas de sonido para cine, como la de la película Juan Moreira, de Leonardo Favio.

Su repertorio fue esencialmente latinoamericano.

Su repertorio fue esencialmente latinoamericano.

Los Festivales de los coros universitarios de La Plata alcanzaron celebridad. Recuerda Gurí: “Los Festivales de los coros universitarios de La Plata solían durar tres días. Cada coro presentaba un programa de tres obras con un público que llenaba las instalaciones. El último día terminábamos cantando, con trescientas voces el Gaudeamus Igitur, el himno Universitario por excelencia y el Aleluya de Haendel. Luego de ese emocionante momento terminábamos las jornadas del Festival con unos tanques de cerveza combinados con unos platos de maní en la esquina de 5 y 54, cervecería Modelo, cantando hasta las primeras horas de la madrugada”.

Con Eduardo Molina, Gurí compartió, de punta a punta, la travesía de la escuela secundaria. En segundo año, junto con otros compañeros de división, armaron el grupo Los Quiaqueños, esforzándose en sonar como Los Fronterizos –un grupo que, junto a Los Chalchaleros lideraban las adhesiones dentro del llamado, onomatopéyicamente, boom del folklore-. De una de las canciones de Los Fronterizos. El Quiaqueño –de Arsenio Aguirre-, habían tomado el nombre.

Recordaba Gurí: «Éramos fanáticos de Los Chalchaleros y Los Fronterizos. Solíamos hacernos la rata para conseguir entradas cuando sabíamos que iban a actuar en el Auditorio de Radio Provincia de Buenos Aires». Los Quiaqueños eran número puesto en todas las fiestas escolares. En una oportunidad, cuenta Eduardo Molina: “Estábamos cantando en una fiesta en la escuela. Se habían cortado las clases para que el alumnado concurriera al acto. El público estaba enfervorizado, pedía una canción tras otra. No nos dejaban bajar del escenario. Cuando sonó el timbre del recreo, los alumnos se fueron en desbandada. Nos dejaron solos cantando arriba del escenario. Descubrimos que ese, nuestro primer éxito sobre un escenario se debió a que nuestros compañeros no querían volver a clase”.

El Gurí, Eduardo Molina y Miguel Coloma plantarían las simientes de lo que sería el Quinteto Vocal Tiempo El Gurí, Eduardo Molina y Miguel Coloma plantarían las simientes de lo que sería el Quinteto Vocal Tiempo

La Escuela de Bellas Artes exacerbaba el clima de creatividad que se vivía por aquellos años iniciales de la década de 1960. Se cantaba hasta en los baños, había cuadros en todos los corredores del edificio, y bullía un entusiasmo que expresaba de todas las maneras imaginables lo que germinaba en las entrañas de los jóvenes y que era fomentado desde las aulas. Había mucho diálogo entre las distintas disciplinas, se construían canales de comunicación entre plástica, música, literatura y cine. En las horas libres, llevaban a los alumnos a ver películas. Eran los años en que el titiritero y director teatral, Cándido Moneo Sanz, organizaba ciclos de cine. En el aire flotaba la certeza de que por fin se conquistaría ese porvenir que siempre estaba por venir y nunca llegaba.

Una gira por la ex Unión Soviética.

Una gira por la ex Unión Soviética.

Muchos artistas se presentaban en el Auditorio de Bellas Artes. Recuerda Eduardo Molina: “A comienzos de los 60, la gente del Centro de Estudiantes invitó a cantar a Ramón Ayala, quien trajo como invitado a Armando Tejada Gómez. Ahí descubrimos a ese hombre que se paraba sobre un escenario para decir sus poemas con una voz muy personal y una potencia arrolladora. El Gurí me llevó a conversar con ellos al final de la función. Era encarador como pato ciego”.

El Gurí había afianzado los vínculos con muchos de sus compañeros de colegio y del coro de Bellas Artes. Por eso, hacia fines de 1964 les propuso a algunos de ellos viajar a Córdoba en verano. Y así llegaron al corazón del Valle de Punilla, para presenciar lo que ya entonces era una fiesta de la música popular, el Festival de Cosquín.

Se presentó en escenarios del mundo.

Se presentó en escenarios del mundo.

Disfrutaban mucho no sólo de lo que ocurría arriba del escenario principal, sino también de curiosear con voracidad lo que se vivía en las peñas que proliferaban en los alrededores de la plaza Próspero Molina. La bandada de platenses iba de local en local comiendo tamales, empanadas, locro, y escuchando músicos y poetas.

Se insertó en la agitada escena pública de los 70.

Se insertó en la agitada escena pública de los 70.

Uno de los amigos, Beto Pérez Harguindegui, recuerda: “El viaje de la barra a Cosquín fue genial, una banda de zaparrastrosos que nos juntamos en un campamento inolvidable. Asados, guitarreadas, fútbol, viajes a cualquier lugar que se presentara, siempre de mochileros y a dedo. Eran tres carpas para diez u once huéspedes, de modo que dormíamos por turnos, o algunos al sereno. No teníamos plata para pagar la entrada a la plaza Próspero Molina, de modo que boludeábamos por los alrededores hasta que a las 4 de la mañana se abrían las boleterías y entraban todos los reos. Allí empezaba la fiesta. Recuerdo que nos quedábamos en la plaza hasta que el sol subía bien alto, escuchando los Fronterizos, los Quilla, Guarany, los Trovadores, Cafrune y tantos otros. A veces sin dormir nos íbamos al río y allí seguía el baile”.

Fueron días de descubrimientos artísticos, de confirmar que a lo largo y lo ancho de todo el país se estaba gestando un movimiento musical de raíz folklórica que pugnaba por expresarse a nivel nacional. Recordaba Gurí: “Nos conmovió escuchar en esos días a grupos venidos de varios lugares con novedosos arreglos vocales como la corriente que bajaba de Santiago del Estero con Los Gómez Carrillo o el conjunto jujeño Achalay y otros grupos de Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Mendoza”.

Sus arreglos musicales estuvieron en la vanguardia de lo vocal.

Sus arreglos musicales estuvieron en la vanguardia de lo vocal.

Esa música respondía a la profunda necesidad del pueblo de encontrar voces nacidas de sus entrañas, capaces de traducir sus memorias más hondas y sus más hondos sueños. Por eso, fue multitudinario el acompañamiento que la gente dio a esa música. Dice Gurí: “En aquella edición de 1965 vivimos un hecho fundacional que ocurrió en las primeras lunas del Vº Festival de Cosquín. El conjunto Los Trovadores, de Rosario, logra una actuación consagratoria al interpretar un notable arreglo vocal del tema Malambo del coreógrafo Eber Lobato. No pudieron seguir cantando. Fueron llevados en andas por el público que invadió el escenario para seguirla a orillas del río, hasta la madrugada”.

Los once platenses formaron parte de ese cortejo que acompañó a Los Trova hasta el hotel, celebrándolos como si fueran ídolos futbolísticos. La edición del Festival de Cosquín de 1965 fue extraña: se hizo un minuto de silencio por la muerte de Winston Churchill y, en ese escenario que se proclamaba «santuario de nuestras tradiciones», actuó el dúo inglés integrado por Dorothy y Peter Senser –traspapelados para siempre en el olvido-. Pero también ocurrieron otras cosas, fuera de libreto, que harían recordable esa edición, y de las que el Gurí Jáuregui fue testigo directo. El desiderátum de esa V edición del Festival de Cosquín fue algo que no estaba anunciado y que contrariaba, incluso, los deseos de los organizadores. Se trató de una noche, suelta de las otras.

Se presentaron en todo tipo de escenarios, tanto entre la gente como en los teatros.

Se presentaron en todo tipo de escenarios, tanto entre la gente como en los teatros.

El 31 de enero –última luna del festival-, Jorge Cafrune, en su actuación, dijo: “Yo me voy a atrever, porque es un atrevimiento lo que voy a hacer ahora, y voy a recibir un tirón de orejas por parte de la comisión, pero qué le vamos a hacer, siempre he sido así, galopeador contra el viento. Les voy a ofrecer el canto de una mujer purísima, que no ha tenido oportunidad de darlo y que, como les digo, aunque se arme bronca, les voy a dejar con ustedes a una tucumana: Mercedes Sosa”.

Mercedes tenía 30 años recién cumplidos, y dos discos en su haber: La voz de la zafra y Canciones con fundamento. Con el solo acompañamiento de su bombo y una voz desgarrada y poderosa, cantó Canción del derrumbe indio, del tucumano Fernando Iramain. Esa furiosa ternura no dejó indemne a ninguno de los espectadores que la ovacionó hasta la ronquera y la aplaudió hasta despellejarse las manos. Eduardo Molina no había viajado a Cosquín con esa columna platense encabezada por el Gurí, pero allí se encontraron: “Desde que empecé el secundario hacía todos los años algún viaje de mochilero por el país. En todos los viajes, incluía en el regreso a Cosquín, para no perderme el festival. Ese año nos encontramos con Gurí en Villa Carpita, porque ahí armábamos nuestra toldería. Allí, conocimos gente que luego serían hermanos nuestros para siempre. Fuimos a ver con Gurí a un conjunto que había llegado de Uruguay, llamado Los Carreteros. Los fuimos a saludar al hotel, y con ellos estaba un periodista uruguayo: Alfredo Zitarrosa”.

El cantor uruguayo escribía por entonces para el semanario Marcha, y hacía recién un año que había debutado profesionalmente: «No había ido a cantar sino a cubrir el Festival como periodista. Después nos haríamos muy amigos. Nos encontraríamos en México, en Venezuela, lo recibimos en un Festival en Atlanta, cuando él había vuelto».

Alfredo Zitarrosa sabía visitar la carpa a orillas del río donde estaban Los Carreteros, vecina de la toldería levantada por el Gurí y sus amigos. Una tarde, Alfredo Zitarrosa fue a verlo al Gurí para contarle, emocionado, que había entrevistado a su gran referente: Atahualpa Yupanqui. En un grabador enorme había registrado el pensamiento de ese maestro que, con humildad y obstinación, encontraba invariablemente entre todas las canciones, la más bella. La conversación había durado un poco más que un atado de cigarrillos, y fue publicada en el semanario Marcha.

El Gurí conocía a Mercedes Sosa por la compartida militancia partidaria, y haberse cruzado en distintas reuniones y asambleas. Cada vez que la escuchaba cantar comprobaba como le subía por el cuerpo a esa mujer el antiguo misterio de estas tierras. Antes de la actuación de Mercedes en Cosquín, el Gurí –con algunos de sus amigos-, fueron a saludarla al hotel en el que se estaba hospedando. Recuerda Beto Pérez Harguindegui: “Una tarde Gurí me pide que lo acompañara a un hotel ubicado río arriba para entrevistar a alguien que no me acuerdo quién era. El asunto es que nos recibió una señora muy amable que nos trataba de «queridos» como si fuéramos de la familia. Era Mercedes Sosa, que ese año subió a la plaza de la mano del Turco Cafrune e inició su inolvidable carrera. Nunca más nos juntamos, pero esos días no los olvidaremos jamás”.

En esa edición del Festival de Cosquín, el Gurí también tuvo la oportunidad de dar un abrazo al poeta Armando Tejada Gómez –pluma principal del Manifiesto del Nuevo Cancionero, que se había hecho público dos años antes, auspiciando una música que se abriera paso a contramano del despótico dictamen de los medios–, quien estaba acompañando a su amiga en los instantes previos a convertirse, masivamente, en la gran voz del Nuevo Cancionero.

Mercedes cautivó de inmediato a ese monstruo siempre impredecible que es el público, con una voz desnuda nacida desde sus propias entrañas, que bajaba desde el escenario con la fuerza de un río de montaña que arrastra entre sus aguas el légamo removido de las profundidades, sales misteriosas y minerales nacidos del corazón mismo de las profundidades. Recibió una prolongada ovación de pie, anticipando el cariño que cosecharía en todos los públicos del mundo.

Gurí atestiguó: “Sin saberlo, estábamos presenciando el desembarco del Nuevo Cancionero, movimiento fundado en Mendoza en 1963 que abría sus puertas a nuevos contenidos de la canción: Hay país para todo el cancionero. Solo falta integrar un cancionero para todo el país”.

Esa última noche del Festival sería coronada por Horacio Guarany, según Gurí, «amado intérprete nacional, una especie de dueño de la voz popular, cerró su actuación cantando su Coplera del prisionero, con letra de Armando Tejada Gómez. La gente de pie, agitando pañuelos, gorras y ponchos, gritó su emoción hasta quedar afónica».

Jorge Cumbo había formado y dirigido el trío Los Chihuancos, que habían alcanzado cierta popularidad en La Plata; pero su afianzamiento se produjo con Los 4 Colores, grupo folklórico en el que cantaba, tocaba la guitarra, hacía los arreglos y, con el que grabó un disco. El vinilo publicado por Phillips tuvo una considerable difusión y le permitió sumar un buen número de seguidores. Hubo muchos artistas que se le acercaban para hacer cosas juntos o integrarse al grupo, uno de ellos fue el Chango Nieto: «El Chango quería formar parte del grupo. Yo le decía, no boludo, vos sos un cantante folklórico que puede hacer un camino solista, cómo vas a cantar con nosotros».

Posando junto a Mercedes Sosa y Armando Tejada Gómez.

Posando junto a Mercedes Sosa y Armando Tejada Gómez.

Jorge Cumbo había ingresado a Bellas Artes en 1967, para estudiar dirección de orquesta y coro. Susana Gorostidi lo preparó para el examen de ingreso. Aprobó, no sin ciertos sobresaltos que Cumbo rememora así:

“Cuando di el examen, me hicieron esperar para darme la nota. Cuando sale el asistente con el listado de las calificaciones, a mí no me nombra. Cuando se lo hago notar, se mete dentro del aula. Al rato, me hacen pasar. Me piden que me ponga de espaldas al piano. Tocan una nota y me preguntan: ¿qué intervalo estoy haciendo? Les contesto: una cuarta. Vuelven a tocar. ¿Y ahora? Una cuarta aumentada. Sigue la prueba. ¿Y ahora? Una séptima. Entonces los profesores me dijeron: como usted tiene mejor oído que sus compañeros, lo vamos a aprobar, pero va a tener que hacer un gran esfuerzo para seguir la carrera porque sus compañeros están muy adelantados”.

El Gurí conocía a Mercedes Sosa por la militancia partidaria, y de ahí sellaron una amistad que se bifurcó en lo musical

Cursó tres años: “Los profesores eran, casi en su totalidad, alemanes e italianos. Yo había entrado a Bellas Artes para aprender lo que se llama música culta con el propósito de aplicar esos conocimientos a la música folklórica argentina. Por eso, cuando en una clase nos dieron como tarea hacer un arreglo; yo esperé que saliera de la clase el profesor, y en el pasillo le pregunté si podía hacer el trabajo utilizando un ritmo folklórico argentino. Y me contestó con entonación germana: «alumnnno. Músssica folklórrrica es para los boliches. Acá ssse essstudia músssica en serio»”.

Fue en ese momento que Cumbo decidió dejar la Facultad. La vida cultural de La Plata en los años 60 era múltiple, incontenible y bullente, alimentada por un inmenso estudiantado venido de todas partes de nuestro país y del resto de Latinoamérica. Fue una época en que floreció la música coral. Jorge Cumbo dice: «Los coros eran la característica platense.» Él integraba dos coros. Uno de ellos, la Cantoría Ars Nova, dirigido por Raúl Carpinetti. Por otro lado: «Roberto Ruiz que dirigía el Coro Universitario me ofreció dirigir un coro en Mar del Plata, por lo que viajaba una vez por semana».

El Gurí Jáuregui falleció en 2020.

El Gurí Jáuregui falleció en 2020.

Cuando Jorge Cumbo deja Los 4 Colores, Gurí Jáuregui quiso ubicarlo para proponerle ayudarlo a armar un grupo. El azar quiso que los uniera una camiseta de fútbol. El Gurí lo recuerda así: “Como si me hubiera disfrazado de Aladino, salgo a caminar una tarde por la Ciudad de La Plata, froto la mágica lámpara y se me aparece Jorge Cumbo caminando derechito en mi dirección en plena Plaza de 1 y 38. Me lo cruzo y con cierto nerviosismo me digo: ´¿Lo encaro? ¿Qué le digo?´ Le hago señas para que me preste atención. Se para y me espera. Lo saludo y le cuento que un grupo de amigos, todos del coro de Bellas Artes, lo estábamos buscando con la intención de que nos ayudara a formar un conjunto vocal. Entrecerrando los ojos me preguntó:

—¿Vos sos el que está siempre en el codo de 55 y 115, en la Cancha de Estudiantes, con una bandera, arengando a la gente como un marrano para que alienten al equipo?.

—Sí.

—Siempre te veo en la cancha. Hacés gritar en el rincón de la cancha donde van los más tranquilos. ¡Sos mi ídolo!”.

El Gurí anotó el teléfono de Cumbo. A los pocos días, se juntaron con Eduardo Molina y lo llamaron. Así lo recuerda el ladero de Gurí: «Fuimos a un teléfono público que había en la Biblioteca de la Universidad, en Plaza Rocha. Lo llamamos a Jorge, le dijimos que teníamos interés en armar un conjunto y que queríamos que él hiciera los arreglos vocales».

Jorge Cumbo quedó en contestarles. A la semana los llamó, invitándolos a su casa. Vivía en diagonal 73 y 11, de La Plata, lugar en el que se daban cita artistas de las más variadas disciplinas con una idéntica necesidad de expresarse. Una auténtica vorágine creativa cuyo epicentro era la casa familiar. De ese gran semillero de voces disponible para el proyecto, Cumbo eligió a los hermanos Masi para terminar de formar el Quinteto. Evocaba Gurí cómo fue esa selección final hecha por Cumbo: “Con mucha ilusión lo recibimos con un ensayo mayúsculo, con mi amigo Felipe Burgos y los diez de la barra de Bellas Artes. Nos escuchó uno por uno y eligió un quinteto con la inesperada inclusión de una voz femenina (Sara Masi). Nos propuso ensayar una vez por semana y se convirtió, con la mejor onda y entusiasmo en nuestro primer director musical. Los integrantes elegidos fuimos Sara y Guillermo Masi, Miguel Coloma, Eduardo Molina y yo”.

El Gurí con Jorge Cumbo, otro nombre esencial en el Quinteto Tiempo.

El Gurí con Jorge Cumbo, otro nombre esencial en el Quinteto Tiempo.

Así, en aquella tarde de 1967 quedó formalmente constituido el Quinteto Vocal Tiempo. Guillermo Masi –que era el barítono del grupo- recuerda que fue en el departamento de Jorge Cumbo donde se hizo la selección de voces. Guillermo Masi había conocido a Cumbo gracias a un movimiento de proyección folklórica nacional que se había armado en el club Max Nordau de La Plata.

La casa de los Masi fue el primer lugar donde se reunía a ensayar el Quinteto. Dice Guillermo: “Mi Viejo tomó el Quinteto como suyo. Nos compraba los instrumentos. Ensayábamos en el living de la casa o en el garage, hasta la hora que fuera. Nos prestaba el auto para ir a las actuaciones. Nos daba un gran envión”.

Los Masi son una familia famosa por la hospitalidad que siempre brindaron a los artistas que visitaron nuestra ciudad. Recuerda Jorge Cumbo: “El domicilio de los Masi se fue convirtiendo –gracias a la amabilidad de los anfitriones- en la casa que recibía a las grandes figuras del folklore que venían a actuar a La Plata. Yo recuerdo, por ejemplo, las visitas de Cafrune o Falú, o tantos otros que ya se fueron, pero quedaron para siempre cantando en la memoria”.

El Gurí abrazando a la Negra Sosa, en uno de sus tantos conciertos juntos.

El Gurí abrazando a la Negra Sosa, en uno de sus tantos conciertos juntos.

El Gurí ahonda ese reconocimiento: “Mauro y Coca, los padres de Sara y Guillermo Masi tuvieron mucho que ver con los primeros pasos de este nuevo grupo de canto. Vivían en un tranquilo barrio de casas bajas, en la calle 36 entre 8 y 9, de La Plata. Su abuelo, propietario de la firma Pedro Masi e hijos, de venta de materiales de construcción, había logrado desarrollar una familia de trabajo, abierta y era feliz cuando le cantábamos Eltío Pedro, del Chango Rodríguez. Eran conocidos por sus vecinos por los encuentros, con guitarreadas y cenas interminables. Esas reuniones con Los Chalchaleros, Mercedes Sosa, Los Trovadores, Los Andariegos, Víctor Heredia, nos permitían cantarles un par de temas, escuchar otros y, en algunos casos surgió la posibilidad que los acompañáramos como artistas invitados. Luego se mudaron a un hermoso chalet en la localidad de Gonnet, sobre el camino Belgrano (hoy La Enramada). Allí maduraron algunos arreglos de nuestras primeras canciones, y hubo dos memorables alumbramientos: la zamba La raíz de tu grito, con melodía y arreglo vocal de Jorge Cumbo y letra de Alfredo Rubio, y la maravillosa Canción con todos, que sus autores Armando Tejada Gómez y César Isella, terminaron de pulir allí, una tarde de 1970. Guillermo Masi hizo el arreglo vocal y ensayamos hasta la hora de la cena”.

Una semana después de compuesta Canción con todos fue grabada en los Estudios de PHILIPS para el disco América Joven 2. El arreglo estuvo a cargo de Guillermo Masi y Mario Arreseygor, quien recuerda: “Nos llegó el pedido urgente de hacer un arreglo para esa canción. Las partes que están fuera del estribillo las iba a cantar Isella, y nosotros teníamos que hacer el arreglo. Era de un día para el otro, porque había que grabarla, y se iba a presentar en el Luna Park. Nos dividimos el trabajo: una parte la hizo Guillermo Masi y otra parte la hice yo”.

Uno de los últimos conciertos el Quinteto Tiempo, en Capital Federal.

Uno de los últimos conciertos el Quinteto Tiempo, en Capital Federal.

Por su parte, evocando el nacimiento de esa legendaria canción bajo la sombra suave de los árboles de su casa, aporta Guillermo Masi: “Ya venían trabajando Armando y Cesar, y una tarde, en Gonnet –uno de los tantos sábados que nos reuníamos a cantar y disfrutar un asado-. Debajo de un árbol, terminaron la canción. Se querían mucho, pero también se puteaban. El tono en que termina la canción es un dominante, no se resuelve con un acorde final. Recién con Mercedes se cambiaría el cierre. Cuando César terminó de cantar el tema, Armando se quedó mirándolo, como esperando algo más, y le preguntó: ¿Cómo lo vas a terminar musicalmente así? Vinieron putéandose adonde estábamos nosotros ensayando. César decía: “Este boludo que no sabe nada de música, me quiere dar lecciones. Y Armando replicó: «este huevón deja el tema colgado ahí, no sabe cómo terminarlo”.

Una visita a Cuba, faro revolucionario de la época.

Una visita a Cuba, faro revolucionario de la época.

Eduardo Molina da cuenta del vértigo generado a partir del nacimiento de la canción: «Rápidamente la tuvimos que ensayar porque César la quería grabar enseguida. La ensayamos rápido y de inmediato la grabamos». Mucho tiempo después la grabaría El Quinteto solo. El porqué de esa demora en registrar una canción que identifica tan profundamente al grupo es explicada por Eduardo Molina: “Como ya la habíamos grabado con Isella, no queríamos volver a grabarla. Hasta que entrados los setenta, decidimos volver a grabarla. Allí es donde Gurí incorpora como introducción un poema de Nicomedes Santa Cruz (América Latina). Es una canción que nos acompañó hasta el final de los días de Gurí. Después, ya sin Gurí, ese poema lo digo yo”.

Armando Tejada Gómez dio precisiones acerca del título: Con todos quiere decir que nadie debe ser olvidado, porque en esta formidable aventura de la vida –tan breve– ser todos es ser alguien en el relámpago de la historia. Ser todos es pensarse en todos. De ese modo, ninguna lágrima, ningún júbilo, allí donde suceda, nos será extraño.

Estos fragmentos seleccionados forman parte de "Una voz en el tiempo", escrito por Sergio Marelli. El libro puede descargarse de manera gratuita a través del sitio oficial: https://unavozeneltiempo.github.io/#descargar.

Lee además

¿Qué es 0221.com.ar| Logo Begum?

Begum es un segmento periodístico de calidad de 0221 que busca recuperar historias, mitos y personajes de La Plata y toda la región. El nombre se desprende de la novela de Julio Verne “Los quinientos millones de la Begum”. Según la historia, la Begum era una princesa hindú cuya fortuna sirvió a uno de sus herederos para diseñar una ciudad ideal. La leyenda indica que parte de los rasgos de esa urbe de ficción sirvieron para concebir la traza de La Plata.

Dejá tu comentario

Leer más de BEGUM