domingo 11 de enero de 2026
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El gran poeta español

Federico García Lorca en la UNLP: charla sobre teatro y una visita a los niños

En su llegada a Argentina, el artista pasó fugazmente por la UNLP. Apenas advertido por el gran público, conoció la Anexa y recorrió el Museo, además de ser espectador de una obra infantil montada para él.

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El viaje de Federico García Lorca a la Argentina ha sido objeto de numerosos trabajos. Dado que su permanencia en el país se prolongó varios meses y fue angular en su carrera de dramaturgo, no hay biografía que no se ocupe de él. La tan conocida de Gibson, nutrida de otros biógrafos, le dedica un capítulo de unas 50 páginas. También fue tema de estudios particulares, como Continente vacío (viaje a Sudamérica) de Salvador Novo (1935). Pablo Neruda, que convivió con Lorca en Buenos Aires, aportó sabrosos detalles en Confieso que he vivido (1974). No se puede olvidar el artículo de Luis Martínez Cuitiño en el número 448 de la revista Ínsula, Madrid, mayo de 1984: “Carta de Buenos Aires. Federico García Lorca y Argentina”; ni de Pedro Villarejo García Lorca en Buenos Aires. Una resurrección anterior a la muerte (1986). A ellos se debe agregar el de Pablo Medina, Lorca, un andaluz en Buenos Aires (1999).

Aunque el poeta no llevó un diario durante esos meses y escribió pocas cartas, su permanencia en Argentina fue minuciosamente documentada por la prensa en cuanto a lo público se refiere: La Nación y especialmente Crítica, y en menor medida La Prensa, todos de los más leídos en la época. Además encontramos registros en Noticias gráficas, El Diario Español, Correo de Galicia y otros muy específicos, como Sulem. Revista social ilustrada para la comunidad israelita y El Suplemento. Primer magazine argentino.

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Su visita, efímera y casi protocolar, no tuvo recepción masiva

Su visita, efímera y casi protocolar, no tuvo recepción masiva

Difícil agregar algo que no se haya dicho de Lorca en Argentina, que fue en realidad en Buenos Aires y sus alrededores. Sin embargo, creo que puedo contribuir a la reconstrucción de una de las actividades que realizó el granadino: la visita a la Universidad Nacional de La Plata. El tema es significativo, tanto por ser poco conocido como porque la Universidad de La Plata fue la única institución de su tipo que visitó. Hoy dicha casa de altos estudios alberga a la Cátedra Libre de Cultura Andaluza que tengo el honor de dirigir, la segunda en todo el continente. Desde ese espacio universitario nos ocupamos de la obra y la memoria del granadino, al punto que una de nuestras aulas, la de Poesía y Arte Dramático, lleva su nombre.

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La visita a la Universidad de La Plata, el 13 de diciembre de 1933, pasó casi inadvertida fuera de la ciudad de las diagonales. El centralismo porteño suele ignorar lo que sucede fuera de su territorio, y esa hegemonía de la información se trasladó a investigadores y biógrafos. Gibson ni siquiera menciona a La Plata, una de cuyas diagonales lleva hoy día el nombre del poeta granadino. Se limita a que Lorca no aceptó las invitaciones para dar conferencias en Córdoba, Mendoza, Tucumán y Santiago del Estero, pero que sí visitó Rosario el 22 de diciembre de 1933, donde pronunció “Juego y teoría del duende” en el Teatro Colón. La omisión es significativa, pues si bien el triunfo de Lorca en la dramaturgia y los grupos literarios de la Argentina fue una “Puerta del Príncipe” en su carrera, su repercusión en lo universitario fue muy pobre. Ninguna de las conferencias que brindó fue en el seno de la Universidad de Buenos Aires. Sólo dos universidades le cursaron invitaciones para que las visitase: la de La Plata y la de Córdoba. El poeta declinó esta última “tal vez por no ser adecuadas las condiciones económicas ofrecidas”, especula Gibson.

Para poner en contexto la presencia de Lorca en La Plata debo hablar brevemente del papel que jugaba dicha ciudad en la cultura argentina, que dependía, en gran parte, de su vida universitaria. La Plata nació el 19 de noviembre de 1882 por obra del gobernador Dardo Rocha, para ser la nueva capital del primer estado argentino, ya que Buenos Aires se había federalizado y la provincia había perdido su cabecera histórica, la que fundó por primera vez un granadino de Guadix, Pedro de Mendoza, en 1536. Fue planificada como una ciudad moderna, higiénica, llena de plazas, avenidas y profusa arboleda, pero también con edificios monumentales de todos los estilos europeos, entre ellos una imponente catedral que se convirtió en el mayor templo neogótico del mundo. Fue concebida como ciudad cultural, con teatros, bibliotecas, museos, observatorio astronómico y universidad. Esta fue fundada como provincial en 1890 y pasó a ser nacional en 1905. Cuando el doctor Levene asumió su presidencia, unos años antes de la visita de Lorca, le dio a nuestra ciudad, por su carácter académico, el hermoso nombre de “la Salamanca de Iberoamérica”.

La visita a la Universidad de La Plata, el 13 de diciembre de 1933, pasó casi inadvertida.

Ernesto Sábato, con el tiempo uno de los mayores escritores argentinos, dejó este testimonio: “Llegué a La Plata en 1924, cuando tenía 12 años, para comenzar el bachillerato del Colegio Nacional. Quizás porque para mí esta ciudad está ligada a mi juventud es que siempre me ha resultado conmovedora. Era genuinamente universitaria: tenía colonias estudiantiles de distintos países iberoamericanos; tenía grandes profesores; muchos de los egresados de estas facultades fueron después hombres ilustres de América”. Y cuando en 1946 la visitó Jacinto Benavente, llamó a La Plata “la capital intelectual del país”, aclarando que, si bien en Buenos Aires la vida era más intensa, la inquietud es lo que pasa y en cambio la serenidad es perdurable.

Desde sus primeros años La Plata se preocupó por enriquecer su vida cultural con la presencia de artistas, científicos, pensadores y políticos de todo el mundo. Además, existía el propósito de que esas luminarias vieran lo que era su universidad, sus teatros, sus edificios monumentales, y volvieran a sus tierras hablando de ello. Con anterioridad a Lorca pasaron por allí Sara Bernhardt, María Guerrero, Teodoro Roosevelt, Eleonora Duse, Jean Jaurés, Arturo Rubinstein, Richard Strauss, Humberto de Saboya, Albert Einstein, el duque de Windsor, Ana Pavolova, José Vasconcelos. A fin de mostrar que la invitación a nuestro poeta no fue un acto aislado, sino dentro de la tradición cultural de la ciudad, me permito enumerar a algunos visitantes posteriores a 1933: el ya mencionado Benavente, Beniamino Gigli, Juan Ramón Jiménez, Carmen Amaya, Andrés Segovia, Fernando Quiñones, Lanza del Vasto, Albert Sabin, Duke Ellington, Gerardo Diego, Rafael Alberti, Gabriela Mistral, entre otros.

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Abrazó, desde siempre, al teatro estudiantil.

Abrazó, desde siempre, al teatro estudiantil.

En la historia de la visita de Lorca a La Plata, o más propiamente a su universidad, abundan los hiatos. Sabemos que el poeta hizo el viaje por invitación del presidente de la Universidad, aunque Gibson afirme que el único convite documentado fue el de la de Córdoba. Por qué aceptó trasladarse a La Plata y no a otras ciudades puede ser obvio: La Plata no sólo era una urbe de alto perfil cultural, pese a su juventud —el 19 de noviembre de 1933 había festejado sus 51 años—, sino que se encuentra apenas a 60 kilómetros de Buenos Aires. Suponemos que en la mañana del miércoles 13 de diciembre se habrá trasladado desde el Hotel Castelar a la estación Constitución, de donde salen los trenes a La Plata. En ese entonces era la forma más rápida y cómoda de llegar y la que usaban desde los políticos hasta los profesores de la universidad que no tenían residencia local; en uno de esos trenes moriría, en 1946, el escritor Pedro Henríquez Ureña, quien viajaba para dar clases en el Colegio Nacional.

Es improbable que Lorca realizara en soledad la corta travesía, pero ha quedado una constancia equívoca de quién lo pudo haber acompañado. Seguramente el dramaturgo español Gregorio Martínez Sierra, quien aparece en las fotografías de El Día y El Argentino. Martínez Sierra era de los que lo habían esperado a Lorca en el puerto de Buenos Aires y ambos habían trabado relación en el ambiente teatral de la península. La estación de trenes de La Plata está a pocas cuadras del predio de la Universidad en donde el granadino iba a ser recibido. Con seguridad Levene habrá dispuesto que les esperara en el andén una delegación, si es que no concurrió él en persona. Al menos sabemos que llegaron juntos a la colonia de vacaciones de la Universidad.

Una visita con poco eco

La recepción de Lorca no tuvo carácter popular y la concurrencia debe haber sido seleccionada, aunque no exclusivamente en el mundillo académico. El Día sólo informa de la visita cuando ya se había marchado. La escueta nota, con una fotografía que más adelante describiré, dice en la página 10: “El poeta y celebrado autor español García Lorca, que acaba de obtener sonados triunfos en Buenos Aires, efectuó ayer una visita a la colonia de vacaciones de la escuela graduada Joaquín V. González. El presidente de la Universidad doctor Levene, secretario señor Amaral, director de la escuela profesor Rascio, y otros miembros del personal docente acompañaron al distinguido huésped durante su gira, ofreciendo luego un almuerzo en su honor, que fue servido en el local de la colonia. García Lorca tuvo a su cargo una conversación sobre teatro y los niños repitieron la representación de diversos números que figuraron en la fiesta escolar de clausura de los cursos”. Con fea gramática y errores ortográficos, la crónica da pálida idea del acontecimiento, del que parece haber participado sólo la comunidad educativa y en el cual el poeta abordó un tema tan general como el teatro.

El Argentino le dio a la visita mayor relevancia. El martes 12 apareció en la página 6: “Una noticia que ha de ser, sin duda, particularmente grata para nuestros círculos intelectuales, es la de que mañana estará en La Plata el gran poeta español García Lorca. En virtud de una invitación especial del presidente de la Universidad, doctor Ricardo Levene, concurrirá a la colonia de vacaciones de la Escuela Graduada ‘Joaquín V. González’, de cuyo almuerzo participará. Además, los pequeños miembros de la colonia repetirán, en honor del ilustre visitante, la representación de las escenas de Pinocho, que llevarán a cabo el día de la clausura de los cursos en el establecimiento. Por su parte, el poeta García Lorca ha prometido hablar sobre el teatro universitario”. Además de precisar el tema de la charla, la información deja entrever que la visita generaba expectativas no sólo académicas sino también en “nuestros círculos intelectuales”.

En la edición del miércoles 13, en su página 2, El Argentino sintetiza la información del día anterior: “Hoy estará en nuestra ciudad el gran poeta español García Lorca. A raíz de una invitación formulada especialmente por el presidente de la Universidad, doctor Ricardo Levene, el ilustre visitante concurrirá a la colonia de vacaciones de la Escuela Graduada ‘Joaquín V. González’, donde participará de un almuerzo que tendrá lugar a las 12:30. El poeta García Lorca desarrollará una conversación sobre el teatro universitario, y, seguidamente, los alumnos del establecimiento interpretarán en su honor las escenas de Pinocho, que representaran en ocasión de la fiesta de clausura de cursos”.

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García Lorca en su paso por Buenos Aires.

García Lorca en su paso por Buenos Aires.

Finalmente, el día jueves 14, en su página 4, El Argentino hace una reseña más completa que la de El Día, e ilustrada con dos documentos fotográficos: “El poeta español Federico García Lorca, estuvo ayer en nuestra ciudad como huésped de la colonia de vacaciones de la Escuela Graduada ‘Joaquín V. González’. Llegó a ésta a las 13, acompañado por el presidente de la Universidad doctor Ricardo Levene, participando del almuerzo junto con el decano de la Facultad de Humanidades profesor José Rezzano, el secretario de la Universidad señor Santiago M. Amaral, el director de la escuela precitada profesor Vicente Rascio, la vice directora señora Romita Poggio de Mendioroz, el director de la Biblioteca de la Universidad profesor Alberto Palcos, el cónsul honorario de España en nuestra ciudad don Martín García, las profesoras Cándida Santa María Otero de San Martín y Agustina del Carmen Fonrouge Miranda, el delegado estudiantil al Consejo Superior señor Alberto Agabios, y varios egresados de la Universidad y ex alumnos de la escuela. Luego del almuerzo, el poeta visitante, en amena charla, explicó la formación de los artistas de la compañía teatral de estudiantes ‘La Barraca’, de la que es uno de los directores describiendo detenidamente la técnica que ha creado para la representación de obras clásicas españolas, sobre la base de una rigurosa disciplina. Finalmente, los actorcitos de la colonia de vacaciones repitieron en honor del autor de ‘Bodas de sangre’, escenificaciones del Pinocho”.

De estos documentos podemos extraer algunas conclusiones provisorias. Primero: no fue una actividad cerrada a la comunidad, de otra manera El Argentino no la hubiera anunciado con antelación. Segundo: la presencia de Lorca fue considerada como un hito de gran relevancia, pues asistieron las máximas autoridades universitarias, el cónsul de España y figuras de la intelectualidad platense. Tercero: no es un dato menor que su actividad en La Plata tuviera relación con la Escuela Graduada, el establecimiento en el que se realizaban los estudios primarios. Quizás haya sido la única oportunidad en la que Lorca pudo tomar contacto con los niños, a los que dedicó numerosas composiciones poéticas y obras para títeres, y que ese contacto fuera en calidad de espectador.

Desde sus primeros años La Plata se preocupó por invitar a artistas, científicos, pensadores y políticos de todo el mundo

Encontramos tres documentos fotográficos de la visita. Primero, la fotografía con que ilustró El Día su escueta nota del 14 de diciembre. En el centro de la foto está el poeta junto al doctor Levene. A su alrededor vemos al secretario de la Universidad, Antonio Amaral, al decano de Humanidades, José Rezzano, al director de la Escuela Graduada, Vicente Rascio, y al dramaturgo Gregorio Martínez Sierra. Todos de riguroso traje y corbata a excepción de Lorca, vestido con el uniforme de “La Barraca”.

El Argentino publicó una foto muy similar, pero donde Lorca y Levene han invertido sus lugares y al lado del poeta aparece la señora Santa María de Otero de San Martín; junto a Levene, “un amigo del visitante que le acompañó desde Buenos Aires, el señor Martín García”, reza el epígrafe. Pero la imagen corresponde a Martínez Sierra, sombrero en mano igual que en la foto de El Día, lo que daría certeza a nuestra suposición de que fue el madrileño el compañero de viaje de Lorca; mientras que Martín García, nombre del cónsul, es un “lapsus calami” del cronista. La tercera foto, también de El Argentino, registra el momento en el que Lorca diserta sobre “La Barraca”. Aparece en el extremo derecho, sentado en una silla, la espalda apoyada en un árbol, cruzado de piernas, mientras lo escuchan atentamente algunas de las figuras ya mencionadas.

El Boletín de la Universidad Nacional de La Plata, en su Tomo XVII, Año 1933, N° 5, incluye una nota titulada “Visita del poeta Federico García Lorca a la Universidad de La Plata. Charla sobre el teatro universitario”, donde leemos: “Federico García Lorca, el fino y vigoroso poeta del Romancero Gitano y Bodas de Sangre, visitó el 13 de diciembre la Universidad y su Colonia de vacaciones, a invitación del señor presidente, doctor Ricardo Levene. Recorrió las instalaciones de la Universidad, conociendo el Museo y el Parque del Colegio Nacional, donde se realiza la Colonia de vacaciones. En ella fue obsequiado con un almuerzo de los que cotidianamente se realizan en dicha Colonia. Luego, un grupo de niños de la misma puso en escena, con una gracia infantil sin igual que conmovió al poeta y demás concurrentes, varias estampas de Pinocho (…). Después del almuerzo García Lorca, a pedido del señor Presidente, expuso a los profesores y estudiantes presentes, sus ideas y experiencias sobre el teatro universitario. A la sombra de uno de los árboles del parque del Colegio, el poeta, con su pintoresca indumentaria —constituida por un overol que a la altura del corazón lleva una rueda con dos máscaras superpuestas—, explicó cómo funcionaba y cuál era la organización del teatro universitario español, por él fundado, llamado ‘La Barraca’”.

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Lorca llegó a Argentina en octubre de 1933.

Lorca llegó a Argentina en octubre de 1933.

La crónica agrega dos datos significativos. Primero: Lorca visitó el Museo, lugar emblemático hasta hoy de la ciudad, a pocas cuadras del campo de deportes del Colegio Nacional. En La Plata, cuando hablamos del Museo, nos referimos siempre al de Ciencias Naturales, que por su acervo paleontológico y antropológico es uno de los mayores de Hispanoamérica. Intuyo que esa recorrida fue breve y anterior a la llegada a la colonia, y explicaría la diferencia de 30 minutos entre la hora programada para el almuerzo, las 12:30, y el arribo del poeta y de Levene a las 13:00. Segundo: la representación de los párvulos “conmovió” al poeta, lo que se puede corroborar con los dichos de algunos de los que asistieron esa tarde a la visita.

El investigador Medina, en Lorca, un andaluz en Buenos Aires, recoge el testimonio que le brindó en una entrevista realizada en junio de 1998 al doctor Alberto Delmar, uno de los niños que actuó esa tarde. Cuenta Delmar que “días después del comienzo de la colonia fuimos convocados a ensayar nuevamente porque el miércoles 13 de diciembre nos visitaría el famoso poeta y dramaturgo Federico García Lorca. Volvieron a construir el escenario bajo el techo de una galería y junto a una de las aulas que serviría de camarín y salón de maquillaje”.

Los ensayos los realizaban con mucho temor, porque pensaban que el visitante era un hombre muy formal que juzgaría severamente la representación. Pero prosigue: “Aquel miércoles 13 de diciembre de 1933 fue un día tan luminoso como la sonrisa de Federico, que llegó vistiendo un mameluco azul como los que usan los mecánicos de automóviles. Pasó junto a nuestras largas mesas tendidas bajo la arboleda seguido de acompañantes. Federico saludó a todos palmeando, agitando las manos, estrechando otras. Después se sentó en una de las mesas como si fuera uno más de los concurrentes a la colonia. Después del almuerzo, casi a las cuatro de la tarde, comenzó la función teatral. Pusimos en escena El país de los juguetes, comedia musical adaptada de un capítulo de Las aventuras de Pinocho (…) que hizo nuestra profesora de teatro y declamación (…) Agustina del Carmen Fonrouge Miranda. César Guzzetti hizo (…) el papel de Pinocho y Carlos Alberto Loustaunau el de cochero. Vistiendo una camiseta roja con cuello y puños blancos encarné a Espárrago. Y aún me parece estar viendo a Federico sentado en la primera fila de la platea, soltando carcajadas ante nuestras expresiones histriónicas. Al caer el telón final, aplaudió con entusiasmo de niño y cuando salí, después de haberme limpiado el maquillaje, me alzó en sus brazos (yo tenía nueve años) y me besó”.

La visita generaba expectativas no sólo académicas sino también en los círculos intelectuales La visita generaba expectativas no sólo académicas sino también en los círculos intelectuales

Queda por conocer el contenido de la charla. Por fortuna, el Boletín de la Universidad es preciso, y a falta de un registro sonoro o una versión taquigráfica, nos permite acercarnos bastante a lo que fue la alocución. “Comenzó diciendo que el traje que llevaba era el de los directores, artistas y tramoyistas de ‘La Barraca’. La cual, fue fundada por él con un grupo de artistas y jóvenes universitarios españoles, contando con la cooperación y el estímulo del ministro de Instrucción pública, Dr. Fernando de los Ríos (…). El Estado dio una fuerte suma de dinero que permitió adquirir todo lo necesario para la empresa. Sin embargo, el poeta aclaró que no se necesitaba mucho dinero, dado que todo podía hacerse con los mismos actores; desde los trajes hasta el levantamiento de los tablados en las plazas de los pueblos españoles adonde se llevan, durante las vacaciones (…), las obras”.

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Mientras en La Plata no existe registro, de su visita a Buenos Aires quedaron huellas.

Mientras en La Plata no existe registro, de su visita a Buenos Aires quedaron huellas.

El Boletín informa que los directores eran Lorca y Eduardo Ugarte, “un talentoso poeta español de minorías” y detalla: “La primera tarea a realizar es la de seleccionar y clasificar los estudiantes que serán actores. Para ello se efectúa entre los candidatos (…) un examen que dura, para cada uno, más de tres horas y que comprende desde lo físico y rasgos característicos hasta la voz y sus registros. Luego debe pasar, cada uno de los futuros actores, por cuatro pruebas. Siendo las más importantes las dos últimas en las cuales en la primera debe hacer un papel que se le ha elegido y la última, uno que el mismo elige de las escenas del teatro clásico español. De este modo se hace una ficha con cada actor y todas sus cualidades: voz, físico, condiciones escénicas, talento musical, habilidad representativa, etc., etc., y se indica en ella, por los directores, para qué tipo de personaje sirve. Así cuando se necesita un personaje cualquiera se va al archivo y se lo extrae”.

También explicó Lorca que “a cada actor se le hace firmar un contrato en el cual se establece el compromiso de que ha de trabajar gratuitamente por ‘La Barraca’ y que ha de obedecer sin discusión ni objeciones a los directores”. Y que “su teatro universitario está fundado sobre el principio de autoridad y que su ideal es ‘poner nerviosos’ a todos sus componentes mientras se preparan las obras. De ese modo se electriza todo y se facilita la tarea”.

El teatro estudiantil

A continuación, el poeta y dramaturgo español habló de la puesta en escena. Los ensayos “duran meses y meses. Los directores son los únicos que en ellos mandan y se hacen oír, todos los demás deben obedecer y callar (…). De ese modo cuando una obra se pone en escena, dijo el poeta, yo puedo echarme a dormir. Sólo basta que mueva la palanca que levanta el telón para que todo marche como una máquina. Todo se lo ha previsto, desde la voz hasta el movimiento de las manos y de las figuras en la escena. Cada actor repetirá cien veces la misma obra y las cien veces la hará exacta y matemáticamente igual (…). Ese es el ideal de este teatro donde los directores lo son todo”.

ANEXA
El español pasó por la Anexa, primer peldaño de la educación.

El español pasó por la Anexa, primer peldaño de la educación.

Más adelante el poeta anotició al auditorio de que “las obras preparadas y representadas son las del teatro clásico español. ‘La vida es sueño’, y el ‘Auto Sacramental’, de Calderón, ‘Fuente Ovejuna’ de Lope de Vega, ‘El burlador de Sevilla’ de Tirso, ‘El caballero de Olmedo’, los ‘Entremeses’ de Cervantes, y algunas escenificaciones de poesías modernas como (…) un ‘Romance de ciego’ de Antonio Machado. Una vez preparada las obras se llevan al público y especialmente al pueblo para quien se dan gratuitamente las funciones. En Madrid se ha hecho un escenario especial en la vieja Residencia de Estudiantes (…). Allí ‘La Barraca’ ha dado sus mejores funciones populares con clamoroso éxito popular y artístico a la vez”.

Otro tema que abordó fue el de las giras por los pueblos. Para ello tenían a disposición “una caravana de ómnibus donde se llevan los materiales escénicos (…) hasta los actores que van vestidos durante toda la temporada con el traje de la compañía sin utilizar, ni siquiera en las fiestas con que suelen ser agasajados, otro que no sea su overol de trabajo. Las representaciones suelen hacerse en las viejas plazas de los pueblos españoles donde los mismos actores y tramoyistas levantan en pocas horas los tablados para las funciones. El pueblo sigue emocionado el espectáculo y contó el poeta que, en uno de los pueblos españoles más pobres, en Ayerbe, cuando se estaba representando el ‘Auto sacramental’ de Calderón (…), comenzó a llover y ni un alma se movió de la plaza y el espectáculo continuó, con lluvia y todo, oyéndose sólo los versos del poeta y el chapoteo del agua, en medio de un silencio de muerte, hasta terminar. Al otro día, naturalmente, todo el pueblo de Ayerbe estaba constipado pero había dado el espectáculo de cultura y emoción más grande que ‘La Barraca’ ha recogido y sugerido en sus giras”.

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Fue el poeta de mayor influencia de la literatura española del siglo XX.

Fue el poeta de mayor influencia de la literatura española del siglo XX.

Esto es cuanto sabemos de lo que departió Lorca en su visita a la Universidad de La Plata. Algunos de estos conceptos los encontramos repetidos en entrevistas, discursos o proyectos, otros tal vez fueran completamente novedosos. Fue atentamente escuchado por la intelectualidad de un país que, a diferencia de la España republicana, vivía bajo un régimen de derechas. Conocemos, no obstante, el espíritu abierto de quienes integraron su auditorio, hombres que quedaron en la crónica argentina como promotores del desarrollo cultural, más allá de los gobiernos de turno, y creemos que las experiencias relatadas por el granadino deben haber dado algunos frutos.

En este sentido, Pablo Medina recogió en 1995 el testimonio de María Luisa Madueño, que tenía 24 años cuando escuchó a Lorca en la colonia de la Universidad: “En el Zoológico de La Plata existía un teatro de títeres desde el año 1915 (…). Durante todo el proceso de mi educación secundaria, acrecenté mi experiencia con los títeres, y más tarde, como maestra, los empleé en mi tarea docente. En 1933, cuando me enteré de la visita de Federico García Lorca a la Universidad y supe de la presentación de su charla sobre La Barraca, gritaba de alegría y de gozo. Estuve presente y seguí con mucha atención sus palabras, cuyas expresiones me alimentaron y me estimularon de tal manera que desde ese momento decidí mi vocación de titiritera, que no abandoné jamás”.

García Lorca tuvo a su cargo una conversación sobre teatro y los niños repitieron la representación de diversos números García Lorca tuvo a su cargo una conversación sobre teatro y los niños repitieron la representación de diversos números

En conclusión, podemos afirmar que la visita de Lorca a la Universidad de La Plata fue un hecho significativo en la prolongada estancia del poeta en Argentina. Fue su único contacto con el ámbito universitario, en el que desarrolló sus ideas sobre el teatro estudiantil delante de las máximas autoridades académicas. La presencia de lo más granado de la cultura platense en esa tarde demuestra la alta estima en que se le tenía, no sólo en los círculos literarios y teatrales, sino también en el universitario, y debe enmarcarse en una tradición propia de La Plata de nutrirse de los conocimientos y el arte de cuantas figuras pasaban por allí.

Fue también, quizás, uno de los pocos momentos, si no el único, en que el poeta tomó contacto con los niños argentinos, como espectador privilegiado de una obra puesta en escena para él. Todo ello hace más llamativo el hecho de que muchos “lorquistas” no hagan mención de esta visita a la Universidad de La Plata y del contenido de su charla sobre el teatro estudiantil.

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