domingo 18 de enero de 2026
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Pionero de los platillos

Isa Portugheis: un pesado del rock en La Plata

Baterista legendario, fue protagonista del nacimiento del rock argentino y de las primeras gestas contraculturales. Adonde quiera que voy, su libro de memorias, recopila sus historias de música y aventura.

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El jueves 9 de mayo de 1974 se anunciaba un “Festín de Rock en La Plata ”. En la ciudad circulaba un volante que prometía “toda la polenta del mundo con 1000 wats, 36 columnas y proyecciones super locas” para recibir a todos aquellos que se acercaran la noche señalada a la sede del Club Atenas, sobre la calle 13. La locación elegida refería a una experiencia anterior: la histórica “Maratón Beat” realizada en el mismo club en abril de 1970, con más de 24 horas continuas de rock en vivo, con Almendra, Manal, Arco Iris y muchos más. Pero a diferencia de aquella cita, que contó con la conducción de Susana Giménez como dato curioso, el “Festín de Rock” traería consigo menos aglutinamiento que dispersión, y más represión que éxtasis, pese a que la dictadura había terminado y había democracia plena por primera vez en casi 20 años.

El volante que se repartía en las galerías Rocha y Williams, en el comedor universitario y en distintas facultades, pregonaba la primera presentación en vivo del “súper grupo” Los Derviches Aulladores, con Alejandro Medina, Kubero Díaz, Jorge Pinchevsky, Miguel Cantilo, Morcy Requena, Sochne, Charly García, Gastón Cubillas e Isa Portugheis, que incluye una copia facsimilar de este y otros tesoros de memorabilia del rock argentino en su libro de memorias, Adonde quiera que voy (Gourmet Musical). Los Derviches Aulladores serían, entonces, una selección de La Pesada de Billy Bond y de La Cofradía de La Flor Solar, el grupo-comunidad local liderado por el artista plástico Ricardo “Mono” Cohen (a la postre Rocambole) que había atraído a personajes como Medina y Cantilo, quienes frecuentaban la casa de los cofrades. El anuncio también informaba la “actuación especialísima” de Sui Generis -nada menos-, que estaba en el pico de su popularidad luego de editar Confesiones de invierno (1973), pero que estaba ya transicionando al acid-rock progresivo de Instituciones, el disco que publicarían hacia fin de año.

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Isa en la batería, como parte de Billy Bond y La Pesada del Rock and Roll.

Isa en la batería, como parte de Billy Bond y La Pesada del Rock and Roll.

Por si fuera poco, el cartel del “Festín de Rock en La Plata” añadía un último recuadro que rezaba: “5 horas curtiendo rock y todo lo demás”. La leyenda advertía, por un lado, que la extensión del concierto no sería tan maratónica como la de 1970. Y por el otro, dejaba flotando una sugerencia que no debe haber pasado desapercibida para las fuerzas policiales (y también de las otras, que ya empezaban actuar al margen de la ley). El “todo lo demás” era un problema: a ojos de la policía, sugería una serie de licencias morales que no se podían tolerar. Y que azuzaban los prejuicios de las temidas desviaciones de la juventud de los ‘70: liberación sexual, uso de drogas, radicalización política, violación de las normas de la moral cristiana.

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El recuerdo del “rompan todo” tampoco ayudaba. En octubre de 1972, durante un show en el Luna Park, La Pesada del Rock & Roll se había ganado la reputación de turba problemática luego de que parte de su público respondiera al acoso policial con la destrucción parcial del estadio. El “rompan todo” del ‘72 fue un pretexto perfecto para las fuerzas conservadoras que tachaban a la cultura rock de degenerada y violenta, y fue una cruz que los grupos de la época debieron cargar por años.

Junto a Skay Beilinson y la reedición del maxi-simple de Diplodocum Red & Brown
Junto a Skay Beilinson y la reedición del Diplodocum

Junto a Skay Beilinson y la reedición del Diplodocum

“El Bondo no arengó a nadie, todo lo contrario, la idea era que no rompamos nada”, escribe Isa Portugheis en Adonde quiera que voy. Pero ya era tarde: había gente arriba del escenario, público invadiendo lugares reservados y la policía deteniendo a gente a discreción. Billy Bond, entre ellos, lo que despertó la ira de sus seguidores y la consecuente ebullición violenta. La campaña de persecución había comenzado, y el resultado fue “una especie de repliegue general”, como lo recuerda Portugheis. Bond pasó un día y medio en la comisaría y salió directamente para subirse a tocar en un club de barrio.

De tres shows, sólo pudieron hacer uno. Y eso fue el inicio. Llegado el verano y la época de los carnavales (“que era el aguinaldo de los músicos”, remarca Isa), La Pesada sólo pudo hacer 1 de los 15 conciertos que tenía contratados. “Logramos hacer un primer show, que fue un viernes, y el sábado teníamos uno en River, en el que tocaban La Pesada, Pescado Rabioso y alguien más. Y antes de ir, la gente de River lo llama a Jorge Álvarez (nuestro productor) y le dicen que la policía les había anunciado que si La Pesada o Pescado tocaban ellos levantaban la protección policial”. El boicot continuó, y eso “determinó el desbande de La Pesada”, según Isa Portugheis, el hilo conductor platense de toda esta historia seminal del rock nacional.

Vecino de Barrio Norte

Nacido el 8 de febrero de 1949, cuarto y último hijo de Simón Portugheis, de origen rumano, y Catalina Feldman, de ascendencia ruso-alemana, Isa es un vecino del barrio norte de La Plata. Vivió hasta los veintidós años en calle 8 N° 230 y ½, “una casa de música clásica”, como le dice a Begum. “Escuchábamos el concierto del mediodía por Radio Nacional y mi hermano mayor Alberto, que hoy es un músico reconocido mundialmente, tocaba el piano 12 horas por día”.

Sus hermanas tenían algunos discos de Los Plateros y otros éxitos de la época, pero para Isa la luz se hizo cuando aparecieron los Beatles. Fue entonces que dejó los otros instrumentos que tocaba (piano por cercanía familiar, armónica por la escuela) y empezó a tocar la batería, de la que nunca más se separó. Tuvo unas pocas clases de teoría y solfeo con la violinista Sara Zellicovsky, y formó parte del coro de la escuela judía Jaim Najman Bialik. Pero fue el beat de Ringo Starr el que encendió y desarrolló su sensibilidad auditiva, de la que se valió para aprender el instrumento.

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Junto a la batería, como siempre.

Junto a la batería, como siempre.

“Cerca de cumplir quince años, pasé por una casa de electrodomésticos que había en calle 7 entre 55 y 56, y vi en la vidriera una batería, bastante básica pero que me partió la cabeza”, rememora. Isa la pidió para su próximo cumpleaños, y aunque su padre esperaba que lo sucediera en el comercio familiar, accedió a comprarla como regalo. En el receso escolar del verano, Isa acomodó la batería en su dormitorio. “La ciudad parecía un desierto, calor, poca gente”, recuerda. “Aprovechando que todavía faltaba para el comienzo del ciclo lectivo, encaré el Conservatorio Musical Ricci”, del que obtuvo los rudimentos básicos: postura, manejo de los palillos. Pero lo más excitante pasaba puerta adentro de la casa de calle 8: Isa había aprendido a tocar sobre los simples de los Beatles que reproducía en un wincofón, y a las pocas semanas sentía que podía tocar mejor que el mismísimo don Ricci.

Isa Portugheis fue el hilo conductor platense de la historia seminal del rock nacional

Entonces abandonó el conservatorio y formó, a fines de 1965, su primer grupo junto a Bernardo Rubaja en bajo eléctrico, Horacio Martínez en guitarra y Topo D’Aloisio en guitarra eléctrica y voz: The Nowhermens Group, en honor al tema incluido en Rubber Soul, de los Beatles.

“Ensayábamos en Punta Lara, al lado del río, en un local que fuera de temporada estaba cerrado y nos lo prestaban”, escribe en sus memorias. El grupo llegó a hacer una grabación en un estudio de radio, donde Isa debió dejar su amada batería y poner la voz principal, ya que se grababa en un solo canal y con un solo micrófono. Con Eduardo Garbarini en la batería, y sin Martínez (que nunca llegó a la cita), The Nowhermens Group registró un acetato de cuatro canciones: Yesterday, de los Beatles, La casa del sol naciente, popularizada por The Animals y Sandro, más Fever, en la línea de Elvis Presley, y Bulla, un shake estilo americano. Portugheis aún conserva la copia. “Fue una hermosa e inolvidable experiencia” que tuvo lugar en “una radio que transmitía desde la calle 50, entre 4 y 5”.

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The Nowhermens Group nunca hizo una grabación profesional, pero fue el antecedente directo de Diplodocum Red & Brown, la banda que surgiría de la incorporación de los hermanos Guillermo y Eduardo (a la postre Skay) Beilinson. Y que grabaría un simple para el sello Trova en 1969 (recientemente reeditado por RP Music). Rubaja ya tocaba con Skay en The Longfellows, otro grupo beat platense, e Isa se sumaba ocasionalmente durante los ensayos.

Luego de que los hermanos volvieran de un viaje a Europa en 1968, Diplodocum Red & Brown nació en homenaje a algunas de sus compras: un cabezal Marshall con su emblemático tono marrón, una guitarra Gretsch roja, y dos pedales de guitarra (un wah wah y un distorsionador). También, recuerda Isa, trajeron el flamante Álbum Blanco de los Beatles, y otros vinilos que gracias a “la generosa hospitalidad de Berta Zbar y Aarón Beilinson, pasamos muchos días y horas en el piso que habitaban sobre calle 49 entre 8 y 9 escuchando música en un combinado Grundig, y experimentando con los primeros joints, además de una mermelada mezclada con hashish que trajo Guillermo de Londres”.

El viaje interior

Blues del hombre de la capa azul/Blind Sex, el sencillo de Diplodocum Red & Brown grabado en ION y editado por Trova en el ‘69, marca un antes y un después en la historia del rock de La Plata, y puso a la ciudad en sintonía con la avanzada que encabezaban Manal, Almendra y la primera encarnación de Los Abuelos de La Nada. Las dos canciones, compuestas por D’Aloisio, Portugheis y Guillermo Beilinson, dejan atrás el sonido beat y se internan en los frondosos caminos del blues pesado y la psicodelia. Son el puente entre la efervescente escena beat platense que The Nowhermens Group y The Longfellows compartían con Los Cluster’s, Dulcemembriyo y otros más, y el hito que marcaría el primer LP de La Cofradía de la Flor Solar, publicado recién en 1970.

Además de los discos de los Beilinson, Isa se había proveído de los suyos en un viaje realizado en 1967, el primero de muchos. “Me traje el primero de The Jimi Hendrix Experience, el primero de Cream, el primero de Traffic, el primero de Procol Harum y algunos más”, le cuenta a Begum. “En algún lado estarán esos discos que escuché tanto. Cerca de mi casa, en 7 entre 39 y 40, vivía Horacio Amoretti, que era el baterista del grupo Cosa Nostra, donde también tocaba el Topo D’Aloisio antes de Diplodocum. Yo iba a escuchar los ensayos y llevaba discos. Y a ellos, que eran músicos profesionales entre comillas, les hacía escuchar Cream. Me preguntaban si la guitarra de Eric Clapton era un saxo. Y yo les decía que no, que era la guitarra eléctrica distorsionada. Acá no había distorsionadores, no se sabía lo que era. ¡No es un saxo, es un aparato! Tanto ellos como yo nos hicimos fanáticos de Cream, al punto que me decían el Ginger Baker argentino. Aún hoy me lo siguen diciendo”.

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Grabando en los históricos Phonalex junto a Claudio Gabis.

Grabando en los históricos Phonalex junto a Claudio Gabis.

La vida de Diplodocum Red & Brown fue breve, pero dejó más que una antecedente para las biografías de La Cofradía o Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. El grupo actuó en varias oportunidades, con shows que incluían lámparas de aceite, proyecciones cinematográficas y elementos de danza. Adonde quiera que voy incluye recortes de prensa sobre shows en el comedor universitario y en el Teatro Ópera de calle 58, donde llevaron a cabo el Primer Concierto Experimental Beat el 4 de julio de 1969, un mes antes de Woodstock. Y un menos recordado happening organizado por el artista y director del Instituto Di Tella, Jorge Romero Brest, en la Cámara de la Construcción de 6 y 49. El grupo repartió una invitación que rezaba: “Diplodocum Red & Brown invitan a la conferencia espectáculo del profesor Jorge Romero Brest. Música beat. Modas, fotos cómicas, arte culinario, pósters, objetos funcionales, artesanías. Disfraces”. El grupo tocó en un escenario elevado, mientras el artista Rogelio Polesello montaba una especie de escultura de metales y plástico.

“Éramos la vanguardia”, dice Portugheis en su charla con Begum. “El Concierto Experimental Beat fue el primero de esa envergadura de una grupo platense. Teníamos el apoyo de la familia Rubaja a través de su negocio Rommers, que nos habilitó publicidad en el diario El Día. Y teníamos el mejor equipamiento: el primer cabezal Marshall, el primer distorsionador y el primer pedal wah-wah que hubo en Argentina. Y cuando se hizo la Maratón Beat tocaron todos: Manal, Almendra, todos los de La Plata. Yo toqué con Arco Iris, porque les falló el baterista”.

Fueron tiempos felices, en los que la ciudad y el país parecían acompañar la búsqueda de una juventud que se sentía protagonista de su destino por primera vez, y llamada a un cambio profundo que alcanzaba a todos los órdenes de la vida.

Adiós (por ahora)

Pero avanzada la década del ‘70, el clima se puso más denso. En medio del repliegue, una parte de La Pesada fue a pasar el verano de 1974 a las agrestes playas de Mar Azul. Montaron un campamento y vivieron el sueño hippie durante unos días antes de tocar casi de incógnito en Villa Gesell y Mar del Plata. Al regreso los esperaban los preparativos para el “Festín de Rock en La Plata”. Isa pasó unos días en la casa familiar de los Portugheis y luego recaló otra casa prestada en Punta Lara, donde lo esperaban el resto de Los Derviches Aulladores para ensayar.

La noche previa al concierto, mientras intentaba sintonizar la radio en que Alejandro Medina y Jorge Pinchevsky estarían promocionando la fecha, una operativo policial cercó a Portugheis y al resto de los músicos. Los uniformados preguntaban por armas y revolvían los ceniceros buscando drogas. Aunque no encontraron nada, fueron todos presos. “Pasamos toda la noche en el calabozo de la comisaría de Punta Lara que, según me contó el comisario, no había tenido un solo detenido en más de treinta años”, relata Portugheis. “Nos tuvieron toda la noche a interrogatorios, venían comisarios más avezados desde La Plata, y siempre recuerdo con humor que después de tantos interrogatorios, que eran individuales, el comisario me preguntaba si yo me drogaba”.

A dos baterías con Jua Rodríguez, durante el Festival del Triunfo Peronista, realizado en Argentinos Juniors en 1973
A dos baterías con Juan Rodríguez durante el Festival Triunfo Peronista, en Argentinos Juniors, 1973.

A dos baterías con Juan Rodríguez durante el Festival Triunfo Peronista, en Argentinos Juniors, 1973.

Antes de liberarlos, los policías les mostraron a los músicos el anuncio del diario que anunciaba el Festín de Rock y se reían. Un amigo abogado de la novia de Portugheis presentó un habeas corpus y logró liberarlo junto a Miguel Cantilo y Kubero Díaz, con quienes fueron directamente al estadio de Atenas para tocar. Sui Generis nunca apareció, y el desorden era total.

“Subí al escenario y vi que me robaron parte de los fierros de mi batería”, recuerda Portugheis. “Aún así tocamos como pudimos y esa noche me volví cabizbajo a la casa de mis viejos, donde en dos meses preparé mi autoexilio, porque acá no daba para más”. El 11 de julio de 1974 Isa tomó un avión rumbo a Zurich, donde empezaría una nueva historia con el Trío Sucheras y muchas otras aventuras relatadas en Adonde quiera que voy.

Fue Ringo Starr el que encendió y desarrolló su sensibilidad auditiva

“En el momento en que transcurría uno no se da cuenta de lo que sucede”, admite sobre aquel tiempo de revolución cultural. “Yo me di cuenta que cambió el mundo cuando viajé. Salí por primera vez en el ‘67, y después en el ‘74, cuando me fui al exilio. En el ‘74 ya veías cómo había cambiado el mundo. Porque la consigna no fue solo el cambio de paradigma, del no va más que el hijo haga lo mismo que hace el padre, sino que el hijo hace lo que le gusta y lo que quiere. Pero además estaba el tema de moverse: la gente empezó a moverse, en todo sentido. En el ‘67 era muy difícil ver extranjeros en esos países y para el ‘74 ya existía el Magic Bus, que te llevaba a la India y a la experimentación. Era moverse a todo nivel. Pero lo que promovió el cambio fue moverse de lugar; antes la gente nacía, vivía y se moría en el mismo lugar. Y esto fue una revolución”.

La Plata, 1969. Épocas de Diplodocum Red & Brown
La Plata, 1969. Épocas de Diplodocum Red & Brown.

La Plata, 1969. Épocas de Diplodocum Red & Brown.

Isa Portugheis volvió a La Plata tiempo después, siendo protagonista de grupos como Punch, Los Flamers, Pedro y Pablo. O para ejercer la docencia por varios años, ámbito en el cual hizo su aporte a la fundación de la escuela EMU. En Adonde quiera que voy, que fue declarado de interés cultural por el Concejo Deliberante local, recuerda con cariño sus días en el “glorioso” Colegio Nacional. Y como alumno de la Escuela Primaria 33 antes, donde fuera compañero de banco de Carlitos Solari (a la postre, El Indio). “Tomaba la leche antes de volver a mi casa y Carlitos me enseñaba a dibujar aviones en movimiento de una manera muy simple y didáctica. Tenía dibujos a lápiz de vela derritiéndose. Recuerdo que él tenía una maestría increíble con sólo 9 o 10 años. Lo insólito para su vida futura es que, en esos tiempos, de música, nada”.

En el Teatro Ópera llevaron a cabo el Primer Concierto Experimental Beat el 4 de julio de 1969, un mes antes de Woodstock En el Teatro Ópera llevaron a cabo el Primer Concierto Experimental Beat el 4 de julio de 1969, un mes antes de Woodstock

“Aquella La Plata era una ciudad donde nos conocíamos todos”, le dice a Begum. “Donde ibas caminando por 7 y 49, pasabas por la galería Rocha y saludabas a todos: a los del Colegio Nacional, a los músicos, los paisanos. Nos conocíamos y, aunque todavía no era todo amor y paz, porque todavía no había llegado, era muy pacífico. Hacíamos algunas locuras, obviamente. Delirios de adolescente. Pero fue una época bastante pacífica, una época donde Estudiantes salió campeón del mundo; era una ciudad de estudiantes de todo el país y también del extranjero”.

Y que fue plafón para una vida distinta a cualquiera que él hubiera imaginado, una trashumancia inédita, aunque con reminiscencias familiares. Pero todo, en rigor, empezó en La Plata. “Yo fui parte de eso: los Clusters, los Patas Peludas, grupos beat que tocábamos en los boliches bailables de la calle 7 como Chatarra, Che Botella. Lo que habían sido los bailes de clubes cambió totalmente, y nosotros fuimos los protagonistas”.

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Begum es un segmento periodístico de calidad de 0221 que busca recuperar historias, mitos y personajes de La Plata y toda la región. El nombre se desprende de la novela de Julio Verne “Los quinientos millones de la Begum”. Según la historia, la Begum era una princesa hindú cuya fortuna sirvió a uno de sus herederos para diseñar una ciudad ideal. La leyenda indica que parte de los rasgos de esa urbe de ficción sirvieron para concebir la traza de La Plata.

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