Ezequiel Aldazábal (a la derecha) durante la guia de una visita al túnel bajo la plaza Malvinas.
Como sea, durante los días siguientes, las visitas se sucedieron con una concurrencia masiva, circunstancia que el municipio presentó como la confirmación del éxito de un nuevo modelo cultural basado en la puesta en valor de los misterios platenses.
Redescubriendo un túnel
Para comprender lo ocurrido aquel día es necesario remontarse algunos años. La ONG Urdimbre Popular —integrada por los arquitectos Gustavo Petró y Alberto González; los realizadores Rafael Gamarra y Nicolás Alessandro; el periodista Daniel Delachaux; y el diseñador Gustavo De Gaetano— había aprovechado la enorme repercusión generada por el hallazgo del primer surtidor de combustible enterrado, cerca del Pasaje Dardo Rocha, para presentar, el 4 de noviembre de 2009, un proyecto clave: declarar la búsqueda de túneles de interés municipal.
La concejal oficialista Lorena Riesgo impulsó la iniciativa, argumentando que el grupo necesitaba respaldo institucional para avanzar con sus investigaciones y acceder legalmente a los sitios donde se presumía la existencia de pasadizos. Contra todo pronóstico, y por primera vez en la historia platense, el Concejo Deliberante declaró oficialmente la búsqueda de túneles como una actividad de interés público.
Para sustentar la propuesta, la asociación civil se apoyó en las investigaciones publicadas en el blog Túneles en la ciudad, que los jóvenes Ezequiel Aldazábal y Agustín Natansohn desarrollaban desde hacía varios años. La incorporación de ambos a la ONG fue inmediata, ya que compartían un rasgo fundamental: su admiración por la obra de Reynal.
El martes 23 de marzo de 2010, se excavó durante horas hasta lograr acceder al túnel.
Entre noviembre y diciembre de 2009, los investigadores multiplicaron sus apariciones en los medios y viajaron para entrevistar al prestigioso arqueólogo Daniel Schávelzon, autor del libro Túneles de Buenos Aires. Paralelamente, proyectaban filmar un documental cinematográfico y reunían numerosos testimonios directos: obreros de la Catedral aseguraban haber recorrido túneles; ex conscriptos del Regimiento 7 recordaban la existencia de un pasadizo subterráneo; y antiguos alumnos del Colegio Normal Nº 1 repetían las mismas leyendas urbanas recopiladas en el blog.
La ONG Urdimbre Popular trabajando con un georradar (Escena del documental Secret Town: La Plata. 2012).
Estos avances impulsaron la creación del grupo de Facebook “Túneles de La Plata”, que en pocas semanas reunió a cuatro mil seguidores. Ese espacio virtual permitió que la comunidad siguiera día a día el progreso de las investigaciones y acompañara a los jóvenes en su aventura subterránea.
El interés ciudadano, amplificado por los medios de comunicación y redes sociales, crecía de manera sostenida. Algunos vecinos comenzaron incluso a comunicarse con el municipio asegurando haber encontrado túneles en sus propios jardines. Esa creciente expectativa resultó determinante para que la Municipalidad otorgara rápidamente el permiso necesario para realizar excavaciones en la Plaza Islas Malvinas. Allí, una estructura de ladrillos y hormigón se correspondía —según las crónicas de la época— con el acceso al pasaje subterráneo del antiguo Regimiento de Infantería.
La fecha elegida por Urdimbre Popular para iniciar los trabajos de campo fue el martes 23 de marzo de 2010. Desde la mañana, una empresa contratista excavó en uno de los laterales de la estructura y, por la tarde, los obreros demolieron el muro de hormigón que obstruía el ingreso. Alrededor de las 22 horas, los investigadores lograron acceder finalmente por una estrecha abertura: primero descendió Aldazábal, seguido por Delachaux y Gamarra.
Con la ayuda del reflector de la videofilmadora registraron cada paso mediante fotografías y filmaciones. La escalera estaba colmada de escombros y bolsas de residuos, lo que dificultó considerablemente el descenso. Sin embargo, una vez en el interior, la batería de la cámara se agotó y los obligó a interrumpir la exploración. Recién pasada la medianoche, tras reemplazar el equipo, continuaron hasta un descanso donde se encontraron con el principal obstáculo: el túnel estaba completamente inundado. El agua superaba el metro y medio de profundidad, aunque su transparencia permitía distinguir el piso. Se resolvió mantener el hallazgo en estricta reserva, evitar la llegada de curiosos y drenar el lugar discretamente.
Acceso al túnel en Plaza Islas Malvinas, predio del ex Regimiento 7.
Al día siguiente se produjo un nuevo avance significativo. Una bomba de achique permitió extraer el agua acumulada durante toda la jornada. Hacia las 18, apenas quedaban unos 10 centímetros de agua y el equipo pudo recorrer el recinto. Lo que encontraron fue un pasaje subterráneo de techo liso, de cuarenta y ocho metros de longitud, dos metros y cincuenta centímetros de altura y un metro con sesenta y cinco de ancho, ubicado a cinco metros bajo la superficie.
El miércoles 31 de marzo continuaron con la extracción del agua residual, aunque advirtieron que el túnel volvía a anegarse. Al levantar las baldosas de la plaza y profundizar la excavación descubrieron el empedrado original de la calle 51, que antiguamente atravesaba el predio del Regimiento. Allí detectaron cuatro filtraciones en la red de agua potable y una en el desagüe pluvial, que fueron reparadas por las cuadrillas municipales.
El descubrimiento desató un auténtico furor ciudadano y la asociación civil obtuvo vía libre para investigar en distintos espacios públicos y privados. En ese contexto, la Municipalidad gestionó el contacto con las autoridades del Colegio San José —ubicado detrás del Palacio Municipal— y del Colegio Normal Nº 1 —frente a la Catedral— para verificar si el supuesto túnel del eje fundacional atravesaba sus instalaciones, tal como sostenía la leyenda urbana.
Intereses contrapuestos
Sin embargo, el proyecto no tardó en politizarse. Casi en simultáneo comenzaron a aparecer carteles proselitistas que promocionaban a algunos integrantes de la ONG como candidatos para las elecciones siguientes. Tiempo después trascendería que la organización estaba integrada, en parte, por militantes del oficialismo local y personas vinculadas a una empresa constructora.
Frente a esta situación, y ante la inminente inauguración del espacio, los administradores de “Túneles de La Plata” movilizaron a sus seguidores. Consideraban que la apertura carecía de rigor histórico y respondía exclusivamente a una operación publicitaria. Decidieron entonces buscar el respaldo de los integrantes de la asamblea Defendamos La Plata, denunciando que la inauguración obedecía a intereses partidarios y que se estaban vulnerando las leyes de protección del patrimonio arqueológico.
En 2010, en busca de túneles se hicieron trabajos con georradar alrededor de la piedra fundacional.
Poco después, un nutrido grupo de vecinos comenzó a manifestarse en las inmediaciones del túnel para reclamar la preservación del sitio y el cumplimiento de los procedimientos legales. Ante la creciente presión social, Gustavo Petró, que por entonces ocupaba el cargo de director de Gestión y Articulación Ciudadana de la Municipalidad de La Plata, optó por postergar la apertura al público del espacio hasta finales de 2012.
En los planes oficiales, el túnel hallado en el espacio público formaría parte de un ambicioso "pasaje cultural subterráneo", integrado a un circuito turístico de mayor escala promovido por la Municipalidad. El proyecto contemplaba la posibilidad de continuar las excavaciones en otros puntos donde las crónicas sugerían la existencia de corredores, con el propósito de convertir a La Plata en un destino turístico de referencia a nivel nacional.
La iniciativa evocaba, de manera inevitable, el circuito que el historiador Gualberto Reynal había imaginado dos décadas antes en sus escritos, inspirado en la Manzana de las Luces de la ciudad de Buenos Aires. Desde entonces, el tema de los túneles fue ganando una creciente visibilidad pública, aun frente a los pronunciamientos categóricos de reconocidos especialistas que cuestionaban la existencia de una red subterránea de esas características. Fernando Barba, uno de los principales historiadores de la UNLP, fue uno de los académicos que cuestionó la existencia de una red de túneles en La Plata ya que, consideraba que se solo se trataba de mitos urbanos. Según su opinión la ciudad no había tenido motivos históricos ni estratégicos para construir ese tipo de pasadizos, más allá de la red cloacal existente.
No obstante, para finales de 2010, el fenómeno de los tuneles misteriososos ocupaba un lugar destacado en la prensa local y despertaba un marcado interés ciudadano. En ese contexto, Pablo Massola, por entonces director del Cementerio Municipal, se comunicó con la ONG para informar que, durante las tareas de preparación del futuro Mausoleo de los Desaparecidos, se había detectado una estructura sospechosa bajo la nave central de la necrópolis. Según describió el funcionario, se trataba de un corredor abovedado que recorría longitudinalmente el subsuelo.
Alertados por la novedad, integrantes de Urdimbre Popular acudieron al lugar y constataron la existencia de una cavidad que se extendía hacia ambos lados de la entrada principal. Aunque el pasadizo concluía claramente dentro del propio cementerio, la ONG comunicó a la prensa que probablemente se prolongaba hasta el corazón cívico de la ciudad.
Ante estos indicios, la Municipalidad contrató a una empresa privada de geofísica para realizar estudios con georradar en los alrededores de la piedra fundacional. Los resultados revelaron pequeñas anomalías y restos metálicos en el subsuelo de Plaza Moreno. A partir de esos datos preliminares, la asociación civil sostuvo que se trataba de túneles colapsados que originalmente habrían conectado la Catedral con el Palacio Municipal. Sin embargo, una década más tarde, estudios de mayor precisión demostrarían que aquellas anomalías correspondían, en realidad, a los restos enterrados de una antigua fuente emplazada junto a la piedra fundacional.
Final abrupto
Luego del descubrimiento de los indicios en el eje fundacional y de la inauguración de la galería subterránea de la Plaza Islas Malvinas en 2012, las autoridades confiaban en posicionar a La Plata como una ciudad enigmática. En sus declaraciones públicas sostenían que los túneles, reales o no, merecían ser reconocidos por el Estado como parte de la identidad platense. Sin embargo, aquella expectativa duraría muy poco.
El año siguiente comenzó con un inusual diluvio que anegó las calles de la ciudad durante la primera semana de enero. Entre las consecuencias de la tormenta, la prensa local destacó la inundación del recientemente inaugurado túnel de la Plaza Islas Malvinas. La galería de arte subterránea quedó completamente inutilizada, anticipando las dificultades que suponía incorporar estos espacios al circuito turístico.
Las persistentes lluvias de marzo afectaron a buena parte de la provincia de Buenos Aires, aunque nada hacía prever la magnitud del temporal que azotaría a la capital provincial. Entre la tarde y la noche del 2 de abril cayeron más de 300 milímetros de agua en pocas horas, un registro sin precedentes. Los barrios céntricos quedaron bajo el agua y las corrientes arrastraron vehículos, pertenencias y parte del mobiliario urbano. Los antiguos cauces sobre los que se fundó la ciudad reaparecieron con toda su fuerza. Al amanecer del 3 de abril, La Plata ofrecía una imagen desoladora: víctimas fatales, veredas destruidas, familias refugiadas en los techos de sus viviendas y extensos cortes de energía. La tragedia dejó al descubierto las profundas deficiencias del sistema de desagües pluviales. Las críticas al área de Planeamiento y Obras Particulares llevaron a las autoridades a abandonar definitivamente el proyecto de convertir los misterios subterráneos en un atractivo turístico.
Los investigadores urbanos
A pesar del fracaso del proyecto oficial, el auge del fenómeno de los túneles dio origen a una nueva generación de investigadores urbanos. Tras la cancelación de la iniciativa municipal, Ezequiel Aldazábal y Agustín Natansohn convocaron, a través de las redes sociales, a aficionados a la historia local y a los enigmas platenses para conformar un grupo independiente.
La respuesta fue inmediata. Diversos estudiosos y entusiastas del patrimonio local se sumaron a la iniciativa, entre ellos la historiadora Cecilia Gamboa, los periodistas Marcelo Metayer y Nicolás Colombo, creador de la reconocida página Misterios de La Plata.
Grupo de investigación de misterios platenses (Fotografía: Marcelo Metayer)
El bienio 2013-2014 marcó una etapa de intensa actividad para el colectivo. Impulsaron un proyecto editorial con motivo del centenario de City Bell; fueron entrevistados por varios medios incluso de alcance nacional; y Aldazábal participó en el documental Secret Town: La Plata, producido por una firma italiana y emitido por cadenas internacionales.
Paralelamente, Metayer realizó un hallazgo singular mientras experimentaba con un software capaz de calcular la posición del sol. Al aplicarlo a la intersección de las calles 6 y 50 —donde desde 1932 se levanta un obelisco— observó que cada 21 de junio, al mediodía, la sombra del monumento se proyecta siguiendo el eje de la diagonal 80 con una notable simetría. Tras compartir el descubrimiento con el grupo decidieron difundirlo y, desde entonces, cada año numerosos aficionados a los misterios urbanos se reúnen en el lugar para registrar el fenómeno.
El principal reconocimiento académico para esta nueva generación llegó con su participación en la V Jornada de Jóvenes Investigadores de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata. Allí el equipo presentó un proyecto destinado a la recuperación del histórico Palacio Piria de Ensenada, mientras que Colombo y Aldazábal expusieron conjuntamente sobre los túneles platenses. En esa ponencia concluyeron que, reales o simbólicos, aquellos pasadizos habían contribuido a construir una narrativa identitaria imprescindible para comprender el imaginario de la ciudad.
Lo ocurrido durante aquellos años no constituyó un episodio aislado, sino una nueva manifestación de un rasgo persistente de la identidad platense: su capacidad para convertir el misterio en patrimonio cultural. Aún hoy, la ciudad conserva esa fascinación por su mundo subterráneo y continúa alimentando un universo de leyendas en el que el límite entre la historia documentada y el mito urbano permanece deliberadamente difuso.