La flamante institución tenía una doble misión: formar pilotos, observadores, mecánicos y personal especializado, y al mismo tiempo encargarse de la construcción, reparación y mantenimiento de aeronaves destinadas al servicio naval. Allí comenzaron las primeras experiencias locales vinculadas al uso militar de aeronaves, incluyendo ascensiones en globos y vuelos de exploración sobre el Mar Argentino y los grandes ríos.
El proyecto buscaba sentar las bases de un futuro cuerpo de aviadores navales. Por esa razón, el personal fue seleccionado entre oficiales y suboficiales con antecedentes destacados en tareas técnicas y de navegación. Los oficiales de observación y comando provenían del cuerpo General de la Armada; los pilotos eran reclutados entre especialistas en timonería y señales; y los mecánicos pertenecían a las áreas de máquinas y electricidad. Incluso se habilitó el ingreso excepcional de oficiales de cuerpos auxiliares.
Uno de los hombres centrales de esa etapa inicial fue el teniente de navío Melchor Zacarías Escola. Había comenzado a tomar clases particulares de vuelo en 1910, obtuvo su brevet militar en 1913 y luego perfeccionó conocimientos aeronáuticos en Europa. Bajo su conducción, el 1° de abril de 1916 comenzaron formalmente los cursos destinados a oficiales y suboficiales.
Las limitaciones materiales, sin embargo, condicionaron el funcionamiento de la escuela desde el comienzo. La Primera Guerra Mundial dificultaba la llegada de repuestos y aeronaves desde Europa, mientras las restricciones presupuestarias y la escasez de instructores obligaban a desarrollar las actividades de manera irregular. Aun así, mediante gestiones diplomáticas y donaciones obtenidas principalmente en Estados Unidos, el establecimiento logró incorporar nuevo material de vuelo.
En 1917, Escola fue destinado a otro puesto y la conducción quedó en manos del teniente de fragata Raúl Moreno, quien hasta entonces había estado al frente de los talleres. Pero la experiencia inicial atravesó pronto su primera crisis. El 18 de junio de 1918, el Ministerio de Marina dispuso el cierre de la escuela y la suspensión de las actividades aéreas. La medida generó incluso una interpelación parlamentaria. No obstante, aquella clausura no implicó un abandono definitivo del proyecto aeronaval, sino una reorganización más amplia del sistema. Dicha reestructuración derivó en la creación del Destacamento Naval de Hidroaviones en San Fernando, donde comenzaron a operar hidroaviones italianos Macchi donados tras la guerra europea. Buena parte del personal formado en Fuerte Barragán pasó a integrar el nuevo organismo, que continuó entrenando pilotos y mecánicos navales.
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Primeros hangares de la aviacion naval argentina
Terminada la Guerra Mundial, la necesidad de desarrollar una aviación naval moderna se volvió más evidente para la Armada. El 17 de octubre de 1919, el presidente Hipólito Yrigoyen y el ministro interino Julio Moreno firmaron el decreto de creación de la División de Aviación Naval. Esa decisión marcó el inicio formal de la etapa orgánica del componente aéreo naval argentino.
La nueva estructura impulsó la creación de bases, escuelas y centros de instrucción. En 1921 nació la Escuela de Aviación Naval en Puerto Militar —actual Puerto Belgrano— y al año siguiente se creó la Escuela de Aerostación Naval, instalada nuevamente en Fuerte Barragán. Para entonces, las actividades aéreas ya habían sido retomadas y el predio recuperaba protagonismo dentro del esquema aeronaval.
Durante esos años llegaron dirigibles, hangares, equipamiento y una planta de producción de hidrógeno destinada a las operaciones aerostáticas. Finalmente, el 25 de febrero de 1925, la escuela fue trasladada a Punta Indio, donde comenzaría a desarrollarse el futuro gran polo de la Aviación Naval Argentina. Las instalaciones de la nueva escuela quedaron concluidas al año siguiente y al año siguiente comenzaron formalmente las actividades aéreas en el nuevo emplazamiento cercano a Verónica. Desde entonces, Fuerte Barragán quedó principalmente ligado a la instrucción elemental de los aviadores navales.
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Uno de los pioneros que daba cursos para pilotos: el teniente Melchor Zacarías Escola
Así, en Punta Indio, en el extremo norte de la Bahía de Samborombón, a poco más de 100 kilómetros de La Plata, se iniciaba el proceso que terminaría convirtiéndolo en uno de los centros neurálgicos de la aviación militar argentina. Allí, junto a la ciudad de Verónica, se erigió la Base Aeronaval Punta Indio (BAPI), uno de los lugares más emblemáticas de la historia aeronaval argentina que durante décadas marcó el pulso económico, social y militar de la región.
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Dirigible El Plata en pleno vuelo
Fueron los años de los primeros ensayos a nivel mundial y la utilización militar de aeronaves era aún una práctica experimental. En las décadas siguientes, la fuerza protagonizó algunos de los episodios más significativos de la exploración aérea del país. Los llamados raids de reconocimiento sobre el Mar Argentino y los grandes ríos permitieron ampliar el conocimiento del territorio nacional y consolidaron el perfil pionero de los primeros aviadores navales argentinos.
Mudanza a Punta Indio
En 1923 comenzaron las obras de una nueva guarnición naval destinada a complementar las instalaciones de Ensenada, que ya resultaban insuficientes para las necesidades de la época. Con el tiempo, aquel asentamiento, levantado sobre tierras de la familia Tornquist adquiridas por la Armada, daría origen a la Base Aeronaval Punta Indio.
Los primeros años estuvieron marcados por los dirigibles, globos aerostáticos y aeronaves experimentales destinadas a patrullar el estuario del Río de la Plata. En 1924 arribaron los dirigibles “El Plata” y “Los Andes”, junto con la Escuela de Aerostación Naval. Poco después comenzaron a ensamblarse en los talleres locales los primeros aviones de entrenamiento. La actividad creció de manera acelerada: llegaron escuadrillas de observación, ataque, bombardeo y transporte, mientras la base incorporaba hangares, talleres y escuelas técnicas. Asi, si bien la Base Aeronaval Punta Indio (BAPI) fue creada oficialmente el 25 de febrero de 1925, sus actividades aéreas se oficializaron unos años más tarde, el 2 de mayo de 1927, fecha en que la Armada celebra su aniversario.
Durante las décadas siguientes, Punta Indio se transformó en uno de los centros neurálgicos de la aviación militar argentina. Por sus pistas pasaron modelos que marcaron época, desde los Corsair y Panther hasta los Tracker, Mentor y Xavante. Sus talleres también adquirieron notoriedad por la capacidad de adaptación y modernización de aeronaves, incluyendo trabajos destinados a operaciones antárticas.
Sin embargo, la función de la base no se limitó al desarrollo aeronáutico y a la defensa del territorio nacional, sino que formó parte de episodios políticos y militares que marcaron para siempre la historia argentina. El 28 de septiembre de 1951 participó de un levantamiento frustrado contra el gobierno de Juan Domingo Perón y, cuatro años más tarde, volvió a quedar en el centro de la escena durante el bombardeo a Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955, cuando aeronaves vinculadas a Punta Indio participaron del ataque. Tras esos hechos, la base fue abandonada y saqueada parcialmente, aunque recuperó protagonismo luego de la llamada Revolución Libertadora. La instalación también intervino en los enfrentamientos entre Azules y Colorados en 1963 y mantuvo una intensa actividad durante las décadas posteriores. En 1978, en medio de la crisis con Chile por el Canal de Beagle, desplegó parte de sus medios hacia Tierra del Fuego. Cuatro años después, durante la Guerra de Malvinas, varias de sus aeronaves fueron destinadas al Atlántico Sur. Algunos aviones operaron desde las islas y otros realizaron tareas de reconocimiento, apoyo logístico y patrullaje desde el continente.
A lo largo de ese recorrido, la relación entre la base y Verónica se volvió inseparable. La ciudad aportó mano de obra civil, técnicos y estudiantes, mientras que la Armada abrió instalaciones que terminaron siendo fundamentales para la vida de la comunidad. La escuela técnica surgida en el predio militar y el hospital creado originalmente para atender al personal naval se integraron con el tiempo a la dinámica cotidiana del municipio. De ello da testimonio Alberto Rickfelder, vecino del paraje Las Tahonas, cercano a Verónica, quien ingresó a la base como aprendiz a los 15 años y se jubiló allí casi seis décadas después, a los 74, tras desarrollar toda su carrera en el área técnica. Hoy, con 86 años, sostiene que la base no solo fue decisiva en su vida personal, sino que representó una suerte de segunda fundación para Verónica, ya que dejó una huella profunda en el perfil de la comunidad y se convirtió en un ámbito de formación y empleo para generaciones de jóvenes de la región.
En 1994, la Legislatura bonaerense creó el Partido de Punta Indio. Para entonces, la identidad local ya estaba profundamente atravesada por la presencia de la base.
Museo del aire
Hoy, en la BAPI, bajo el mando del capitán de Navío Mariano Rivolta, funcionan la Escuela de Aviación Naval y la sede de la Escuadrilla Aeronaval de Vigilancia Marítima. Entre hangares, pistas y edificios históricos, sobreviven algunos aviones preservados como piezas de museo al aire libre. En el acceso principal se exhibe un Grumman Panther que integró la primera generación de cazas a reacción navales argentinos. Más adelante aparecen entrenadores Texan, Fennec y distintos modelos Xavante restaurados por los talleres de la propia base.
"La base forma parte importantísima de mi vida, allí entre como aprendiz y me jubilé. Aprendí varios oficios, me desarrollé y hasta tuve la oportunidad de viajar en el exterior",
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Jornada de puertas abiertas en la base de Punta Indio en noviembre último
Algunos de los aparatos de la Base Aeronaval protagonizaron debates recientes. Por caso, uno de los Xavante donados al municipio generó una gran controversia cuando se propuso instalarlo como monumento en el centro de Verónica. Entonces, sectores de la comunidad objetaron ese emplazamiento por asociarlo con la última dictadura militar.
Finalmente, el avión fue colocado en una plazoleta barrial como homenaje a los veteranos de Malvinas y como símbolo del histórico vínculo entre la ciudad y la Base. A más de un siglo de la fundación de Verónica y a casi 100 años de la creación formal de la estación aeronaval, Punta Indio continúa siendo un territorio donde se concentra la historia militar, la memoria política y la vida cotidiana.
El pasado 3 de noviembre en la Base de Punta Indio se realizó una jornada de puertas abiertas con diversas actividades para la comunidad. Durante la jornada se llevó a cabo una exposición estática de las aeronaves de ala fija como el Beechcraft TC-12B Huron y aviones de adiestramiento Turbo Mentor. En este tipo de eventos comunitarios, la Armada exhibe estáticamente tanto estas aeronaves activas como modelos históricos, permitiendo al público recorrer los hangares.