domingo 10 de mayo de 2026

Pioneras, lucha feminista y techo de cristal: el detrás de escena de las nuevas decanas

En las facultades de Derecho y Veterinarias asumieron recientemente dos mujeres decanas. Una mirada para rastrear quiénes abrieron el camino para combatir el machismo imperante, tan lejos y tan cerca.

¿Cómo se siente ser la primera en llegar a un cargo que ocuparon los hombres por más de un siglo? El 26 de marzo de este año, dos mujeres vivieron esa experiencia. Por primera vez, los consejos directivos de las facultades de Derecho y Veterinaria de la Universidad Nacional de La Plata, de las más tradicionales de la ciudad, eligieron a sus primeras decanas: las doctoras Valeria Moreno y Sara Williams.

En Ciencias Jurídicas, Valeria Moreno recibió felicitaciones de colegas, de su marido también abogado, y de sus hijas universitarias. Hubo fotos, entrevistas, ruido y adrenalina. Al final del día, con el cansancio dulce de haber llegado a la cima, subió al segundo piso del Edificio de la Reforma, en 48 entre 6 y 7, se sentó en el sillón que en la historia de la facultad siempre ocupó un hombre y decidió sumar dos fotos a su nuevo espacio, una con la vicedecana, Carola Bianco y otra con sus hijas. “Hace falta alguna imagen de Angélica Barreda”, se dijo y, al recordarla, sonrió.

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Sara Williams, en su oficina.

Sara Williams, en su oficina.

Ahora, a pocas semanas de asumir, de impecable camisa blanca, pantalón sastrero y blazer, la decana de Derecho recuerda ese momento y cuenta por qué Angélica Barreda es todo un símbolo de lucha feminista: “Fue la primera abogada del país y se recibió acá, en la UNLP, en 1909. Pero el procurador de la Corte bonaerense (Manuel Escobar) de entonces le negó la matrícula por ser mujer, es decir, tenía el título pero no podía ejercer”.

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Valeria Moreno, con sus alumnos, en el aula.

Valeria Moreno, con sus alumnos, en el aula.

Para entender ese absurdo, explica Moreno, hay que situarse en una época que era hija de “una educación basada en un Código Civil absolutamente machista, si hay un símbolo machista es ése, en ese tiempo se sostenía que la capacidad de la mujer no era equiparable a la del hombre, que era inferior”.

Pioneras

En 1909 Angélica Barreda tenía 22 años y ya se había recibido. Pero el Código Civil de entonces las trataba como a los menores de edad; por eso, para estudiar, trabajar y administrar bienes necesitaban autorización de un varón de la familia, preferentemente de un marido o del padre.

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Angélica Barreda, pionera.

Angélica Barreda, pionera.

Angélica Barreda tenía el título firmado por Joaquín V. González y Rodolfo Rivarola, las máximas autoridades de la entonces flamante Universidad Nacional. Pero hecha la ley, hecha la trampa: la Justicia decía que podía acceder a ese diploma, pero, al mismo tiempo, que no podía ejercer en la provincia de Buenos Aires porque, al ser mujer, se creía que tenía inferior capacidad intelectual.

Cuando en 1910 participó del primer Congreso Feminista Internacional -organizado por otra pionera argentina, Julieta Lanteri, fundadora del partido feminista y la primera mujer que logró votar en el país-, Angélica, ataviada con sus típicos jabot y sus frondosas polleras, ya proclamaba la necesidad de dejar de lado “dependencias absurdas, dignas de una época para siempre pasada”.

Como ella era la primera en recibirse, no había otra abogada que la defendiese. Eligió a un colega, Rodolfo Moreno (h), para pelear por su derecho a ejercer. Ese abogado (que en 1942 llegaría a gobernador de la provincia) argumentó ante la Suprema Corte bonaerense que no había ninguna prueba de la inferioridad de las mujeres para el ejercicio profesional. Se apoyó en la Constitución de la Provincia de Buenos Aires, según la cual se debe garantizar el derecho a aprender sin distinción de género. Al final, el máximo tribunal le dio la razón, pero no por unanimidad, sino con el voto en disidencia de su presidente, Rómulo Etcheverry.

Durante los más de 40 años que ejerció como abogada, desde 1909 hasta 1952, Barreda participó en más de 500 juicios, fue jefa de Asuntos Legales en la dirección General de Escuelas de la Provincia y traductora pública de inglés, francés, italiano y portugués.

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En el Hospital Veterinario, las mujeres ganaron protagonismo.

En el Hospital Veterinario, las mujeres ganaron protagonismo.

“Cabría caracterizar al período 1940-1965 como de una incipiente transformación que permitió a la mujer una participación creciente dentro del ámbito universitario, al menos desde el punto de vista de la matrícula y titulación. Sin embargo, el período no nos permite afirmar que se haya democratizado el acceso a cargos dentro de la propia universidad”, advierte el docente e investigador Federico Bacalini en su artículo “Mujeres y universidad: cronología de una inclusión (matizada)”. En el mismo análisis el autor cita a la historiadora Dora Barrancos para decir que “los vínculos de género en las casas de altos estudios, aun en aquellas que pasaban por más notables cambios de programa y de óptica, eran jerárquicos. Los varones dominaban por completo la escena en la cátedra, en la gestión y en las organizaciones estudiantiles”.

De hecho, si bien las restricciones para estudiar y ejercer disminuyeron desde mediados del siglo XX, en la UNLP no hubo una decana mujer en ninguna de las facultades hasta 1974, es decir, 60 años después de su fundación.

Entre 2018 y 2026, Valeria Moreno, la primera decana de Derecho, fue secretaria académica, y el decano era el abogado Miguel Berri: “Si bien no diría que propició mi llegada al decanato tampoco puso obstáculos y pudimos trabajar muy bien juntos, se abrió a propuestas novedosas y a nuevas áreas”. Se crearon y fortalecieron nuevos espacios que se ocupan de la investigación con perspectiva de género, de la inclusión de personas discapacitadas y una mayor conexión con las cárceles de mujeres para promover su ingreso a la carrera.

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Valeria Moreno en la entrega de diplomas.

Valeria Moreno en la entrega de diplomas.

Moreno advierte que su interés por esos espacios le exigió escuchar y reinventarse, porque “yo misma venía de una formación de juristas encumbrados con un Código Civil napoleónico que tenía cero perspectiva de género, también me fui construyendo y entrando en contacto directo con áreas más inclusivas, como por ejemplo la secretaría de Investigación que hoy conduce la vicedecana Carola Bianco o la Red de Profesoras que se había constituido informalmente para abordar temas de género y violencias, por eso siempre digo que acceder al decanato fue un trabajo colectivo”.

Exigidas

Investigadoras feministas como Marilyn Loden, Colleen Ammerman y Boris Groysberg escribieron sobre las limitaciones culturales que impiden a las mujeres acceder a cargos de poder, y acuñaron conceptos como el de “techo de cristal” que luego derivó en “laberinto de cristal” para describir "los límites invisibles" que plafonan el ascenso de las mujeres en instituciones y empresas. Como consecuencia, para acceder a puestos de poder, la mayoría debe demostrar trayectorias híper exigentes. Los recorridos académicos de Valeria Moreno en Derecho y de Sara Williams en Veterinaria bien podrían ejemplificarlas.

Los varones dominaban por completo la escena en la cátedra, en la gestión y en las organizaciones estudiantiles Los varones dominaban por completo la escena en la cátedra, en la gestión y en las organizaciones estudiantiles

Sara supo desde niña que quería ser veterinaria: “Mi vocación apareció desde muy pequeña, recuerdo que siempre me apasionaron los animales y siempre dije que iba a estudiar veterinaria, no recuerdo haber tenido otra opción”. Llegó hace más de 40 años desde Quilmes a La Plata y se enorgullece al contar que su hermana y ella fueron la primera generación de universitarias en su familia.

La primera decana mujer de Veterinaria es hoy profesora titular de la cátedra de Producción Porcina y adjunta en la de Reproducción. Ascendió escalón por escalón: se graduó, se doctoró, fue ayudante alumna, auxiliar diplomada, jefa de trabajos prácticos, adjunta, titular de cátedra y jefa de departamento: “Concursé los cargos de profesora y de directora del departamento de producción animal. Y sí, me parece que sí, que los que me evaluaron fueron todos varones, sino eran todos, eran mayoría”.

La primera decana de Derecho, Moreno, lo recuerda claramente. Después de recibirse y comenzar a trabajar ganó el concurso para ser auxiliar docente en la universidad pública, luego para convertirse en profesora adjunta y hace tres años para ser titular de la cátedra de Derecho Privado II, donde también fue pionera porque se trata de una asignatura dominada históricamente por hombres. Los tribunales docentes que la evaluaron en cada uno de los concursos estuvieron conformados únicamente por varones.

Cuando llegó a la UNLP desde su Pehuajó natal, Valeria Moreno era una adolescente. No venía de familia de abogados. Su padre era un pequeño productor agropecuario y su mamá, docente. La hiperinflación de los ´80 los tenía contra las cuerdas así que nada de alquilar un departamento. Valeria pudo estudiar porque unos tíos le dieron techo y comida.

Mucho después, cuando quiso conseguir un cargo en una universidad privada, ya tenía años de estudio y experiencia laboral. No obstante, le advirtieron que para acceder a ese puesto necesitaba el respaldo de algún “padrino”, un jurista prestigioso que garantice su idoneidad. “Ahí mismo me dije ‘este lugar no me interesa’. Yo estudié, trabajé, tengo la capacidad y no necesito ningún padrino”.

Más que números

El último informe de la secretaría de Investigación de la facultad de Derecho, publicado en 2023, pone en evidencia que, en los cargos de auxiliares docentes, la proporción de varones y mujeres es similar, casi mitad y mitad, un número que se considera auspicioso porque muestra un crecimiento de mujeres respecto de años anteriores. En cambio, al subir en el escalafón, el 64 por ciento de los cargos de profesores adjuntos de cátedra lo ocupan hombres y el 37 por ciento, mujeres.

Más arriba en el organigrama universitario, del total de titulares docentes en Derecho, apenas el 33 por ciento de los cargos lo ejercen profesoras contra el 67 por ciento restante donde los varones son mayoría, al igual que en la conducción de proyectos de investigación.

Cuando Sara Williams ingresó a la facultad de Veterinaria, en la década de 1970, la proporción de varones y mujeres en las aulas era pareja. Sin embargo, conforme avanzaban en la carrera, muchas dejaban de estudiar porque habían formado familia y las tareas domésticas y de cuidado eran privativas para ellas pero no para los hombres, que también formaban familia pero no sentían la presión de dejar la carrera.

No era común ver a mujeres ejercer como veterinarias con grandes animales y Williams recuerda que cuando comenzó a concurrir a las granjas de producción porcina, donde debía utilizar indumentaria de trabajo para ingresar, le daban calzoncillos “porque se presuponía que era una labor masculina”, cuenta hoy mientras manipula un cerdo de más de 200 kilos para hacerle una ecografía.

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Sara Williams y el monitoreo a un animal.

Sara Williams y el monitoreo a un animal.

“A diferencia de cuando comencé a estudiar, hoy, más del 70 por ciento de las inscripciones corresponde a mujeres y eso se mantiene en gran medida durante la carrera”, dice Williams.

En Veterinaria las proporciones de varones y mujeres se dieron vuelta en las últimas décadas. Los datos de esa facultad indican que, este año, el 74 por ciento de las ingresantes son mujeres, el 59 por ciento de las egresadas de 2025 son mujeres, y el 53 por ciento de las docentes son mujeres. Pero algo cambia en el cargo más alto del profesorado: el 53 por ciento de los titulares son varones.

Un informe preliminar sobre perspectiva de género en la UNLP (2019), a cargo de la dirección de Políticas Feministas, advierte que “mediante el análisis estadístico, los números se transforman en una herramienta que permite dejar en evidencia ciertos fenómenos sociales”. En el mismo estudio se calcula el índice de feminidad en la Universidad platense -que sirve para comparar el número de mujeres y hombres en una determinada población-, y llama la atención que para el caso de profesores titulares por cada 100 varones había 65 mujeres.

En esa investigación se hace referencia también al “techo de cristal”, ese límite con el que se topan las mujeres cuando aspiran a ascender en el mundo del trabajo. Obstáculos invisibles, porque no aparecen en reglamentos ni prohibiciones explícitas, pero funcionan con eficacia como reglas silenciosas y silenciadas que naturalizan y perpetúan el lugar de las mujeres y disidencias en los puestos de menor jerarquía.

La Diez

Valeria Moreno en Derecho y Sara Williams en Veterinaria. Ambas son las primeras mujeres decanas de sus carreras. Pero, ¿quién fue la primera de todas las decanas de la Universidad Nacional de La Plata?

En el Archivo Histórico de la UNLP, sobre un papel amarillento escrito a máquina, se conserva una resolución con fecha 23 de abril de 1974. Allí se lee la designación como decana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de Carmen Josefina Suárez Wilson de Diez, más conocida como Reyna Diez.

A Diez se la reconoce como docente, escritora, notable oradora, fundadora de la primera secundaria de Los Toldos. También como Madre de Plaza de Mayo (a partir de la desaparición de su hija Diana), impulsora de organismos de derechos humanos como la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Presos por Razones Políticas. Tuvo cinco hijos y vivió 87 años, hasta 2001, sin embargo, al recorrer su biografía, parece que hubiese vivido el doble.

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Reyna Diez

Reyna Diez

En 1973, durante la breve presidencia de Héctor Cámpora, la universidad entraba en ebullición, los estudiantes, docentes y no docentes debatían sobre transformarla y los sectores de izquierda insistían en la necesidad de sacarla del aislamiento y conectarla con el territorio, con la comunidad. En ese clima revolucionario, Reyna era una referente y, aseguran sus seguidores, una oradora hipnótica.

En julio de ese año, a pedido de los estudiantes, el delegado interventor la designó como jefa interventora del Departamento de Letras. Y en abril de 1974 fue elegida decana de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP, por iniciativa de los diferentes claustros, con ferviente apoyo de alumnos, alumnas y gremios, sobre todo los vinculados a la izquierda y al peronismo universitario.

Aunque en los convulsionados setenta Reyna Diez ya tenía 59 años, su espíritu disruptivo fascinaba a la generación de sus hijos. En la biografía “Memorias de una vida rebelde” (EDULP), la autora, Florencia Baez Damiano, cuenta que “insistió en la necesidad de llevar la universidad a las villas, porque consideraba que tenía que estar al servicio de quien más lo necesitaba. Los docentes y los alumnos de los profesorados tenían que enseñar a leer y a escribir en las villas. No podía concebir que siguiera habiendo analfabetos en nuestro país”.

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En “Reyna”, un documental de Andrea Scatena, se la nota anciana. Cuando le preguntan por su madre, dice: “Se había criado en el campo, era muy culta, escribía y publicaba con nombre de varón porque en esas épocas las mujeres estaban tan inhibidas que, cuando escribían, lo hacían con el nombre del varón. Era como que se estaba transgrediendo algo para las mujeres, como que se estaban tomando unas libertades que no les correspondían”.

En la UNLP no hubo una decana mujer en ninguna de sus facultades hasta 1974

Ella, en cambio, estaba a la vanguardia del feminismo de su época sin definirse como feminista. Su hijo Rolando fue preso político por su militancia en el peronismo de izquierda durante la dictadura de Alejandro Lanusse. Reyna, que ya defendía a los presos por razones políticas, apeló a las mujeres como si previera la gesta de Madres y Abuelas de la que sería parte algunos años después. En un documental de 1972 se la escucha decir: “Las mujeres tenemos que tomar una actitud viva; tenemos que tomar una actitud decidida; no basta la lágrima, no basta la solidaridad; no basta la compañía afectuosa de la carta. Tiene que estar también la protesta y, si es necesario, formarse sobre la personalidad sumisa, cariñosa, afectiva, una nueva personalidad, luchadora, fuerte y belicosa. Todas las mujeres tienen que dar ese paso adelante”.

Proyectos para el equilibrio

En las últimas elecciones, de las 17 facultades que componen la UNLP diez decanatos quedaron en manos de varones y siete, de mujeres. La brecha parece, poco a poco, achicarse. A partir de este siglo fue algo más frecuente encontrar decanas en la UNLP, entre ellas, María Mercedes Medina en Odontología (1998-2004 y 2010-2014), Ana María Barletta en Humanidades (2004-2010) o Florencia Saintout en Periodismo (2010-2018), entre varias más.

En cambio, al buscar el listado de presidentes de la Universidad Nacional de La Plata desde 1909 hasta 2026, es decir, desde Joaquín Víctor González hasta Fernando Tauber, no hay una sola mujer en ese cargo. Podrá decirse que ser mujer no es garantía de defender la equidad de género, pero el dato evidencia por sí mismo quiénes detentaron, desde el minuto cero, el puesto de máxima decisión y poder dentro de la UNLP.

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Sara en su espacio de trabajo, siempre con animales.

Sara en su espacio de trabajo, siempre con animales.

En Derecho, la primera decana conserva, cautelosa, cierto optimismo: “Estamos caminando hacia un cambio pero también hay mucha resistencia”. Moreno cree que “donde más tenemos el desafío de cambiar y avanzar es en la incorporación de la perspectiva de género en la forma y contenidos de enseñanza de la carrera de abogacía”. Y considera que ese cambio en las currículas también tendrá un correlato positivo a la hora de impartir justicia. “No se trata de incorporar conceptos sólo teóricos, sino de que la creación, interpretación y aplicación de las decisiones judiciales se estudien sin obviar el prisma de género”.

Entiende que eso no significa tener un contenido específico sobre feminismo en cada materia sino una manera de mirar el mundo que contemple desigualdades, discriminación y estereotipos naturalizados. Con la vicedecana, Carola Bianco, están a punto de presentar un proyecto ante el Consejo Directivo que va en esa dirección.

Bianco destaca que “las discriminaciones por razones de género se sostienen a través de prácticas cotidianas y lógicas institucionales que resultan naturalizadas tanto por mujeres como varones. Para modificarlas es necesario realizar diversas acciones que nos permitan visibilizarlas”. Y en ese sentido considera que el plan de estudios y los programas de las materias “son instrumentos vivos que deben permitir la interpelación de la comunidad, la perspectiva de género es una interpelación que proviene de los pactos internacionales que están en nuestra Constitución y nuestra intención es proponer esos debates al interior de nuestra institución, respetando la autonomía universitaria y la libertad de cátedra”.

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Carola Bianco y Valeria Moreno

Carola Bianco y Valeria Moreno

La idea, explica la vicedecana, no consiste solamente en revisar los contenidos de las materias y su vinculación con los derechos de las mujeres, sino también las metodologías de enseñanza, de investigación, la bibliografía recomendada, las decisiones pedagógicas y los roles cotidianos. La finalidad “es modificar las lógicas que sostienen las desigualdades y formar profesionales comprometidos con el acceso a los derechos fundamentales de todas las personas sin discriminación”.

La irrupción de mujeres en dos decanatos históricamente dominados por hombres parece poner algo de luz en tiempos oscuros para la universidad. Las decanas lo saben y reflexionan sobre las dificultades que atraviesa la educación pública desde el inicio del gobierno de Javier Milei.

En Veterinaria, Sara Williams habla de la crisis de las universidades nacionales y, frente al desfinanciamiento, propone profundizar alianzas con el sector privado: “Estaremos trabajando para que así sea, para que tanto la enseñanza como las tareas de extensión, de investigación, de vinculación con el medio y de producción puedan llevarse a cabo”.

Valeria Moreno, decana de Derecho, considera que el advenimiento de la ultraderecha tiende a profundizar la brecha salarial y el acceso de las mujeres a espacios de poder: “Sin dudas esa es la situación que vivimos hoy”. A esto se suma que “el presupuesto universitario ha quedado estancado desde 2023 y hoy los salarios que perciben docentes y no docentes son exiguos. Por ello el reclamo de aplicación de la ley de presupuesto universitario es urgente”.

Qué significa ser la primera en ocupar un lugar acaparado por hombres desde hace más de un siglo. Ellas lo sienten como un desafío, como efecto de años de estudio y trabajo pero, sobre todo, como consecuencia de una lucha colectiva que lleva décadas de historia y que las invita a seguir el ejemplo de pioneras tenaces, como Angélica Barreda, como Reyna Diez.

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