miércoles 16 de septiembre de 2026
PORTADA CLAUDIA FALCONE CLAUDIA FALCONE
La voz del hermano mayor

Claudia Falcone, la pasión por el dibujo y una militancia revolucionaria en carne viva

A 50 años de La Noche de los Lápices, Jorge Falcone recuerda a su hermana Claudia, su militancia, su arte y una vida que quedó truncada a los 16 años.

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María Claudia Falcone tenía 16 años y cursaba en el Bachillerato de Bellas Artes cuando fue secuestrada, en la madrugada del 16 de septiembre de 1976. Militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), había participado en las luchas por el boleto estudiantil del año anterior y estaba integrada a la militancia revolucionaria de la época. Antes que todo eso fue la hermana menor de Jorge Falcone, con quien compartió juegos, dibujos, complicidades familiares y un intenso intercambio sobre la realidad política y social del país.

“Para mí María Claudia fue un tesoro”, dice Jorge, que con los años conserva algunos hitos precisos de aquellos 16 años compartidos. Los dos crecieron en una familia de clase media de La Plata, en la zona de 8 entre 59 y 60, marcada por una fuerte tradición política. Sus padres hablaban de eso en la mesa familiar y esa formación fue, para los hermanos, una puerta de entrada natural a la militancia de los turbulentos años '70.

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Jorge recuerda a Claudia como una joven alegre, solidaria y creativa, gran dibujante y autora junto a él de historietas y personajes. También cuenta que fue ella quien diseñó afiches de la UES y que esa sensibilidad artística convivió con una creciente definición política que la llevó a comprometerse cada vez más en la organización.

Recuperar su legado medio siglo después también implica discutir la imagen cristalizada de aquellos adolescentes. Jorge considera que durante años el relato sobre La Noche de los Lápices tendió a presentarlos únicamente como estudiantes que reclamaban por el boleto, dejando en segundo plano su compromiso político. Claudia y otros compañeros, sostiene, formaban parte de un proceso de movilización mucho más amplio y concebían aquella lucha como parte de un proyecto de transformación social.

Una foto de infancia de María Claudia Falcone. Su hermano Jorge esperaba un varón

Una foto de infancia de María Claudia Falcone. Su hermano Jorge esperaba un varón

La última vez que Jorge vio a su hermana fue caminando por la avenida 7, a la altura de la calle 56. Hablaron de los riesgos que atravesaban y de una acción que la organización estaba preparando contra integrantes de la Triple A. Poco días después, Claudia y María Clara Cioccini serían secuestradas de la casa donde se refugiaban. Jorge recuerda la despedida sin saber que sería la última: "Éramos dos personas que se quisieron mucho y que estaban convencidas de que volverían a encontrarse" dice. Y al borde de la emoción habla de las palabras que quedaron pendientes y le gustaría poder tener: "Contarle de mi vida, contarle de la actualidad y esperar que me dé algún consejo también".

La hermana menor, un tesoro

—¿Cómo recordás a María Claudia antes de la militancia, como hermana?
—María Claudia era una joven muy jocosa, muy dicharachera, con mucha presencia de ánimo. Para mi era un tesoro. Jugamos muchísimo, intensamente. Yo esperaba a un hermano varón y todos los personajes que le asignaba en nuestros juegos siempre eran personajes masculinos, que de pronto emulaban a los Titanes en el Ring, y ella los soportaba estoicamente. Teníamos una fuerte complicidad a la hora de gastar a nuestros viejos, sobre todo cuando nos reprendían. Y fuimos muy cómplices incluso en el afán de interiorizarnos sobre la realidad política y social de la Argentina.

—¿Y cómo apareció en ella la inquietud artística que la llevó al Bachillerato de Bellas Artes?
—Ella era una gran dibujante. Conmigo practicaba bastante el diseño de cómics, en general humorísticos. Construimos varios personajes que guionábamos entre los dos. Y ella siempre era la que diseñaba los afiches de la UES. Lo más famoso, porque aparece en la película Héctor Olivera (La noche de los lápices) se llamó La Revolución Fallida, con dos mulatos, parecidos a los dos negritos de los viejos caramelos Sugus, como emoticones con carita negra, sonriente, que vivían en una imaginaria isla del Caribe con un tirano.

Un fragmento de la historieta que hizo Claudia Falcone junto a su hermano Jorge

Un fragmento de la historieta que hizo Claudia Falcone junto a su hermano Jorge

En aquellos años –cuenta Jorge– María Claudia tuvo incluso la utopía de constituir una banda de rock nacional que iba a llamarse Jamón Cocido. "Mamá le decía que si iba a ser una banda de rock tenía que tener un nombre norteamericano, pero María Claudia no estaba dispuesta a internacionalizar el nombre de esa banda ", recuerda Jorge y se ríe. "Con alguna amiguita –incluso–, en el barrio nuestro de Plaza Rocha, armó alguna vez una función de teatro para todo el barrio, donde hacían un ensamble poético, musical y escénico".

—¿La militancia llegó de manera natural para ustedes?
—Sí. Vivíamos en una suerte de escuela sin mástil, porque nuestros padres no se autocensuraban al hablar de política. Ambos estaban muy politizados. Esas conversaciones de los almuerzos y las cenas nos fueron permeando a María Claudia y a mí, hacia la ofensiva popular que tuvo lugar de la mano de la campaña de “Lucha y Vuelve”, entre 1970 y 1973. Casi no tuvimos otra alternativa que sumarnos a esa militancia, que nos encontró alineados con la tendencia revolucionaria del peronismo.

—¿Cuándo sentís que ella hace su propio camino político y cuán referente fuiste vos?
—Probablemente yo haya sido una referencia para ella, pero a mí me pareció que María Claudia hizo rápido su propio camino. Militó muy tempranamente en la UES cuando ingresó al Bachillerato de Bellas Artes y estableció contacto con muchos compañeros. Particularmente con Panchito (por Francisco López Muntaner), que era su gran amigo y compañero de lucha en el Bachillerato. Después estableció un contacto muy estrecho con María Clara Ciocchini, que venía perseguida de Bahía Blanca, y se vinculó con los compañeros con los que peleó, entre otras cosas, por el boleto estudiantil secundario.

Mamá Nelva, Cladia y Jorge Falcone, en un viaje a Mar del Plata

Mamá Nelva, Cladia y Jorge Falcone, en un viaje a Mar del Plata

Una mirada sobre la Noche de los Lápices

—Vos planteás que hay una mirada sobre "La Noche de los Lápices" que dejó afuera parte de esa historia
—El relato canónico sobre La Noche de los Lápices se edificó en una Argentina con muchas heridas abiertas y bajo un manto de escarmiento que victimizó durante muchos años a estos pibes, negándoles el derecho a discernir su adhesión a una militancia a todo o nada por la soberanía popular. Particularmente María Claudia Falcone y María Clara Cioccini ya estaban encuadradas en una organización revolucionaria (por Montoneros) en la que tres años antes otra chica había ejecutado a un comisario torturador Cesáreo Cardoso. Esto que digo irritará a algunos familiares que pretendan alivianar la reputación de sus pariente y podría estimula a algunos sectores de ultraderecha que verán en este relato la posibilidad de cuestionar a esa supuesta estudiantina idealizada y sin un compromiso mayor.

El relato sobre La Noche de los Lápices se edificó en una Argentina con muchas heridas abiertas que victimizó a estos pibes, negándoles el derecho a discernir su adhesión a una militancia a todo o nada El relato sobre La Noche de los Lápices se edificó en una Argentina con muchas heridas abiertas que victimizó a estos pibes, negándoles el derecho a discernir su adhesión a una militancia a todo o nada

—¿Creés que eso modifica la manera de recordarlos?
—Yo creo que hay que entender que aquello era solamente un jalón de una lucha por un país mejor. Todos apostaban por una sociedad de iguales. Eso hoy ha disminuido bastante, pero no quiere decir que los pueblos del sur global no estén abogando, con otros métodos y en otro contexto, por sociedades sin sojuzgamiento y sin opresores y oprimidos.

Los rostros de Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Daniel Racero y Horacio Ungaro, en una de las marchas de La Noche de los Lápices

Los rostros de Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Daniel Racero y Horacio Ungaro, en una de las marchas de La Noche de los Lápices

—¿En los meses previos al secuestro, cómo fue cambiando la vida de ustedes a medida que aumentaba la represión?
—Primero hubo un distanciamiento físico de nuestra familia y de muchos afectos. Con la acción de la Triple A, que comienza a finales de 1974, tuvimos que frecuentar cada vez menos nuestra casa. María Claudia se replegó a la casa de una tía, donde durante un período prolongado hubo reuniones de la UES en estado de compartimentación. La situación fue cambiando hasta que directamente se convirtió en una clandestinidad y en un funcionamiento con criterios muy severos de seguridad.

—¿Cómo era tu vínculo con ella en ese momento?
—Teníamos una enorme conexión existencial. Durante muchos años, hasta dar con mi pareja actual, María Claudia fue la mejor y la más importante interlocutora existencial que tuve en la vida. Tuvimos una relación muy empática, muy intensa.

Una de las fotos de María Claudia Falcone que atesora su familia

Una de las fotos de María Claudia Falcone que atesora su familia

—¿Sentías que, por ser el hermano mayor, tenías una responsabilidad especial con ella?
—En algún momento sentí que María Claudia se movía con relativa temeridad y, como hermano mayor, creía percibir con un poco más de claridad que se venía la noche. Una vez me apersoné a hablar con María Claudia y con María Clara porque sentía que la casa donde estaban refugiadas podía estar siendo fichada por la dictadura. María Clara era superior jerárquica en la orgánica de María Claudia, y era mi par. Me puso los puntos y me dijo: “Acá no vengas a dar consejo como hermanito mayor, porque nosotros tenemos nuestro propio discernimiento y vamos a ser quienes decidamos hasta dónde aguanta esta casa".

—Pero ellas sentían ese cerco que se cerraba y ya pensaban en dejar ese lugar ¿qué pasó el día anterior al secuestro?
—María Clara y María Claudia se encontraron con mi padre en el predio de Obras Públicas. Él les iba a suministrar un dinero para que trataran de alquilar en un lugar más seguro. Pasaron todo ese día sin dar con un lugar que les resultara convincente o que les alcanzara el dinero del que disponían. A la noche evaluaron que por ahí aguantaba un par de días más ese lugar de 56 entre 6 y 7, donde además cuidaban a nuestra tía abuela. Cuando volvieron al departamento, enseguida irrumpieron las fuerzas conjuntas. Según la descripción del portero, de la peluquera de enfrente y de algunos conocidos del barrio, estaban emboscados en camiones en las inmediaciones.

—¿Qué detalles se pudieron reconstruir de ese momento?
—Ellas cerraron la puerta y trataron de eliminar todos los elementos comprometedores que tenían a mano, desde volantes hasta botellas para cóctel Molotov en una movilización de reclamos. No tuvieron posibilidad de saltar a una terraza lindera porque era muy alto el edificio respecto de los que lo circundaban. Encerraron a mi tía en una habitación. Ella vio algunas cosas por el ojo de la cerradura y vio cómo interrogaban a las chicas, maniatadas. Después se las llevaron.

María Claudia ya en su adolescencia, poco antes de su secuestro

María Claudia ya en su adolescencia, poco antes de su secuestro

—¿Cómo recibieron la noticia?
—A mí me golpean a la madrugada la persiana mis padres y me dicen: “Se llevaron a María Claudia”. Y por entonces no teníamos una noción de lo que podía significar la desaparición forzada de personas. No entendíamos la excepción que se iba a vivir del 76 en adelante.

—¿Cuándo comprendieron qué significaba que María Claudia estuviera desaparecida?
—En el caso particular de nuestra familia, esa noción llegó alrededor de un año después, cuando mis padres llegaron a San Pablo donde yo estaba exiliado con Claudia Carlotto, mi pareja de entonces. Ahí nos dijeron 'mataron a Laura (Carlotto)', a mi excuñada, la hermana mayor que consagró como Abuela de Plaza de Mayo a Estela (de Carlotto). Habían entregado el cuerpo y había sido abatida de un disparo a corta distancia en la frente y otro en el vientre. Cualquier peritaje balístico ejercido bajo un orden jurídico legal sensato daría cuenta de que se le practicó un fusilamiento sumario que se hizo pasar por un tiroteo. A partir de allí denunciamos a nivel internacional en qué consistía la figura del detenido desaparecido. Incluso según el relato de Pablo Díaz, cuando él se despide y pasa a revistar bajo el Poder Ejecutivo Nacional y le dice a los chicos "nos vemos afuera, ustedes van a salir", María Claudia le responde que no: "No es así, no seas iluso Pablo, brinden por nosotros todas las todas las Navidades", como sabiendo el final.

Jorge Falcone con Claudia Carlotto, su pareja en el momento del secuestro de María Claudia

Jorge Falcone con Claudia Carlotto, su pareja en el momento del secuestro de María Claudia

—¿Cómo vivió tu madre esa ausencia de María Claudia?
—Mi madre, desde la desaparición de María Claudia, todos los fines de año, en las fiestas, puso un plato más en la mesa por si ella reaparecía. Movió cielo y tierra, desde lo jurídico y legal más previsible hasta lo esotérico, con tal de obtener algún dato sobre su destino. Pero después dejó de tener expectativas y cambió la búsqueda de su hija por la búsqueda de todos los hijos, rondando la Plaza de Mayo.

Nelva Falcone, la mamá de Jorge y María Claudia

Nelva Falcone, la mamá de Jorge y María Claudia

La última charla

—¿Cómo fue la última vez que viste a María Claudia?
—Fue caminando por la avenida 7. Lo recuerdo a la altura de 56, 57, rumbo a Plaza San Martín. Íbamos considerando los recaudos que se hacían necesarios en un período en que se iba poniendo cada vez más grave la situación de seguridad. Ella me planteó que la UES estaba previendo una campaña de atentados contra conspicuos miembros de la Triple A en La Plata. Yo le pregunté si iban a tener algún tipo de retaguardia para el repliegue, porque a todo golpe, en un contexto confrontativo como ese, le corresponde un contragolpe. Ella me respondió con cierta autosuficiencia, como que se lo iban a bancar.

El retrato de María Claudia Falcone que aparece en las marchas de La Noche de los Lápices

El retrato de María Claudia Falcone que aparece en las marchas de La Noche de los Lápices

—¿Qué te quedó de aquella última conversación?

—Ella no quería consejos de un hermano mayor supuestamente sabelotodo. Quería poner en acto su acceso a una mayoría de edad que la volvía digna de tomar sus propias decisiones. Y así lo hizo en todo momento. Mi último encuentro con María Claudia fue no mucho antes del desenlace fatal del secuestro. Fue una despedida afectuosa de dos personas que se quisieron mucho y que estaban absolutamente predispuestas a seguirse viendo.

Jorge Falcone recuerda a su hermana menor, María Claudia, al cumplirse 50 años de su secuestro

Jorge Falcone recuerda a su hermana menor, María Claudia, al cumplirse 50 años de su secuestro

—¿Qué charlas quedan pendientes después de 50 años?
Hoy todo lo que tengo pendiente con María Claudia es todo, justamente. Contarle de mi vida, contarle de la actualidad y esperar que me dé algún consejo también.

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