lunes 28 de septiembre de 2026

Científicos de la UNLP identificaron un remoto agujero negro con un chorro orientado hacia la Tierra

Investigadores de la UNLP desarrollaron el modelo que explica un posible microblázar ubicado a 12.000 años luz de nuestro planeta.

Investigadores de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) participaron de la identificación de IRAS 18293−0941, un posible microblázar situado a unos 12.000 años luz. El equipo platense desarrolló un modelo teórico que permitió explicar sus emisiones y reconstruir la dinámica de este sistema extremo de la Vía Láctea.

El hallazgo fue posible gracias a una investigación internacional que se extendió durante tres años y reunió observaciones obtenidas con instrumentos capaces de estudiar distintas regiones del espectro electromagnético. El objeto, oculto en gran medida por el polvo interestelar, había sido anticipado como una posibilidad teórica hace unas tres décadas.

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Desde la facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP y el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR, UNLP-CONICET-CICPBA), Leandro Abaroa y Gustavo E. Romero tuvieron a su cargo una parte central del trabajo: elaborar el modelo físico destinado a interpretar las emisiones registradas y determinar si todas ellas podían encajar en un mismo escenario.

Leandro Abaroa, investigador de la UNLP que desarrolló el modelo teórico del sistema

Leandro Abaroa, investigador de la UNLP que desarrolló el modelo teórico del sistema

A la investigación también se sumaron Jorge Combi y Federico García, quienes realizaron aportes relevantes en las observaciones y el análisis de los rayos X. El trabajo fue encabezado por Josep Martí y Pedro Luque Escamilla, de la Universidad de Jaén, y permitió reunir distintas evidencias sobre un sistema ubicado a unos 12.000 años luz de la Tierra.

El sistema de la Vía Láctea que podría ser un microblázar

IRAS 18293−0941 está compuesto por una estrella muy caliente y masiva y un agujero negro que interactúan gravitacionalmente. Ambos objetos completan una vuelta alrededor de su centro común aproximadamente cada 11,38 días, mientras la intensa gravedad del agujero negro atrae material proveniente de su compañera.

Buena parte de ese material participa del proceso de acreción y libera grandes cantidades de energía. Al mismo tiempo, tanto la estrella como las regiones próximas al agujero negro producen intensos vientos de materia que interactúan con el entorno y contribuyen a las emisiones detectadas por los investigadores.

Una de las características que vuelve particularmente interesante al sistema es la existencia de dos chorros de materia lanzados en direcciones opuestas. En las observaciones de radio se pudo identificar uno de ellos, mientras que su contraparte no aparece con características similares.

El agujero negro de IRAS 18293−0941, ubicado a unos 12.000 años luz de la Tierra

El agujero negro de IRAS 18293−0941, ubicado a unos 12.000 años luz de la Tierra

La explicación propuesta indica que el chorro observado se desplaza a una velocidad superior a aproximadamente dos tercios de la velocidad de la luz y lo hace prácticamente en dirección a la Tierra. Esa geometría es una de las principales características que permiten considerar a IRAS 18293−0941 como un candidato excepcional a microblázar.

El chorro que apunta hacia la Tierra

La diferencia entre ambos chorros puede estar relacionada con los efectos producidos por su movimiento a velocidades extremas. Mientras uno resulta claramente visible en las imágenes de radio, el otro podría estar interactuando con una nube de gas molecular ubicada en el sector opuesto del sistema.

En esa región también se observa una fuente particularmente brillante que podría corresponder al punto en el que el chorro interactúa con el material del medio interestelar. Esta posibilidad abrió otra línea de investigación vinculada con la producción de partículas de muy alta energía.

Los cálculos desarrollados por Abaroa y Romero indican que el sistema puede acelerar partículas hasta energías extraordinarias. Una parte de ellas podría desplazarse hasta la nube molecular y, al impactar contra el gas, generar rayos gamma de ultra-alta energía.

Leandro Abaroa y Gustavo E. Romero, investigadores de la UNLP que estudiaron el fenómeno

Leandro Abaroa y Gustavo E. Romero, investigadores de la UNLP que estudiaron el fenómeno

Dentro de ese escenario aparece LHAASO J1831−1007u*, una fuente de rayos gamma detectada en las proximidades de IRAS 18293−0941. El modelo elaborado por los científicos de la UNLP ofrece una posible explicación para la relación entre ambos fenómenos, aunque la asociación deberá seguir siendo estudiada.

De confirmarse esa conexión, el sistema aportaría además nuevas evidencias sobre la capacidad de los microcuásares y microblázares para acelerar partículas hasta niveles extremos dentro de la Vía Láctea.

Tres años para reconstruir un fenómeno extremo

Estudiar IRAS 18293−0941 representa un desafío debido a la enorme cantidad de polvo que rodea al sistema y dificulta su observación mediante telescopios ópticos. Por ese motivo, las mediciones realizadas en ondas de radio y rayos X resultaron fundamentales para conocer sus características.

Las radioimágenes permitieron detectar el chorro que parece avanzar hacia la Tierra, mientras que el seguimiento del sistema binario aportó información independiente sobre su orientación y movimiento. A su vez, las observaciones en rayos X permitieron analizar las regiones cercanas al agujero negro.

Gustavo E. Romero, científico de la UNLP que participó del desarrollo del modelo físico

Gustavo E. Romero, científico de la UNLP que participó del desarrollo del modelo físico

Otro dato permite dimensionar la distancia involucrada. IRAS 18293−0941 se encuentra a unos 12.000 años luz, una separación tan grande que, incluso tomando como referencia la velocidad máxima alcanzada por la sonda Parker Solar Probe de la NASA, un viaje hasta ese punto demandaría alrededor de 19 millones de años.

La combinación de las observaciones internacionales con el modelo teórico desarrollado desde la UNLP permitió integrar las distintas piezas del fenómeno. De esta manera, las emisiones registradas en las cercanías del sistema y aquellas detectadas a mayor distancia pueden interpretarse dentro de un mismo escenario físico.

El estudio constituye así un caso particularmente relevante para investigar los microblázares dentro de la Vía Láctea y comprender cómo determinados sistemas binarios pueden generar chorros relativistas y partículas con energías extraordinarias. El objeto, cuya existencia como clase había sido planteada hace unos 30 años, aparece ahora como un candidato especialmente convincente para futuras investigaciones.

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