"El planeta está a 450 años luz de la Tierra", explica el astrónomo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Santiago Orcajo. "Es decir, ese rayito de luz de la estrella que se vio ahora, salió hace 450 años, por eso se dice que estamos viendo al pasado". Se refiere al planeta Elías 2-24 B, un mundo nuevo fuera del sistema solar, descubierto recientemente por un equipo científicos de Chile, Italia y Argentina, del cual forma parte.
—¿Vos sos Orcajo? —interrumpe al inicio de la entrevista un trabajador que justo cruza por el medio de la biblioteca de la facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas.
—El mismo —responde Santiago con una sonrisa.
—Me imaginé —dice el hombre y hace un gesto hacia el fotógrafo de 0221.com.ar, que busca ángulos para retratarlo—, te vi en las publicaciones —agrega y sigue de largo.
—¿Te pasa seguido esto de que te reconozcan?— Es la pregunta obligada.
—En Rauch nomás —se ríe al mencionar la ciudad bonaerense donde nació—, pero solo para preguntarme: "¿Vos sos el hijo de Juan?".
Santiago vive una semana atípica. Lo llaman medios de todo el país por su colaboración en la investigación histórica publicada en The Astrophysical Journal Letters y difundida por la NASA. Elías 2-24 B es el planeta más joven registrado hasta ahora. Es un "planeta bebé", de masa similar a la de Júpiter –el más grande del Sistema Solar–, tiene menos de un millón de años y hasta este trabajo se creía que una estrella así necesitaba de un período de formación de entre 5 y 10 millones.
Santiago Orcajo en la biblioteca de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP
Ignacio Amiconi | AGLP
—Esto es así, en una semana se termina —dice entre risas, en referencia a la "fama" fugaz, las entrevistas, las llamadas, las fotos. Durante seis años fue becario del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y ahora se postuló para la carrera de investigador. A la espera del llamado, continúa con las clases de matemática y física en colegios secundarios.
—Entonces cuando se dice que Elías 2-24 b está a 450 años luz ¿quiere decir que estamos viendo lo que ocurría allí cuando acá era 1576?
—Si yo me subo a una nave y viajo a la velocidad de la luz, que son alrededor de 300 mil kilómetros por segundo, tardaría 450 años en llegar a este planeta. Y si lo vemos al revés, la luz que sale de ese sistema tarda 450 años en llegar a nosotros. 450 años en la vida de un objeto astronómico no es nada.
El predio de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas es gigante. Son 7 hectáreas y conserva árboles que están desde que comenzó a construirse el Observatorio, en 1882: pinos, cedros, araucarias. Santiago Orcajo responde a las preguntas y de repente corta sus respuestas para hacer una suerte de visita guiada. Trabajó como guía del Observatorio y conoce al detalle cada rincón.
—En estos techos se restauraron las pinturas originales, que tienen más de 150 años —dice y marca con el dedo el techo de la biblioteca—. Los estudiantes vienen acá y piden lo que necesitan. Hasta cierta época, cuando te recibías de la Licenciatura, tenías que traer una copia impresa de la tesis acá, lo cual está bueno.
En la biblioteca de la Facultad de Astronomía restauraron las pinturas originales en los techos
Ignacio Amiconi | AGLP
¿Cuál fue el aporte de Santiago Orcajo en el descubrimiento astronómico?
Orcajo es investigador colaborador del Grupo Yems de Chile, que se dedica a la búsqueda de planetas y lunas extra solares. El proyecto con el que encontraron a Elías 2-24 b se llama Odisea y fue codirigido por el quilmeño, Lucas Cieza, su mentor y codirector de tesis.
En Odisea estudiaban discos de formación planetaria y en la nube molecular Ofiuco encontraron al nuevo planeta sin proponérselo. Apareció una estrella brillante rodeada por un disco de gas y polvo. En ese disco se observaron tres surcos. Una de las explicaciones posibles era que allí se estuvieran formando planetas que, mientras crecían, iban consumiendo el gas y el polvo de su alrededor.
El astrónomo tuvo un rol clave. Utilizó un programa de simulación creado por la UNLP, llamado PlanetaLP para reconstruir por computadora cómo pudo formarse el planeta y estudiar si un cuerpo con esas características podía explicar las estructuras observadas en el disco de gas y polvo.
Elias 2-24 b había sido detectado mediante telescopios. A partir de esas observaciones, el investigador probó distintas variables en la simulación y ajustó el modelo hasta lograr reproducir las características del sistema. Orcajo utilizó una analogía para explicar ese trabajo.
—Es como que te invitan a comer y te convidan ahí una torta —explica el astrónomo— entonces vos la probás y decís: "Esta tiene que tener harina, dulce de leche, azúcar". Entonces vas ajustando los ingredientes hasta te queda muy parecida" —dice.
Santiago Orcajo es investigador colaborador del Grupo YEMS de Chile y se apasiona con la explicación de su trabajo
Ignacio Amiconi | AGLP
El descubrimiento de Elías 2-24 b marca un antes y un después. Abre puertas para investigar cómo nacen los planetas gigantes.
"Me gustaba mirar el cielo"
La entrevista se hace caminando por el predio y se extiende por una hora. Durante la charla, Orcajo bordea el Planetario y el Instituto de Astrofísica.
—Este es el edificio ecuatorial. Arriba ves que hay una cúpula —señala— adentro está el telescopio ecuatorial. Y acá está el decanato.
La escultura de Galileo Galilei que se encuentra en la Biblioteca
Ignacio Amiconi | AGLP
Sobre la entrada de la biblioteca, hay esculturas de científicos y matemáticos. Pierre-Simon Laplace, Isaac Newton, Galileo Galilei y Johannes Kepler. Orcajo –como el mismo remarcó– es de Rauch. Hijo de Juan, a los 10 años le regalaron su primer telescopio. De chico, le encantaba Galileo.
—Él es primero que agarra un telescopio y lo apunta al cielo. Empieza a hacer los primeros dibujos de la luna, lo que va viendo. De júpiter y de las lunas de júpiter, por eso las cuatro lunas principales de júpiter se llaman las lunas galileanas. A mi me gustaba mirar el cielo, sobre todo la luna. Siempre estaba en la luna.