Flavio Gliemmo integró la defensa de Ricardo Barreda durante el juicio oral y los recursos posteriores. A más de 30 años del crimen, recordó la estrategia y su vínculo con el odontólogo femicidad en Primer Intento, el programa de 0221 Play.
A más de 30 años del cuádruple femicidio cometido por Ricardo Barreda, su abogado recordó en Primer Intento todos los detalles de un juicio histórico.
Flavio Gliemmo integró la defensa de Ricardo Barreda durante el juicio oral y los recursos posteriores. A más de 30 años del crimen, recordó la estrategia y su vínculo con el odontólogo femicidad en Primer Intento, el programa de 0221 Play.
La película sobre Ricardo Barreda que se estrenó este viernes y volvió a poner el cuádruple crimen de La Plata en el centro de la escena. Gliemmo recordó el juicio, la estrategia basada en la inimputabilidad, los recursos judiciales y cómo cambió su mirada con el paso de los años.

Se cumplen 33 años del cuádruple femicidio que conmocionó al país y la herencia de las víctimas de Barreda sigue en disputa entre la Provincia y la familia.
La película aborda por primera vez el caso desde la perspectiva de las mujeres de la familia asesinadas por Barreda en La Plata y se estrenará el 28 de agosto.
El abogado explicó que su estudio no intervino durante la etapa de instrucción, sino que asumió la defensa durante el juicio oral y posteriormente participó en las instancias recursivas ante la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires y la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Según relató, tomar el caso fue una decisión compleja por la magnitud del hecho: Barreda había asesinado a su esposa, su suegra y sus dos hijas. Sin embargo, antes de asumir la defensa, los abogados recurrieron a psiquiatras y psicólogos para intentar comprender qué había ocurrido. "Nosotros lo hicimos con el convencimiento de que Ricardo era inimputable", sostuvo Gliemmo durante la entrevista.
La estrategia defensiva no consistía en negar que Barreda hubiera cometido los homicidios. Por el contrario, el abogado aclaró que el acusado había reconocido haber disparado. El planteo estaba centrado en su estado psíquico y en la posibilidad de que no hubiera comprendido la criminalidad de sus actos.
De acuerdo con los profesionales consultados por la defensa, Barreda atravesaba un delirio reivindicativo que lo llevó a interpretar que sus familiares querían matarlo. Gliemmo resumió aquella hipótesis de manera sencilla: "Ellas o yo".
La postura de la defensa consiguió incluso un voto favorable durante el juicio. La jueza Rosentock entendió que Barreda era inimputable, aunque los otros integrantes del tribunal se inclinaron por la condena.
Finalmente, Barreda fue condenado a prisión perpetua por mayoría. Para Gliemmo, el voto en disidencia resultó importante para sostener los recursos posteriores. El abogado recordó que la defensa recurrió la sentencia porque seguía convencida de su planteo. Sin embargo, aclaró que esos recursos no lograron revertir la condena.
Durante la entrevista también se refirió al impacto que tuvo la legislación vigente en aquel momento. Barreda pudo acceder a beneficios vinculados con la denominada ley del 2x1, que computaba doble el tiempo de prisión preventiva bajo determinadas condiciones, y posteriormente obtuvo la libertad condicional.
Barreda pudo acceder a beneficios vinculados con la denominada ley del 2x1, que computaba doble el tiempo de prisión preventiva bajo determinadas condiciones, y posteriormente obtuvo la libertad condicional
Gliemmo remarcó que, durante los años que Barreda permaneció en libertad, no volvió a cometer un homicidio. Para el abogado, ese dato respaldaba la interpretación de los psiquiatras que habían considerado que se trataba de un episodio delirante "único e irrepetible".
El abogado también recordó cómo era su vínculo personal con Barreda. Cuando asumió la defensa tenía apenas 24 años y terminó construyendo una relación profesional cercana con el acusado, a quien llamaba Ricardo.
Lo describió como una persona "realmente fría", de carácter parco y solitario, aunque aseguró que era respetado dentro de la cárcel. Gliemmo relató además que el odontólogo no mostraba un arrepentimiento que pudiera considerarse genuino. En las conversaciones, podía reconocer que había actuado mal, pero luego terminaba justificando lo sucedido.
Para el profesional, esas contradicciones también eran interpretadas a partir del cuadro psiquiátrico que los especialistas habían identificado.
El caso tuvo una enorme repercusión en la ciudad y en todo el país. Gliemmo recordó que durante el juicio había alrededor de 250 personas en la sala y que se formaban filas para ingresar.
En una época en la que las redes sociales todavía no existían y los juicios orales no tenían la presencia que adquirirían posteriormente, el caso Barreda generó una cobertura mediática extraordinaria. Periodistas y equipos de televisión llegaron desde distintos puntos del país para seguir las audiencias. Al mismo tiempo, la defensa recibió muestras de apoyo de personas que incluso se acercaban a los abogados en la calle.
El abogado recordó también el fenómeno de quienes llegaron a convertir a Barreda en una figura de culto, con pintadas como "Ricardo ídolo". Gliemmo aclaró que ese fenómeno le resultaba incómodo y que su mirada sobre el caso siempre estuvo enfocada en la cuestión psiquiátrica.
El caso Barreda es considerado hoy un cuádruple femicidio pese a que en el momento que ocurrió y se juzgó esa figura no existía como tal, por eso, uno de los momentos más polémicos de la entrevista en Primer Intento se produjo cuando Gliemmo fue consultado sobre si, desde la perspectiva actual, el caso puede ser considerado así. Su respuesta fue tajante: "Para nada".
El abogado sostuvo que, de acuerdo con la hipótesis psiquiátrica sobre la que se construyó la defensa, Barreda no habría actuado motivado por el hecho de que sus víctimas fueran mujeres. "Él no mata por ser mujer", afirmó Gliemmo, quien sostuvo que el supuesto delirio podría haberse proyectado sobre otros integrantes de su entorno familiar o incluso sobre hombres.
El destino de la vivienda donde ocurrieron los crímenes y la cuestión sucesoria, también fueron tema de la entrevista. Gliemmo explicó que Barreda perdió los derechos hereditarios sobre los bienes de su esposa a partir de la condena. Según recordó, la propiedad terminó en manos del Estado y posteriormente existieron proyectos vinculados con un espacio de memoria y asistencia a víctimas de violencia de género.
El abogado aclaró que nunca ingresó a la casa después de los homicidios y que tampoco tuvo interés en hacerlo. "Nos enfocamos pura y exclusivamente en la parte profesional", explicó.
Con el paso de las décadas, Gliemmo reconoce que su perspectiva personal también cambió y admite que no se ve actualmente asumiendo un caso de esas características. Incluso mencionó que tiene dos hijas y una esposa y que la sensibilidad social frente a los femicidios modificó el modo en que observa estos hechos.
Sin embargo, hizo una salvedad: si volviera a encontrarse con un caso en el que estuviera convencido, con respaldo profesional, de que el acusado padece un trastorno psiquiátrico que determina su inimputabilidad, sí asumiría la defensa. "Va a ser difícil encontrar otro caso como este", concluyó.