Debido a la cuarentena, sin dudas que la vida de la mayoría de las personas ha cambiado bruscamente y las consecuencias del encierro empiezan a manifestarse.
Debido a la cuarentena, sin dudas que la vida de la mayoría de las personas ha cambiado bruscamente y las consecuencias del encierro empiezan a manifestarse.
A medida que varios lugares del mundo anunciaban bloqueos, muchos preguntaban en redes sociales si eran los únicos que tenían sueños extraños y pesadillas.

Una discusión por el temario cambió el rumbo de la sesión y permitió que María Verónica Michelli reuniera apoyo del PJ, la UCR y del PRO para ser jueza federal.
El FMI destacó avances en la estabilización, valoró la baja inflacionaria y remarcó la necesidad de sostener cambios estructurales para las cuentas públicas.
Una reciente “encuesta de sueños” realizada por Deirdre Leigh Barrett, profesora asistente de psicología en la Escuela de Medicina de Harvard, parece confirmar que la incidencia de sueños vívidos ha aumentado a medida que el virus se ha extendido por todo el mundo.
Los estudios han demostrado que eventos como el 11 de septiembre cambiaron la forma en que las personas soñaron durante un tiempo, haciendo que sus sueños fueran más intensos y memorables en los días posteriores a los ataques. Parece factible que la pandemia de coronavirus, que ha impactado personalmente a casi todos en la Tierra, pueda tener un impacto similar.
Sin embargo, descifrar cómo y por qué eventos como estos afectan nuestros sueños es difícil. A pesar del gran interés popular en el tema, la ciencia todavía comprende muy poco el soñar. Sabemos que nuestros cerebros usan el sueño para codificar recuerdos a largo plazo, y también sabemos que los sueños son parte de este proceso o un subproducto del mismo.
Algo que podemos decir con certeza es que la actual crisis de coronavirus ha provocado una gran cantidad de estrés y ansiedad para millones de personas. La investigación ha demostrado que el aumento de la ansiedad durante el día puede conducir a un contenido más negativo en los sueños. Estos estudios sugieren que nuestros sueños son sensibles a nuestros entornos sociales durante el día.
“En el actual estado de cuarentena, con la amenaza del nuevo COVID-19 que asecha y tantas otras preocupaciones cotidianas e inseguridades acerca del futuro, las personas se encuentran en un estado de alerta permanente y con una angustia constante que afecta, entre otras cosas, la función del dormir y el descanso”, explicó en diálogo con Infobae la psicoanalista Agustina Fernández, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
“Las ‘pesadillas’, como se las suele denominar, son un fenómeno bien actual en este contexto de aislamiento social y de alerta constante. Freud los llamaba ‘sueños de angustia’. Más allá de las temáticas y los personajes que se pongan en juego, estos sueños tienen algunas características comunes. Suelen producir en el soñante una sensación muy vívida donde lo soñado parece real. Y los sujetos se despiertan con mucha angustia, pudiendo presentar palpitaciones, ahogo, grito o llanto. Entender qué expresan sólo es posible en su consideración caso por caso”, aseveró.
Según un estudio en curso que el Centro de Investigación de Neurociencia de Lyon en Francia inició en marzo, la pandemia de coronavirus ha provocado un aumento del 35% en el recuerdo de los sueños entre los participantes, y los encuestados informaron un 15% por ciento más de sueños negativos de lo habitual. Un estudio diferente promovido por la Asociación Italiana de Medicina del Sonno (Asociación Italiana de Medicina del Sueño) está analizando los sueños de los italianos confinados durante el brote. Muchos de los sujetos experimentan pesadillas y parasomnias en línea con los síntomas del trastorno de estrés postraumático.
Reducir o restringir las fuentes de los recuerdos cotidianos, al estar atrapado solo en cuarentena, puede limitar el contenido de los sueños o hacer que el subconsciente busque recuerdos más profundos. Puede parecer obvio, pero los investigadores finlandeses han respaldado científicamente la noción de que la tranquilidad mental conduce a un “efecto de sueño positivo”, en el que los soñadores se sienten bien con lo que sucede en sus sueños. La ansiedad, por el contrario, está relacionada con el “afecto negativo de los sueños”, según muestran los datos, lo que resulta en sueños que son atemorizantes o perturbadores.