Marcelo Eduardo Martini tiene 69 años de edad y fue uno de los primeros fiscales de la provincia de Buenos Aires en asumir ese cargo cuando el 1 de octubre de 1998 se puso en marcha en nuevo sistema judicial acusatorio que llega hasta nuestros días. El 1 de enero de 2020 lo encontró en plena actividad. A las 9 de la mañana de ese jornada tuvo que ir a Barrio Hipódromo por el crimen de Jorge Pecchiari (77), fusilado de un disparo en el pecho. Por la tarde detuvo a uno de los sospechosos.
Esa misma noche, cuando todo parecía calmarse, otra vez el horror pero potenciado. El nombre de este ferviente hincha de Gimnasia y Esgrima La Plata, en los últimos días, estuvo en cadena nacional tras el hallazgo de los tres cuerpos en una vivienda de Melchor Romero que durante una semana acaparó la atención de la opinión pública nacional con foco en la ciudad de La Plata. Pero no es el primero de los casos resonantes en los que le tocó intervenir.
En el año 2003 tuvo a su cargo el expediente en el que se investigó un millonario robo de insumos médicos dentro del Hospital de Niños de La Plata, donde fueron detenidos y procesados, al menos tres médicos y una empleada infiel del nosocomio infantil.
En su destacada trayectoria se anotan la resolución del femicidio de Marcela Escamochero, asesinada por su marido Leonardo Crespo, condenado a 22 años de prisión; el femicidio de la nutricionista Ana María Rossi, asesinada por su amante Agustín Arrien; el crimen del joven Darián Barzábal, asesinado a bordo de un patrullero de la seccional de Los Hornos y la investigación por sobornos policiales en la Jefatura Departamental de La Plata.

Todas estas causas terminaron con duras condenas para los acusados. Más allá de los plazos que establece el Código Procesal Penal de la provincia de Buenos Aires, este fiscal tiene como patrón de gestión solicitar la prisión preventiva y le requisitoria de juicio oral en el mismo acto procesal, siempre y cuando las evidencias se lo permitan. Esto enoja mucho a las defensas quienes consideran que se acota el rol de esa parte y la producción de prueba de descargo queda todo en la etapa de instrucción suplementaria.

Pese a estas quejas lo concreto es que este funcionario tiene una alta tasa de efectividad, a tal punto que en el año 2014 se lo mencionó como posible Procurador General de la provincia de Buenos Aires. Su baja exposición, alejado de los escándalos, y de pocas palabras a medios de comunicación lo ayudaron a construir un perfil moderado que es muy bien receptado en los palacio de la política y el poder donde se terminan de definir los cargos judiciales en la provincia de Buenos Aires. Pero la llegada de Cambiemos a la administración bonaerense desplazó esa posibilidad con la designación del actual jefe fiscales, el vidalista Julio Marcelo Conte Grand.

En la columna de deudas, Martini tiene grabado la impunidad en el crimen de Marcela Aravena, quien en el año 2001 fue ejecutada de un tiro en la nuca en el departamento que compartía con su hermana Nora en calle 15 entre 58 y 59. También varias investigaciones a personal policial sospechado de graves delitos que no avanzaban porque el entonces juez de Garantías de La Plata, César Melazo (hoy detenido con prisión preventiva firme), no hacía lugar a las medidas de prueba solicitadas y las pesquisas caían en saco roto.
En la actualidad tiene bajo su instrucción la búsqueda del cuerpo o restos de Miguel Bru, el estudiante de Periodismo desaparecido en La Plata en el año 1993 y que su caso marcó un hito en la historia penal del país, ya que se condenó a policías por homicidio sin tener el cuerpo de la víctima como prueba.

En esta causa Martini inspeccionó con georadar toda la comisaría Novena de La Plata (ubicada en 5 y 59) donde Bru fue visto vivo por última vez y apagó su vida luego de una prolongada y dolora sesión de torturas. También revisó pajonales y fábricas abandonadas en Berisso, pero con resultados negativos.
Martini está cerca de la jubilación (hace tres años que anuncia su retiro) pero lejos de los campos de fútbol donde solía despegar con sus furibundos ataques por la banda derecha donde se desempeñaba como wing, aunque algunos lo recuerdan como “lento y pesado”, un perfil muy alejado de su gestión como fiscal.