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Penitenciarias, tránsito y estudio: las historias detrás de las Pinchas

A menos de un mes del comienzo del torneo con el que se inicia la era profesional, las jugadoras de Estudiantes hablaron de sus inicios en el deporte, los estereotipos que derribaron y cómo complementan su vida con el fútbol. Los relatos de un plantel que sueña con jugar con 1 y 57 y que ya palpita el clásico con las Triperas.

“Ya en el secundario me decían de todo. Marimacho o nene directamente, que el fútbol era solamente para varones o andá con los varones”. No pasó tanto tiempo desde que Berenice Bonnot, una de las delanteras de Estudiantes, recibió ese tipo de comentarios. Tiene 17 años y comenzó a jugar entre los 14 y 15 junto a Fiorella, su hermana gemela. Ambas están en el equipo de Primera División, que viene de protagonizar varios acontecimientos clave para la disciplina y que en pocas semanas sumará un capítulo histórico: serán uno de los que dispute la flamante Liga Profesional

El torneo arranca el 7 de septiembre y las chicas se ponen a punto. Al mando de Gustavo Pérez -que se hizo cargo del conjunto en reemplazo de Pablo Pastor-, el plantel se entrena cuatro veces por semana en el Country de City Bell, entre el polideportivo, uno de los predios de césped sintético o el lugar que les asignen. Antes era llegar y preguntar si había cancha o rasparse en una de tierra llena de pozos.

La última temporada empezó complicada para el equipo albirrojo. De las titulares que levantaron el bidón por la Copa de Plata habían quedado ocho, el resto eran todas nuevas. Fue conocerse y adaptarse hasta consolidar el grupo, donde las edades son variadas. En la segunda etapa lograron mantener la categoría, ganaron siete partidos consecutivos y quedaron primeras en la zona de permanencia.  

Entre la conquista de la profesionalización y el Mundial de Francia, el fútbol femenino viene logrando cada vez más visibilidad, de la mano del movimiento feminista. En este camino, las Leonas también marcan el rumbo. Cuentan con Bettina Stagñares, una referente histórica como secretaria de la disciplina, también tuvieron a dos jugadoras -Micaela Sandoval y Laura Andrade- como alcanzapelotas en un partido de la Primera masculina ante Boca y jugaron el preliminar ante Rosario Central en el Gigante de Arroyito. Y van por más.

*-*-*

Carolina Morcillo tiene 28 y cursa el profesorado de Historia. Llegó hace un año al Pincha, luego de pasar por otros clubes. De hecho, sus inicios en este deporte se remontan a cuando tenía 11 y, claro, tenía que jugar con varones porque no existían las escuelitas de fútbol femenino. “Había dos o tres chicas nomás y no nos pasaban la pelota. Compartíamos baño con las de patín y una vez nos dijeron por qué no íbamos al baño de hombres. Eso fue hace como 10 años, no estaba bien visto en ese momento”, relata a 0221.com.ar.

A Leticia Reichman no la marcó que la tildaran de “marimacho”. Siempre contó con el apoyo de su familia y empezó de chica con sus hermanos. “Nunca me dijeron que no podía jugar. Insultos y falta de respeto sí, más cuando sos chica. Creo que me han insultado más por la fisonomía que por jugar al fútbol”, dice.

La arquera de 37 años, hace 7 que está en AFA y trabaja en el Servicio Penitenciario, al que ingresó hace casi dos décadas. Es jefa de personal en la Unidad 34 de Melchor Romero, donde cumple ocho horas. No es la única que conjuga lo deportivo con lo laboral. Giovanna Dell’ Osso llegó de Pergamino a La Plata para estudiar en la UNLP y es la otra “gorra” del plantel: es agente de tránsito. Hay veces que va a entrenar con el uniforme que le dio la Secretaría de Convivencia y Control Ciudadano de la Municipalidad.

Las gemelas Bonnot van al colegio San Cayetano y eligieron el turno mañana para tener la tarde libre para las prácticas en el Country. Carolina, a las corridas: sale de cursar a las 14 y aparece con el tiempo justo en el predio de 462 y 28.

Julieta Lema es una de las goleadoras del Pincha. Jugaba en Villa San Carlos y después de un clásico con el equipo de Berisso, el DT Pablo Pastor la convenció para que se cruzara de vereda. “Aproveché que la mayoría se pasó a Gimnasia y me vine para acá”, reconoce entre risas la estudiante de Educación Física de 18 años.

Las pibas van al piso y raspan, se corren todo. Pero también tiran lujos, cuidan la pelota y bajan a ayudar en la defensa. Gambetean los estereotipos, los prejuicios que quisieron imponerles cuando recién se iniciaban. “Nos creen como más débil o gastan a otro diciendo ‘esa juega mejor que vos’. Lo tomo como un desprecio a la persona. Por hacer jueguito no significa que juegue mejor, ni por ser hombre vas a jugar mejor”, remarca Fiorella.

“Jugá despacio porque son nenas, pasale la pelota para que se dejen de joder”, son otras frases que escucharon las hermanas. En uno de los clubes por los que pasaron llegaron a decirles que tenían que estar lavando los platos. Pero no les importó.  

*-*-*

En Estudiantes aún no definieron cuántas jugadoras firmarán contratos profesionales. Nunca pagaron cuota social -sí tienen una interna- y desde hace años que no ponen dinero de su bolsillo para pagar los traslados, la ambulancia, la cancha y la policía de cada partido. De eso se encarga el club, al igual que de brindarles la indumentaria para entrenar, jugar y de salida. Además, cuentan con algunos sponsors propios.

En principio la institución haría ocho contratos, el mínimo requerido por la Asociación del Fútbol Argentino. Si bien las deportistas vienen teniendo reuniones internas para charlar el tema, están “más preocupadas” por entrenar y ansiosas por cómo se define la lista definitiva del plantel.

Según lo que acordó, la AFA se encargará de transferir 120 mil pesos de manera mensual a cada uno de los 17 clubes de Primera, con el objetivo de costear los ocho contratos mínimos. El régimen será similar al de la Primera C masculina e ingresarán dentro del Convenio Colectivo de Trabajo bajo el cual ya están enmarcados los varones de las primeras tres categorías del fútbol argentino. Así, en Boca ya confirmaron la profesionalización de todo su plantel, en River se hicieron 18 contratos y en San Lorenzo 15.

*-*-*

“No siendo hincha, te genera igual una cosa acá. Como qué sería jugar acá. El entrar ahí te emociona. El ser nuevo, escucharlas a ellas, que son hinchas, te llega”, reconoce Giovanna, que hace unas semanas recorrió el renovado estadio Jorge Luis Hirshchi junto a sus compañeras.

A casi 90 días de la reinauguración, las Pinchas se ilusionan con poder defender la camiseta roja y blanca en 1 y 57. “Estamos mangueando de todos lados: ‘Che, cuándo nos van a dar la cancha’. Se supone que lo van a hacer”, dice Julieta.

Y lo que realmente las desvela es el clásico con Gimnasia, que acaba de ascender. Todavía no tiene fecha: el fixture se sorteará el 22 de agosto en el predio de Ezeiza. De todas formas, ya lo palpitan.

“Va a estar picante. Lo soñé tres veces”, confiesa Julieta. Y Leticia refuerza la idea sobre el derby: “Hay amistades, pero el día del partido es a cara de perro”. 

Mientras se intenta saldar parte de la deuda histórica con las disciplinas femeninas frente a tanta ausencia, las jugadoras de Estudiantes siguen pateando, trabando, volteando barreras y ganando espacio. Por ellas y por las que vendrán, porque al fútbol ya no se lo piensa sin las mujeres ni las disidencias.

A menos de un mes del comienzo del torneo con el que se inicia la era profesional, las jugadoras de Estudiantes hablaron de sus inicios en el deporte, los estereotipos que derribaron y cómo complementan su vida con el fútbol. Los relatos de un plantel que sueña con jugar con 1 y 57 y que ya palpita el clásico con las Triperas.

18 de agosto de 2019

“Ya en el secundario me decían de todo. Marimacho o nene directamente, que el fútbol era solamente para varones o andá con los varones”. No pasó tanto tiempo desde que Berenice Bonnot, una de las delanteras de Estudiantes, recibió ese tipo de comentarios. Tiene 17 años y comenzó a jugar entre los 14 y 15 junto a Fiorella, su hermana gemela. Ambas están en el equipo de Primera División, que viene de protagonizar varios acontecimientos clave para la disciplina y que en pocas semanas sumará un capítulo histórico: serán uno de los que dispute la flamante Liga Profesional

El torneo arranca el 7 de septiembre y las chicas se ponen a punto. Al mando de Gustavo Pérez -que se hizo cargo del conjunto en reemplazo de Pablo Pastor-, el plantel se entrena cuatro veces por semana en el Country de City Bell, entre el polideportivo, uno de los predios de césped sintético o el lugar que les asignen. Antes era llegar y preguntar si había cancha o rasparse en una de tierra llena de pozos.

La última temporada empezó complicada para el equipo albirrojo. De las titulares que levantaron el bidón por la Copa de Plata habían quedado ocho, el resto eran todas nuevas. Fue conocerse y adaptarse hasta consolidar el grupo, donde las edades son variadas. En la segunda etapa lograron mantener la categoría, ganaron siete partidos consecutivos y quedaron primeras en la zona de permanencia.  

Entre la conquista de la profesionalización y el Mundial de Francia, el fútbol femenino viene logrando cada vez más visibilidad, de la mano del movimiento feminista. En este camino, las Leonas también marcan el rumbo. Cuentan con Bettina Stagñares, una referente histórica como secretaria de la disciplina, también tuvieron a dos jugadoras -Micaela Sandoval y Laura Andrade- como alcanzapelotas en un partido de la Primera masculina ante Boca y jugaron el preliminar ante Rosario Central en el Gigante de Arroyito. Y van por más.

*-*-*

Carolina Morcillo tiene 28 y cursa el profesorado de Historia. Llegó hace un año al Pincha, luego de pasar por otros clubes. De hecho, sus inicios en este deporte se remontan a cuando tenía 11 y, claro, tenía que jugar con varones porque no existían las escuelitas de fútbol femenino. “Había dos o tres chicas nomás y no nos pasaban la pelota. Compartíamos baño con las de patín y una vez nos dijeron por qué no íbamos al baño de hombres. Eso fue hace como 10 años, no estaba bien visto en ese momento”, relata a 0221.com.ar.

A Leticia Reichman no la marcó que la tildaran de “marimacho”. Siempre contó con el apoyo de su familia y empezó de chica con sus hermanos. “Nunca me dijeron que no podía jugar. Insultos y falta de respeto sí, más cuando sos chica. Creo que me han insultado más por la fisonomía que por jugar al fútbol”, dice.

La arquera de 37 años, hace 7 que está en AFA y trabaja en el Servicio Penitenciario, al que ingresó hace casi dos décadas. Es jefa de personal en la Unidad 34 de Melchor Romero, donde cumple ocho horas. No es la única que conjuga lo deportivo con lo laboral. Giovanna Dell’ Osso llegó de Pergamino a La Plata para estudiar en la UNLP y es la otra “gorra” del plantel: es agente de tránsito. Hay veces que va a entrenar con el uniforme que le dio la Secretaría de Convivencia y Control Ciudadano de la Municipalidad.

Las gemelas Bonnot van al colegio San Cayetano y eligieron el turno mañana para tener la tarde libre para las prácticas en el Country. Carolina, a las corridas: sale de cursar a las 14 y aparece con el tiempo justo en el predio de 462 y 28.

Julieta Lema es una de las goleadoras del Pincha. Jugaba en Villa San Carlos y después de un clásico con el equipo de Berisso, el DT Pablo Pastor la convenció para que se cruzara de vereda. “Aproveché que la mayoría se pasó a Gimnasia y me vine para acá”, reconoce entre risas la estudiante de Educación Física de 18 años.

Las pibas van al piso y raspan, se corren todo. Pero también tiran lujos, cuidan la pelota y bajan a ayudar en la defensa. Gambetean los estereotipos, los prejuicios que quisieron imponerles cuando recién se iniciaban. “Nos creen como más débil o gastan a otro diciendo ‘esa juega mejor que vos’. Lo tomo como un desprecio a la persona. Por hacer jueguito no significa que juegue mejor, ni por ser hombre vas a jugar mejor”, remarca Fiorella.

“Jugá despacio porque son nenas, pasale la pelota para que se dejen de joder”, son otras frases que escucharon las hermanas. En uno de los clubes por los que pasaron llegaron a decirles que tenían que estar lavando los platos. Pero no les importó.  

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En Estudiantes aún no definieron cuántas jugadoras firmarán contratos profesionales. Nunca pagaron cuota social -sí tienen una interna- y desde hace años que no ponen dinero de su bolsillo para pagar los traslados, la ambulancia, la cancha y la policía de cada partido. De eso se encarga el club, al igual que de brindarles la indumentaria para entrenar, jugar y de salida. Además, cuentan con algunos sponsors propios.

En principio la institución haría ocho contratos, el mínimo requerido por la Asociación del Fútbol Argentino. Si bien las deportistas vienen teniendo reuniones internas para charlar el tema, están “más preocupadas” por entrenar y ansiosas por cómo se define la lista definitiva del plantel.

Según lo que acordó, la AFA se encargará de transferir 120 mil pesos de manera mensual a cada uno de los 17 clubes de Primera, con el objetivo de costear los ocho contratos mínimos. El régimen será similar al de la Primera C masculina e ingresarán dentro del Convenio Colectivo de Trabajo bajo el cual ya están enmarcados los varones de las primeras tres categorías del fútbol argentino. Así, en Boca ya confirmaron la profesionalización de todo su plantel, en River se hicieron 18 contratos y en San Lorenzo 15.

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“No siendo hincha, te genera igual una cosa acá. Como qué sería jugar acá. El entrar ahí te emociona. El ser nuevo, escucharlas a ellas, que son hinchas, te llega”, reconoce Giovanna, que hace unas semanas recorrió el renovado estadio Jorge Luis Hirshchi junto a sus compañeras.

A casi 90 días de la reinauguración, las Pinchas se ilusionan con poder defender la camiseta roja y blanca en 1 y 57. “Estamos mangueando de todos lados: ‘Che, cuándo nos van a dar la cancha’. Se supone que lo van a hacer”, dice Julieta.

Y lo que realmente las desvela es el clásico con Gimnasia, que acaba de ascender. Todavía no tiene fecha: el fixture se sorteará el 22 de agosto en el predio de Ezeiza. De todas formas, ya lo palpitan.

“Va a estar picante. Lo soñé tres veces”, confiesa Julieta. Y Leticia refuerza la idea sobre el derby: “Hay amistades, pero el día del partido es a cara de perro”. 

Mientras se intenta saldar parte de la deuda histórica con las disciplinas femeninas frente a tanta ausencia, las jugadoras de Estudiantes siguen pateando, trabando, volteando barreras y ganando espacio. Por ellas y por las que vendrán, porque al fútbol ya no se lo piensa sin las mujeres ni las disidencias.

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A menos de un mes del comienzo del torneo con el que se inicia la era profesional, las jugadoras de Estudiantes hablaron de sus inicios en el deporte, los estereotipos que derribaron y cómo complementan su vida con el fútbol. Los relatos de un plantel que sueña con jugar con 1 y 57 y que ya palpita el clásico con las Triperas.