A menos de un mes de nacer, a 0221.com.ar le tocaba relatar historias tristes de nuestra ciudad que tenían como protagonistas a personajes reconocidos y de mucha trayectoria. Carloncho es uno de los ejemplos: hace exactamente un año anunciaba que lo desalojaban de su tradicional pizzería en plaza Rocha y quedaba a la deriva. "Yo creía que me iba a ayudar mucha gente pero no recibí ningún tipo de ayuda de nadie. En los momentos más difíciles, la gente se esconde", relataba totalmente acongojado.
El cierre de la histórica pizzería se produjo después de 38 años. Su mentor, Carlos Alberto Barrese, estaba destruido. "He hecho mucha amistad y hoy me siento defraudado, porque yo creía que tenía 1 millón de amigos y hoy me doy cuenta que tengo 1 millón de enemigos", relataba con mucha tristeza en diálogo con este portal.
"Yo creía que me iba a ayudar mucha gente, al ser tan conocido en La Plata. No recibí ningún tipo de ayuda de nadie. En los momentos más difíciles, la gente se esconde. Me siento defraudado, porque yo hice mucho bien a la gente que no tenía nada, y ellos ya al saber que yo me iba de acá, empezaron a dejar de venir, para no sentirse comprometidos en nada", contaba aquella mañana de lluvia de 2018.

El pizzero de 80 años las pasó todas: alejado de sus padres, vivió los primeros 20 años de vida en distintos orfanatos. Luego pasó la siguiente década preso por robo -en la Novena, la Primera, Devoto, Caseros y Ezeiza- hasta que se exilió en Estados Unidos y terminó viajando por el mundo con un pasaporte falsificado, como portorriqueño: paseó por Bélgica, Italia, Francia, España, Noruega, Israel y África. Antes había vivido bajo el puente de Brooklyn rodeado de gente sin techo y comiendo de la basura.
Su relación con la moozzarella comenzó allá en Nueva York, en una esquina entre la calle 42 y la 7ma avenida, en donde aprendió el oficio de pizzero y se lo trajo a la ciudad de las diagonales. Desde mayo del año pasado tuvo que dejar de atender su histórico local.