La historia de Cecilia y Enrique Sztelmak, dos hermanos platenses que residen en la localidad de City Bell, está marcada a fuego por el horror. No solo debieron transitar un episodio tan doloroso como la muerte de una madre, sino que tampoco pudieron despedirla en paz y como lo merecía.
Los hechos se remontan al pasado jueves 21 de febrero, cuando Dora Galli, de 81 años, falleció en su casa como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio. "Hacía dos años y medio que estaba con internación domiciliaria por problemas de corazón. Tenía colocado un marcapasos además de otros problemas en la columna y los huesos, pero nada que ameritara lo que vimos después", contó Cecilia.
Tras entrar en paro, los médicos de SUM acudieron a la emergencia y le realizaron las tareas de reanimación correspondiente, pero no pudieron salvarle la vida. De ahí en adelante, lo que se consideraría un procedimiento de rutina, se transformó en una verdadera pesadilla para la familia.
"Llamamos a su médico de cabecera pero, como está jubilado y ya no tiene matrícula, no pudo firmar el certificado de defunción. Después, nos comunicamos con la funeraria Betti porque nos quedaba cerca de casa. Ellos nos ofrecieron el servicio de un médico para el certificado, evitando así la denuncia a la Policía y la Morgue", continuó.
Según los Sztelmak, la casa velatoria se encargó de crear el contacto con el profesional que, minutos más tarde, se apersonó en la vivienda de la familia: "Él vino, revisó el cuerpo, hizo el certificado y se fue", indicaron. Desde ese momento hasta las 17, Dora permaneció en su cama hasta la llegada de los empleados de la empresa.

"Vinieron dos chicos jóvenes, uno flaco y otro más robusto. Lo primero que nos dijeron fue: ‘¿Ustedes avisaron cuál era el tamaño de la persona? No sé cómo vamos a hacer porque en la camilla no entra’. Un rato antes había estado un representante de Betti para hacer el papeleo y el médico que ellos enviaron. Ambos la vieron. Lo que menos pensé fue en llamar para avisarles que mi mamá era obesa", explicó la mujer en medio de una inmensa bronca.
Enrique, por otra parte, contó que el cuerpo de Dora fue colocado en la camilla con ayuda de un elevador que utilizaban para cambiarla e higienizarla: "Lo hicimos entre el marido de la cuidadora, el hijo de una amiga, mi novia y yo. Los empleados de la funeraria no sabían qué hacer".

Sin embargo, al ver la posición en la que había quedado dentro de la ambulancia y la poca confianza que le inspiraba, el hombre se ofreció a acompañarlos: "Me dijeron que no hacía falta. Yo supongo que de ahí en adelante comenzó la desgracia. Donde doblaron se les cayó, por los golpes que tuvo y la herida en la cabeza. Y para mí no se les cayó una sino un par de veces. Nunca nos dijeron que la habían llevado a la sede que está en La Plata. En City Bell solamente hay sala velatoria, no tienen los elementos para acondicionar un cadáver".
Sin saber lo que estaba sucediendo, la familia de Dora se congregó en la funeraria de Camino Centenario y 464 para despedir sus restos; sin embargo, una empleada del lugar les avisó que la preparación del servicio se había demorado. "No solo eso sino que nos ofrecieron despedirnos, cerrar el cajón y velarla a cajón cerrado porque estaba perdiendo líquido", contaron.

En ese momento, extrañado por la situación, Enrique se dirigió a la sala donde se encontraba su madre: "De movida me llamó la atención que tenía como un turbante que le tapaba la frente y un hilito de sangre en la comisura de la boca". Pero lo que vino después los dejó sin palabras: "A uno de los pies le faltaba una uña y un pedazo de dedo. Había una mancha grande de sangre en el cajón. Tenía un tajo en la cabeza, detrás de la oreja. El deterioro iba in crescendo, por eso querían cerrar el cajón y hacerlo rápido", explicaron.
Horrorizado, el hombre acudió a la comisaría Décima para denunciar lo que acababa de presenciar. Inmediatamente, los efectivos de la seccional se comunicaron con la UFI N° 16, al mando del fiscal Juan Cruz Condomí Alcorta, y se dispuso el trabajo de los peritos de la Policía Científica para recavar la mayor cantidad de evidencia posible.

En este contexto, las autoridades también citaron al médico que expidió el certificado de defunción: "Cuando vio el estado del cuerpo se le transformó la cara", explicó Cecilia. "No lo podía creer; nosotros le preguntamos qué iba a declarar y nos dijo que todo lo que había visto. También, nos aseguró que iba a solicitar la autopsia porque no había podido revisar su espalda en la casa funeraria", completó.
Tras la denuncia, 0221.com.ar se comunicó con Casa Betti para conocer la postura de la empresa en torno al hecho, pero prefirieron no brindar información al respecto. Por su parte, Enrique, lamentó la situación y, en medio de un inmenso dolor, aseguró: "Me hubiese gustado cumplir su deseo de ser cremada y descansar al lado de su madre, pero no pude por estos sinvergüenzas. Yo lo hubiese hecho de todas formas si ellos me decían: 'Mire maestro, se me desfondó el cajón' o lo que sea. Pero no quieras taparlo sabiendo que los golpes que tenía ya se estaban empezando a manifestar".
Finalmente, Cecilia, determinada a ir hasta las últimas consecuencias, aseguró: "Nuestra idea es que la causa penal vaya a fondo. Para la Justicia, no se trata de un episodio de 'lesiones' sino de 'daños' ya que, al no ser una persona viva, se le da entidad de cosa. Pero queremos que se sepa qué fue lo que realmente pasó y que se conozca la verdad para que nadie más lo sufra".