martes 31 de marzo de 2026

En Primera, profesionalización y clásico: año histórico del fútbol femenino platense

Estudiantes y Gimnasia son protagonistas del primer torneo de la era profesional, que también arrancó en la capital bonaerense. Los inicios, los estereotipos que derribaron y los desafíos de los planteles que ya jugaron el derby.

Un año bisagra para el fútbol femenino. Y La Plata fue protagonista de la mano de Estudiantes y Gimnasia, que participan del torneo con el que se inició el profesionalismo. Con largo recorrido en la disciplina, las jugadoras protagonizaron acontecimientos clave para la disciplina en sus instituciones, firmaron los primeros contratos y ya disputaron el primer clásico platense de la nueva era: un partidazo que terminó en empate.

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LA MANADA

“Una vez me invitaron a un fútbol 5 unos compañeros, les faltaba uno. Y el otro equipo dijo que no a jugar si había una mujer. Cuestión que fuimos y no jugaron. Obviamente que te sentís mal, ahí te das cuenta de la cabeza que tienen los hombres”. La que habla es Dolores Schodlbauer, la lateral de 19 años que arrancó en la Liga Amateur de Fútbol. Practicó tres años fútbol 7 y seis meses en cancha de 11 hasta que quedó en Gimnasia.

La historia de Lola se replica en varias de sus compañeras. Las pibas que tuvieron que aguantar que las llamaran “marimacho”, además de miradas y cuestionamientos por elegir un “deporte de hombres”. Agustina Maturano tiene 17 y es una de las más chicas del plantel: también soportó comentarios similares. “Decían ‘cómo te va a pasar una chica, cómo te va a gambetear’”, cuenta la adolescente que cursa el último año del secundario en el Colegio del Carmen.

Después de varios meses fuera de las canchas por una lesión ligamentaria, Pilar Reina recibió el alta médica. Fue el pasado 3 de junio, el día del aniversario de club. “Si bien siempre me gustó jugar al fútbol y quise ir a un club, a mis papás no les copaba mucho la idea, me mandaron a hockey porque tenía botines. Duré seis años”, recuerda la delantera de 22 años.

“Lo sufrió más mí vieja porque otras madres le decían ‘te parece comprarle botines a tu nena’, ‘por qué no la mandas a baile’", agrega Lucía Guiñazú, la extremo por derecha de 20 años que fue la cara de la campaña de “Historia”, la camiseta oficial de Gimnasia que ellas estrenaron antes que el conjunto masculino, un episodio inédito.

Muchas se enamoraron de la pelota en el barrio, con sus familiares, en unas vacaciones en la playa o por haber tenido la suerte de cruzarse con un entrenador que les preguntara si querían jugar con varones. Desde ahí no pararon. Derribaron los prejuicios y mandatos sociales sobre las actividades que se “esperan” para una chica.

La mayoría de las jugadoras arribó desde Villa San Carlos, el equipo de Berisso que conducía Mauro Córdoba, el DT que a fines de julio del año pasado desembarcó en el Lobo, en la vuelta del fútbol femenino albiazul. Otras quedaron en las pruebas que hizo el club y una tanda llegó de Estudiantes. “Ni bien armó fútbol femenino Gimnasia me pasé porque soy hincha”, resalta Milagros Oliver, la volante central de 23 años que estudia Educación Física.

Fue un año revolucionario para Gimnasia. A mediados de julio las autoridades anunciaron el regreso de la disciplina y en cuestión de pocos meses estrenaron la camiseta oficial -antes que el conjunto masculino-, jugaron en el Bosque ante más de 6000 personas, salieron campeonas de la B y lograron el ascenso. Un camino frenético que las dejó en la historia del Lobo y que también implicó derribar estereotipos de género, cuestionamientos familiares, de compañeros o del barrio: todo para seguir su deseo de jugar a la pelota.

“Es una alegría enorme. Juego desde muy chica, empecé a los 5”. A Milagros Díaz, la capitana, no se le borraba la sonrisa de la cara. Acababa de quedar en la historia del club: fue la primera del plantel en firmar su contrato como jugadora profesional. Después hicieron lo mismo ocho de sus compañeras, en una ceremonia cargada de emoción en la sede social de calle 4. Además de la chica de 19 años, también pusieron el gancho Florencia Sánchez, Julieta Blanco, Mercedes Carlini, Agustina Maturano, Lali Esquivel, Lucía Guiñazú, Ailín Franzante y Milagros Oliver.

Aunque el profesionalismo recién comienza, el salto es importante. Como en casi todos los clubes, muchas de las jugadoras albiazules complementan su vida deportiva con el ámbito laboral y el académico: hay abogadas, una geóloga y “detodista”, estudiantes de educación física y una de ellas está terminando el Secundario. No dejan de perseguir su sueño, pero también tienen que solventar sus gastos.

LAS PINCHAS

“Ya en el secundario me decían de todo. Marimacho o nene directamente, que el fútbol era solamente para varones o andá con los varones”. No pasó tanto tiempo desde que Berenice Bonnot, una de las delanteras de Estudiantes, recibió ese tipo de comentarios. Tiene 17 años y comenzó a jugar entre los 14 y 15 junto a Fiorella, su hermana gemela. Ambas están en el equipo de Primera División, que viene de protagonizar varios acontecimientos trascendentales para la disciplina.

La última temporada empezó complicada para el equipo albirrojo. De las titulares que levantaron el bidón por la Copa de Plata habían quedado ocho, el resto eran todas nuevas. Fue conocerse y adaptarse hasta consolidar el grupo, donde las edades son variadas. En la segunda etapa lograron mantener la categoría, ganaron siete partidos consecutivos y quedaron primeras en la zona de permanencia.

Entre la conquista de la profesionalización y el Mundial de Francia, el fútbol femenino viene logrando cada vez más visibilidad, de la mano del movimiento feminista. En este camino, las Leonas también marcan el rumbo. Cuentan con Bettina Stagñares, una referente histórica como secretaria de la disciplina, también tuvieron a dos jugadoras -Micaela Sandoval y Laura Andrade- como alcanzapelotas en un partido de la Primera masculina ante Boca y jugaron el preliminar ante Rosario Central en el Gigante de Arroyito. Y las dirigidas por Gustavo Pérez van por más.

A Leticia Reichman no la marcó que la tildaran de “marimacho”. Siempre contó con el apoyo de su familia y empezó de chica con sus hermanos. “Nunca me dijeron que no podía jugar. Insultos y falta de respeto sí, más cuando sos chica. Creo que me han insultado más por la fisonomía que por jugar al fútbol”, dice.

La arquera de 37 años, hace 7 que está en AFA y trabaja en el Servicio Penitenciario, al que ingresó hace casi dos décadas. Es jefa de personal en la Unidad 34 de Melchor Romero, donde cumple ocho horas. No es la única que conjuga lo deportivo con lo laboral. Giovanna Dell’ Osso llegó de Pergamino a La Plata para estudiar en la UNLP y es la otra “gorra” del plantel: es agente de tránsito. Hay veces que va a entrenar con el uniforme que le dio la Secretaría de Convivencia y Control Ciudadano de la Municipalidad.

Julieta Lema es una de las goleadoras del Pincha. Jugaba en Villa San Carlos y después de un clásico con el equipo de Berisso, el DT Pablo Pastor la convenció para que se cruzara de vereda. “Aproveché que la mayoría se pasó a Gimnasia y me vine para acá”, reconoce entre risas la estudiante de Educación Física de 18 años.

Las pibas van al piso y raspan, se corren todo. Pero también tiran lujos, cuidan la pelota y bajan a ayudar en la defensa. Gambetean los estereotipos, los prejuicios que quisieron imponerles cuando recién se iniciaban. “Nos creen como más débil o gastan a otro diciendo ‘esa juega mejor que vos’. Lo tomo como un desprecio a la persona. Por hacer jueguito no significa que juegue mejor, ni por ser hombre vas a jugar mejor”, remarca Fiorella.

“Jugá despacio porque son nenas, pasale la pelota para que se dejen de joder”, son otras frases que escucharon las hermanas. En uno de los clubes por los que pasaron llegaron a decirles que tenían que estar lavando los platos. Pero no les importó.

El 28 de agosto fueron ocho las jugadoras que firmaron los primeros contratos profesionales: Leticia Reichman, las defensoras Gisel Yanacón y Maira Luque, las mediocampistas Evangelina Alfano, Micaela Sandoval y Lucila Barreto, y las delanteras Julieta Lema y Antonela Guarracino. Además, el 9 y 10 de noviembre también fueron protagonistas de la vuelta a UNO: tuvieron sus representantes en los partidos que se jugaron por la reinuguración del estadio de 1 y 57.

EL PRIMER CLÁSICO PROFESIONAL

“Todas las que estuvimos acá, algunas con un poco más de fútbol, otras menos, pasamos situaciones adversas, jugando con varones porque por ahí mujeres no había. Es eso de no haber dejado el deporte que una ama”. Florencia Sánchez todavía estaba colorada y agitada después de un frenético ida y vuelta en el Bosque. A unos metros, Julieta Lema hizo un repaso de los últimos minutos y aseguró sin titubear: “Estamos constantemente haciendo historia y somos conscientes de eso”. Ambas fueron protagonistas de un partido trascendental: el 3 a 3 en el primer clásico femenino de la era profesional. Una lluvia de goles para todos los gustos en un estadio que vivió una verdadera fiesta.

La fecha quedó grabada: el 21 de octubre, por la fecha 5 del Torneo Rexona. Luego de un reconocimiento a las pioneras de la disciplina, la manga del Lobo se infló y minutos después aparecieron las protagonistas, encabezadas por la terna arbitral. Estalló la fiesta en el Bosque: papelitos, el cancionero habitual y hasta bombas de estruendo. La larga espera se acabó a las 15.10 en punto, cuando la jueza hizo sonar el silbato. Arrancó el partido y llegó “la 22”, que se impuso en la tribuna con los bombos, repiques y paraguas albiazules.

El primer festejo se dio a los cinco minutos. La “Manada” llegó temprano al gol después de un tiro de esquina desde la derecha, que la arquera pincha Leticia Reichman no pudo despejar: ahí estaba Daiana Chiclana, que se tiró de palomita para estampar el 1 a 0. Delirio en 60 y 118. El inicio fue todo del equipo de Mauro Córdoba, que con toques y presión asfixiaba al de Gustavo Pérez. Pero de a poco, la visita se fue animando. Seis minutos después, la arquera local no pudo con el misilazo de Julieta Lema, que la clavó al ángulo. Envalentonadas por la igualdad, Estudiantes fue por más y a poco para el final de la primera etapa cuando llegó el segundo gol de las Pinchas. Después de un córner, la pelota quedó boyando en el área y el débil remate de Luz Perlini que no pudo despejar Agustina Maturano, que la terminó metiendo en su propio arco.

Las “leonas” salieron con todo en el complemento. Pero Gimnasia no dejó de buscar el empate y lo logró a los 10 minutos de la mano de Florencia Sánchez. A partir de una contra que arrancó Claudia Roldán, se dio un pifie en la defensa pincharrata que aprovechó la delantera albiazul con gran categoría. La felicidad duró poco en el Lobo: tres minutos después Estudiantes volvió a ponerse en ventaja con un golazo de Julieta Lema. Todo empezó con un pelotazo y despeje en el área albirroja, que corrió y luchó la delantera. Casi sin ángulo, sacó un disparo que se clavó en el segundo palo. Imposible para Rolón.

El esperado empate llegó y con polémica. Maturano desbordó por la izquierda, seguida de cerca por Fernández Brescia y la lateral de la Manada cayó sola en el área. La árbitra no dudó y señaló el punto penal. Daiana Chiclana se había dispuesto a patearlo, pero luego fue Lali Esquivel quien acomodó la número 5. El derechazo fusiló a Reichman y marcó la igualdad definitiva en 3. 12 años después del último clásico platense, jugaron un partidazo. No faltó nada.

No tenían que demostrar nada, ellas siempre existieron, están en la agenda mediática y salieron a hacer lo que más aman. Como dice uno de los clásicos del cancionero feminista de cancha, llevan en los botines revolución. Mientras se intenta saldar parte de la deuda histórica con las disciplinas femeninas frente a tanta ausencia, las jugadoras de Estudiantes y Gimnasia siguen pateando, trabando, volteando barreras y ganando espacio. Por ellas y por las que vendrán, porque al fútbol ya no se lo piensa sin las mujeres ni las disidencias.

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