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"Y nuestro fútbol es alegría": cómo se vivió el primer clásico de la era profesional

Gimnasia y Estudiantes empataron en el Bosque en un partidazo. Las jugadoras no se guardaron nada en un derby histórico para el fútbol femenino platense. En plena conquista de derechos y de valoración de quienes fueron invisibilizadas, las futbolistas siguen derribando mitos: van por todo.

“Todas las que estuvimos acá, algunas con un poco más de fútbol, otras menos, pasamos situaciones adversas, jugando con varones porque por ahí mujeres no había. Es eso de no haber dejado el deporte que una ama”. Florencia Sánchez todavía estaba colorada y agitada. A unos metros, Julieta Lema hizo un repaso de los últimos minutos y aseguró sin titubear: “Estamos constantemente haciendo historia y somos conscientes de eso”. Ambas fueron protagonistas de un partido trascendental: el 3 a 3 en el primer clásico femenino de la era profesional. Una lluvia de goles para todos los gustos en un estadio que vivió una verdadera fiesta.

El Bosque ya había comenzado a agitarse desde temprano. Desde el mediodía ya habían empezado a acercarse la familia tripera al Juan Carmelo Zerillo, el escenario del derby por la fecha 5 del Torneo Rexona. Las parrillas humeantes y los puestos de venta de camisetas, gorros o banderas rodearon la entrada de la cancha, donde cerca de la hora empezaron a formarse las filas. Un grupo de chicas con camperas de egresadas y con el pañuelo verde en las mochilas resaltaba en la larga hilera, en un horario que no fue impedimento para la hinchada mens sana.

Para las 15, la tribuna y la platea habilitadas se habían teñido de blanco y azul por los globos “aplaudidores” -los largos y rectangulares. Luego de un reconocimiento a las pioneras de la disciplina, la manga del Lobo se infló y minutos después aparecieron las protagonistas, encabezadas por la terna arbitral. Estalló la fiesta en el Bosque: papelitos, el cancionero habitual y hasta bombas de estruendo. La larga espera se acabó a las 15.10 en punto, cuando la jueza hizo sonar el silbato. Arrancó el partido y llegó “la 22”, que se impuso en la tribuna con los bombos, repiques y paraguas albiazules.

El primer festejo se dio a los cinco minutos. La “Manada” llegó temprano al gol después de un tiro de esquina desde la derecha, que la arquera pincha Leticia Reichman no pudo despejar: ahí estaba Daiana Chiclana, que se tiró de palomita para estampar el 1 a 0. Delirio en 60 y 118, que seguía recibiendo gente.

El inicio fue todo del equipo de Mauro Córdoba, que con toques y presión asfixiaba al de Gustavo Pérez. Pero de a poco, la visita se fue animando. Cortés avisó a los 11, con un disparo lejano al palo izquierdo que, en una gran atajada, pudo desactivar Rolón. Seis minutos después, la arquera local no pudo con el misilazo de Julieta Lema, que la clavó al ángulo. Beso al escudo y abrazo grupal, para celebrar el empate parcial.

Envalentonadas por la igualdad, Estudiantes fue por más y logró obstruir el juego que suele desplegar Gimnasia, que sintió la ausencia de Lucía Guiñazú, una de sus figuras. Faltaba poco para el final de la primera etapa cuando llegó el segundo gol de las Pinchas. Después de un córner, la pelota quedó boyando en el área y el débil remate de Luz Perlini que no pudo despejar Agustina Maturano, que la terminó metiendo en su propio arco.

Iban fuerte y abajo, pararon la pelota de pecho -aunque doliese-, tiraron sombreritos y corrieron toda la cancha. Las jugadoras dieron cátedra en un gran primer tiempo, ante la hinchada local, que exigía “poner huevos” y cada tanto también entonaba algún tema con frases homofóbicas y tristemente naturalizadas en el fútbol masculino. Prácticas que ya son cuestionadas y de a poco empiezan a cambiarse en las tribunas argentinas, de la mano del movimiento feminista que también revolucionó las instituciones deportivas.

Las “leonas” salieron con todo en el complemento. Pero Gimnasia no dejó de buscar el empate y lo logró a los 10 minutos de la mano de Florencia Sánchez. A partir de una contra que arrancó Claudia Roldán, se dio un pifie en la defensa pincharrata que aprovechó la delantera albiazul con gran categoría.

La felicidad duró poco en el Lobo: tres minutos después Estudiantes volvió a ponerse en ventaja con un golazo de Julieta Lema. Todo empezó con un pelotazo y despeje en el área albirroja, que corrió y luchó la delantera. Casi sin ángulo, sacó un disparo que se clavó en el segundo palo. Imposible para Rolón.

Estudiantes se imponía, con un gran orden en todas sus líneas, y hasta pudo haber estirado la ventaja. Un tiro libre de Lucía Barreto se estalló en el travesaño para el alivio de las locales, que no dejaron de pelear cada pelota. Mauro Córdoba fue a todo o nada en el último cambio: sacó a la defensora Abril Reche y puso a la delantera Lali Esquivel. Ahí estuvo una de las claves del derby.

El esperado empate llegó y con polémica. Maturano desbordó por la izquierda, seguida de cerca por Fernández Brescia y la lateral de la Manada cayó sola en el área. La árbitra no dudó y señaló el punto penal. Daiana Chiclana se había dispuesto a patearlo, pero luego fue Lali Esquivel quien acomodó la número 5. El derechazo fusiló a Reichman y marcó la igualdad definitiva en 3.

Pitazo final y saludo afectuoso entre las jugadoras. Muchas jugaron con las dos casacas más populares de La Plata y también mantienen buena relación por fuera de la cancha. Adentro fue a cara de perro, como se esperaba, con raspones y lujos, con mucha entrega. 12 años después del último clásico platense, jugaron un partidazo. No faltó nada.  

En la cancha se vio un partido digno de clásico. Por ahí podríamos haber convertido después del primer gol, un poco antes y poder plasmar nuestro juego, podría haber sido un partido distinto. Se nos vinieron, nos metemos dos goles nosotras. Ahí se vino la debacle. Lo pudimos levantar, que es importante para una cuestión actitudinal, para lo que venga”, analizó Florencia Sánchez, en diálogo con 0221.com.ar.

Con el corazón a mil, la 9 destacó el trabajo de todo el grupo y contó lo que pensó antes de su gol: “Tuve un segundo de respirar, sino capaz que le pegaba fuerte al medio y la arquera de ellas ataja todas las pelotas fuertes al medio. Me acordé de eso y le pegué despacito. Fui muy feliz”.

Después del doblete y ya más relajada, Julieta Lema todavía mascullaba la bronca por no haber mantenido la ventaja. “Queda un sabor amargo tremendo porque sabíamos que podíamos ganarlo. Lo tuvimos hasta casi el final y dos o tres distracciones nuestras nos jugaron en contra. Un poco esa bronca, pero también lo disfruté mucho y pude hacer goles, que siempre es importante para una delantera”, expresó a este medio.

Y cerró: “Como hincha de Estudiantes lo esperé toda mi vida. Y como delantera siempre querés meter goles en todos los partidos, pero este era especial”.

En plena conquista de derechos, de reparación y valoración de las pioneras del fútbol -históricamente invisibilizadas, se luchó y concretó el primer torneo profesional -en Gimnasia se firmaron nueve contratos y en Estudiantes ocho-, que siguió con un derby que estuvo a la altura de las circunstancias. No tenían que demostrar nada, ellas siempre existieron, están en la agenda mediática y salieron a hacer lo que más aman. Como dice uno de los clásicos del cancionero feminista de cancha, llevan en los botines revolución.

Gimnasia y Estudiantes empataron en el Bosque en un partidazo. Las jugadoras no se guardaron nada en un derby histórico para el fútbol femenino platense. En plena conquista de derechos y de valoración de quienes fueron invisibilizadas, las futbolistas siguen derribando mitos: van por todo.

21 de octubre de 2019

“Todas las que estuvimos acá, algunas con un poco más de fútbol, otras menos, pasamos situaciones adversas, jugando con varones porque por ahí mujeres no había. Es eso de no haber dejado el deporte que una ama”. Florencia Sánchez todavía estaba colorada y agitada. A unos metros, Julieta Lema hizo un repaso de los últimos minutos y aseguró sin titubear: “Estamos constantemente haciendo historia y somos conscientes de eso”. Ambas fueron protagonistas de un partido trascendental: el 3 a 3 en el primer clásico femenino de la era profesional. Una lluvia de goles para todos los gustos en un estadio que vivió una verdadera fiesta.

El Bosque ya había comenzado a agitarse desde temprano. Desde el mediodía ya habían empezado a acercarse la familia tripera al Juan Carmelo Zerillo, el escenario del derby por la fecha 5 del Torneo Rexona. Las parrillas humeantes y los puestos de venta de camisetas, gorros o banderas rodearon la entrada de la cancha, donde cerca de la hora empezaron a formarse las filas. Un grupo de chicas con camperas de egresadas y con el pañuelo verde en las mochilas resaltaba en la larga hilera, en un horario que no fue impedimento para la hinchada mens sana.

Para las 15, la tribuna y la platea habilitadas se habían teñido de blanco y azul por los globos “aplaudidores” -los largos y rectangulares. Luego de un reconocimiento a las pioneras de la disciplina, la manga del Lobo se infló y minutos después aparecieron las protagonistas, encabezadas por la terna arbitral. Estalló la fiesta en el Bosque: papelitos, el cancionero habitual y hasta bombas de estruendo. La larga espera se acabó a las 15.10 en punto, cuando la jueza hizo sonar el silbato. Arrancó el partido y llegó “la 22”, que se impuso en la tribuna con los bombos, repiques y paraguas albiazules.

El primer festejo se dio a los cinco minutos. La “Manada” llegó temprano al gol después de un tiro de esquina desde la derecha, que la arquera pincha Leticia Reichman no pudo despejar: ahí estaba Daiana Chiclana, que se tiró de palomita para estampar el 1 a 0. Delirio en 60 y 118, que seguía recibiendo gente.

El inicio fue todo del equipo de Mauro Córdoba, que con toques y presión asfixiaba al de Gustavo Pérez. Pero de a poco, la visita se fue animando. Cortés avisó a los 11, con un disparo lejano al palo izquierdo que, en una gran atajada, pudo desactivar Rolón. Seis minutos después, la arquera local no pudo con el misilazo de Julieta Lema, que la clavó al ángulo. Beso al escudo y abrazo grupal, para celebrar el empate parcial.

Envalentonadas por la igualdad, Estudiantes fue por más y logró obstruir el juego que suele desplegar Gimnasia, que sintió la ausencia de Lucía Guiñazú, una de sus figuras. Faltaba poco para el final de la primera etapa cuando llegó el segundo gol de las Pinchas. Después de un córner, la pelota quedó boyando en el área y el débil remate de Luz Perlini que no pudo despejar Agustina Maturano, que la terminó metiendo en su propio arco.

Iban fuerte y abajo, pararon la pelota de pecho -aunque doliese-, tiraron sombreritos y corrieron toda la cancha. Las jugadoras dieron cátedra en un gran primer tiempo, ante la hinchada local, que exigía “poner huevos” y cada tanto también entonaba algún tema con frases homofóbicas y tristemente naturalizadas en el fútbol masculino. Prácticas que ya son cuestionadas y de a poco empiezan a cambiarse en las tribunas argentinas, de la mano del movimiento feminista que también revolucionó las instituciones deportivas.

Las “leonas” salieron con todo en el complemento. Pero Gimnasia no dejó de buscar el empate y lo logró a los 10 minutos de la mano de Florencia Sánchez. A partir de una contra que arrancó Claudia Roldán, se dio un pifie en la defensa pincharrata que aprovechó la delantera albiazul con gran categoría.

La felicidad duró poco en el Lobo: tres minutos después Estudiantes volvió a ponerse en ventaja con un golazo de Julieta Lema. Todo empezó con un pelotazo y despeje en el área albirroja, que corrió y luchó la delantera. Casi sin ángulo, sacó un disparo que se clavó en el segundo palo. Imposible para Rolón.

Estudiantes se imponía, con un gran orden en todas sus líneas, y hasta pudo haber estirado la ventaja. Un tiro libre de Lucía Barreto se estalló en el travesaño para el alivio de las locales, que no dejaron de pelear cada pelota. Mauro Córdoba fue a todo o nada en el último cambio: sacó a la defensora Abril Reche y puso a la delantera Lali Esquivel. Ahí estuvo una de las claves del derby.

El esperado empate llegó y con polémica. Maturano desbordó por la izquierda, seguida de cerca por Fernández Brescia y la lateral de la Manada cayó sola en el área. La árbitra no dudó y señaló el punto penal. Daiana Chiclana se había dispuesto a patearlo, pero luego fue Lali Esquivel quien acomodó la número 5. El derechazo fusiló a Reichman y marcó la igualdad definitiva en 3.

Pitazo final y saludo afectuoso entre las jugadoras. Muchas jugaron con las dos casacas más populares de La Plata y también mantienen buena relación por fuera de la cancha. Adentro fue a cara de perro, como se esperaba, con raspones y lujos, con mucha entrega. 12 años después del último clásico platense, jugaron un partidazo. No faltó nada.  

En la cancha se vio un partido digno de clásico. Por ahí podríamos haber convertido después del primer gol, un poco antes y poder plasmar nuestro juego, podría haber sido un partido distinto. Se nos vinieron, nos metemos dos goles nosotras. Ahí se vino la debacle. Lo pudimos levantar, que es importante para una cuestión actitudinal, para lo que venga”, analizó Florencia Sánchez, en diálogo con 0221.com.ar.

Con el corazón a mil, la 9 destacó el trabajo de todo el grupo y contó lo que pensó antes de su gol: “Tuve un segundo de respirar, sino capaz que le pegaba fuerte al medio y la arquera de ellas ataja todas las pelotas fuertes al medio. Me acordé de eso y le pegué despacito. Fui muy feliz”.

Después del doblete y ya más relajada, Julieta Lema todavía mascullaba la bronca por no haber mantenido la ventaja. “Queda un sabor amargo tremendo porque sabíamos que podíamos ganarlo. Lo tuvimos hasta casi el final y dos o tres distracciones nuestras nos jugaron en contra. Un poco esa bronca, pero también lo disfruté mucho y pude hacer goles, que siempre es importante para una delantera”, expresó a este medio.

Y cerró: “Como hincha de Estudiantes lo esperé toda mi vida. Y como delantera siempre querés meter goles en todos los partidos, pero este era especial”.

En plena conquista de derechos, de reparación y valoración de las pioneras del fútbol -históricamente invisibilizadas, se luchó y concretó el primer torneo profesional -en Gimnasia se firmaron nueve contratos y en Estudiantes ocho-, que siguió con un derby que estuvo a la altura de las circunstancias. No tenían que demostrar nada, ellas siempre existieron, están en la agenda mediática y salieron a hacer lo que más aman. Como dice uno de los clásicos del cancionero feminista de cancha, llevan en los botines revolución.

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Gimnasia y Estudiantes empataron en el Bosque en un partidazo. Las jugadoras no se guardaron nada en un derby histórico para el fútbol femenino platense. En plena conquista de derechos y de valoración de quienes fueron invisibilizadas, las futbolistas siguen derribando mitos: van por todo.