"Quien se suicida lo hace en una situación extrema, de profunda presión y tensión interna, buscando un poco de paz en medio de su confusión. ¿No?". Las palabras del arzobispo Víctor "Tucho" Fernández resonaron por los parlantes de la parroquia Inmaculada Madre de Dios en Gonnet. Aunque se esperaba un escrache por parte de familiares de víctimas u organizaciones sociales, la realidad es que apenas un puñado de vecinos se acercó a repudiar la misa, que por lo demás se hizo en un clima de franca calma y custodiada por menos de una decena de efectivos policiales en la puerta.
Antes del suicidio del cura, Fernández le había prohibido frecuentar a menores de 18 años, había aceptado su renuncia de la parroquia y finalmente lo había derivado a Cruz Roja La Plata, donde Lorenzo permanecía solo en una de las habitaciones.
Mientras tanto la causa penal -en la que declararon al menos cinco víctimas de abuso sexual infantil- avanzaba. El expediente a cargo de la fiscal Ana Medina y la jueza Marcela Garmendia había llegado a un punto tal en el que, luego de pericias psicológicas, se resolvió la detención. Sin embargo la defensa del cura se había adelantado con un pedido de eximición de prisión, por lo que sólo restaba que la cámara de Apelaciones resolviera al respecto. La detención del cura era algo inminente.
Después del suicidio, las palabras de Fernández fueron casi todas para "el hermano" Lorenzo: a través de un comunicado de la Arquidiócesis lamentó su muerte después de "meses de tensión y sufrimiento" y pidió orar, también, por "quienes puedan haberse sentido ofendidos o afectados por él".
En la misa, convocada para la mañana de este martes en la parroquia donde, según las denuncias, se perpetraron varios abusos sexuales, contó que "hace pocos días estuve conversando con él (Lorenzo); decía que prefería no tomar medicamentos ni ansiolíticos o algún otro remedio. Pero al mismo tiempo decía que esta situación quizás no acabaría nunca. El sentido de la misa de exequias es pedir por el consuelo de los familiares para que puedan encontrar algo de luz y paz en una situación tan oscura. Pedimos al señor que les conceda la paz interior y el consuelo. También se le ofrece a Dios lo bueno que puede haber hecho la persona, eso lo pueden decir sobre todo los amigos de Eduardo y quienes lo aprecien. Pero también se pide perdón a Dios por sus pecados. Siempre. Y a mí que soy un pobre tipo lo que más diría a mis hermanos curas y a todos es que no se olviden de pedirle misericordia por mí a Dios el día que me muera", expresó el arzobispo.

Y siguió: "Pedimos perdón por los pecados para que el señor purifique, para que lleve a su presencia por su pura misericordia. Él, que conoce la verdad y perdona 70 veces 7, a él le pedimos que reciba a Eduardo. Y se lo entregamos a él, que no abandona a ninguno de los que hizo sus hijos. Quiero agradecerle al padre Cristian y la gente de Cáritas que hizo todo lo posible para acompañar a Eduardo este último tiempo, que ya no tenía cargos ni responsabilidades y estaba solo en una parte de esa casa. Tuvieron la caridad de acompañarlo. Y a todos nosotros nos toca hoy reaccionar optando una vez más por Cristo resucitado, optando por hacer el bien a los pobres, optando por vivir mejor el evangelio, por tratar de ser mejores, para bien de los demás y para la gloria del señor. Todos tenemos mucho más que darle a Dios y todos tenemos mucho de lo cual ser purificados también".

Con la presencia, también, de unos pocos vecinos curiosos y otros muy enojados, la celebración religiosa se realizó sin disturbios. 0221.com.ar habló con una de las manifestantes, proveniente de una familia "ultracatólica" y víctima de abuso sexual por parte de su progenitor. En su momento, la joven le había contado estos episodios a uno de los curas presentes y organizadores de la misa, a cargo de otra parroquia de La Plata. El hombre, según el testimonio de la víctima, la maltrató gravemente, la incitó al suicidio y le dijo: "Te voy a contar un secreto: el infierno no existe".

Este martes, la mujer se acercó a hablar con el religioso quien le respondió, según ella, con la frase que había usado en el confesionario: "¿Por qué no te matás? El infierno no existe". Visiblemente compungida, la víctima se preguntó: "¿Entonces de qué hablan cuando están arriba del altar? ¿De qué intentan salvar a estos señores?". Sus réplicas no tuvieron respuesta. En general no hubo declaraciones: impávidos, todos los religiosos consultados por la prensa (excepto Fernández) se negaron a hablar.

"Las víctimas han denunciado según su conciencia en todo su derecho. El que obra según su conciencia tiene derecho a hacer todo lo que cree... Siempre se le cree a todo el que presenta una denuncia; pero también han habido personas que se acercaron a declarar lo contrario y que se sentían afectadas, y eso no ha salido en la prensa", dijo el arzobispo al periodismo local. "Por eso yo confiaba en que la fiscal pudiera clarificar todo esto", indicó. Finalmente, desmintió categóricamente que la abolición de secretos pontificios para delitos de abuso sexual infantil anunciada por el papa Francisco se corresponda, de alguna manera, con el caso del cura Lorenzo, quíntuplemente denunciado por abusos sexuales. "No, para nada", advirtió a 0221.com.ar, "hay miles y miles de casos".