Castellano platense: ¿rambla o bulevar?
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Castellano platense: ¿rambla o bulevar?

Nuevamente la ciudad de las diagonales desafía al idioma castellano y sus reglas. Esta vez, con una palabra que todos los platenses usan con naturalidad, sin darse cuenta que casi en todo el resto del mundo su significado es otro. Otro dilema que plantea el castellano platense, que en este caso tiene el aval de la propia Real Academia Española.

La Catedral, las plazas, su trazado y las diagonales son algunas de las cosas que conforman la identidad de La Plata y la diferencian de otras ciudades del país y el exterior. Pero más particularidades podrían agregarse a esta lista; aunque hay una de ellas que llama la atención de muchos visitantes y turistas: la rambla.

Esta palabra es usada de manera natural por todos los platenses para referirse al andén que se encuentra en la parte central de las avenidas y que, en algunos casos, son extensos espacios verdes, como en 72, 32 o 131. Pero lo cierto es que el resto del país, el continente y el mundo, se pregunta… ¿acaso la rambla platense no es un bulevar?

La respuesta a esta pregunta es afirmativa. Los platenses le decimos rambla a lo que todos aquellos que no nacieron en esta ciudad llaman bulevar. Pero atención, porque esta vez, a diferencia de otros términos propios del “castellano platense”, la Real Academia Española avala y reconoce de cierta manera la utilización de esta palabra en dicho sentido.

Para la RAE, “bulevar” tiene dos significados:

1. m. Calle generalmente ancha y con árboles.
2. m. Paseo central arbolado de una avenida o calle ancha.

Por otro lado, la casa madre de la lengua española establece cinco acepciones posibles para “rambla”:

1. f. Lecho natural de las aguas pluviales cuando caen copiosamente.
2. f. Suelo por donde las aguas pluviales corren cuando son muy copiosas.
3. f. Artefacto compuesto de postes de madera fijos verticalmente en el suelo y unidos por dos series de travesaños, con puntas o ganchos de hierro, en que se colocan los paños para enramblarlos.
4. f. En Cataluña y otras zonas de Levante, calle ancha y con árboles, generalmente con andén central.
5. f. Arg. y Ur. Avenida que bordea la costa de un lago, un río o el mar.

Solo uno de estos significados concuerda con la denominación usada en la ciudad. Por lo tanto, si sos platense y te invitan a dar un paseo por la “Rambla de Mar del Plata” o la “Rambla de Montevideo”, incluso por cualquier otra de nuestro continente, no esperes caminar por el andén central de una calle. Hacete la idea que te vas a encontrar transitando por una avenida que bordea la costa de un lago, un río o el mar.

Sin embargo, habrá un lugar donde los oriundos de La Plata se sentirán “como en casa” y ese sitio está en España. En la región de Cataluña y en zonas de Levante, también se le da el mismo significado a la palabra e incluso cuentan con una de las más famosas del planeta: “Rambla de Barcelona”.

Pero… ¿por qué la sociedad platense adopta un este término de la misma manera que los catalanes?. La respuesta inmediata sería “por los inmigrantes”. Pero de eso no hay registro. “Si bien la presencia catalana en estas tierras existe desde la fundación de la ciudad, recién fue en 1923 cuando se creó el Centro Catalán de Cultura. Y no tenemos antecedentes de haber sido los culpables de esta particular situación”, confirmaron autoridades de Casal dels Països Catalans de La Plata, a 0221.com.ar, echando por la borda la posibilidad de confirmar esta teoría.

Al consultar a la Academia Argentina de Letras (AAL), la pregunta llamó la atención y la respuesta tuvo casi el mismo resultado. “Es curioso como los platenses adoptaron el uso de esta palabra. A simple vista y repasando distintos tipos de diccionarios de esta zona, en ninguno se hace referencia a este caso puntual. Lo que en Barcelona y La Plata es una rambla, para el resto del mundo es un bulevar”, explicó a este medio Pedro Rodríguez Pagani, integrante del comité investigador de la AAL.

“De todos modos, al tomar conocimiento de esto, desde la Academia no descartamos empezar con una investigación y dar con el origen de este dilema”, agregó el especialista e hizo referencia a otra la palabra muy propia de esta ciudad: pollajeria.

Si la respuesta estaba en el pasado, llevar esta inquietud a un historiador local podía llegar a hacer la solución. “Me sorprende mucho este planteo. Haciendo un repaso por la historia y el momento en que se diagramó arquitectónicamente esta ciudad, no encuentro un antecedente puntual para explicar esto”, expresó el Dr. Fernando Barba, presidente de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina a 0221.com.ar, al mismo tiempo que detallaba innumerable cantidad de sucesos vividos en las ramblas emblemáticas de la ciudad.

“Lo que sí estoy seguro es que los platenses llamamos de esa forma al espacio verde que separa las calles y no a todo el conjunto”, agregó el hombre criado en la ciudad de la diagonales. Por último, reparó en un detalle que le causó gracia: “Acá tenemos bulevares como el 82, 83, 120. Lo cómico es que así es la nomenclatura de la calle y a lo que hay en el medio, le decimos rambla”.

Por otro lado, desde la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, de la UNLP, aclararon que “no hay especialistas en lenguaje platense y tampoco tienen registro sobre algún trabajo de investigación realizado específicamente para abordar este tema”. Cabe destacar que tanto en las localidades de Berisso y Ensenada, la palabra rambla suele utilizarse del mismo modo. Aunque esto no ocurre de forma generalizada e indefectiblemente es algo que deriva de lo sucedido en La Plata.

Nuevamente la forma de utilizar el idioma que tenemos los platenses marca la diferencia y enciende la polémica. No resulta para nada fácil entender la razón de por qué adoptamos algunos términos y preferimos llamar de otra manera a las cosas. El dilema entre rambla y bulevar, e un ejemplo claro para evidenciar lo particulares que somos al momento de hablar. El “castellano platense” sigue causando el asombro de muchos, inclusive de todos aquellos que lo usamos habitualmente y que no estamos al tanto de lo extraño que resultamos para el resto del mundo.

Nuevamente la ciudad de las diagonales desafía al idioma castellano y sus reglas. Esta vez, con una palabra que todos los platenses usan con naturalidad, sin darse cuenta que casi en todo el resto del mundo su significado es otro. Otro dilema que plantea el castellano platense, que en este caso tiene el aval de la propia Real Academia Española.

16 de septiembre de 2018

La Catedral, las plazas, su trazado y las diagonales son algunas de las cosas que conforman la identidad de La Plata y la diferencian de otras ciudades del país y el exterior. Pero más particularidades podrían agregarse a esta lista; aunque hay una de ellas que llama la atención de muchos visitantes y turistas: la rambla.

Esta palabra es usada de manera natural por todos los platenses para referirse al andén que se encuentra en la parte central de las avenidas y que, en algunos casos, son extensos espacios verdes, como en 72, 32 o 131. Pero lo cierto es que el resto del país, el continente y el mundo, se pregunta… ¿acaso la rambla platense no es un bulevar?

La respuesta a esta pregunta es afirmativa. Los platenses le decimos rambla a lo que todos aquellos que no nacieron en esta ciudad llaman bulevar. Pero atención, porque esta vez, a diferencia de otros términos propios del “castellano platense”, la Real Academia Española avala y reconoce de cierta manera la utilización de esta palabra en dicho sentido.

Para la RAE, “bulevar” tiene dos significados:

1. m. Calle generalmente ancha y con árboles.
2. m. Paseo central arbolado de una avenida o calle ancha.

Por otro lado, la casa madre de la lengua española establece cinco acepciones posibles para “rambla”:

1. f. Lecho natural de las aguas pluviales cuando caen copiosamente.
2. f. Suelo por donde las aguas pluviales corren cuando son muy copiosas.
3. f. Artefacto compuesto de postes de madera fijos verticalmente en el suelo y unidos por dos series de travesaños, con puntas o ganchos de hierro, en que se colocan los paños para enramblarlos.
4. f. En Cataluña y otras zonas de Levante, calle ancha y con árboles, generalmente con andén central.
5. f. Arg. y Ur. Avenida que bordea la costa de un lago, un río o el mar.

Solo uno de estos significados concuerda con la denominación usada en la ciudad. Por lo tanto, si sos platense y te invitan a dar un paseo por la “Rambla de Mar del Plata” o la “Rambla de Montevideo”, incluso por cualquier otra de nuestro continente, no esperes caminar por el andén central de una calle. Hacete la idea que te vas a encontrar transitando por una avenida que bordea la costa de un lago, un río o el mar.

Sin embargo, habrá un lugar donde los oriundos de La Plata se sentirán “como en casa” y ese sitio está en España. En la región de Cataluña y en zonas de Levante, también se le da el mismo significado a la palabra e incluso cuentan con una de las más famosas del planeta: “Rambla de Barcelona”.

Pero… ¿por qué la sociedad platense adopta un este término de la misma manera que los catalanes?. La respuesta inmediata sería “por los inmigrantes”. Pero de eso no hay registro. “Si bien la presencia catalana en estas tierras existe desde la fundación de la ciudad, recién fue en 1923 cuando se creó el Centro Catalán de Cultura. Y no tenemos antecedentes de haber sido los culpables de esta particular situación”, confirmaron autoridades de Casal dels Països Catalans de La Plata, a 0221.com.ar, echando por la borda la posibilidad de confirmar esta teoría.

Al consultar a la Academia Argentina de Letras (AAL), la pregunta llamó la atención y la respuesta tuvo casi el mismo resultado. “Es curioso como los platenses adoptaron el uso de esta palabra. A simple vista y repasando distintos tipos de diccionarios de esta zona, en ninguno se hace referencia a este caso puntual. Lo que en Barcelona y La Plata es una rambla, para el resto del mundo es un bulevar”, explicó a este medio Pedro Rodríguez Pagani, integrante del comité investigador de la AAL.

“De todos modos, al tomar conocimiento de esto, desde la Academia no descartamos empezar con una investigación y dar con el origen de este dilema”, agregó el especialista e hizo referencia a otra la palabra muy propia de esta ciudad: pollajeria.

Si la respuesta estaba en el pasado, llevar esta inquietud a un historiador local podía llegar a hacer la solución. “Me sorprende mucho este planteo. Haciendo un repaso por la historia y el momento en que se diagramó arquitectónicamente esta ciudad, no encuentro un antecedente puntual para explicar esto”, expresó el Dr. Fernando Barba, presidente de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina a 0221.com.ar, al mismo tiempo que detallaba innumerable cantidad de sucesos vividos en las ramblas emblemáticas de la ciudad.

“Lo que sí estoy seguro es que los platenses llamamos de esa forma al espacio verde que separa las calles y no a todo el conjunto”, agregó el hombre criado en la ciudad de la diagonales. Por último, reparó en un detalle que le causó gracia: “Acá tenemos bulevares como el 82, 83, 120. Lo cómico es que así es la nomenclatura de la calle y a lo que hay en el medio, le decimos rambla”.

Por otro lado, desde la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, de la UNLP, aclararon que “no hay especialistas en lenguaje platense y tampoco tienen registro sobre algún trabajo de investigación realizado específicamente para abordar este tema”. Cabe destacar que tanto en las localidades de Berisso y Ensenada, la palabra rambla suele utilizarse del mismo modo. Aunque esto no ocurre de forma generalizada e indefectiblemente es algo que deriva de lo sucedido en La Plata.

Nuevamente la forma de utilizar el idioma que tenemos los platenses marca la diferencia y enciende la polémica. No resulta para nada fácil entender la razón de por qué adoptamos algunos términos y preferimos llamar de otra manera a las cosas. El dilema entre rambla y bulevar, e un ejemplo claro para evidenciar lo particulares que somos al momento de hablar. El “castellano platense” sigue causando el asombro de muchos, inclusive de todos aquellos que lo usamos habitualmente y que no estamos al tanto de lo extraño que resultamos para el resto del mundo.

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