Y las calles se tiñeron del celeste de la bandera: remeras, gorros, camisetas, autos, locales, caras... todas preparadas para lo que está por venir. En la calle algunos corren para no perdérselo, otros, impacientes, miran el reloj una vez más: un minuto menos para que arranque.
Unánimes, a una voz, todos alentando a nuestro equipo, a nuestra Selección desde acá, desde donde sea que estemos. Porque el equipo somos todos los argentinos. Una picada, un partido, son solo una excusa para sentirnos más unidos, juntos por fin, sin la grieta, todos con un mismo deseo. Ser campeones otra vez.
Los autos, los micros, la gente corre. El corazón late fuerte en el pecho, la respiración se entrecorta. Hace un rato fuiste al baño por última vez para no perderte el inicio del partido, al menos por los próximos 45 minutos.
Verlo juntos, sentirlo igual
Ya arrancó. Todos se acomodan frente a una pantalla, se agarran la cabeza, suspiran; hay preocupación en el aire. A los 15 minutos, Egipto nos mete un gol. Seguimos creyendo, porque la Scaloneta sigue creyendo.
Minuto 20. Penal para Argentina. Todo es esperanza e ilusión. Lo patea Lionel Messi. La pelota no entra. Quien lo estaba viendo atentamente grita, insulta y se levanta de la silla, dejándola vacía después de un fuerte descargo de energía. Fue un golpe anímico.
Con el partido en marcha, los negocios se transformaron en una sola tribuna al paso frente a la pantalla
Nicolás Guillones | AGLP
Son las 13.23, mediodía en Argentina, el horario del almuerzo, pero por momentos se cierra el estómago, hasta que volvemos a respirar en el cooling break. El hambre y la ansiedad golpean fuerte. Corremos a atragantarnos con comida. El cuerpo se siente cansado, como si fuésemos nosotros los que estamos corriendo; capaz no estamos en la cancha, pero somos parte del juego.
Argentina se va acercando. Sigue luchando por esa meta, por ese gol, por ese partido, por esa final, por esa copa.
El cuerpo se siente cansado, como si fuésemos nosotros los que estamos corriendo; capaz no estamos en la cancha, pero somos parte del juego
Se escuchan los cánticos de la hinchada: "Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar", un canto unánime que dice una verdad en un momento clave. "Vamos, muchachos, queremos ganar, queremos seguir siendo el campeón mundial."
Un pase, un tiro. Julián Alvarez dispara y el corazón de todos se para por un segundo. Mostafa Shobeir, el arquero de Egipto, lo atajó. "Tranquilo, Messi, ya va a llegar", pienso.
La ilusión también se reflejó en los bares, donde la previa y el partido se vivieron en comunidad
Nicolás Guillones | AGLP
Es el segundo tiempo. Ya charlamos, sacamos fotos, nos reímos y aflojamos la tensión. Preparaste el mate y vamos a lo dulce. "¡Dale, Argentina, te sobran los huevos!" Vuelven con todo a la cancha. Se siente, se siente. Salieron conectados, enfocados. Dominan la pelota, manejan el timing. Vamos a ganar; no sabemos cómo, pero lo vamos a conseguir.
Lisando "Licha" Martínez anticipa y la recupera. Se la roban. Egipto se acerca. El Dibu sale del arco y... Egipto mete el segundo. Dos llegadas, dos goles... bueno, en realidad no. Lo anulan, pero el sabor amargo se siente en la boca.
Entran Nico González y Lautaro "el Toro" Martínez. Córner. Sacan rápido y cortito, pero no se pudo. Vino la contra y, ahora sí, el segundo de Egipto, en el minuto 67. Se siente como un déjà vu, pero esta vez no hay falta que lo anule. La gente se desanimó, se oscureció todo; pero ellos, nuestro equipo, no lo demuestran en la cancha. Lo dejan todo porque esta puede ser la última. Aunque la moral cayó y todos piensan: "Nos quedamos afuera con Egipto", yo me pregunto: "¿Y qué pasa si es así?". Eso no quita todas las alegrías que nos regalaron. Yo elijo creer.
Creer hasta el final
Cooling break. Se reagrupan y, cuando vuelven a la cancha, en el minuto 79, meten un gol. Ese es mi equipo, ese es tu equipo. Nadie lo podía creer. Tardamos en caer, se contuvo el aliento hasta que el árbitro lo confirmó, recién ahí se gritó, recién ahí se celebró.
¿Qué pasó con los que no estaban mirando el partido cuando metieron el gol? Listo, los tildaron de mufa por haber ido al baño.
Tengo cosas que hacer mañana, necesito tener voz. Pero ¿qué pasa si meten un gol más? Efectivamente, en el minuto 83, Messi hizo un golazo. ¿Quién más podía ser? No me importa nada. Fue un golazo. Gritos, saltos, abrazos. Todo es felicidad, lágrimas de alegría. Me duele la garganta, pero era necesario ese grito de desahogo.
El gol de Lionel Messi desató un grito de desahogo que se escuchó en toda la ciudad
AGLP
Ya no importa dónde estabas. Volvieron a hacer otro gol y esta vez estabas mirando. Estás perdonado. Ahora te quedás sentado acá. No te vas, porque ya no sos mufa. El empate nos devolvió la vida. Ahora sí, quedan los minutos finales para ir por la hazaña.
Vamos 2 a 2. Agregan 7 minutos y la Selección deja todo en la cancha. Pasaron menos de dos minutos. Recuperan la pelota en nuestro lado de la cancha, hacen un pase largo que cambia toda la jugada, pase a Lautaro, y Martínez a Enzo, Fernández cabecea y "¡GOOOL!".
Las sonrisas reemplazaron a la tensión en los minutos finales del partido
AGLP
Nadie puede contener la alegría. Toda la ansiedad y la tensión salieron de golpe. Ahora solo queda aguantar. Tiemblan las piernas. Esto es un delirio total. Faltan unos minutos. Es hora de hacerlos bailar. "¡Ole, olé!", se escucha de fondo.
"¿Por qué siempre hay que sufrir, loco?", piensan algunos. Y yo respondo: porque así se disfruta más de la victoria, porque así es la vida. La tensión termina con el pitazo final. La felicidad, en cambio, recién empieza. Se apagan los televisores, se abren las puertas y un país entero sale a festejar. La historia deja las pantallas para escribirse en las calles. En La Plata, como tantas otras veces, el punto de encuentro vuelve a ser 7 y 50, donde miles de personas convierten el desahogo en una fiesta que se prolongará hasta bien entrada la noche.