Las imágenes muestran a Pelusa acostada, envuelta en mantas, rodeada por veterinarios y cuidadores que intentaban acompañarla en sus últimas horas. La elefanta más querida de La Plata moría hace exactamente 7 años tras una lenta y dolorosa agonía.
A 7 años de su muerte, las imágenes de Pelusa en sus últimas horas conmueven y reavivan el recuerdo de la elefanta que fue emblema de La Plata.
Las imágenes muestran a Pelusa acostada, envuelta en mantas, rodeada por veterinarios y cuidadores que intentaban acompañarla en sus últimas horas. La elefanta más querida de La Plata moría hace exactamente 7 años tras una lenta y dolorosa agonía.
La historia de Pelusa está marcada por la ternura y el abandono, por la conexión con el público y también por el encierro. Llegó a la ciudad el 2 de diciembre de 1968, proveniente del zoológico de Hamburgo, cuando apenas tenía 2 años. La bautizaron así por el pelo duro que tenía en la cabeza y el lomo, típico de los elefantes asiáticos.
Durante décadas, fue uno de los principales atractivos del ex Zoológico de La Plata, un símbolo que creció junto con generaciones de visitantes. En sus primeros años compartió espacio con Kendy, una elefanta mayor que murió dos años después. En 1970, incluso fue protagonista de la película "Un elefante color ilusión".
En los años '80 fue trasladada a un nuevo recinto de 900 metros cuadrados, con pileta y solario, donde pasó el resto de su vida. Sin embargo, el encierro y las condiciones del lugar fueron cobrando factura con el tiempo: para 2016, Pelusa ya tenía una infección avanzada en sus patas traseras. Dormía apoyada sobre un montículo de arena, temerosa de echarse por no poder volver a levantarse.
Ese miedo se volvió realidad el 18 de noviembre de 2016, cuando amaneció acostada y no pudo reincorporarse. Se necesitaron más de 20 personas y un camión para levantar los 3.400 kilos de la elefanta. Apenas 2 años después, el 2 de junio de 2018, volvió a caer. Esta vez ya no hubo forma de ayudarla.
Pelusa quedó recostada en el Ecoparque, dentro de un gazebo calefaccionado y cubierta con mantas por el frío. Su cuadro era irreversible. En esas horas difíciles, fue acompañada por tres veterinarios, personal del Santuario de Elefantes de Brasil y especialistas de la Fundación Franz Weber.
El parte oficial detalló que "los chequeos de laboratorio fueron progresivamente brindando valores negativos". A las 6 de la mañana del 4 de junio orinó por última vez y comenzó a mostrar signos de incomodidad inéditos. Fue entonces cuando los especialistas decidieron sedarla. La Justicia, con el aval del fiscal Marcelo Romero y el juez Juan Pablo Masi, acompañó el pedido de los expertos para iniciar el procedimiento final.
"Luego de 60 horas de control y considerando que el cuadro es irreversible y al no tener soluciones alternativas tanto para curar o al menos paliar el cuadro de sufrimiento presente, es que se pide autorización para realizar el mencionado procedimiento al ejemplar", agregaron las autoridades en aquella ocasión.
La idea de trasladarla al Santuario de Elefantes de Brasil, en Mato Grosso, había generado enormes expectativas. Se trataba de un espacio abierto y natural, donde Pelusa podría vivir sus últimos años con mayor bienestar. El plan estaba avanzado y contaba con el acompañamiento de organizaciones internacionales, pero su estado de salud lo impidió.
El propio director del espacio brasileño, Scott Blais, viajó a La Plata para seguir de cerca su evolución. "Su torrente sanguíneo y los valores de los análisis comenzaron a desmejorar. En este punto, todo indica que el elefante está en la etapa final de su vida", sostuvo el 4 de junio por la mañana. Horas más tarde, los especialistas decidieron dormirla.
Gabriel Gómez fue uno de sus cuidadores durante 10 años y estuvo con ella hasta el último momento. "Ni bien me enteré de lo que había pasado me quedé con ella. La acariciaba y le hablaba, tratando de que esté tranquila y relajada", contó en aquel momento. Con angustia, además, agregó: "Antes de que se caiga ya no la estaba pasando bien, todos nos dimos cuenta. Se cayó porque no aguantaba más el dolor, estuvo mucho tiempo sin poder descansar bien porque no podía echarse. Tenía miedo por lo que le pasó en 2016, cuando le costó mucho poder ponerse en pie".
Pelusa murió a los 52 años y su figura quedó grabada en la memoria colectiva de la ciudad. Hoy, 7 años después, las fotos de esas últimas horas vuelven a circular con fuerza, recordando no solo su partida, sino también el cariño inmenso que despertó en varias generaciones de platenses.
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