martes 02 de abril de 2024
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Relatos de un viajero

La Plata, una ciudad nacida como por arte de magia

Henry Coppin, miembro de la Sociedad de Geografía de París, visitó La Plata en 1884. El relato de una ciudad con grandes palacios y pocas viviendas particulares.

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Era así por lo menos hasta 1882, pero como consecuencia de la última revolución ocurrida en el Plata en 1880, se decidió federalizar la ciudad de Buenos Aires, de modo análogo a Washington en los Estados Unidos de América del Norte, y convertirla definitivamente en capital de la República Argentina. Además, se decidió crear una nueva capital para la provincia de Buenos Aires. En este punto comienzan las sorpresas. Esta nueva capital se creó en realidad en todas sus partes y no existe solamente sobre papel o en forma de bocetos como tantos otros proyectos. Lleva el nombre de La Plata.

El 19 de noviembre de 1882 se colocó la piedra fundamental de esta ciudad y dos años después, en noviembre de 1884, en ese lugar que poco antes era sólo pampa, vale decir desierto y soledad, había surgido como por arte de magia una ciudad de veinticinco mil almas. Tuve ocasión de visitarla en el mes de agosto de 1884 y confieso que mi sorpresa fue grande.

El nombre de la persona que realizó esta proeza merece pasar a la posteridad. Es el doctor Dardo Rocha, que era gobernador de la provincia de Buenos Aires al decretarse la federalización de la ciudad del mismo nombre. En su carácter de senador, votó en favor de la federalización: había sido, incluso, uno de los más fervientes partidarios del proyecto. Más tarde, una vez decidida la fundación de una nueva capital para la provincia de Buenos Aires, se debió a su iniciativa la elección del emplazamiento de la futura ciudad.

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El puerto de la Ensenada, dotado de mejores condiciones del de Buenos Aires.

El puerto de la Ensenada, dotado de mejores condiciones del de Buenos Aires.

Debió luchar contra una enconada oposición, pero contó en sus proyectos con el vigoroso apoyo de su ministro D’Amico; puede decirse que La Plata es su obra personal.

Una circunstancia particular contribuía en principio al éxito de su colosal empresa. Es mérito suyo, por otra parte, haberla advertido por anticipado.

En efecto, el emplazamiento de la nueva capital se encuentra en las proximidades de una pequeña entrada del Río de La Plata, designada con el nombre de la Ensenada. En este paraje, el río es más profundo que frente a Buenos Aires. Hasta cuatro kilómetros de la ribera, se encuentran profundidades de 6,5 metros y existen un riacho del tipo del Riachuelo (junto a Buenos Aires), el río Santiago, que podría usarse como canal. Incluso se habían emprendido trabajos, en diversas épocas para instalar un puerto en ese lugar. El doctor Rocha tuvo, pues, la feliz idea de aprovechar lo hecho, y al mismo tiempo que emprendió los trabajos de la nueva ciudad, hizo iniciar los del nuevo puerto que había proyectado.

"El nombre de la persona que realizó esta proeza merece pasar a la posteridad. Es el doctor Dardo Rocha"

Para esto contrató a uno de los más distinguidos ingenieros holandeses, Waldorp, que había adquirido renombre en su país por las grandes obras hidráulicas que dirigió para ampliar el puerto de Amsterdam. Waldorp concibió el proyecto, muy ingenioso, de utilizar los terrenos bajos y cenagosos próximos a la Ensenada para construir allí un amplio dique de 1145 metros de longitud, con 150 metros de ancho y 7 metros de profundidad, que proporcionaría un extenso desarrollo de muelles para los grandes navíos. Este dique se comunicará con las aguas profundas del Río de La Plata, que alcanzan los 7 metros por un canal de 150 metros de ancho cuya longitud sobrepasa apenas los 7,5 kilómetros.

El relato de un viajero inglés: La Plata, una ciudad incomprensible

No es difícil imaginar las enormes ventajas que traerá aparejadas para la ciudad de La Plata el hecho de encontrarse dotada, inmediatamente, de un puerto mucho más seguro y cómodo que el de Buenos Aires. Como esta ciudad y La Plata distan entre sí apenas 60 kilómetros, el ferrocarril no absorberá esta diferencia. Por otra parte los productos destinados a las provincias meridionales de la República Argentina o que provengan de ellas tomarían, con seguridad, la vía del puerto de La Plata.

Como es natural, los porteños, que así se denominan a sí mismos los habitantes de Buenos Aires, no vieron alzarse esta ciudad rival, tan cercana, sin experimentar una cierta envidia y ya lograron que el Congreso votará un préstamo de 100 millones de francos para mejorar su propio puerto. Por lo demás, esta rivalidad no supondrá más que ventajas para la República Argentina como un todo. Con toda seguridad, con la importancia cada vez mayor que adquiere la inmigración europea en este país, un puerto como el de Buenos Aires resulta cada día más insuficiente. Nada lo demuestra mejor, por otra parte, que los enormes progresos alcanzados por el puerto de Rosario, sobre el Paraná, en estos últimos años, de eso hablaré un poco más adelante.

Para el trazado de la nueva ciudad, se adoptó el mismo esquema usado en Buenos Aires y en Montevideo: vale decir que las calles se intersectan en ángulo recto y forman manzanas regulares de 120 metros de lado. Solo que aquí no había necesidad de ahorrar espacio y, en consecuencia, no se ha escatimado en la anchura prevista para las futuras calles. Incluso, antes de que se construyera casa alguna, se señalaron con cordeles las calles, dándoles 20 metros de ancho. Luego, en la parte central de la ciudad, para evitar el inconveniente que presentan estos cuadrados regulares de casas cuando se trata de ir de un punto a otro de la misma manzana, se las cortó mediante avenidas en diagonal cuyo ancho es de 50 metros. De este modo, en lugar de tener manzanas cuadradas de casas, estas son triángulos regulares.

Por último, siempre por el mismo motivo (que se disponía un emplazamiento ilimitado), para una mejor aireación se han prodigado plazas y plazoletas.

Casi todas las avenidas poseen una doble hilera de árboles, pero existe además otra ventaja inapreciable para la ciudad. A las mismas puertas de ella se encuentra un magnífico parque de 500 hectáreas, forestado con una multitud de árboles ornamentales como abetos, robles y, sobre todo, eucaliptos. Este parque había sido formado, hace apenas algunos años, por Don José Iraola, propietario de los terrenos vecinos a la Ensenada que su familia cedió para la ciudad proyectada. A la entrada de este bosque se construyó una puerta monumental y dentro de él se encuentra ya trasladado un jardín zoológico, un museo y un observatorio, dirigido este por un astrónomo francés, el señor Beuf. Se le ha agregado un hipódromo y ya las carreras de La Plata rivalizan con las de Palermo.

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El portal de acceso a la ciudad desde el Bosque que fue derribado pocos años después de la fundación.

El portal de acceso a la ciudad desde el Bosque que fue derribado pocos años después de la fundación.

A pesar de todo, debe tenerse en cuenta que había, al principio, cierta vacilación entre los argentinos para construir casas particulares en La Plata. En efecto, apenas había una mediana confianza en el éxito de los proyectos grandiosos del doctor Rocha. Como consecuencia, en la época que visité la ciudad se veían, al lado de plazas magníficas rodeadas de palacios ya terminados, espacios inmensos absolutamente vacíos de construcciones. Muchas calles no tenían ni siquiera una sola casa. Solo había entonces uno o dos hoteles que, por lo demás, sin más razón que está, hacían un negocio redondo.

El príncipe que llegó a La Plata y dijo que era una "ciudad fantasma"

Pero después de que la ciudad tomó impulso, la situación cambio con rapidez, puesto que se estima que, en este momento, hay 30 mil habitantes en La Plata. Con muy buen criterio, los grandes edificios públicos se han agrupado próximos unos a otros. De ese modo, sobre una enorme plaza situada junto a la estación del ferrocarril, se encuentra el palacio del gobernador de un lado y en frente el palacio de la Legislatura. Luego no muy lejos de allí, el Banco Hipotecario, el Palacio de Justicia y los Ministerios.

Uno de los lados de la plaza principal de la ciudad está ocupado por el Palacio Municipal, que será sin dudas uno de los más hermosos de la República Argentina y en frente se halla la Catedral.

"La Plata tuvo el privilegio de disfrutar desde el primer día de su existencia de todos los grandes descubrimientos modernos"

En 1884, se habían construido ya los cimientos para las escuelas, para la policía, un Montepío. Por último el Banco de la Provincia estaba casi terminado. Era un verdadero palacio, quizá el mas hermoso de toda la nueva capital.

Casi todos estos monumentos se han construido con ladrillos fabricados a poca distancia de la ciudad.

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En un país en que el pueblo mas pequeño posee tranvías, no se quiso demorar en proveer de ellos a una capital. La concesión se hizo por 60 kilómetros. Como es Buenos Aires, pasará por lo menos una linea por calle.

Las ciudades recién nacidas, como esta de la que hablo, gozan de un privilegio verdaderamente digno de envidia: haber podido disfrutar desde el primer día de su existencia de todos los grandes descubrimientos modernos. Así, en La Plata, incluso antes de que se instalará el gas, la ciudad estaba iluminada ya por la luz eléctrica. Se adoptó el sistema de lámparas brush.

"El agua prvista en la ciudad es muy clara y muy límpida"

En todas las plazas se eligieron columnas de hierro muy livianas, de 35 a 40 metros de alto, que permiten iluminar hasta una distancia muy grande. En la plaza de la Legislatura se ha construido un verdadero faro y los buques que remontan el Río de la Plata en dirección a Buenos Aires pueden advertirlo desde muy lejos. La nueva ciudad no tardará en contar con una red telefónica.

La epidemia que diezmó a Buenos Aires en 1871 y cuya violencia se atribuyó con razón a la falta de alcantarillas en la ciudad hizo que, en La Plata, las autoridades tomaran la precaución de construirlas de inmediato. Se tendrá de este modo la ventaja de no levantar mas adelante el solado de las calles, como se ve a cada momento en las ciudades viejas. Se procuró aplicar el sistema de alcantarillado total y para esto se lo dispuso de modo que la red proyectada tuviera la mayor pendiente posible, hecho que constituye una dificultad muy grande, en razón de que la nueva ciudad se construyó sobre un terreno casi llano.

El día que Sarmiento recorrió La Plata

La distribución de aguas se resolvió, en consecuencia, de modo que pudieran limpiarse con facilidad estas alcantarillas y con la mayor rapidez posible.

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Coppin vio una ciudad con palacios monumentales y muy pocas casas.

Coppin vio una ciudad con palacios monumentales y muy pocas casas.

El agua destinada a la alimentación de las fuentes privadas y públicas provienen de pozos artesianos situados aproximadamente a una lengua de la ciudad. Esta agua es muy clara y muy límpida: incluso tendría, al parecer, el inconveniente de ser un tanto demasiado pura. Sin duda, los parisienes, que reciben el agua del Sena, no se quejaban sin duda de un inconveniente de este tipo.

Se estima que los pozos existentes podrían bastar para todas las necesidades futuras, cualquiera que sea mas adelante el aumento de la población.

Cuando volvia a tomar el tren de regreso a Buenos Aires y durante el trayecto, no podía menos que pensar, no sin cierta tristeza, después de todo cuanto acababa de ver, que el periodista argentino cuyo articulo habia leido en la misma ciudad de La Plata quizá tenia razón, por desdicha, cuando estimaba que el porvenir del mundo no estaba ya en el viejo mundo, sino en América.

(*) El presente texto fue escritor por Henry Coppin y publicado en 1890 en Quatre republiques de l'Amerique du Sud y traducidos para el libro La Plata vista por los viajesor compilado por Pedro Luis Barcia.

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