ver más

El legado de Carlos Timoteo Griguol: la historia de su ahijado, que empezó a dirigir en un club de La Plata

A cinco años de la muerte de Carlos Timoteo Griguol, el exdirector técnico de Gimnasia sigue apareciendo en historias mínimas, profundamente humanas.

A 5 años de la muerte de Carlos Timoteo Griguol, esta historia se trata de un joven que no solo heredó su nombre, sino también creció bajo su afecto, a los 29 años empezó a recorrer su propio camino como entrenador en el fútbol infantil de La Plata.

Un total de 1.139 partidos dirigió Timoteo en el fútbol argentino, repartidos entre Rosario Central, Kimberley, Ferro, River, Unión y Gimnasia, siendo el profesional que más tiempo de trabajo y partidos acumula en la máxima categoría en la historia del fútbol argentino.

Entre tantas personas que lo admiraban está Timoteo Fallesen, aquel nene que apenas aprendía a caminar ya iba a Estancia Chica y a la cancha. Su ahijado, producto del furor de los mejores días del DT en nuestra ciudad.

Un pibe de barrio que empezó a seguir el legado, recién sumado al staff de directores técnicos de una institución del fútbol amateur de la región, la Asociación Deportiva Beto Avalos, situada en avenida 7 y 506, Ringuelet.

Timoteo Fallesen DT

Timoteo Fallesen y su estreno como DT.

El Timoteo platense tiene una particular historia desde el mismo día de su nacimiento. Ese domingo en que Gimnasia, dirigido por Griguol, llegaba al viejo estadio de Estudiantes con la ilusión inmensa de salir campeón. Aquel llamado “clásico del siglo” del 18 de agosto de 1996, cuando su madre había dado a luz, a las tres de la madrugada, cuando la ciudad ya estaba desvelada por semejante partido.

Patricia Milano, exesgrimista del club, mamá por primera vez, aceptó la propuesta firme del padre, que ya sabía que el DT iba a ser el padrino, en una ceremonia religiosa que se hizo un año después en la Iglesia de la Rosa Mística. Ese padre, Ernesto Fallesen, más conocido por “Tito de América”, que sigue siendo un periodista apasionado entre los partidarios triperos.

Más allá de que ese día la gloria se mudó al barrio de Liniers, con Vélez campeón, representa el comienzo de una historia de vida, llena de recuerdos, de símbolos y de afectos, que no borrará ni la desaparición física del querido “Viejo Timoteo”.

El legado de Carlos Timoteo Griguol

“¿Cómo te nombraba? Chicho”, él tenía esas ocurrencias así, y a las mujeres les decía Bichi. “¿Te querés parecer a él? No, muy lejos estoy… Pero no quiero ser tampoco como Timoteo Griguol porque es imposible. Como entrenador trato de buscar mi propia idea”. Para el pequeño Timoteo, nunca fue solamente un técnico, y se volvió una presencia habitual alrededor del plantel, especialmente durante 2002 y 2003, cuando ya tenía ocho años y se manejaba solo por el Estadio Juan Carmelo Zerillo, mientras papá hacía los reportajes y apuntes al borde del campo de juego.

Timoteo Griguol ahijado 2

Carlos Timoteo Griguol junto a su ahijado.

Hay una escena que todavía emociona. TyC Sports la recuperó el mismo 6 de mayo de 2021 cuando se produce la muerte del cordobés a causa de una neumonía. En esas imágenes Griguol les repartía chicles a los futbolistas antes de salir a jugar, mientras un pequeño Timoteo permanece pegado a su lado, como si aquel ritual también fuera suyo. Era de noche y el partido estaba por empezar en el Bosque. “Mi viejo me heredó la enfermedad por Gimnasia y me llevaba a cada partido, pero después medio que me manejaba solo”, suelta el joven.

Al ser consultado sobre cómo entraba al campo de juego, respondió:Había una puertita en el medio de la cancha. El portero Leo, que después falleció en un accidente, me dejaba pasar. Yo corría hasta la manga, escuchaba alguna indicación de Timo a los jugadores y después me iba caminando al banco con él”.

Gimnasia como pertenencia

Esta cercanía y sentimiento de pertenencia creció durante el último ciclo del prestigioso DT en Gimnasia, es decir, en su segundo regreso, desde octubre de 2003 al 27 de junio de 2004, fecha del último partido en que fue victoria ante Vélez, dejándolo afuera de la Copa Libertadores. Aquel gol de penal de Nelson Olveira, a pesar de los tres puntos, significaría el torneo corto con el más bajo promedio de puntos cosechado al mando de Carlos Timoteo.

Timoteo Griguol ahijado 3

Hasta los últimos años, siempre con el padrino.

Este Timoteo que ahora intenta brindar lo mejor a los pequeños que sueñan con la pelota, inculca un equilibrio entre la formación y el resultado. “Aprendí a jugar a los dieciocho años, cuando me fui a España, en tercera división”, admite. Acaso la cultura europea se de la mano con preceptos timoteanos, reflexionando: “Allá, en divisiones menores, ganar es lo de menos, los nenes no se frustran, y si salen jugando desde abajo ya es un logro en sí”.

Hay cosas que inevitablemente heredó. La sensibilidad por el juego. La mirada formativa. La paciencia con los chicos, a los que premia con el esfuerzo. “¿Te cuento una…? Les hago lavar los botines y el que me los trae más limpios el fin de semana les regalo una bebida”.

Quizás después de tantos partidos que vio por televisión junto a su padrino, o de las charlas telefónicas y alguna comida en Caballito, la marca es demasiado profunda. Una de tantas que lleva una familia emocional de triperos, de la generación que vio dirigir a san Timoteo.

Te puede interesar