Pelo largo y con rulos. El inconfundible look noventoso de Fito Páez. El rosarino cerró aquella noche de 1992.
Los contactos con el músico comenzaron en marzo del año que sería un antes y un después en la carrera del rosarino: en julio iba a lanzar “El amor después del amor”, disco que lo catapultaría al éxito masivo de forma instantánea. Hoy se celebran los treinta años de esta pieza sublime de nuestro rock que inmortalizó canciones como “Tumbas de la gloria”, “Dos días en la vida”, “Tráfico por Katmandú”, “A rodar mi vida”, “Pétalo de sal”, “Sacha, Sissí y el círculo de baba” y “Un vestido y un amor”, y que hasta este momento conserva el título de ser el álbum más vendido en Argentina. Cada vez que recuerdan esto, los ex funcionarios de Alak sonríen por el guiño que les hizo el destino en aquel entonces: a Fito lo contrataron semanas antes de esa explosión y por eso la cifra fue “casi irrisoria”, teniendo en cuenta todo lo que vino después, según cuentan. Pagaron alrededor de 30 mil pesos, casi en su totalidad financiadas por los sponsors.
“Fito todavía no había lanzado el disco más importante de su carrera y por lo tanto gracias a Dios pudimos contratarlo por una suma muy inferior a lo que hubiese correspondido después, teniendo en cuenta la mega figura que terminó siendo”, dice con alegría uno de los encargados de aquella negociación. “Al llegar el momento del concierto de noviembre él supo entender que era un show para 100 mil jóvenes platenses y aceptó mantener el precio inicial, cuando por esos días él ya había contratado varios estadios de Vélez y demás lugares”, agrega.
Hasta esa fecha, los festejos en los aniversarios de La Plata distaban mucho de las fiestas populares posteriores que convocaron a cientos de miles de personas de todas partes de la provincia. “Eran lindos festejos pero más formales. No estaban orientados plenamente a la juventud; y lo que nosotros vimos cuando asumimos fue que la plaza tenía dimensiones increíblemente buenas para realizar un mega recital que se adaptara a los 100 mil jóvenes que había en La Plata, entre universitarios y visitantes, entonces pensamos que se podían amalgamar esos dos fenómenos”, define Lescano y sentencia: “Lo que buscamos fue concretar un mega recital libre y gratuito destinado a los jóvenes que no tenían posibilidades económicas de comprar una entrada para las grandes bandas del rock nacional”.
El amor después del amor sigue siendo el disco más vendido de la historia en nuestro país. Hoy cumple 30 años.
Los que salieron a la cancha aquel 19 de noviembre de 1992 fueron Horacio Fontova, Luis Alberto Spinetta y Fito Páez.
A PESAR DE TODO ME SIENTO BIEN
“Me acuerdo de ver una marea de gente que nunca se había visto para algo así”, dice un vecino que vivió durante mucho tiempo en un edificio de diagonal 73, a metros de plaza Moreno. “Era una multitud que no paraba de llegar desde muy temprano”, agrega quien junto a otros curiosos dijo presente desde muy temprano aquel jueves.
La difusión corrió por cuenta casi exclusivamente del diario El Día y algunas radios allegadas a la Municipalidad. Y la expectativa de la gestión local era medida: apuntaban alto pero siempre con la incertidumbre natural de una apuesta que podía disparar para cualquier desenlace. “De ninguna manera esperábamos tanta gente, jamás soñamos con que iban a haber 100 mil personas. Nunca. Fue una cosa tremenda, indescriptible, había un estado de histeria en general en la gente, todos querían llevar a sus hijos para ver a Fito, tocarlo, verlo de cerca, no estábamos preparados para eso, no lo podíamos creer, fue una fiesta que superó los límites de la imaginación”, confiesa un funcionario que prestó su despacho para que los artistas lo utilizaran como camarín.
Una imagen más actual de cómo se transforma Plaza Moreno cada 19 de noviembre.
Hubo mucho de improvisación porque era algo que se hacía por primera vez, por eso Fito, Spinetta y el Negro Fontova se pasearon por los pasillos del Palacio Municipal y convirtieron algunas de las oficinas de los funcionarios en sus habitaciones provisorias.
Afuera, una quinta parte de la población de La Plata estaba en la plaza. Desde muy temprano, de día, la gente comenzó a llegar para disfrutar de los espectáculos centrales que tenían como entrada al creador de “Me siento bien”, el hit que se popularizó como cortina de “Peor es Nada”, el programa de televisión que Fontova compartía con el recordado humorista y conductor Jorge Guinzburg. En aquel entonces era furor.
Luego fue el turno de Spinetta, que para ese entonces presentaba su disco “Peluson of Milk”, ese que incluyó una de sus composiciones más emblemáticas: Seguir viviendo sin tu amor.
La participación del Flaco en aquel festejo pudo haber sido la última de su carrera, cosa que no sucedió gracias a la mística que tienen los rockeros. El autor de “Muchacha ojos de papel” se electrocutó dos veces en el rato que duró su show, ante la mirada atónita del público y de los organizadores, que a un costado del escenario contemplaron incrédulos una escena de película.
“Fue culpa de sus sonidistas”, repiten una y otra vez los organizadores de aquel evento, tres décadas después. La primera de las dos descargas eléctricas se produjo al comenzar el recital, cuando el cantante se acercó el micrófono a la boca; la segunda fue en el medio del show, al momento de un solo con la guitarra en “Como el viento voy a ver”, tema de Pescado Rabioso. Quienes presenciaron ese momento no se pueden sacar de sus cabezas el ruido que estalló en los parlantes de manera imprevista, cuando todavía era de día en la ciudad: “Fue como el ‘Plop’ de Condorito: Spinetta se cayó para atrás y terminó de espaldas sobre el escenario, fulminado. Enseguida se acercaron a ayudarlo, lo levantaron y siguió tocando al rato”. Por su parte, Lescano cuenta que a ellos se les heló la sangre: “Pensamos lo peor porque el Flaco quedó semi inconsciente; según los médicos él decía una incoherencia tras otra, propias de una persona en estado de shock”.
Pudo haber sido una tragedia pero terminó siendo una anécdota increíble de una jornada histórica que cerró con Fito Páez como plato fuerte, tal como estaba previsto. Rodolfo abrió su noche cantándole el feliz cumpleaños a La Plata, ya sin riesgo de electrocución.
El Flaco Luis Alberto Spinetta a principios de los noventa sonaba en todos lados con su reciente "Seguir viviendo sin tu amor".
FITO, CHARLY, SODA Y EL PORRITO DE CALAMARO
“La gente de La Plata pudo disfrutar de un espectáculo maravilloso. Fue una revolución cultural, el primero de una tradición”, evalúa el entonces secretario de Gobierno de Alak, que además es un spinetteano confeso, por eso sufrió como pocos al ver de afuera aquella doble descarga de su ídolo. “El show terminó siendo increíble, la gente estaba súper emocionada, fue una fiesta, la ciudad nunca había vivido algo así”, continúa.
De esa noche hay muy poco material fílmico y fotográfico, coinciden los organizadores. No eran tiempos de celulares ni mucho menos redes sociales, así que las imágenes perduran sólo en la memoria de quienes presenciaron el inicio de una era fundamental en el capítulo cultural de nuestra ciudad.
Esa fue la primera de una serie histórica de espectáculos entre la Municipalidad y la Catedral. Después de Fontova, Spinetta y Fito llegaron Los Twist, Fabiana Cantilo y Charly García en el 93; al año siguiente Virus, La Portuaria y Los Rodríguez, con Andrés Calamaro a la cabeza y su recordado “me estoy poniendo tan a gusto que me fumaría un porrito”, frase que le trajo un dolor de cabeza insólito por la causa absurda que le iniciaron y que duró más de una década.
En 1995 tocó Soda Stereo -banda a la que la gestión de Alak persiguió desde su asunción, según revela uno de los encargados de organizar estos festejos en plaza Moreno- y en los años siguientes hubo para todos los gustos: Memphis La Blusera, Soledad Pastorutti, Los Fabulosos Cadillacs, de vuelta Charly, de nuevo Fito Páez, Los Pericos, La Mosca, Babasónicos y algunos más.
Gustavo Cerati al frente de Soda Stereo en La Plata. La Municipalidad los buscó durante más de 2 años.
Pero la semilla fue puesta en los meses previos a noviembre de 1992, el kilómetro cero de este recorrido que marcó a fuego a una generación. “Por suerte durante nuestros 16 años la fiesta fue aceptada por la gente y con el aporte de una actitud pacífica y festiva se convirtió en un hito en la historia cultural de la ciudad”, evalúa Lescano a la distancia.
“Todo el mundo esperaba el 19 de noviembre y nosotros nos pasábamos todo el año pensando en quién podía ser el artista. Siempre tratábamos de llegar al artista más importante del año. Ese fue un esfuerzo muy grande que logramos casi todas las temporadas”, destaca otro ex funcionario cercano a la gestión cultural que por aquel entonces comandaba Ismael “Cacho” Borean.
Algunos integrantes de aquella primera gestión de Alak recuerdan que los días posteriores al aniversario 110 de La Plata el clima que se vivía en los pasillos de la Municipalidad era de euforia y éxtasis total. "Estábamos en estado de alegría; nunca pensamos que íbamos a tener una convocatoria así, nadie estaba preparado para una cosa tan impresionante, fue una sorpresa para todos e incluso para Fito Páez. Ese día él se dio cuenta lo que había generado con 'El amor después del amor'", se anima a concluir Lescano.
"Fue una movida impulsada exclusivamente por la pasión que uno tiene por el rock", resumen a treinta años del lanzamiento del disco más vendido en Argentina. A treinta años del primer mega recital en La Plata.