martes 21 de mayo de 2024
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Pasión por los hongos

Carlos Spegazzini, el pionero del reino fungi en La Plata

En pleno auge por los hongos, el naturalista ítalo-argentino fue uno de los primeros científicos en estudiarlos. A poco de cumplirse 166 años del nacimiento, su conexión con La Plata está desde los tiempos de la fundación.

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Hay personas que pensaron a La Plata cuando todo era llanura y río. Que dijeron, con el ímpetu de los creadores: aquí se construirá una ciudad, aquí habrá un bosque, aquí un museo que resguarde todo el conocimiento de la época.

Entre esos hombres, que la historia catalogó como los Cinco sabios, hubo uno que se preocupó especialmente por la flora de la zona, hasta que fue cautivado por el reino fungi, cuyas características recién comenzaban a estudiarse en el campo académico. Y su nombre, el nombre del naturalista Carlos Spegazzini, quedó inscripto en las páginas de la ciencia local e internacional en ese afán de descubrir qué había detrás del poder transformador de los hongos.

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Carlos Spegazzini, fina estampa.

Carlos Spegazzini, fina estampa.

Carlos Spegazzini nació en Bairo, Italia, en 1858. De joven estudió en la Real Escuela de Viticultura y Enología en Conegliano, en el norte del país europeo, y se especializó en los hongos que atacaban las vides. Allí conoció a quien sería su maestro: el micólogo Pietro Andrea Saccardo. Actualmente, uno de los materiales que hoy atesora el centro de estudios que lleva su nombre -el Instituto Spegazzini, ubicado en calle 53 entre 4 y 5-, es la serie de libros escritos por Saccardo en el siglo XIX. Se trata de una colección única en Latinoamérica, que está digitalizada por la Universidad Nacional de La Plata y reúne las clasificaciones de hongos descriptas por el maestro italiano.

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Latinoamérica era un imán de atracción. Luego de finalizar sus estudios en Italia, Spegazzini viajó a Sudamérica con destino a Brasil para comenzar a estudiar los hongos de la región. En aquellos años, el continente era tierra fértil para estudios científicos relacionados con especies nunca estudiadas y eso atraía investigadores de todo el mundo. Pero la epidemia de fiebre amarilla que afectaba al país vecino modificó sus planes originales y decidió emprender el camino hacia Buenos Aires.

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Parte superior del Instituto Spegazzini.

Parte superior del Instituto Spegazzini.

En la capital argentina trabajó como químico y botánico en la Universidad de Buenos Aires. Desde allí publicó sus primeros trabajos en los Anales de la Sociedad Científica y describió, en 1880, su primer hallazgo: el Agaricus platense. La ciudad, en su excéntrico descubrimiento, se inventaba un hongo propio.

Así explicaba Spegazzini su interés por los hongos: “Están dotados de un poder desorganizador tan intenso, que las sustancias orgánicas, las plantas, los animales y el hombre mismo, son invadidos por una cantidad de estas criptógamas, y como acerca de la Micología Argentina poco o nada se sabía, he creído que no sería inútil publicar los resultados de estas investigaciones”.

Expedicionario en La Plata

A fines de 1881 Spegazzini se sumó a una expedición para explorar la Patagonia y Tierra del Fuego que terminó de forma abrupta, tras naufragar en el Canal de Beagle. Una escena de película lo tuvo al borde de la muerte. El joven investigador pudo sobrevivir nadando con un cilindro de lata que usaba de mochila, donde salvó las muestras que había recolectado. De ese primer contacto con la naturaleza patagónica regresó con una colección de 1.108 especies, de las cuales 461 eran hongos.

Su primer hallazgo fue el Agaricus platense. La ciudad se inventaba un hongo propio.

Luego del naufragio, Spegazzini convivió con los indígenas de la zona y también aprendió sus lenguas. Un artículo académico firmado por J. Pedro Viegas Barros y Marisa Malvestitti analiza un manuscrito que contiene datos de las lenguas de los pueblos originarios ona, yagan y alacaluf escritos por Spegazzini. Gracias a este manuscrito, se pudo conocer más sobre la lengua haush, la menos conocida de las que forman la familia lingüística de la región.

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“Los resultados de mi trabajo en este largo viaje son: una colección de algunos millares de ejemplares vegetales representantes de la flora de la Patagonia Austral, de la Isla de los Estados y de gran parte de la Tierra del Fuego; un catálogo completo de la vegetación de los puntos visitados; una lista bastante estensa (sic) de palabras y apuntes sobre reglas gramaticales de la lengua hablada por las tres tribus fueguinas”, escribió Spegazzini en su informe final.

Ya de regreso de la expedición, se le pidió su opinión acerca del sitio en el que debía fundarse la ciudad de La Plata. Allí comenzó una relación con la ciudad que duraría toda su vida.

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Retrato del naturalista en la tapa de una revista.

Retrato del naturalista en la tapa de una revista.

—Cuenta la leyenda, porque hay gente que no lo acepta así, que le pidieron como experto en estudios de biología que dijera cuál era el lugar apropiado para la fundación de la ciudad de La Plata, que iba a ser la capital de la provincia —cuenta la investigadora, micóloga y docente Marta Cabello, directora del Instituto Spegazzini—. En ese momento, ya se tenía noción del concepto de "ciudad higiénica", porque estaba el tema de la fiebre amarilla. Por eso es que La Plata se trazó con dos diagonales, que la recorren de sur a norte y de este a oeste, para que el viento que viene del río limpie toda la peste.

Ciudad higiénica

Spegazzini es parte del club de los “Cinco sabios”, el grupo de científicos considerados los padres fundadores de la vida intelectual en la ciudad de diagonales, conformado por Juan Vucetich, Alejandro Korn, Pedro Bonifacio Palacios y Florentino Ameghino. Con los hermanos Ameghino, Carlos y Florencio, Spegazzini también realizó aportes significativos en paleobotánica, describiendo seis especies nuevas de plantas vasculares extintas, que habían sido recolectadas en expediciones hacia el interior del país.

Actualmente, se puede conocer la escultura homenaje a los “Cinco sabios” en el Paseo del bosque, cercano al Museo de Ciencias Naturales, el lago y el estadio de Estudiantes de La Plata. Como todo recorte histórico, pensar a los fundadores de la ciudad también implica pensar en los discursos y las clases que se omiten. “La ciudad higiénica e ilustrada que se proclama heredera de la generación del ´80 -al fin y al cabo, de una élite minoritaria que organizó el país sobre una matriz liberal-conservadora- se reserva el derecho de admisión. En esa clave se entenderán los silencios y las ausencias de los relatos predominantes”, escribe el periodista, docente e investigador Daniel Badenes en su libro “Un pasado para La Plata”.

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Busto de Carlos Spegazzini.

Busto de Carlos Spegazzini.

Para la historia moderna, la memoria de los pueblos originarios es parte de esos silencios y ausencias de los relatos predominantes. En búsqueda de reparación, en 2019, la Universidad Nacional de La Plata, con el respaldo del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), restituyó restos humanos que eran parte de la colección de Spegazzini al pueblo Nivaclé.

Según un informe cedido por la directora del Museo de La Plata, Analía Lanteri, los restos habrían pertenecido a una persona fallecida en 1887 en Resistencia, Chaco, aunque no se pudo estimar con precisión su procedencia, al igual que su sexo. En cambio, “presenta inequívocos rasgos de que se trata de un individuo subadulto”, es decir, que se trata de un niño o una niña.

“En cuanto al contexto de colecta de los restos no hay mayor información. Se sabe, en cambio, que estos fueron parte de una colección formada por el naturalista Carlo Luigi Spegazzini (1858-1926), quien vivió en La Plata desde 1884, donde desarrolló gran parte de su actividad científica. Hasta el momento no contamos con mayor información sobre los viajes de Spegazzini a la región chaqueña ni sobre sus prácticas de colecta de cuerpos humanos”, consigna el informe.

Palitos dulces

En el eje fundacional de la ciudad también está emplazada la casa que habitaba Spegazzini, donde hoy se sitúa el Instituto que depende de la UNLP y lleva el nombre del científico. Ubicada en calle 53 entre 4 y 5, la casona centenaria, construida al estilo “chorizo” de la época, aún conserva su arquitectura original. Al fondo, tiene un jardín cultivado por el propio Spegazzini, donde sobrevive una magnolia y un cactus que el científico trajo del Norte argentino. El cactus no sólo se adaptó al clima platense, sino que creció de forma gigantesca en el centro del patio. En esa casa, Spegazzini vivió junto a su mujer María de la Cruz Rodríguez, una mujer originaria del chaco paraguayo, con quien tuvo once hijos. Otro detalle que habla de la pasión del célebre investigador con la ciencia es que bautizó a su descendencia con nombres de etilenos de hidrocarburos -como Etile, Propile y Butile- como un homenaje a la química.

—Spegazzini también se encargó de gestionar todo el arbolado del bosque—agrega la investigadora Cabello—. Nosotros tenemos, desde lo que es el Museo hasta la entrada del zoológico, una serie de árboles que llamamos ´palitos dulces´ que fueron plantados por Spegazzini, al igual que los ginkgo que forman la entrada al Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

Fue profesor en diversas carreras de la Universidad y creó el Jardín Botánico y Arboretum de la Facultad de Agronomía. Fue profesor en diversas carreras de la Universidad y creó el Jardín Botánico y Arboretum de la Facultad de Agronomía.

Además de una frondosa biblioteca con libros que datan del siglo XIX, en el Instituto también funciona el fungario, un archivo donde se guardan las distintas clasificaciones de hongos, incluidas las fichas escritas y dibujadas en lápiz por el propio Spegazzini. En la sala que utilizaba de laboratorio, también sobreviven preparados para el microscopio, balanzas y todo tipo de instrumental de la época para el análisis científico.

—Ha sido un ejemplo para la ciencia, un hombre que ha recuperado especies que no se conocían—explica Mario Saparrat, ex director del Instituto y profesor de las Facultades de Ciencias Naturales y Museo y de Agronomía y Ciencias Agrarias de la UNLP.

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Fue uno de los pioneros en el reino fungi.

Fue uno de los pioneros en el reino fungi.

En La Plata, Spegazzini, políglota y divulgador, fue profesor en diversas carreras de la Universidad y creó el Jardín Botánico y Arboretum de la Facultad de Agronomía, que actualmente lleva su nombre y queda en la calle 60 y diagonal 113. También creó el Museo de Farmacognosia, que está en la Facultad de Ciencias Exactas, el cual durante mucho tiempo fue dirigido por una de sus nietas. Además la calle 116, mediante la ordenanza nro. 54 dictada en 1936, había sido bautizada con su nombre.

Desde la ciudad de las diagonales, en efecto, emprendió más de veinte expediciones con fines científicos. En el pasado, las expediciones también estaban relacionadas con el desarrollo de las economías regionales, como el estudio que Spegazzini realizó en 1895 para estudiar la peste que atacaba la caña de azúcar, por encargo del Centro Azucarero de la República. Había una misión nacional detrás de cada proeza científica.

En estos últimos diez años explotó el interés científico por los hongos. Hay muchísimos centros, muchísima divulgación. En estos últimos diez años explotó el interés científico por los hongos. Hay muchísimos centros, muchísima divulgación.

Como resultado de décadas de carrera, en un lapso entre 1853 y 1926, describió dos mil especies nuevas para Argentina, mil para Chile y alrededor de seiscientas para Brasil y Paraguay. Antes de su aparición, la ciencia local apenas contaba con menos de 50 especies conocidas. Gracias a ello, se lo considera el primer micólogo de Argentina. El “día del micólogo”, en rigor, se celebra el 20 de abril en homenaje a su nacimiento. Su voracidad por el aprendizaje lo llevó a interesarse por otras disciplinas como la ornitología, incluso llegó a integrar la Comisión Directiva de la Asociación Ornitológica del Plata.

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Una muestra de laboratorio en el Instituto.

Una muestra de laboratorio en el Instituto.

En 1924, cuarenta años más tarde de su primera excursión, realizó un segundo viaje a Tierra del Fuego. Allí volvió a visitar la zona del Canal Beagle, llegó hasta el Cabo de Hornos y verificó “la desaparición total de la antigua población indígena”. Ese mismo año, comenzó a editar la Revista Argentina de Botánica, donde dejó constancia de lo mucho que le impactó la muerte de su hija mayor, Etile. Su hija había cursado simultáneamente las carreras de Farmacia y Ciencias Naturales.

En su testamento dejó asentado que el Museo de Ciencias Naturales de La Plata quedara como heredero de su casa, sus colecciones y su instrumental. En su testamento dejó asentado que el Museo de Ciencias Naturales de La Plata quedara como heredero de su casa, sus colecciones y su instrumental.

En 1910 se convirtió en la primera persona en terminar la Licenciatura en Ciencias Naturales de la UNLP. El impacto de su muerte repentina golpeó duramente a Spegazzini, quien quedó “sumido en la mayor desesperación”. Al respecto, escribió: “No sólo era mi hija sino también mi activa ayudante y fiel secretaria, el verdadero apoyo moral y material de estos últimos años de mi vida”. La noticia tuvo consecuencias irreversibles en la propia salud y vitalidad del científico, que falleció casi un año después en La Plata, el 1 de julio de 1926.

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Uno de los cinco sabios en otra fotografía de época.

Uno de los cinco sabios en otra fotografía de época.

En su testamento dejó asentado que el Museo de Ciencias Naturales de La Plata quedara como heredero de su casa, sus colecciones y su instrumental, con el objetivo de que allí funcione un Instituto de Botánica. Por la voluntad del científico de origen italiano, el Instituto funciona desde 1930 hasta la actualidad. Es el único centro del país que se dedica exclusivamente al estudio de los hongos y fue declarado patrimonio municipal de la ciudad. Allí funcionan distintas líneas de investigación, como la que estudia el control biológico de hongos o analiza los hongos que se asocian con las plantas como biofertilizantes. En 2019, además, se expandió hacia un anexo en la Facultad de Ciencias Naturales donde se trasladó el personal científico. Desde su creación, es consultado por investigadores de todo el mundo.

—En estos últimos diez años explotó el interés científico por los hongos. Hay muchísimos centros, muchísima divulgación. Los hongos son fuentes de vitamina, de proteínas, de enzimas, pueden ser útiles para la farmacia, la medicina y la industria. Además son los recicladores número uno—explica Cabello.

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Marta Cabello, directora del Instituto Spegazzini.

Marta Cabello, directora del Instituto Spegazzini.

A poco de cumplirse 166 años del nacimiento de Spegazzini -hoy su nombre es conocido por ser una ciudad del Gran Buenos Aires y un glaciar patagónico, entre otros-, los especialistas creen que todavía hay muchísimo para investigar sobre la naturaleza del reino fungi y sus beneficios para el ser humano y el desarrollo ambiental. Por eso, en tiempos de ajuste y ataque permanente a la academia local, honrar el legado de Spegazzini implica no sólo continuar explorando el poder subterráneo y transformador de los hongos, sino que también conlleva reivindicar la rica historia, el presente y el futuro de la ciencia nacional.

¿Qué hubiera pensado Spegazzini ante el auge actual de la psilocibina, el componente activo que les confiere el estatus de “mágicas” a más de 200 especies silvestres de hongos? ¿Habría sido un entusiasta de los consumos de microdosis que proliferan entre la experiencia mística y la crisis en la salud mental mundial?

Así lo presentía el propio Spegazzini, que en 1926 escribió, con dotes de visionario: “La micología argentina ha sido tan sólo vislumbrada por mí, o tal vez arañada, como bien podrá concebirlo toda persona entendida en la materia cuando piense en la extensión y en la variedad del suelo y clima de este país; adelante, pues, los hombres de buena voluntad”.

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