Pancho Varallo, en su agencia de lotería
El club, en efecto, nacía de las entrañas de un espacio público. Fue entonces que el lunes 2 de marzo de 1942 una asamblea vecinal fundó a esta entidad que llevó el nombre precisamente de la plaza que hoy lleva otro nombre, Presidente Perón, que fue adoptado en 1995 a través de una ordenanza surgida de una consulta vecinal de la cual, según asegura Gerardo Romano, “muchos no estuvimos ni enterados”. Criado en la barriada, Romano es abogado y fue edil por el radicalismo en los primeros años del regreso de la democracia. Lo mismo repiten varios de los consultados para esta nota.
MANO DE OBRA CALIFICADA
A la hora de elaborar el Estatuto, sus pioneros no fueron improvisados y se dirigieron al Club Ferrocarril Oeste, en Caballito, para estudiar la carta fundacional. Se apuntó al fomento de la cultura, el deporte y las mejoras edilicias tomándose como radio “las calles que van de la 19 a la 31 y de la 57 a la 64”, tal como se consigna en su primer libro de actas.
No fue nada improvisado. La “guardia vieja” que gestó el club estaba integrada por Atilio Simonelli, un empresario de la construcción que ya en la década del 40 tenía en su haber la edificación de dos centros comerciales de vestimenta, Casa Garganta y Casa Delmar; Francisco Peroncini, italiano del Piamonte, yesero; José Bereciartúa, inmigrante vasco, un próspero metalúrgico; Rigoberto Rovella, inspector de obras en Vialidad; Juan Carlos Belvedere, arquitecto y Pedro Varallo, el padre padre del goleador que era administrativo de Policía. Todos ellos, mano de obra calificada, construyeron el club literalmente. Así, la sede propia no tardaría en llegar, colocándose el primer ladrillo el 5 de julio de 1945 en el terreno de avenida 60 entre 23 y 24, su actual Sede.
Además, la dirigencia contaba con otros profesionales, como el ingeniero Arturo Mangieri, el abogado Osvaldo Bezzi y el farmacéutico Alfredo Tartaglia. El primer presidente fue Antonio Seisdedos, empresario textil, que había cruzado el océano proveniente del pueblo español de Fermoselle escapándo de la persecusión religiosa y asumió el cargo en forma provisoria.
Teresa Varallo y Stella De Luca, vecinas con raíces familiares en el club.
OCIO Y EDUCACIÓN
La música, las cartas, el metegol, el billar, la pelota paleta y las bochas dieron el aliento vital en la zona. Los inmigrantes buscaban un espacio para el ocio, para su propia recreación: no todo era trabajo. Así se fueron dando las primeras competiciones, de corte amateur. Por ejemplo, el primer dúo bochófilo ganador lo integraron “El Checo” Peroncini y su hijo Hamlet, bautizado así por la devoción por la ópera que tenía su progenitor que en Italia había estudiado canto lírico en la Scala de Milán.
Aquellos inmigrantes querían construir un país mejor, según la memoria de los vecinos. Fue una voluntad comunitaria, de fuerzas anónimas y arraigadas en el barrio que les dio cobijo.
La gimnasia artística hoy, donde históricamente se jugaba a las bochas.
Dentro del club emergió el valor por la educacion y se buscó incentivar una mejor formación intelectual por medio de la biblioteca. Luego se incorporó el jardín de infantes “Pinocho”. Incluso, durante algunos meses de 1970 se prestaron las instalaciones a la Escuela Primaria 55, que se recuperaba del luto por la muerte de dos chicos.
Además, la juventud quedó marcada a fuego por el club en sus primeros años de vida. Uno de ellos sería actor de televisión, director de teatro y político nacional, Héctor Bidonde, que hoy vive en La Paternal. “Yo estaba desesperado por crecer y alguien me dijo por qué no vamos al club. Brandsen fue una suerte de segunda casa, de lunes a viernes hacía una aventura rarísima, iba a la mañana mientras mi viejo trabajaba en un restaurante en plaza Italia y en casa yo era el responsable de una rutina odiosa de hacer el puchero que él como hombre de campo se planteaba con meticulosidad. Me iba de la mañana al mediodía al club porque mi pasión era aprender a jugar al billar hasta que tenía que volver a casa para preparar el puchero. De vez en cuando iba a jugar al básquet, y un día pedí permiso y me encontré vendiendo pastillas (las Volpi, mentoladas) en los bailes”.
ESPLENDOR OLÍMPICO
La memoria del club tiene un álbum de figuras y el básquet está presente con aquellas musculosas naranjas, en una cancha al aire libre, que estaba donde hoy hay una pileta cubierta. El grito del ascenso en 1955 revolucionó a todos, siendo campeones de Segunda. En esos tiempos estaba en la presidencia Antonio De Luca, “Tonio”, hombre que tenía su mueblería en la esquina de 60 y 23 y que fue protagonista en la mejora constante del jardín, inaugurado en 1947.
El equipo de basquet que logró el ascenso
Había lugar para la música. Los espectáculos de orquestas típicas de tango y de jazz fueron el lugar donde se formaron parejas, aunque esos espectáculos eran más para presenciar que para bailar. El 2 de diciembre de 1948, visitó el club el maestro Juan D’Arienzo. También actuaron las típicas de Osvaldo Pugliese y de Varela-Varelita.
Una fecha debe subrayarse especialmente en su historia, el 22 de diciembre de 1972, cuando en AC Brandsen, en pleno casco urbano, se inauguró una pileta olímpica. Fue durante la primera presidencia de Norberto "Coco" Sánchez, quien hace unos meses volvió a la presidencia, a sus 85 años. Uno de los que se puso al hombro la obra fue Raúl Garzia, el penúltimo de siete hermanos que vivían a la vuelta del club, hijo de un italiano que llegó a La Plata después de la Primera Guerra Mundial.
Coco Sánchez, su hijo Germán y el arquitecto Juan Malatesta, tres puntales hoy del club
“Teníamos que terminar la pileta cuanto antes, si se iba el verano del ’73 sin estrenarla, ¿cómo íbamos a pagarle al banco? Por suerte hubo temporada y recuperamos las escrituras que se pusieron como garantía”, recuerda Garzia. Lo conmovedor e inusual fue una corazonada de Garzia, quien le pidió autorización al director de Minoridad y le dio a una veintena de chicos que estaban encerrados por causas judiciales la posibilidad de trabajar. “No fue fácil sacarlos hasta que tuvimos el permiso del juez. Hubo que desencofrar, pulir, limpiar, hacer las veredas perimetrales, las rejas, se trabajó sin descanso y en mi Jeep me iba a buscar a los jovencitos al Palacio Piria de Punta Lara donde vivían. Todos querían venirse hasta el club, desayunábamos y a las 7 ya estaban bajo mi tutela. Me agradecieron, trabajar les hizo bien, además de que los llevábamos al centro para que se compren ropa”.
El destino quiso que otro afamado actor Boris Rubaja fuera parte de la fiesta acuática. “Fui líder de la colonia de vacaciones en 1973, una experiencia de todo el verano, a la que se sumaron actos culturales de la institución y el baile de carnaval de ese año. Al terminar la temporada me fui a vivir a Buenos Aires para comenzar mis estudios de actuación. ¡Hermosos recuerdos de Brandsen!”, cuenta Boris desde Israel donde desde hace años se encuentra radicado.
Pileta semi olímpica, la primera en el casco urbano.
FÚTBOL, DESTINO DE NOTABLES
A mediados de los ’70 muchísimos chicos se volcaron en forma cada vez más numerosa hacia el club, en grupos, gracias a las matinés organizadas por “Musicomanía”. Además, apenas se inició la primera Liga de Fútbol Infantil de La Plata (LIFIPA), el Coronel Brandsen se incorporó a sus torneos, en 1979. El “Corcho” Jorge Mattía y Alejandro Nicoletti, que apenas tenían 18 años y por su pasión futbolera no temieron estar al frente de las categorías, entrenaban en la Sede, la plaza y, para jugar de locales, alternativamente pudieron conseguir la primera cancha en barrio Aeropuerto, 8 y 609, a la que llamaron “La Cantera”, y la del Club El Porvenir Platense, en 42 entre 133 y 134, bautizada como “La Vaca Echada”.
Entre los pibes había uno de la clase 1969, llamado Hernán Cristante, quien llegaría a ser profesional en el arco de Gimnasia (figura en la Copa Conmebol 92 y fue parte del equipo que ganó la Copa Centenario), la Selección Nacional y el fútbol mexicano, donde se retiró y hoy es entrenador. Con el tiempo, Cristante llamó a su primer DT, Nicoletti, para que en México organizara una escuelita de fútbol. Una devolución de gentilezas.
Los chicos de la categoría '69 en los inicios de LIFIPA.
El fútbol de mayores despegó en Brandsen en 1985, logrando el salto a la 1ª A de la Liga Amateur Platense, divisional que nunca perdió por algún descenso o desafiliación. Empezaron el primer año en la cancha del Parque San Martín, en 54 y 25, y al siguiente torneo comenzaron a jugar en San Martín de Los Hornos.
Todo empezó cuando se acercó un grupo de jugadores que se solía reunir en el viejo Café Francés de 49 esquina 6. Querian jugar oficialmente en la Liga y no tenían personería jurídica. "En Brandsen sólo habíamos tenido fútbol de mayores entre 1976 y 1979 y decidimos apoyarlos", recordó Carlos Saenz, el presidente durante diecisiete años (1984-2001).
La pasión de multitudes llevó a soñar con la cancha propia, con abanderados de esa lucha como las familias Martins Serrano, Rosas, Raimundo, Tarquino Costa, Paredes, Bonetti y Saenz, entre otras nacidas del fútbol infantil. "Ahora tenemos dos clubes, el de 60 y el de 161", solía decir Edgardo Emir "Chiche" Di Cola, un vecino y recordado dirigente (pariente del ídolo Varallo), que junto a su hermano y entrenador Raúl Di Cola pudo disfrutar el primer partido oficial del primer equipo, disputado el 25 de mayo de 2000.
Existen anécdotas a mares. Como premio del ascenso, el plantel amateur hizo un viaje a Mar del Plata. “Nos juntamos en la puerta de la casa de comidas que tenía nuestro técnico, Horacio Ortíz, pero el arquero no venía, no había celulares, y como estaba el suplente, nos fuimos. Al llegar al hotel estaba Jorge Echechouri, que llegó a Mar del Plata en taxi. A ese Loco lo traje yo, vivía en mi barrio y atajaba en el seleccionado de la Universidad, y también apalabré para traer a Chirdo, una figura del fútbol argentino”, rememora el capitán histórico Guillermo Frisón.
Néstor Chirdo había sido un zaguero que debutó en 197q en el Estudiantes dirigido por Carlos Bilardo, pasó por Racing donde reemplazó a Roberto Perfumo. También llegó a jugar un partido en la Selección mayor. Su etapa en Brandsen fue un tiempo de diversión, entre 1986 y 1987. “Entrenábamos a la noche en la plaza, y los viernes a la noche todos reunidos alrededor de la parrilla del club para hablar del partido y ver quién jugaba, quién se hacía cargo de llevar a algún compañero en algún auto. La pasábamos bárbaro, tenía otro sabor hasta el choripán por ser amateur, y hasta ayudábamos a algún chico de la 3ª o la 4ª porque no llegaba en la casa para pagar la cuota. A veces, siendo locales, algún jugador suplente tenía que correr a buscar a los dos policías de la comisaría más cercana porque si no, el partido no empezaba".
Hubo dos ex profesionales en ese equipo, porque el buzo “1” lo llegó a vestir Eduardo Dallovere, cordobés y ex Gimnasia, que le había atajado el primer penal a Estudiantes en la historia de los clásicos, nada menos que a la "Bruja" Juan Ramón Verón.
El equipo que logra el ascenso a la "A" de la Liga Amateur Platense.
Entre los notables que dieron parte de su vida a Brandsen, en los menesteres dirigenciales contó con Raúl Gerardo Correbo, quien cautivado por las amistades del club, especialmente por Coco Sánchez, pasó “momentos imborrables”. “Recuerdo como anécdota la noche que trajimos a Hugo Marcel, un gran cantor. Suponé que nos cobraba 500 pesos, pero como le calculamos no menos de setecientas personas no habría inconvenientes. Pero por la lluvia torrencial no llegaron a venir ni cien y tuvimos que tirar todo lo que habíamos comprado para el buffet. A raíz de eso, me acreditaron unas cuantas cuotas de socio y me pusieron al año siguiente en la Comisión Directiva”, rememora el escribano Correbo, emblemático integrante del movimiento “La Plata de Pie” con el que trabajó por la obra pública local y provincial, siendo además presidente de Estudiantes durante el bicampeonato de 1982 y 1983.
Destino de grandeza el de este barrio donde vive “El Gallego” Antonio Rosl, uno de los grandes laterales izquierdos del fútbol argentino, con una docena de partidos en la Selección, campeón con San Lorenzo hace cincuenta años, y muy identificado con la camiseta de Gimnasia (jugó de 1963 a 1967 y de 1974 a 1976, siendo también Secretario Técnico y DT de la primera). En varias ocasiones se puso a disposición de Brandsen, como DT en 1993 y su arribo en 2013 como encargado del Departamento de Fútbol, gestionando recursos para mejorar el predio deportivo en el Barrio El Retiro, lográndose algunos progresos más allá del resultado futbolístico.
El club está abierto hasta la noche, todos los días
Brandsen, cuna de inmigrantes entre plazas y parques emblemáticos de la ciudad, un club que sigue haciendo historia con su impronta comunitaria que reivindica desde sus orígenes.