El inicio de las cursadas en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y cualquier otra casa de estudios se presenta con una mezcla de emociones que van desde la alegría y las expectativas por lo nuevo, hasta los miedos o nervios. El contexto de paro por el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, suma incertidumbre a este escenario.
Las emociones son procesos físico-químicos que ocurren en nuestro cuerpo; afectan a órganos y fluidos y, según la neurociencia, el modo en que las transitamos incide directamente en las posibilidades que vemos en la vida. Si logramos observar la realidad "desde la terraza", tendremos una perspectiva más amplia, incluso sobre los desafíos. En cambio, si nos encerramos en el "sótano", se amplifican sensaciones como el miedo a desaprobar, la ansiedad por las correlativas o los nervios esperando el micro que tarda en llegar.
El desafío diario más allá de los exámenes
Aunque parezca que solo los parciales o finales generan nerviosismo, la experiencia universitaria completa es un desafío emocional constante. Organizarse con las nuevas rutinas, encontrar horarios que se adapten a la realidad individual y abrir espacios para el estudio sin resignar el tiempo de ocio, puede ser una tarea estresante.
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El desafío emocional de una experiencia universitaria, como la que transitan los estudiantes en la UNLP, es mucho más que solo el estrés de los exámenes
Distracciones como el uso excesivo del celular o la multitarea funcionan como intrusos que hacen sentir que el tiempo nunca alcanza, alimentando la ansiedad. Conocer las emociones, identificarlas cuando aparecen y gestionarlas, es fundamental para transitar el mundo académico con disfrute. Aprender a liderar lo que sentimos es tan importante como la carrera elegida, especialmente porque el cuerpo y la mente necesitan herramientas de recuperación a largo plazo.
Aunque parezca que solo los parciales o finales generan nerviosismo, la experiencia universitaria completa es un desafío emocional constante
Conocernos e identificar aquello que el cuerpo dice, incluso antes de que el cerebro procese la emoción, es un paso clave. En este sentido, el modelo de Inteligencia Emocional (IE) de los psicólogos e investigadores John D. Mayer, Peter Salovey y David R plantea cuatro etapas concatenadas para cultivar este bienestar:
- Percepción emocional: momento de identificar y reconocer qué estamos sintiendo.
- Facilitación emocional: usamos esa información, para tomar mejores decisiones.
- Comprensión emocional: después de la etapa anterior, podemos buscar las causas y consecuencias de ese estado inicial.
- Regulación emocional: en este momento, se tendrán mayores recursos para gestionar la emoción de manera efectiva para que nos ayude en lugar de limitarnos.
Incorporar este proceso ayuda a transitar las emociones funcionales (respuestas adaptativas ajustadas a la realidad) y a transformar las disfuncionales (aquellas desproporcionadas que bloquean la conducta o persisten dañinamente). Es importante aprender a gestionar las emociones disfuncionales para no quedar atrapados o atrapadas en la ansiedad, el estrés crónico, el pánico, por ejemplo; e incluso saber diferenciar cuando son funcionales y cuando no lo son.
Herramientas para transitar las emociones "universitarias"
¿Qué podemos hacer para que el mar de emociones no nos ahogue? Comparto algunas estrategias de organización y gestión:
1. Organización
Calendarizar
Es recomendable identificar todas las actividades, distinguiendo entre las personales, laborales, de salud, ocio, etc., para que la planificación se adapte a vos y no al revés.
Feriados
Calendarizar actividades es una buena manera de que la planificación se adapte a uno y no al revés
Al inscribirte en las materias, considerá que el tiempo académico no es solo la hora de cursada, sino también el espacio de lectura, estudio y, dependiendo de la carrera, las prácticas y actividades grupales. Registrá las tareas en una agenda o app para visualizar la disponibilidad real y evitar la sobrecarga.
Priorizar
Una herramienta que puede ayudar es la Matriz de Eisenhower, que permite distinguir lo importante de lo urgente:
- Hacer (urgente e importante). Tareas críticas con plazos inmediatos que deben resolverse ya. Por ejemplo: estudiar para el parcial de mañana, entregar un trabajo final hoy o terminar un informe de laboratorio atrasado.
- Planificar/Decidir (importante aunque no urgente). Tareas que construyen tu futuro académico y personal, claves para evitar crisis. Por ejemplo: hacer un calendario de exámenes, repasar diariamente, ir al gimnasio e investigar temas para la tesis.
- Delegar (urgente, pero no importante). Interrupciones que parecen urgentes pero no contribuyen a tus metas, idealmente delegar o minimizar. Por ejemplo: responder correos no críticos o llamadas telefónicas irrelevantes.
- Eliminar (ni urgente ni importante). Actividades que consumen tiempo y no aportan valor, deben descartarse. Por ejemplo: revisar redes sociales en exceso, ver series sin límite y procrastinar.
Podés armar un cuadro para visualizarlo de manera clara y agregar en la agenda las prioridades.
2. Gestión de las emociones
La gestión de las emociones es algo que se aprende; es un proceso, como el transformar nuestros hábitos, que lleva tiempo e intención. Como no podemos actuar de manera directa sobre lo que sentimos, debemos actuar sobre el cuerpo o sobre lo que pensamos. A nivel del cuerpo, debemos utilizarlo para cambiar los sentimientos, por ejemplo con la respiración diafragmática. Esto permite que baje el cortisol, cambia el mundo afectivo y se tiene mayor claridad para pensar. También se debe gestionar en el plano del pensamiento y preguntarse qué se pensó que generó ese sentir.
La gestión de las emociones es algo que se aprende; es un proceso, como el transformar nuestros hábitos, que lleva tiempo e intención
Existen diferentes formas de intervenir cuando las emociones disfuncionales emergen, y a medida que vayamos conociéndonos y nos resulte más simple esta gestión, la intervención será cada vez más oportuna. Apenas el cuerpo nos da el primer indicio y no cuando se está por explotar.
Para aquellos momentos de nerviosismo, antes o durante algún evento como los exámenes, se pueden hacer algunos ejercicios simples:
- Relajación. Tomar cinco respiraciones profundas, exhalando más largo; tensar y relajar los músculos por grupos, por ejemplo, las piernas y glúteos.
- Distracción cognitiva. Contar de cien a uno, hablar con alguien de confianza o visualizar un lugar que te dé calma, pensando en cómo te sentís ahí, qué sensaciones tenés y qué olores o sonidos se presentan.
- Movimiento. Realizar una pausa activa, ejercitar las extremidades o dar un paseo breve; realizar acciones cinéticas simples como romper un papel pequeño.
Navegar la incertidumbre externa
Existen factores que nos exceden, aunque tener información ayuda a bajar la incertidumbre:
- Contexto universitario. Los paros docentes y nodocentes suelen notificarse con tiempo. Registrarlos en el calendario evita sorpresas y permite prever otras actividades. Esta situación puede generar momentos de baja motivación; para eso podés conversar con estudiantes y docentes para comprender y sobrellevar la situación y organizarte para estudiar en los horarios que quedan libres.
- Transporte público. La situación actual con las frecuencias y costos puede generar malestar. Anticiparse a los horarios de los micros ayuda a organizar las idas y vueltas con menos "pérdida" de tiempo. Siempre que la distancia lo permita, la bicicleta es una gran aliada: funciona como medio de transporte y, a la vez, como actividad física para descargar tensiones.
El valor de lo propio
Estar al día con la lectura permite evitar el colapso de último momento. Ir poco a poco ayuda a que, antes del examen, solo necesites un repaso, manteniendo espacios de descanso que te permitan llegar con un cerebro bien predispuesto. Sostener hábitos saludables (alimentación, actividad física y descanso) es la base de esta gestión y del bienestar integral.
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Tener buenos hábitos de alimentación y descanso, por ejemplo, es la base del bienestar general
Y siempre que sientas que tus emociones se desbordan por de más, que la ansiedad o el sentimiento de tristeza se sostienen en el tiempo, es importante que consultes con especialistas de la salud para que te orienten y acompañen.