domingo 22 de marzo de 2026

Con nervios se toman malas decisiones: ¿cómo afecta a las y los platenses el estrés y la ansiedad?

Los estados de estrés, ansiedad y nerviosismo impiden ver con claridad. Pero, ¿a qué se debe esto y cómo impacta en nuestro día a día?

Seguro te pasó: releés las consignas del examen, una y otra vez, buscando una respuesta que hasta ayer sabías. O el micro pasó lleno y no paró, los nervios por perder el presentismo te invaden. Quizás repasás mil veces los escenarios de esa reunión importante, o sentís la impotencia de que se te pinche la bici justo cuando salió ese pedido de Rappi que iba a hacer la diferencia del día.

A diario se toman decisiones simples y complejas donde el factor emocional es el ingrediente principal: se estima que el 95% de las determinaciones diarias son emocionales. Sin embargo, como poco se enseña sobre la gestión de esas emociones, las situaciones habituales de la ciudad pueden arrastrar a estados de malestar profundo.

Lee además

¿Por qué los nervios llevan a decidir mal? Cuando se atraviesan emociones intensas —enojo, miedo o euforia—, el corazón se acelera y el cuerpo consume gran parte del oxígeno y la glucosa que el cerebro necesita para funcionar óptimamente. Toda esa energía se desvía para resolver la emoción que atraviesa el cuerpo en ese momento, reduciendo la eficiencia del pensamiento racional.

Se estima que el 95% de las determinaciones diarias son emocionales

Así es que cuando los nervios aparecen, se pierde capacidad cognitiva y se reduce la habilidad de evaluar opciones con perspectiva: las decisiones se toman por la urgencia emocional y no por análisis reflexivo. El resultado es negativo en promo 2x1: primero, se decide sin reflexionar; segundo, aparece la culpa por una decisión apresurada, alimentando una "bola de nieve" que profundiza el estrés. Desde las neurociencias advierten que no se trata de evitar los nervios —son una respuesta del organismo—, sino de gestionarlos para que la emocionalidad sea funcional y no un obstáculo.

Estrés (3)
Cuando los nervios y el estrés aparecen las decisiones se toman por la urgencia emocional y no por análisis reflexivo

Cuando los nervios y el estrés aparecen las decisiones se toman por la urgencia emocional y no por análisis reflexivo

Entonces, ¿qué hacer? La clave es la inteligencia emocional y el camino comienza por conocer el lenguaje del cuerpo; porque él se anticipa y envía señales claras: el estómago que se "cierra" o duele antes de un examen, las manos que transpiran y las palpitaciones que aparecen al proyectar una reunión difícil, o ese dolor de cabeza punzante que surge mientras esperamos un colectivo que parece no llegar nunca. Incluso el calor que se apodera del pecho ante la impotencia de una bicicleta pinchada que nos arruina la jornada laboral es una señal clara.

Cuando se logran escuchar estas sensaciones y se identifica con qué situación específica se asocian, se abre la posibilidad de intervenir a tiempo evitando que el malestar nos desborde.

Cuatro estrategias de gestión emocional y conciencia corporal

  • Respiración consciente. Técnica 4-7-8

Inhalá en 4 segundos, retené en 7 y exhalá suavemente en 8. La exhalación larga activa el nervio vago, encargado de bajar las pulsaciones. Es la técnica ideal para la previa de una reunión o un examen.

  • Mindfulness. Técnica del 5-4-3-2-1

Identificá cinco cosas que veas, cuatro que toques, tres que escuches, dos que huelas y una que saborees. Este "enraizamiento" te devuelve a la realidad inmediata y frena el bucle rumiante de pensar "¿qué voy a hacer ahora?".

  • Conciencia corporal. Escaneo rápido

Recorré mentalmente tu cuerpo de pies a cabeza. Soltá la lengua del paladar, bajá los hombros y relajá las manos. Al relajar el músculo, el cerebro entiende que la "amenaza" pasó y libera espacio mental para la lógica.

Meditación
La micro-meditación puede ayudar a aceptar aquello que no se puede controlar, evitando gastar energía en algo que no somos capaces de cambiar

La micro-meditación puede ayudar a aceptar aquello que no se puede controlar, evitando gastar energía en algo que no somos capaces de cambiar

  • Micro-meditación de aceptación

Frente a lo inevitable, repetí mentalmente: "Acepto lo que no puedo controlar, foco en lo que sí puedo hacer". Se gasta más energía enojándose con el tránsito o el clima que resolviendo el inconveniente.

Desarrollar estas herramientas no inmuniza contra los imprevistos de la vida urbana, pero permite responder de una manera distinta. Aprender a hacer una pausa, aunque sea de sesenta segundos, es lo que separa una reacción impulsiva de una decisión inteligente. Recuperar la calma en medio del caos es mucho más que un alivio momentáneo, es una inversión en la salud mental a largo plazo.

Dejá tu comentario

Las más leídas

Te puede interesar