La recuperación democrática en 1983 marcó un punto de inflexión también para la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que venía de años de intervención que arrancaron en 1974 y se prolongaron durante toda la dictadura.
De la normalización democrática a la expansión y la crisis, un repaso por los ocho presidentes de la UNLP desde 1983, sus gestiones, conflictos y perfiles.
La recuperación democrática en 1983 marcó un punto de inflexión también para la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que venía de años de intervención que arrancaron en 1974 y se prolongaron durante toda la dictadura.
Desde entonces, ocho presidentes condujeron la casa de estudios en un recorrido que va desde la reconstrucción institucional de aquel momento hasta la consolidación de un modelo político que hoy mantiene continuidad, aunque enfrentando una crisis de financiamiento que la mantiene en jaque
Este sábado, la UNLP realizará una nueva Asamblea Universitaria para elegir como presidente a Fernando Tauber, quien ocupará el cargo por tercera vez hasta 2030, para convertirse –junto a Joaquín V. González, el primero de la historia en 1906– en la persona que más tiempo ocupo el sillón.
El recorte para esta nota toma el fin de la dictadura, cuando al frente estaba el interventor Guillermo Gallo, y el cierre de un período sangriento, que tuvo a los estudiantes, docentes y trabajadores nodocente de las distintas facultades como blanco predilecto del accionar represivo.
Así, a los nombres de Tauber se suman, cronológicamente, los de Raul Pessacq, Angel Plastino, Luis Lima, Alberto Dibbern, Gustavo Azpiazu, Raúl Perdomo y Martín López Armengol
El primer nombre de esta etapa es el del ingeniero químico Raúl Pessacq, quien asumió entre 1983 y 1986 como presidente normalizador. Su gestión estuvo atravesada por la necesidad de reconstruir la universidad. Eso implicó restituir el cogobierno, reorganizar las facultades y reincorporar a docentes desplazados durante la dictadura.
Ese proceso no estuvo exento de conflictos, especialmente por las tensiones en torno a quiénes debían volver y en qué condiciones, además de disputas internas sobre la velocidad de la normalización. Políticamente, fue un perfil alineado con el alfonsinismo y su impronta reformista.
Los dos períodos siguientes, entre 1986 y 1992, involucró al primer presidente elegido en democracia plena en el camino hacia una etapa institucional más estable. El físico Ángel Luis Plastino buscó consolidar la normalización y puso su impronta en fortalecimiento de la investigación científica.
Su gestión atravesó años de dificultades económicas a nivel nacional, incluida la hiperhinflación, lo que derivó en conflictos vinculados al financiamiento universitario y reclamos salariales docentes, semejantes a los actuales. Las lecturas que se hace de su gestión lo relacionan con un perfil más académico que político y una conducción caracterizada por una lógica cientificista y poco nivel de confrontación partidaria.
En 1992 asumió el ingeniero Luis Lima, quien se convirtió –hasta que Tauber concluya su tercer mandato– en el presidente más duradero desde el retorno democrático, con tres períodos consecutivos hasta 2001.
Su gestión estuvo atravesada por las reformas estructurales que el menemismo introdujo en el Estado nacional y el avance de la Ley de Educación Superior, un contexto que generó fuertes resistencias dentro de la UNLP.
Durante esos años hubo movilizaciones estudiantiles y docentes contra lo que se interpretaba como intentos de mercantilización de la universidad. Y es recordada la represión con cientos de detenidos que se desató el 20 de febrero de 1996, cuando una Asamblea Universitaria convocada por el presidente buscaba modificar el estatuto para introducir los términos de esa Ley de Educación Superior.
La crisis de 2001 y el estallido de diciembre encontró a la UNLP en manos del veterinario Alberto, cuya presidencia estuvo marcada por la emergencia. Su principal desafío fue garantizar el funcionamiento básico de la universidad en un contexto de colapso económico, con serias dificultades presupuestarias y conflictos salariales que derivaron en protestas y medidas de fuerza.
Con un perfil institucionalista, Dibbern también tuvo proyección como funcionario nacional: entre 2006 y 2012, durante el gobierno de Cristina Kirchner fue Secretario de Políticas Universitarias.
Con la recuperación económica del país, el arquitecto Gustavo Azpiazu encabezó durante dos períodos, entre 2004 y 2010, una etapa de crecimiento, especialmente en materia de infraestructura.
Durante sus dos mandatos se impulsó un ambicioso plan de obras que transformó el paisaje edilicio de la UNLP. Ese proceso, de todos modos, no estuvo exento de cuestionamientos por la asignación de recursos y debates sobre si el crecimiento debía priorizar lo edilicio o lo académico.
La inversión pública se impuso en sintonía con el ciclo político kirchnerista. Fue el tiempo en el que comenzó la construcción de nuevos edificios para varias de las facultades de la UNLP que se prolongaría en las gestiones posteriores, como Informática, Periodismo, Psicología (que pasó a ser facultad o Humanidades).
Esa línea de expansión encontró continuidad y profundización con Fernando Tauber, una de las figuras más influyentes de la UNLP reciente, quien se apresta a ser elegido para el tercer período hasta 2030 y ya gobernó entre 2010 y 2014 y entre 2018 y 2022. Pese a ello es el primer presidente que gobernó bajó el nuevo estatuto universitario que prohibió las reelecciones consecutivas y extendió los mandatos de 3 a 4 años.
Su gestión se caracterizó por la implementación de un plan estratégico integral, la ampliación territorial de la universidad y una fuerte articulación con el Estado.
Pero ese liderazgo también estuvo atravesado por tensiones internas y cuestionamientos por la concentración de poder dentro del esquema de conducción. Pese a su origen marcadamente radical, está fuertemente identificado con el peronismo por sus vínculos con los gobiernos de ese color político, lo cual lo llevó a consolidar un espacio político con capacidad de sostenerse en el tiempo.
Estratega político y hombre fuerte más allá de los cargos formales, Tauber impuso la estrategia de la alternancia para conservar el control de la UNLP. Entre los dos mandatos ya cumplidos y el que se avecina ocupó una de las vicepresidencias de dos presidentes afines, sin perder la incidencia ni bajar su perfil público.
El primero fue el físico Raúl Perdomo, quien entre 2014 y 2018 mantuvo el rumbo general con un perfil más técnico y menos confrontativo que Tauber.
Su gestión coincidió con el cambio de signo político a nivel nacional en 2015 y la asunción del macrismo, lo que derivó en conflictos presupuestarios y paros docentes prolongados. Aun así, se mantuvieron las políticas de fortalecimiento científico y expansión académica.
El ciclo que termina ahora para volver a abrirle las puertas a Tauber estuvo encabezado por el economista Martín López Armengol, en funciones desde 2022.
Su gestión mantuvo la línea de desarrollo institucional, con énfasis en la innovación, la ciencia aplicada y la vinculación con el sector productivo.
Buena parte de la gestión convivió con el gobierno de Javier Milei y el ajuste presupuestario, lo que se tradujo en un conflicto permanente en torno al financiamiento universitario y los reclamos salariales. En estos años, su perfil combinó una impronta técnica con la continuidad política del oficialismo universitario representado por Tauber como figura central.
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