Sergio Berni, el ministro de Seguridad bonaerense, fue atacado brutamente a trompadas por los colectiveros que se manifestaban en el cruce de la General Paz y Ruta 3, tras el crimen del chofer de la unidad 620 en Virrey del Pino.
La violenta escena se desató cuando el funcionario arribó a las inmediaciones de la protesta generalizada de los choferes. Una vez allí, un numeroso grupo de protestantes lo emboscó y se abalanzó contra él insultando, apedreando y golpeándolo desde todos los frentes.
El tumulto fue tal que el ministro terminó acorralado contra uno de los muros que da a la General Paz, rodeado por miles de manifestantes que continuaban arrojándole proyectiles de todo tipo. Por el ataque, Berni resultó con heridas sangrantes en la cara.
"Mentiroso, renunciá", fueron algunos de los insultos que se escucharon en medio de la emboscada que apabulló a Berni, mientras intentaba retirarse junto con el ministro de Transporte de la provincia de Buenos Aires, Jorge D´Onofrío.
Entre los piedrazos e insultos de los colectiveros y compañeros de Barrientos, el Ministro les respondió: "No soy un mentiroso, hicimos todo lo que nos pidieron", exclamó.
Pasado el mediodía se armó un cordón policial de Infantería para despejar la zona y alejar a los manifestantes que rodeaban al funcionario para llevárselo a la fuerza. Aún así Berni, fuertemente escoltado, insistió en quedarse en la protesta para hablar con los manifestantes, pero no se lo permitieron.
Durante la evacuación del Ministro de Seguridad, protestantes que se encontraban en las inmediaciones del conflicto continuaron arrojando objetos contundentes contra su persona y el resto de las fuerzas policiales que lo escoltaban.
Por este motivo le colocaron un casco para bicicletas y así evitar que sufra más heridas en la zona del rostro y la cabeza; finalmente lo sacaron arriba de un camión blindado.

A pesar de que el lugar se encuentra cargado de efectivos de la Policía de la Ciudad e Infantería para las 12.20, momentos previos al ataque la zona estaba limpia de policías y los manifestantes, indignados por la inseguridad que desembocó en la tragedia de un compañero, se apostaron en el lugar y acorralaron al Ministro entre piñas y piedrazos.