El 20 de marzo de 2020 quedará grabado como el día en el que el Presidente decretó el Aislamiento, Social, Preventivo y Obligatorio, que regía en todo el país y perduró en el tiempo mucho más de lo que cualquiera se podía imaginar. Aquella jornada, La Plata presentó imágenes que parecían ser extraídas de un futuro distópico o catastrófico.
Calles y veredas desierta, negocios cerrados, escasos habitantes en la vía pública y portando barbijos y máscaras, personal sanitario con atuendos astronáuticos, micros vacíos y solo algunos negocios autorizados con sus puertas abiertas. El ASPO provocó tanto asombro y dejó postales que quedaron grabadas en el inconsciente colectivo.
En la primera mañana de cuarenta los platenses cumplieron con las restricciones de circulación aunque con un intenso movimiento hacia los comercios de alimentos, medicamentos y artículos de limpieza, los únicos que estaban autorizados para abrir las persianas.

El ritmo desde el vamos fue más parecido al de un feriado aunque sin niños en la calle y las plazas, los accesos a la ciudad y las calles del centro mostraron un movimiento mínimo ya que la escuelas cerraron su puertas apenas unos días después de haber iniciado el ciclo lectivo.

La presencia policial, así como de agentes de la Municipalidad y ambulancias del SAME, fue notorio. Pronto serían habituales las recorridas de móviles con parlantes recomendando a los vecinos mantenerse en sus viviendas, como si se tratara de una guerra.

En aquella primera jornada sólo los almacenes y supermercados, las farmacias, las verdulerías y carnicerías, las ferreterías y veterinarias, mantuvieron sus puertas abiertas y tuvieron una afluencia de clientes que se sostuvo durante toda la mañana.

En cambio las persianas bajas fueron la norma en las tiendas de ropa y locales de electrodomésticos, los restaurantes, los locales de comida rápida y los tradicionales cafés de la zona céntrica. Mientras que los micros circularon a buen ritmo pero con pocos pasajeros y los taxi siguieron poblando las paradas aunque casi sin viajes contratados.

Quienes sí mantuvieron una intensa jornada de trabajo fueron los empleados de las app de delivery, también autorizados por el decreto presidencial. Mientras que los bancos cerrados y la ausencia de la gran cantidad de estudiantes y trabajadores estatales que transitan la ciudad en tiempos normales, también fueron fundamental para que el ritmo de la capital bonaerense quedará en suspenso.
Las plazas se mantuvieron vacías y nadie usó los espacios públicos para pasear o descansar al sol aprovechando aquella jornada que aún conservaba vestigios de un verano al que le quedaba un solo día. La ausencia de niños en las calles y las plazas fue el elemento más significativo y diferencial de un feriado normal.

Los barbijos fueron la marca registrada de la primera mañana de aislamiento. Lejos de la realidad de los días previos cuando era excepcional encontrar alguien usándolos. El decreto presidencial disponía que las personas debían permanecer en sus residencias, abstenerse de concurrir a sus lugares de trabajo y evitar desplazarse por rutas, vías y espacios públicos.