Los ojos de todo el país posan ante los ocho rugbiers imputados por el asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell el 18 de enero de 2018 y la imagen del juicio que se está llevando a cabo en la localidad bonaerense de Dolores continúa siendo la misma: los acusados sentados, cabizbajos, con la misma vestimenta y bajo un irrenunciable pacto de silencio.
Mientras corría el tercer día del juicio en Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1 de Dolores un rumor comenzó a correr desde dentro de la fiscalía respecto a un particular gesto de los imputados y del que muchos se negaron a hablar. La situación generó una gran repercusión y polémica una vez finalizada la sesión del último miércoles con Fernando Burlando –defensor de la familia Báez Sosa– como protagonista del repudio contra la actitud de los rugbiers.
Según publicó el diario Clarín, detrás de aquellos barbijos estratégicamente utilizados para evitar el reconocimiento del rostro de cada uno de los acusados y cualquier tipo de gesto identificable a simple vista que podría ser utilizado mediáticamente por la opinión pública, se esconden cientos de gestos pero aparentes risas por lo bajo se habrían llegado a escuchar en medio del testimonio de Lucas Ventura, el falso acusado por parte de los ocho imputados..
Si bien pocos fueron los que lograron escuchar las risas o lograr ver al menos una pequeña sonrisa detrás de esos pedazos de tela, Burlando se refirió al respecto al momento de enfrentarse a los micrófonos de la prensa: "Estoy a muy corto tiempo de empezar a insultar a todo el mundo. ¿De qué se ríen hijos de puta? No se pueden reír de nada", aseveró.
Al mismo tiempo en las redes sociales se expresó con palabras más contundentes aún. "No podes reírte en un juicio en tu contra. Menos frente a los padres del hijo que brutalmente golpeaste hasta su muerte. Recién en una entrevista me enteré de la actitud de los acusados, me puse en el lugar de esos padres y no me salió otra cosa que un 'reverendos hijos de puta'", exclamó.

Este pequeño pero no menor altercado parecería haber fracturado la estrategia de la defensa de los rugbiers de presentar a sus ocho defendidos bien vestidos, tiesos y sin expresiones faciales para evitar todo tipo de repercusión. Tras este hecho, se adelantaron las visitas de los padres de los acusados a sus hijos en el penal de Dolores, desde donde negaron todo tipo de declaración a la prensa. "Gracias, pero contra un maremoto de noticias sesgadas o falsas nada podremos hacer", dijeron desde aquel entorno al matutino porteño, desestimando hablar de la noticia que surgió horas después de la tercera sesión. Mientras tanto, el defensor de los ocho, Hugo Tomei, busca aplacar las condenas de los rugbiers después de que le hayan rechazado la nulidad en dos ocasiones.