Hace dos años, en plena primera ola de coronavirus, el sistema de Salud pública de La Plata se vio sacudido por la muerte del primer enfermero víctima de la pandemia. Este martes, los compañeros de Antonio Gil Yovera lo recordarán en su lugar de trabajo en el hospital de Niños Sor María Ludovica, como ya lo hicieron el año pasado, cuando en ese centro asistencial fue colocada una placa en su honor.
Antonio tenía 55 años, era licenciado en Enfermería y desde la llegada del COVID-19 fue uno de los que se puso en la primera línea de batalla y arriesgó su vida para salvar a cientos de pacientes.
La conmoción que causó su muerte quedó reflejada en los mensajes de despedida y su caso se transformó en una bandera para para todo el personal de Salud.
Pero la trágica historia de Antonio es la de toda su familia. Poco antes de que se cumpliera el primer aniversario de su muerte, el mismo desenlace tuvo la vida de su hermano, Lino Gil Yovera, y la de su sobrino de tan solo 24 años; también a causa de la pandemia.
Lino trabajaba en distintos hospitales de sur del gran Buenos Aires y era uno de los miles de profesionales de la Salud bonaerenses que estaban contagiados con coronavirus. El médico se desempeñaba como guardia en el hospital Materno Infantil Dr. O. Alende, en el hospital Iriarte de Quilmes y en El Cruce de Florencio Varela.

La familia quedó lógicamente destrozada. Tal como ocurrió con Antonio, los compañeros de Lino lo despidieron en las redes sociales. "Quienes lo conocimos podemos contar lo querido que era entre sus compañeras y compañeros de trabajo y el impacto que fue para todos nosotros saber de su fallecimiento. Ninguno de nosotros esperaba que esto pasara", escribieron sus compañeras de la guardia del hospital El Cruce y añadieron: "Sumado al dolor que nos genera tu partida, nos llena de bronca saber que fuiste uno de los miles de trabajadores de la Salud contagiados por COVID-19".
En el hospital de Niños la muerte de Antonio provocó un fuerte cimbronazo y a la vez un reclamo de mayores medidas de cuidado y seguridad para realizar sus tareas.

Si bien no fue la única víctima fatal por la pandemia entre los trabajadores de la Salud, el de Antonio Gil Yovera fue uno de los casos más representativos de lo que sufrieron en la primera línea de lucha contra la pandemia. Dos años después, sus compañeros no lo olvidan y siguen recordándolo cada vez que pasan junto a la placa que inmortaliza su entrega en el hospital de Niños.