La muerte de Victorio Paulón, a los 74 años, conmueve a todos en el mundo sindical, de la militancia política y de derechos humanos. Referente clave de los años 70 y luchador de convicciones inclaudicables, incluso en los siete largos años de cárcel que incluyeron un paso por una unidad penal de La Plata, su palabra fue escuchada y leída hasta el final de sus días.
Los datos que emergen a primera vista lo ubican como un militante sindical en Villa Constitución que participó además en grupos de apoyo al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y en diversas agrupaciones políticas y estudiantiles de Rosario, incluidas la Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) que con el tiempo se integraron a Montoneros.
Fue detenido el 1 de mayo de 1975, durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón y en plenas revuelta de lo que se conocería como el Villazo. Estuvo preso en las dependencias de la Jefatura de Policía de aquella ciudad santafecina, pero pasaría años encerrado en distintos penales en Rosario, Coronda, Devoto, Resistencia y Rawson donde se enteraría de la desaparición de su hermano a manos de la dictadura militar.
Los últimos años de cárcel lo atravesó en la Unidad 9 de La Plata desde donde recuperaría la libertad para finalmente marchar al exilió en Francia entre 1982 y 1984. A su regreso siguió activo en el trabajo sindical y el último tiempo aportaba su mirada política en sus columnas habituales Página/12. La última es de abril pasado y aportaba su opinión respecto de la interna que atraviesa el gobierno del Frente de Todos.
“Hoy quedamos un poco huérfanos todos, pero si aprendemos del legado que nos deja, de este dolor colectivo haremos el mundo en el que quepan todos los mundos”, intentó sintetizar su hijo Mariano en la publicación con la que confirmó la muerte.

SEMINARIO, POLÍTICA Y GREMIO
Paulón nació en 1947 en la localidad rural santafesina de Hersilia, cursó la primaria en una escuela rural y al terminar ingresó a un seminario en Santa Fe siguiendo su deseo de ser sacerdote. Allí fue inspirado por las transformaciones en la Iglesia que llegaban de la mano del Concilio Vaticano II que en 1959 encabezo el Papa Juan XXIII.
Ya alejado del seminario comenzó su militancia a principios de la década del setenta en las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), mientras estudiaba Comunicación Social en la Universidad Católica de Rosario. Luego, militó en Montoneros hasta que, en 1973, tras el regreso de Juan Domingo Perón, participó de la columna “José Sabino Navarro” que proponía la salida de la lucha armada y el acercamiento a una militancia más vinculada al trabajo barrial y sindical.
En el mundo laboral, trabajó en la fábrica Villber de Villa Constitución, provincia de Santa Fe, en donde se vinculó a la militancia sindical disputando la conducción seccional de UOM con la Agrupación 7 de septiembre y luego la Lista Marrón, que ganó logró imponerse en septiembre de 1974.

Desde ese puesto, fue uno de los integrantes del Comité de Lucha que condujo la huelga metalúrgica de Villa Constitución entre marzo y mayo de 1975. A la salida de ese conflicto, el 1 de mayo de ese año, fue detenido y llevado a la jefatura de policía de Rosario, en donde permaneció doce días. Allí fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) y fue trasladado a la cárcel de Coronda, donde permaneció hasta octubre de ese año, cuando fue llevado al penal de Devoto.
Ya en la cárcel, comenzó a militar en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). En esos años estuvo en las cárceles de Chaco y Rawson, además de un retorno a Coronda y un paso por la cárcel de Caseros, hasta que fue liberado desde La Plata el 21 de agosto de 1981. De aquel momento Paulón habló en un testimonio oral dado a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Recordó su salida de la Terminal de Micros rumbo a la Estación Once de Buenos Aires, para retornar a su pueblo y del impacto que le provocó los cambios que había sufrido la moneda argentina producto de la inflación.
Una vez en su pueblo, se mantuvo bajo el régimen de libertad vigilada hasta abril de 1982, cuando se exilió en Francia, donde estaba su familia.
Su esposa, Mabel Gabarra, integró el Centro Argentino de Información y Solidaridad (CAIS) en París. Su hermano, Pedro Elio Paulón, militaba en el PRT y trabajaba en un taller en Rosario. Fue secuestrado en su domicilio de esa ciudad el 19 de junio de 1976 junto a Ruth González, compañera de militancia, y las dos hijas de ella: Mariana y Josefina. Las tres mujeres pasaron por el Centro Clandestino que funcionaba en el Servicio de Informaciones de Rosario. Ruth pasó por el CCD La Calamita y la Alcaidía de Rosario, hasta que su cadáver apareció en la vía pública el 5 de octubre de ese año.
Sus hijas fueron apropiadas por guardiacárceles, hasta que una tía abuela las encontró y las crió. Pedro Elio también fue visto en el CCD La Calamita. Hasta la fecha, permanece desaparecido.

EL RETORNO
Cuando volvió del exilio, entre 1984 y 2008 Victorio fue dirigente de la seccional Villa Constitución de la UOM, de la cual entre 2000 y 2008 fue Secretario General.
También participó de la formación de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), de la que fue Secretario Gremial entre 2006 y 2010, y Secretario de Relaciones Internacionales, entre 2010 y 2014, en la CTA de los Trabajadores.

Fue autor en conjunto con otros ex-presos políticos del libro “Del otro lado de la mirilla. Olvidos y Memorias de ex Presos Políticos de Coronda 1974-1979”, que fue editado en 2003. También en 2012 editó el libro “Una Larga Huelga. Historias de metalúrgicos”, sobre su experiencia sindical. Declaró en varios juicios, entre ellos en la causa Díaz Bessone y en la causa Feced II, sobre el secuestro y desaparición de su hermano, y en la causa por el asesinato de Mariano Ferreyra, además de que formó parte del colectivo que impulsó las causas por la represión en Acindar y en el denominado Villazo, el 20 de marzo de 1975.

Hasta el final de sus días estuvo vinculado a la CTA de los Trabajadores, donde e integró la comisión directiva del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).
“Vivió muchísimas vidas en una sola, conoció la militancia, la cárcel y el exilio. Recorrió muchos países y se abrazó con todos los líderes latinoamericanos, que, para él, eran tan importantes como cualquier compañero”, es la síntesis perfecta con la que lo despidió su hijo.