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Los incendios en Corrientes, bajo la lupa de dos expertos de la UNLP

Los especialistas advirtieron que las llamas tienen un impacto visible en la vegetación y fauna, pero también habrá consecuencias en los ecosistemas.

Los ingenieros forestales de la UNLP, Corina Graciano y Sebastián Robbiani, analizaron las causas y posibles consecuencias a las que se enfrentará la región del noreste argentino una vez finalizados los incendios que azotan a la provincia de Corrientes.

“Más allá del impacto visible en la vegetación y la fauna que se observa actualmente, el fuego tiene efectos a corto, mediano y largo plazo en los ecosistemas. En cuanto a los animales, además de la muerte y la migración inmediata, a mediano y largo plazo no van a existir alimentos, sitios de refugio y reproducción en las áreas quemadas, y el regreso espontáneo de la fauna va a depender de la recuperación de la vegetación y de la distancia a las áreas donde los animales se hayan podido refugiar”, explicó Graciano.

En ese sentido, indicó que “los pastizales en su mayoría están sujetos a incendios y rebrotes, por lo que su recuperación será más rápida, así como el regreso de la fauna que depende de los pastizales para alimentación, refugio y reproducción. Para esto es necesario que hayan podido encontrar lugares para refugiarse y que esos ambientes no quemados puedan sostener a la fauna preexistente más los refugiados. Sin embargo, los incendios en Corrientes también afectaron vegetación acuática, bosques nativos y plantaciones de pinos y eucaliptos. En el caso de los bosques nativos, coexisten muchas especies vegetales (árboles de diferentes edades en diferentes estratos, arbustos, herbáceas, trepadoras, epífitas) que brindan diversos refugios y fuentes de alimentos a muchas especies de animales. Los árboles más longevos serán los que más tiempo demandarán en volver a ocupar estratos altos del dosel, y recuperar la estructura y funcionalidad típicas de estos bosques”.

A su vez, destacó que los incendios también afectan al suelo ya que “se combustionan los restos vegetales y la materia orgánica de las capas superiores del suelo”. “En esta combustión, muchos nutrientes se volatilizan a la atmósfera. Otros quedan en el suelo en la ceniza, pero como no subsisten plantas ni microorganismos vivos que puedan absorberlos, estos nutrientes se lavan con las lluvias o las cenizas se pierden con el viento. Los microorganismos del suelo comenzarán a recuperarse, pero ellos también dependen para su crecimiento de los restos de plantas y animales que lleguen al suelo. Un fenómeno similar ocurre con la micro y mesofauna del suelo, que solo podrán volver a ocupar el lugar cuando la vegetación se haya recuperado”, agregó.

Los especialistas indicaron que los incendios de plantaciones además de afectar a la especie de interés comercial también afectan a la flora y fauna nativas que habitan las plantaciones. Debajo de éstas, algunas especies herbáceas encuentran condiciones adecuadas para su crecimiento, y algunas aves nativas encuentran refugio. La migración de las aves a los pocos sitios no quemados genera presión en esos ambientes y mayor competencia con los individuos que habitaban previamente el lugar. Si bien en el caso de las plantaciones la estructura vegetal puede recuperarse en relativamente poco tiempo (10 a 30 años), las pérdidas a nivel de suelo son irrecuperables. Por este motivo, debe reemplazarse el uso del fuego como herramienta para preparar el terreno para una nueva plantación porque genera una pérdida irreparable de materia orgánica, microorganismos y nutrientes del suelo, y porque es uno de las causas que originan los incendios.

En un escenario en el que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) pronostica para el 2050 en Corrientes una disminución cercana a los 100 mm anuales en las precipitaciones, que se duplicarán los días en el año con temperaturas mayores a 35°C, y un aumento en 1,5°C de la temperatura máxima, es urgente establecer prácticas de manejo del bosque, de los pastizales y de las plantaciones forestales que minimicen el riesgo de incendios, y desarrollar estrategias de manejo del combustible, alertas tempranas, detección de focos y control del fuego apenas se inicia. Una vez que el fuego se transforma en incendio, el daño ambiental que produce es irrecuperable.

Corrientes abarca una extensión de 9 millones de hectáreas de superficie aproximadamente, de las cuales un millón corresponde a los Esteros del Iberá y su área protegida. Desde el 1° de enero al 16 de febrero hubo 8.700 focos de incendio en toda la provincia. Las causas de los mismos son múltiples, fundamentalmente se deben a la sequía extrema que azota a la región. Desde hace 2 meses y medio las precipitaciones que se registran son muy bajas. Hay un déficit hídrico entre los meses de enero y febrero de 400 milímetros, lo que provoca que todo el material vegetal se seque. Además se registraron muchas jornadas con temperaturas elevadas, que superaron los 40°C con una humedad relativa por debajo del 30%. Estas multicausas aumentan las probabilidades de incendios.

Además, es la provincia con mayor cantidad de bosques implantados de la Argentina. Tiene 520 mil hectáreas implantadas, fundamentalmente de dos especies: pinos y eucaliptus.

En este marco, las empresas forestales trabajan de manera asociada en consorcios de colaboración técnica. El consorcio del manejo del fuego que está ubicado en la localidad de Gobernador Virasoro, por ejemplo, está conformado por 21 empresas forestales que aportan recursos mensuales y cuentan con un sistema de vigilancia que monitorea focos de incendios que se reportan a una central. A su vez, cada empresa cuenta con brigadas de combate especializadas y con recursos para este tipo de situaciones. También existe el consorcio de Corrientes Centro, que funciona de una forma similar y algunas empresas contratan de forma particular aviones hidrantes en el período de octubre a marzo.

Es importante tener en cuenta que los aviones hidrantes, que llegan a cargar 3.800 litros de agua, son eficientes para bajar la intensidad de los fuegos, pero los focos se apagan desde el suelo con brigadas especializadas y no dese el aire.

En cuanto a la recuperación productiva, aún falta terminar de evaluar los daños, pero no hay dudas que se han perdido miles de puestos de trabajo. La actividad forestal demanda mucha mano de obra local para tareas como la extracción de la resina de pinos, que se hace de forma manual. A la fecha se han afectado más de 35.000 hectáreas de bosque implantado, muchas de esos árboles plantados hace 20 o 30 años.

Luego de los incendios los campos se ven devastados. La madera quemada, pierde su valor en un 50% y exige una cosecha rápida para evitar que se manche y degrade. A esto se suma que los costos son más elevados que una cosecha convencional porque el bosque se encuentra en otras condiciones; si no se cosecha en 6 meses la madera se degrada ocasionando un terreno más desfavorable para volver a plantar en el futuro.

Con respecto a los daños ambientales, todo lo que comprende pastizales y esteros son ambientes que cuentan con una resiliencia importante, ya que están adaptados al fuego porque desde hace 500 años se queman los campos de la zona para uso ganadero. Es de esperar que los pastizales se recuperen relativamente rápido, pero no va a suceder lo mismo con la fauna nativa que sí ha sufrido un daño muy importante, tal es el caso de carpinchos, yacarés y todos los animales anfibios. También se vieron sumamente afectadas las aves, sobre todo las que anidan en los pastizales.

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