Damián Emiliano Martínez es, desde hace un tiempo, el dueño del arco de la Selección argentina. Sus actuaciones y los logros colectivos conseguidos, hicieron que el Dibu generara una sensación de seguridad en sus compañeros e hinchas, muy pocas veces vista antes en el combinado nacional.
Como todo el equipo, el rendimiento de Martínez fue de menor a mayor durante la Copa del Mundo. Los goles ante Arabia Saudita fueron un golpe fuerte, pero luego apareció en el momento en el que el equipo lo necesitó. Su primera intervención decisiva fue en los octavos de final ante Australia. Allí, le negó el empate a los oceánicos con un tapada gigante en los minutos finales.
Su papel también fue más que preponderante en el duelo por cuartos de final ante Países Bajos, en donde terminó atajando dos penales en la definición desde los 12 pasos. Al igual que en la Copa América, su personalidad no lo hizo pasar desapercibido en el arco al momento de que los ejecutantes de la Naranja tuvieron que patear.
Así, una vez el arquero argentino se hizo gigante y aportó una buena parte de lo que se transformó luego el pase a semifinales. Contra Croacia no tuvo demasiado trabajo, así como durante la mayor parte del encuentro ante Francia. Sin embargo, su aparición fue determinante cuando el partido estaba empatado en tres y Kolo Muani remató a quemarropa, cuando moría el suplementario.
La figura de Dibu se hizo enorme, tapó el disparo y le dio una vida más a Argentina que terminó consagrándose merecidamente en los penales.