Así es la inmunidad a largo plazo que podría convertir al COVID-19 en una molestia leve | 0221
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Así es la inmunidad a largo plazo que podría convertir al COVID-19 en una molestia leve
ANTICUERPOS

Así es la inmunidad a largo plazo que podría convertir al COVID-19 en una molestia leve

Los expertos ya hablan de un escenario en el que la población podría alcanzar una protección suficiente para evitar las complicaciones graves por el virus.

17 de enero de 2022

Con la infección y las vacuna el sistema inmunológico de una persona se modifica de manera importante y, en una gran parte de la población, estos cambios podrían ser la clave para transformar el COVID-19 de una catástrofe sanitaria a solo una enfermedad leve.

La primera arma de defensa contra el coronavirus son los anticuerpos neutralizantes, proteínas que se adhieren al virus para frenarlo y evitar que ingresen a las células. Estos forman el pilar del sistema inmunitario adaptativo, aumentan durante la infección y disminuyen con el tiempo y son la clave para medir la eficacia de las vacunas: los científicos juzgan el éxito en parte midiendo la cantidad de anticuerpos que provocan en nuestra sangre y cuánto tiempo duran.

No obstante el surgimiento de una nueva variante esos anticuerpos pueden volverse menos efectivos y dado que tras haber superado la infección este tipo de anticuerpos comienza a descender,  existen otras herramientas que pueden ayudar a conseguir la inmunidad a largo plazo: se trata de los anticuerpos no neutralizantes, que no interfieren directamente con el virus pero pueden ayudar al sistema inmunitario a detectar células infectadas y marcarlas para su destrucción.

La tarea de eliminar las células infectadas recae en un grupo de glóbulos blancos conocidos como células T citotóxicas, también llamadas "células T asesinas". Surgen de las células madre en la médula ósea y hacen que las células infectadas se autodestruyan, sin interferir con las células normales. 

"Las células T no pueden prevenir la infección", explicó Lewis Lanier, presidente del departamento de microbiología e inmunología de la Universidad de California, y agregó: "La única forma en que una célula T puede reconocer que tiene una infección es después de que una célula se haya infectado".

Las células T auxiliares son otra variedad importante de glóbulos blancos. Estimulan la producción de anticuerpos por un grupo diferente de glóbulos blancos llamados células B. Las células B se forman en la médula ósea y luego migran a los ganglios linfáticos o al bazo. Después de una infección o una vacuna, algunas células B y células T se quedan y se convierten en células B y células T de memoria. Permanecen inactivas, a veces durante décadas, esperando ver si regresa un patógeno y en ese caso se pueden reactivar rápidamente.

"Hay una ventana de tiempo después de que el virus ingresa al cuerpo antes de que realmente comience a manifestar la enfermedad en la persona", sostuvo al respecto la profesora de microbiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en los Estados Unidos, Deborah Fuller. Y en ese sentido añadió que "esa ventana de tiempo permite que el sistema inmunitario que ha sido vacunado y tiene respuestas inmunitarias de memoria recuerde muy rápidamente y apague el virus antes de que realmente cause la enfermedad".

De esta manera, frente a nuevas variantes como Ómicron, la resistencia de la población dependerá del trabajo en equipo de las células B, las células T y los anticuerpos, y cómo sostienen cualquier nueva mutación en el virus. "Es posible que las vacunas y la infección previa no impidan que se infecte con las próximas oleadas de variantes, pero es posible que lo mantengan fuera del hospital", dijo Lanier.

Es improbable que el coronavirus desaparezca del todo, pero la inmunidad puede continuar en aumento en la población que impida que las mutaciones sean de preocupación en un futuro. "A medida que expones el cuerpo humano, incluso al mismo antígeno una y otra vez, nuestro sistema inmunológico también evoluciona", sostuvo Fuller y cerró: "Lo que estamos empezando a ver en personas con terceras inmunizaciones es una respuesta de anticuerpos que es más amplia".

Los expertos ya hablan de un escenario en el que la población podría alcanzar una protección suficiente para evitar las complicaciones graves por el virus.
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Así es la inmunidad a largo plazo que podría convertir al COVID-19 en una molestia leve

Los expertos ya hablan de un escenario en el que la población podría alcanzar una protección suficiente para evitar las complicaciones graves por el virus.
Así es la inmunidad a largo plazo que podría convertir al COVID-19 en una molestia leve

Con la infección y las vacuna el sistema inmunológico de una persona se modifica de manera importante y, en una gran parte de la población, estos cambios podrían ser la clave para transformar el COVID-19 de una catástrofe sanitaria a solo una enfermedad leve.

La primera arma de defensa contra el coronavirus son los anticuerpos neutralizantes, proteínas que se adhieren al virus para frenarlo y evitar que ingresen a las células. Estos forman el pilar del sistema inmunitario adaptativo, aumentan durante la infección y disminuyen con el tiempo y son la clave para medir la eficacia de las vacunas: los científicos juzgan el éxito en parte midiendo la cantidad de anticuerpos que provocan en nuestra sangre y cuánto tiempo duran.

No obstante el surgimiento de una nueva variante esos anticuerpos pueden volverse menos efectivos y dado que tras haber superado la infección este tipo de anticuerpos comienza a descender,  existen otras herramientas que pueden ayudar a conseguir la inmunidad a largo plazo: se trata de los anticuerpos no neutralizantes, que no interfieren directamente con el virus pero pueden ayudar al sistema inmunitario a detectar células infectadas y marcarlas para su destrucción.

La tarea de eliminar las células infectadas recae en un grupo de glóbulos blancos conocidos como células T citotóxicas, también llamadas "células T asesinas". Surgen de las células madre en la médula ósea y hacen que las células infectadas se autodestruyan, sin interferir con las células normales. 

"Las células T no pueden prevenir la infección", explicó Lewis Lanier, presidente del departamento de microbiología e inmunología de la Universidad de California, y agregó: "La única forma en que una célula T puede reconocer que tiene una infección es después de que una célula se haya infectado".

Las células T auxiliares son otra variedad importante de glóbulos blancos. Estimulan la producción de anticuerpos por un grupo diferente de glóbulos blancos llamados células B. Las células B se forman en la médula ósea y luego migran a los ganglios linfáticos o al bazo. Después de una infección o una vacuna, algunas células B y células T se quedan y se convierten en células B y células T de memoria. Permanecen inactivas, a veces durante décadas, esperando ver si regresa un patógeno y en ese caso se pueden reactivar rápidamente.

"Hay una ventana de tiempo después de que el virus ingresa al cuerpo antes de que realmente comience a manifestar la enfermedad en la persona", sostuvo al respecto la profesora de microbiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en los Estados Unidos, Deborah Fuller. Y en ese sentido añadió que "esa ventana de tiempo permite que el sistema inmunitario que ha sido vacunado y tiene respuestas inmunitarias de memoria recuerde muy rápidamente y apague el virus antes de que realmente cause la enfermedad".

De esta manera, frente a nuevas variantes como Ómicron, la resistencia de la población dependerá del trabajo en equipo de las células B, las células T y los anticuerpos, y cómo sostienen cualquier nueva mutación en el virus. "Es posible que las vacunas y la infección previa no impidan que se infecte con las próximas oleadas de variantes, pero es posible que lo mantengan fuera del hospital", dijo Lanier.

Es improbable que el coronavirus desaparezca del todo, pero la inmunidad puede continuar en aumento en la población que impida que las mutaciones sean de preocupación en un futuro. "A medida que expones el cuerpo humano, incluso al mismo antígeno una y otra vez, nuestro sistema inmunológico también evoluciona", sostuvo Fuller y cerró: "Lo que estamos empezando a ver en personas con terceras inmunizaciones es una respuesta de anticuerpos que es más amplia".