Cripta de Dardo Rocha: misterios y odisea de la sepultura que marcó una época | 0221
Cripta de Dardo Rocha: misterios y odisea de la sepultura que marcó una época

Cripta de Dardo Rocha: misterios y odisea de la sepultura que marcó una época

A cien años de la muerte del fundador de La Plata, la historia es digna de un cruce entre el linaje familiar, los avatares políticos y el poder eclesiástico.

"…Mando que mis hijos me hagan un entierro sencillo y que la Bandera Nacional cubra mi féretro, y que éste se ponga al lado de mi esposa y no se separe jamás para que continuemos unidos en la muerte”.

Las palabras, difíciles de descifrar a primera vista por su intrincada caligrafía y escritas por Dardo Rocha un año antes de morir, el 1 de enero de 1920, están talladas alrededor de la cripta que comparte con su esposa, Paula Arana de Rocha -fallecida el 13 de diciembre de 1917-, ubicada debajo del piso de la Catedral en una sala amplia y reservada que puede ser visitada por el público. Allí, este lunes, se realizará el acto homenaje al fundador de La Plata a cargo del cura Hernán Remundini, en el que participarán autoridades municipales, familiares y representantes de la Asociación Amigos del Museo Dardo Rocha. 

Al descender por las escalinatas y entrar en el santuario, un silencio inquietante domina el ambiente, húmedo y subterráneo. Los visitantes suelen permanecer un rato frente al mausoleo patrimonial, cuyas paredes están revestidas en piedra Mar del Plata. Por un momento, da la sensación de estar frente a un espectro a punto de despertar. Algunos incluso se sorprenden con la imagen, porque representarse la idea de un político sepultado de ese modo no era algo común ni siquiera para aquella época. En efecto, las criptas se reservaban para las reliquias santas, tal como había sucedido en la Catedral de Mar del Plata.

Los deseos del fundador de La Plata, sin embargo, parecen haberse desoído en el devenir de la historia: no hay bandera sobre el féretro ni su entierro fue tan sencillo como alguna vez, al menos, lo había imaginado por escrito. En cambio, una bandera argentina se emplaza en un mástil, a metros de la bóveda, junto a una cruz de madera y otra bandera, la papal, en lo que constituye un pequeño altar. No hay nada más sobrio y aséptico en los pasillos que conducen al sepulcro, un camino que semeja la aventura de entrar en una suerte de catacumba plagada de recovecos y misterios. 

A 100 años de la muerte de Dardo Rocha, el panteón luce brilloso, imperturbable al paso del tiempo. En el centro de la escena, rodeado de velas, cruces y columnas con arcos, Dardo Rocha es una sombra que descansa eternamente al lado de su mujer, resguardado en la intimidad del culto, como si no necesitara más que un espacio de recogimiento y a la vez de cierta elegancia señorial: todo forma parte de un ritual secreto que se vive por un instante debajo del edificio de la Catedral. Aunque, curiosamente, allí no hay destinado un lugar para rezar sobre los muertos.

“Hay visitantes que llegan especialmente para ver este lugar y se maravillan por su estado de conservación”, explica Carolina, una de las trabajadoras de la Fundación Catedral. Sus oficinas se encuentran linderas a la cripta dentro del Museo Eclesiástico, creado en 1977 por el Arzobispado de La Plata y que funciona como un verdadero paseo por la historia de la Catedral y su arquitectura de gruesos pilares de ladrillo a la vista. A la cripta se puede entrar de 10 a 18 y de martes a domingos, con una entrada de 200 pesos. “Por ahora están suspendidas las visitas escolares. De todas maneras, los fines de semana estamos recibiendo mucha gente, con cupos completos”, dice Esteban Casas, arquitecto que trabaja en la Comisión de Infraestructura de la Fundación Catedral, a cargo de la custodia de la cripta.   

“El Museo asigna un merecido espacio a todos los que con su técnica y experiencia dejaron huellas vivientes en nuestro pasado: albañiles, picapedreros, artesanos del hierro, de la madera, escultores, arquitectos, frentistas, ingenieros y tantos otros”, agrega  Luciana, otra de las guías encargadas de acompañar a los visitantes.

Explica que el Museo Eclesiástico, en cuyo corazón está situado el sepulcro de Dardo Rocha y su esposa, se compone de vestiduras litúrgicas, vasos sagrados, templetes, relicarios, estandartes, misales y ceremoniales, así como también todo lo relacionado con la obra catedralicia: herramientas y fotos de la construcción, moldes y accesorios, maquetas de estudio, planos originales y anécdotas que hacen a la obra en sí; además, de salas destinadas a exposiciones artísticas.

La cripta posee cinco ingresos, dos desde las naves laterales de la Catedral y los otros tres son parte del recorrido del museo. Pese a la ilusión óptica de estar en debajo de la tierra, la bóveda se encuentra al ras de la vereda. Lo que ocurre, en verdad, es que la Catedral se encuentra varios metros por encima del nivel de la calle.

En un rincón hay una placa que reza: “El Doctor Juan José Dardo Rocha nació el 1 de septiembre de 1838. En 1873 contrajo matrimonio con su prima hermana Juana Paula Arana Merino y de esa unión nacieron cinco hijos. Fue protagonista de una de las etapas más importantes de la historia argentina, la consolidación del Estado Nacional. Actuó como militar, periodista, político, diplomático, abogado, profesor y dramaturgo. El día previo a dejar su mandato, el 30 de abril de 1884, realizó su última obra de gobierno con la colocación de la piedra fundamental de la Catedral de La Plata. Asimismo, en el año 1889 y en la ciudad de París, recibió el premio a la modernidad entregado por Julio Verne”.

Hoy, tras varios meses de permanecer cerrado por las restricciones de la pandemia, el Museo Eclesiástico volvió a recibir gente, aunque sin servicio de confitería y con largos retrasos en el ascenso a las torres -principal atractivo del lugar- dada la división en burbujas. “Lo que sufrimos es la ausencia del turismo, sobre todo de extranjeros, que representaba el 30 por ciento de los ingresos. Ahora está viniendo gente del interior de la provincia y la Catedral sigue siendo un paso obligado en la visita a la ciudad”, sintetiza Carolina.

DE RECOLETA A LA CATEDRAL

¿Pero, cómo fue que llegaron los cuerpos de Dardo Rocha y su esposa al subsuelo de la Catedral platense, el mayor templo neogótico del siglo XX? La historia no deja de ser digna de un curioso cruce entre el linaje familiar, los avatares de la política, el status de clase alta y el poder de la iglesia.

Dardo Rocha murió en Buenos Aires el 6 de septiembre de 1921 y sus restos fueron inmediatamente inhumados en la bóveda familiar del cementerio de la Recoleta, como correspondía al lazo de parentesco: Rocha y su esposa eran primos. Casi veinte años después, el 19 de noviembre de 1940, justo el día del aniversario de La Plata, su hijo Carlos, quien en aquel momento oficiaba como comisionado de la ciudad, se encargó de trasladar los restos de sus padres a la Catedral. Y allí permanecen hasta hoy.

“A fines del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, diversos representantes de la alta sociedad argentina fueron sepultados en criptas por tener títulos pontificios o haber donado iglesias, pero el caso del Doctor Dardo Rocha y su esposa Paula Arana de Rocha es totalmente distinto”, escribieron las especialistas Vilma Rosato y Rosana Lofeudo en el artículo “Antecedentes y construcción de la cripta de Dardo Rocha y Paula Arana de Rocha en la Catedral de La Plata”, publicado en 2012 por la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP.

Todo comenzó con una disputa familiar. En un primer momento, los restos de quien fuera gobernador de la provincia de Buenos Aires y fundador de La Plata, se depositaron en la Recoleta junto a los de su esposa, tal como él mismo lo había dejado por escrito. Bajo este argumento, entonces, los descendientes se negaron al traslado a la Catedral de La Plata, como lo solicitaban el gobierno provincial y los habitantes de la ciudad, que querían tener el cuerpo para rendirle un cercano homenaje.

La cuestión, sin embargo, fue resuelta por la política. El 17 de julio de 1940, por el decreto provincial 239, se decidió el traslado a La Plata. Pero no fue nada sencillo: hubo que diseñar una obra de ingeniería para que encajara en el templo religioso, alejada del estilo neogótico del edificio. Se creó, incluso, una Comisión Popular de Vecinos para colaborar con los actos. Con el apoyo del Estado, finalmente, la construcción de la cripta en la Catedral fue incluida en las obras de urbanización bajo el gobierno conservador de Manuel Fresco.

 “Fue necesario adaptar la estructura de hormigón que sostiene el piso de la Catedral, quedando las vigas y columnas encubiertas por elementos neogóticos revestidos en símil piedra. Como no se había completado la cripta prevista debajo del presbiterio, usual en las catedrales neo medievales, se dispuso que provisoriamente se preparara un espacio adecuado debajo del ingreso de la nave. Y así quedó hasta la actualidad”, explicaron Rosato y Lofeudo, que al momento de su investigación rescataron el rigor de aquella ejecución y el buen mantenimiento posterior, lo que significa que la cripta “no presenta patologías” a 80 años de su construcción.

Al estudiar los planos originales del templo, las expertas advirtieron que se había planificado la construcción de una gran cámara funeraria debajo del presbiterio, obra que, sin embargo, nunca se concretó. Por tanto, en la cripta actual sólo están sepultados Dardo Rocha y su señora. Los restos de obispos y arzobispos, en rigor, están en túmulos en las capillas de los cruceros.

Es por eso que la sepultura de Dardo Rocha, diseñada por el arquitecto de origen noruego Alejandro Christophersen, encierra un carácter excepcional. Se diferenció de otros panteones como los del matrimonio Marín-Ibáñez en La Plata o el empresario cementerio Alfredo Fortabat en el barrio Loma Negra de Olavarría, que como donantes regulares de la iglesia “merecieron ese honor”, según palabras de la jerarquía eclesiástica. A Dardo Rocha, como donante de la iglesia San Ponciano, le hubiera correspondido un sepulcro en dicho templo. No obstante, se argumentó que la cripta en la Catedral daría cobijo al ideólogo de la creación de la ciudad entera.

“El mausoleo Rocha-Arana presenta un estilo despojado donde predomina el blanco que contrasta con los pisos de granito rojo y negro de Olavarría”, explicaron Vilma Rosato y Rosana Lofeudo, diferenciando la austeridad de la edificación de otras obras de Alejandro Christophersen caracterizadas por los mármoles importados.

Fue así entonces que, desde de la mitad del siglo XX, el Poder Ejecutivo provincial y tras un acuerdo con el Arzobispado de La Plata, empezó a velar por el cuerpo de Dardo Rocha. Y para eso sancionó la ley 4816, de permanencia y custodia de sus restos en la Catedral.

 Dos sarcófagos unidos en una fosa de hormigón, sobre piso de granito con mosaicos negros. Era esa su novedad.

 LOS DESCENDIENTES

“Lo que impactó notoriamente fue que se abrió una gran olla, socavada sobre los cimientos de la catedral, para alojar la cripta -cuenta el arquitecto Esteban Casas-. Después de inaugurada, había una sola entrada para verla hasta que en el ´77 se creó el Museo Eclesiástico con el recorrido laberíntico que predomina hasta entonces”.

En un comienzo se lo llamó, en realidad, Museo Dardo Rocha por la presencia gravitatoria de la cripta. “Hay gente que cree que porque Rocha era masón su sepulcro que estar en otro lado. Pero él tenía un profundo respeto por la religión católica. Existen hitos importantes como cuando el obispo dio la bendición en la fundación de La Plata, además que su último acto de gobierno fue justamente colocar la piedra fundamental de la Catedral”.

Fue así que el sitio ha generado un amplio e inacabado debate. Los masones sienten resquemor que uno de sus representantes dilectos descanse en un templo consagrado al catolicismo. Pero en consonancia con el planteo de Casas, para Nicolás Colombo, que organiza tours temáticos con el grupo "La Plata, ciudad oculta", es preciso tener en cuenta que tanto Rocha como muchos masones de la época fundacional también eran católicos.

Un episodio muy curioso ocurrió a principios de diciembre de 2011 cuando el arzobispado recibió una nota en la que se pedía la exhumación e inmediato traslado de los restos de Rocha. La solicitud fue presentada por Marcos Panissal Arana, que se presentó como “sucesor y heredero” del ex gobernador. “Dardo Rocha no comulgaba con la iglesia católica y por eso entendemos que no puede continuar encerrado allá abajo" y trasladarlo a "un lugar natural a la vista de todos", señaló el peticionante en medio de un gran revuelo. Tras analizar el caso y consultar a otros familiares, la curia rechazó la solicitud. Según Panissal Arana, “el poder concentrado impidió que pudiera cumplirse con el deseo de Dardo Rocha”, indicó.

No se supo más de otro reclamo hasta la fecha.

LOS ÚLTIMOS AÑOS DE VIDA 

Hombre público y de incesante actividad política, después de cumplir 80 años Dardo Rocha vivió alejado de la función pública en un retiro familiar. Pasó sus últimos años de vida en su vieja casona porteña de Lavalle 835, un terreno de más de 70 metros en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires. El antiguo solar era una nave inmóvil, fondeada en el puerto, entre el bullicio urbano y la vida de la metrópolis. La colección privada de porcelanas, cristales y cerámicas de Dardo Rocha vestía las paredes de la suntuosa casa. Cuadros históricos, esculturas, tapices que el ex gobernador eligió durante décadas para decorar su morada. Así se cuenta en el libro “Vida de Dardo Rocha: su ciudad, su obra, el museo”, con recopilación histórica y textos de María Laura Fernández Berro.

Cinco días después de cumplir 83 años Rocha falleció repentinamente. Y allí empezó el peregrinaje de su sepultura, que se convirtió en una suerte de odisea para la época. En la Recoleta se decretaron honores oficiales y funerales propios de un primer mandatario.

Una plancha de mármol que Fresco ordenó tallar reprodujo su último deseo, expresado en el testamento que dejó a sus hijos. “Sus restos no podían tener por sepultura otra tierra que no sea aquella elegida por él, para señalar la unión sagrada de la Argentina”, dijo Luis M. Berro, en palabras pronunciadas en la Asociación Sarmiento el 18 de noviembre de 1921.

Su panteón en el mayor templo platense se convirtió en objeto de atracción para el país. El diario La Nación del 20 de noviembre de 1940 describió del siguiente modo el recinto: “La cripta ha sido preparada cerrando con tabiques una parte del subsuelo, para formar una especie de octógono, con un espacio en el centro, a un nivel más bajo, pavimentado con mosaico negro, al que da una escalinata. En esta última parte se abrieron dos fosas para recibir los ataúdes y, posteriormente, se colocarán láminas de mármol”.

El nombre de Dardo Rocha, además de la cripta, quedaría asociado a la ciudad en monumentos, edificios y plazas como la de 7 y 60. Dice Fernández Berro sobre su figura: “Rocha permanece en la memoria de un país que va perdiendo su impronta europeizante y comienza a mirarse a sí mismo, en el centro mismo de su multiculturalismo. La casa de la calle Lavalle también se desdibujó entre los nuevos centros comerciales y nuevos cines. La residencia de los Rocha fue una nave detenida en el tiempo y perdurará durante décadas, varada entre el bullicio, hasta que fue demolida, a pesar de los intentos de preservarla como monumento histórico”.

No ocurrirá lo mismo con su casa platense, que Rocha nunca habitó, y donde funciona el actual Museo y Archivo Dardo Rocha inaugurado en 1952, que reúne mobiliario, objetos, vestimentas y documentos del fundador de La Plata. Pero esa es otra historia.