Luis María Varela, un fuera de serie creador del Buggy y el Andino
Una biografía de reciente aparición recorre la vida y la destacada trayectoria de este destacado diseñador de 80 años que reside en La Plata desde chico y fue creador de una decena de coches deportivos de calle.
Luis María Varela no es solo un diseñador de autos: es un verdadero pionero de la industria automotriz artesanal en Argentina. Con una vida marcada por la pasión, el ingenio y la perseverancia, este autodidacta, platense por adopción, concibió una decena de modelos deportivos y de calle que hoy son parte del patrimonio fierrero nacional.
Entre sus creaciones más recordadas se destacan el AndinoGT, un deportivo de líneas vanguardistas que recibió elogios del mismísimo Juan Manuel Fangio así como del afamado constructor Horacio Pagani. Varela también diseñó el auto llamado Puelche I, el primer buggy argentino, aunque la marca quedó inscripta a nombre de Juan Arturo Garbarini, un empresario que concibio el proyecto y había encargado a Varela el desarrollo de la carrocería del coche. El diseño se monto sobre la base mecánica del Gordini. El propio Garbarini propulsor de la iniciativa comercializó gran cantidad de unidades en Argentina y países vecinos.
Escrito por Gustavo Feder, acaba de aparecer el libro Luis Varela: un fuera de serie, que reúne ilustraciones, dibujos originales y fotografías inéditas, tanto en color como en blanco y negro, junto a testimonios, anécdotas y reflexiones del biografiado.
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Luis María Varela diseñó el auto llamado Puelche I, el primer buggy argentino
Nacido en Capital Federal el 19 de junio de 1945, su familia vino a vivir a La Plata cuando tenía 3 años. Su padre, Fernando José Marino Varela era periodista y llegó a ser director del Teatro Argentino y su madre, Lara Beatriz Cotta, profesora de francés. Luis cursó la primaria en distintas instituciones: inició sus estudios en la escuela Anexa y pasó por la escuela Italiana, el Sagrado Corazón y la Escuela Nº1 “Francisco A. Berra. La secundaria la realizó en el Bachillerato de Bellas Artes, que recuerda con gran emoción, donde aprendió distintas disciplinas ligadas al dibujo.
Desde su casa en Barrio Norte, donde repasa su vida para Begum, rodeado de planos, bocetos, fotografías y recortes de diarios, Varela cuenta con orgullo las décadas que dedicó a imaginar y construir autos. Su historia es la de un soñador que, a fuerza de voluntad y talento, dejó una huella indeleble en el diseño automotor argentino.
Sus inicios en La Plata
Para entender la conexión de Varela con los autos, hay que retroceder hasta su infancia. Tenía apenas 13 años cuando en las aulas de Bellas Artes empezó a mostrar destreza para el dibujo técnico y una curiosidad insaciable por el mundo automotor. Con una prolijidad admirable, trazaba líneas y siluetas con naturalidad, como si su mano supiera desde el principio lo que quería construir. Así convirtió su entusiasmo juvenil en una carrera única, marcada por la originalidad y el esfuerzo personal. Sus diseños llamaron la atención de referentes de la industria automotriz.
Su afición lo llevó a comprar revistas especializadas como Auto Italiana, Quattroruote y Mecánica Popular, publicaciones que, además de artículos técnicos, incluían direcciones de fabricantes y marcas internacionales. Varela comenzó a enviar cartas a esas empresas pidiendo folletos promocionales. Y sorprendentemente: asi llegaban a sus manos catálogos, fotos y comunicados desde casas como Pininfarina, Bertone y Alfa Romeo. Así comenzó a tejer sus primeros vínculos con la industria.
Pero su talento no se limitaba al dibujo. También se sintió atraído por el periodismo automotor. Tenía tan solo 17 años cuando escribió un artículo detallado sobre la industria automotriz argentina y lo envió a una revista italiana. En aquella época, el país contaba con más de veinte fábricas activas, algo que Luis consideraba digno de reconocimiento internacional. Para su sorpresa, el artículo fue publicado, le enviaron un ejemplar impreso y hasta le pagaron por la colaboración.
Desde entonces se potenció su deseo de participar en el ambiente del automóvil. Comenzó a colaborar con publicaciones nacionales como Automundo, enviando bocetos de autos de Turismo de Carretera y de fórmulas de competición. Sin embargo, su verdadera pasión eran los autos de calle: elegantes, aerodinámicos y con alma de Gran Turismo.
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Para 1965, ya realizaba diseños por encargo, pese a no contar con estudios formales más allá del dibujo técnico que había aprendido en el bachillerato. En ese año, un pedido cambiaría su destino para siempre. Tenía aún 19 años, cuando recibió su primer encargo: transformar un Ford modelo 53, que había sido patrullero policial, en un auto de Turismo de Carretera para el piloto Lido Filippi. Aunque no sabía mucho de mecánica, encaró el desafío y en 1965 salió su primera creación, realizada en un taller en Olivos. Su trabajo gustó y pronto recibió nuevos pedidos, entre otros, Rodolfo de Álzaga y Ángel Rienzi. Mientras incursionaba en el estudio de Ingeniería y Agronomía, Varela se enfocaba en los autos y buscaba información técnica en IKA-Renault, donde consiguió manuales que le ayudaron a comprender mejor la mecánica, especialmente del Renault Gordini, ideal para autos de carrera por su facilidad de mantenimiento. Su principal creación estaba próxima a nacer.
Entre tanto hacía colaboraciones de artículos y dibujos para revistas especializadas como Motor, Velocidad, Autoclub, Parabrisas y Automundo, entre otros medios. En 1968, con 22 años, Varela dio forma a su obra más emblemática: el Andino GT, un deportivo nacional construido sobre la mecánica del Renault Gordini. Aunque IKA-Renault no apoyó formalmente el proyecto, Varela recibió el respaldo de un concesionario que le cedió espacio para construirlo.
Elogiado por Juan Manuel Fangio
El auto fue presentado en 1970 y recibió elogios de Juan Manuel Fangio, quien aseguró que "no tenía nada que envidiar a los modelos italianos".
El Andino nació como un diseño basado en la mecánica del Renault Gordini, con motor trasero, confiabilidad probada y autopartes nacionales, pensado originalmente para la competición. Durante el servicio militar, Varela construyó una maqueta a escala 1:10 y se la presentó a Renault. Aunque el proyecto fue bien recibido, no obtuvo el respaldo definitivo de su presidente, James McCloud.
Quien sí apostó por la idea fue Roberto Lui, titular de la Asociación de Carreras de Concesionarios de IKA-Renault, quien le cedió su concesionaria en 9 de Julio para desarrollar el primer prototipo. Con apoyo técnico local y tras nueve meses de trabajo, el Andino se concretó en 1968. El nombre fue idea de su esposa, Rosita: si los Alpes inspiraron al Alpine, Los Andes podían dar origen al Andino.
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Aunque inicialmente pensado para una categoría que no prosperó (la GTA), el auto fue adaptado como modelo de calle y recibió el aval oficial de IKA-Renault. Se presentó a comienzos de 1970 y fue elogiado por el mismísimo Fangio, quien afirmó que no tenía nada que envidiarle a los deportivos italianos. Entre 1970 y 1973 se fabricaron doce unidades del Andino.
Varela trabajaba junto a un equipo reducido de colaboradores en un galpón de 72 entre 12 y 13 del barrio Meridiano V. El instrumental era de Siap; y se trataba de aprovechar la mayor cantidad de piezas posibles de Renault. “Había puesto un pequeño aviso en la revista Corsa y recibía muchos pedidos por el diseño novedoso para el momento que tenía el coche”. cuenta Luis y acota que aquella aventura, le permitió construirse su propia casa.
En paralelo, Varela y Fangio intentaron desarrollar un auto 100 % argentino para exportar a Europa, con motor hache por el mecánico de Saladillo Augusto Cicaré, pero el contexto económico frustró el proyecto.
A su vez, Varela diseñó varios autos sobre mecánicas existentes que llegaron a fabricarse en pequeñas series, como es el caso del buggy Puelche, hecho también en base a un Renault Dauphine. Fue un encargo del empresario Garbarini, quien en 2011 fue reconocido por el Concejo Deliberante local al cumplirse 40 años de la creación. El primer auto salió andando del taller de Ringuelet (Camino Parque Centeneraio y 511) en enero de 1971. El Puelche se hizo muy popular y se llegaron a hacer mas de 350 unidades, aunque otro constructor registró el modelo a su nombre. "La Plata está lleno de Puelches", asegura Luis. En total, desarrolló más de 600 vehículos artesanales, todos con un estilo propio, influenciado por los grandes diseñadores italianos.
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De su autoría también es un coche que lleva su nombre el “Varela R”, un deportivo compacto con mecánica Renault –conocido como Renault Fastback–, del cual construyeron seis unidades en La Plata. En esos años, entre otras creaciones, y basados en el Fiat 600, vieron la luz los modelos Barchetta y Berlinetta.
La vida en un libro
Después de quince años de intensa actividad, Luis Varela decidió cerrar ese capítulo de su vida. Dejando atrás los talleres y los dibujos de autos, se volcó al diseño gráfico y al periodismo. Su legado está marcado a fuego por la pasión y la perseverancia y su historia resuena aún entre los “fierreros” argentinos.
Si bien hoy Luis está desconectado del mundo motor, él siempre deja esa puerta entreabierta. Y, en ese sentido, sostiene “imaginar es hacer que algo suceda”.
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El proyecto del libro nació de la idea de Hugo Semperena, editor de la revista Ruedas Clásicas que inició el trabajo para plasmar la vida de Varela. Sin embargo, Semperena falleció en 2023 sin haber podido plasmar su proyecto que por voluntad de sus hijos y con el aval de Luis Varela quedó en manos de Gustavo Feder. La obra, de 172 páginas, está íntegramente impresa en papel ilustración. “
Es una biografía clásica y muy completa de este gran exponente del diseño de autos especiales que aborda su vida y, especialmente, sus creaciones y aportes periodísticos en medios y revistas especializadas”, explica Feder en dialogo con Begum y destaca el lugar que supo ganarse Varela tanto por su talento y perseverancia, como por su sensibilidad y calidad humana, cualidades que lo convierten en un verdadero fuera de serie.
¿Qué es ?
Begum es un segmento periodístico de calidad de 0221 que busca recuperar historias, mitos y personajes de La Plata y toda la región. El nombre se desprende de la novela de Julio Verne “Los quinientos millones de la Begum”. Según la historia, la Begum era una princesa hindú cuya fortuna sirvió a uno de sus herederos para diseñar una ciudad ideal. La leyenda indica que parte de los rasgos de esa urbe de ficción sirvieron para concebir la traza de La Plata.