La UNLP transformó en una verdadera obra de arte una colección de imágenes que refleja de qué modo la implacable acción de los hongos puede transformarse en un hecho artístico y de valor científico.
La UNLP transformó en una verdadera obra de arte una colección de imágenes que refleja de qué modo la implacable acción de los hongos puede transformarse en un hecho artístico y de valor científico.
El trabajo quedó plasmado en el libro "Fungi", lanzado por la editorial EDULP. El escrito nació luego de que un grupo de profesionales de la casa de altos estudios halló cientos de antiguas placas fotográficas arruinadas y las convirtió en verdaderas obras de arte.

La exposición se está en el hall de Arquitectura de la UNLP y reúne producciones del Centro de Investigaciones Urbanas y Territoriales a lo largo de 30 años.
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La aventura comenzó con el descubrimiento de alrededor de 700 diapositivas enmohecidas y deterioradas, olvidadas en interior de un bebedero de caballos, en el viejo hospital escuela de la Facultad de Ciencias Veterinarias. Fue así que la naturaleza se abrió paso y la acción de distintos fungis transformó dramáticamente aquellas imágenes fotográficas. Luego de un minucioso trabajo que demandó más de 3 años, aquellas fotos rescatadas de la voracidad de los hongos, alimentan hoy las páginas de un libro cuya riqueza visual resulta tan atrapante como original.
En “Fungi” convergen las miradas de la archivística, de las ciencias veterinarias y micológicas, y de las prácticas artísticas. El grupo de trabajo abocado a este desarrollo está encabezado por el artista plástico y audiovisual, Darian Witon; la Licenciada en Filosofía y fotógrafa, Ángela Tettamanti; la microbióloga médica veterinaria y docente, Romina Della Vedova; y la bióloga y docente de la Facultad de Ciencias Veterinarias, Verónica Amor.
Tettamanti, fotógrafa y una las autoras de la publicación, explicó: “El libro materializa el trabajo de rastreo, recuperación y selección de un cúmulo de fotografías que, enmohecidas y deterioradas, dieron lugar a nuevas imágenes como consecuencia de la intervención de distinta clase de hongos. Ellas son un retrato en movimiento del tiempo, una imagen vacilante, ya que representan la captura momentánea de una figura que, como todo proceso biológico, continúa mutando”.
Witon, artista plástico autor del libro y trabajador no docente de la facultad, remarcó que "las ciencias veterinarias y biológicas fueron anfitrionas de la experimentación y búsqueda en las imágenes sobre las que los fungis se sentaron -literalmente- a comer".
Sobre la apasionante historia de este proceso creativo, el artista recordó: “Lo primero que apareció fue una caja de viejas diapositivas, eran fotografías de placas de vidrio de las antiguas que se hacían con cámara de fuelle numeradas, pero discontinuas. Esa fue la punta del ovillo que nos hizo preguntarnos dónde estaba el resto. Posteriormente, pudimos dar con un buen número de placas fotográficas en un box de caballos del Viejo Hospital Escuela; que había sido destinado como depósito luego de la mudanza al Nuevo Hospital Escuela. Allí, literalmente flotando en un bebedero de caballos, se hallaban un par de estas maletas repletas de diapositivas y, en una caja aparte, un gran número de placas fotográficas con sus correspondientes sobres numerados, de los cuales sólo unos pocos contaban con alguna referencia muy escueta”.
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