Franco Agostinelli es un barbero de Ensenada e hincha fanático de Gimnasia que se convirtió en el peluquero personal de Diego Armando Maradona durante su paso como entrenador del Lobo. Su historia con el Diez se remonta a mediados de 2018, cuando por esa época le cortaba el pelo al jugador del plantel tripero Matías Gómez.
Según reveló Infobae, el corte le gustó y lo recomendó. Al poco tiempo, Agostinelli empezó a ir en la previa de cada partido a Estancia Chica, el predio del club, ubicado en la localidad de Abasto. Llevaba sus tijeras y máquinas en la valija de “Servicios VIP” -como le llama al corte a domicilio- y se ponía a disposición de los jugadores. Así llegó a cortarle a casi todo el plantel: Nicolás Contín, Matías García, Erik Ramírez y el mencionado Matías Gómez, entre los que lo eligen siempre.
En la noche del jueves 23 de enero de 2020, hace casi un año, se encontraba en Estancia preparando a los jugadores antes del encuentro contra Vélez cuando Contín se acercó y le dijo: “Mañana le cortás a Diego”. El delantero le explicó que le había preguntado a Maradona si quería cortarse y que la respuesta fue sí.
Franco no le creyó hasta que el entrenador pasó, lo señaló con el dedo y le dijo: “Mañana me toca a mí”. Esa noche, el joven de 27 años casi no durmió. Hasta el mediodía siguiente se esforzó por dominar los nervios. No temía fallar en su oficio porque el corte era sencillo y no le temblaba el pulso. A Franco le daba miedo todo aquello que pudiera arruinar su primera impresión, por eso le dijeron que a Diego lo tratara como una persona más.
“¿Qué hacés flaco? ¿Todo bien?”. Esa simpleza en el saludo del DT, recuerda, lo sorprendió. De ahí en adelante, cada vez que necesitó recuperar la calma se repitió a sí mismo: “No es Maradona, es uno más, no es Maradona, es uno más”. Ya prestos, su ídolo le pidió que mantuviera el corte. Era un estilo clásico: rapado en los lados, más largo en la cúspide, la línea marcada y peinado a la derecha.
Previo a irse, Franco le pidió si le firmaba la pierna para tatuarse el autógrafo. No quiso dinero. Una semana después, regresó a Estancia Chica para atender a los jugadores y le hicieron llegar un mensaje: “Dice Diego que si no valorás tu trabajo, no trabajás más con él”. Desde entonces, empezó a aceptar el pago que le hacía llegar a través de sus asistentes. Lo que valía el corte en su peluquería, se lo pagaba multiplicado por diez.
El 25 de febrero, el joven lo notó cabizbajo: "Hablamos mucho y me contó que extrañaba al papá. Me dijo que, cuando falleció, sintió que le arrancaron un pedazo de su vida y eso, a veces, le pesaba", contó a Infobae.
"Prefería que él planteara los temas porque no sabía cómo podía reaccionar. Por más que me interesara, no me daba para preguntarle cómo iba a formar el equipo en el siguiente partido o cosas así. Prefería que él se sintiera libre de contar lo que quisiera. Y si él quería, hablábamos y si quería que me quedara callado, me quedaba callado", agregó.
En los meses de aislamiento, Franco no supo de su ídolo más que lo que decían las noticias. Para septiembre, ya iba asimilando la idea de que no volvería a verlo. Por eso, el llamado que recibió la mañana del sábado 5 lo sorprendió. Esta vez, la cita era en Campos de Roca, el country al que Maradona se había mudado a fines de julio. El barbero saltó de la cama entusiasmado por volver a ver al Diez, ahora, en su propia casa.
Maradona lo recibió de pie, como antes, cuando cada vez que lo veía lo abrazaba y le agarraba la cara y le daba palmaditas o alguna caricia. Esa mañana aprovechó que el cabello había crecido para sugerirle un nuevo cambio: correr la línea que tanto le gustaba hacia la izquierda. A Maradona la idea le gustó. Ése fue su último toque.
Días más tarde, el domingo 13, Franco vivió una situación inusual que le causó gran asombro. Cuando el técnico lo vio acercarse a la puerta de la habitación, le dijo que no lo quería ver, que se fuera. Valija en mano, en silencio, el peluquero comenzó a volver sobre sus pasos hasta que escuchó que el asistente recalcaba: “Diego, es Franco”, y entonces el DT se dio cuenta de su confusión y se disculpó: “Perdoname, pensé que eras otra persona y no tengo ganas de que me rompan los huevos. Esperame que ahora nos cortamos”, le dijo.
Un mes después, el 13 de octubre, sintió de nuevo el éxtasis que le infundían los mensajes que llegaban desde Campos de Roca y recorrió en su Volkswagen Bora los 32 kilómetros que separan Ensenada de Brandsen. A diferencia de otras veces, cuando terminó de cortarle el pelo, Maradona le pidió que lo esperara. Se levantó despacio y fue caminando hasta su habitación. El peluquero miró a Johnny, el sobrino del astro, buscando saber. “Te quiere pagar él”, le adelantó.
Su ídolo regresó, le agarró la mano, le entregó el dinero y le dijo: “Muchas gracias por tu trabajo. Gracias por tomarte el tiempo de venir hasta acá a cortarme el pelo”. Esa fue la última vez que lo vio. El 24 de octubre, Verónica Ojeda, la expareja del Diez, llevó a su peluquero para que lo atendiera antes del cumpleaños. Luego, la operación en la cabeza, la abstinencia, el recogimiento, la muerte.