Un prestigioso científico y eminencia del big data de la Universidad de Stanford llamó la atención por su temprana advertencia (en un artículo publicado en Stat News del 17 de marzo) sobre desproporcionada respuesta que los gobiernos estaban dando como solución a la pandemia del coronavirus.
Esto provocó la reacción de otros colegas que en su momento lo cuestionaron. Sin embargo, insiste y asegura que los números actuales le dieron la razón.
En una nueva columna publicada en The Sunday Times, el autor escribió -junto a Rohan Silva, ex asesor del gobierno inglés y empresario- sobre el mismo tema por el cual cobró notoriedad hace un mes y medio e insistió: “La ciencia se está volviendo clara: las cuarentenas ya no son la medicina correcta”.
“La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró al principio que la tasa de mortalidad de COVID-19 era del 3,4%. El modelo del Imperial College de Londres, basado en datos iniciales poco confiables, sugirió que más de 500.000 personas podrían morir en el Reino Unido a menos que se tomaran medidas drásticas”, señaló Ioannidis en su reciente entrega.
El renombrado académico enumeró una serie de claves respecto al escenario planteado hace un mes y medio atrás por el Imperial College de Londres y la actualidad. “Está claro que COVID-19 es mucho más común de lo que se suponía. La gran mayoría de las personas infectadas tiene síntomas leves o no tienen síntomas. Los investigadores han realizado pruebas para detectar anticuerpos en poblaciones generales y llegaron a la misma conclusión: la cantidad de personas infectadas con COVID-19 es muchas veces mayor que la contada por las estadísticas oficiales”, sostiene el especialista.
En segundo lugar, continúa Ioannidis, “la evidencia muestra claramente que COVID-19 es mucho menos letal de lo que se temía. Una vez que corrige la gran cantidad de casos no detectados, tiene una tasa de mortalidad comparable a la de una temporada de gripe severa, al menos en áreas donde los hospitales y hogares de ancianos no se han visto abrumados. También vemos que la letalidad de COVID-19 tiene una relación con la edad pronunciada, con alrededor del 90% -95% de las muertes en Europa entre los mayores de 65 años. Para los niños y jóvenes sabemos que COVID-19 es menos letal que la gripe”.
“COVID-19 es letal a menudo cuando se trata de una infección hospitalaria: las personas la contraen en el hospital. El virus también puede ser devastador para los residentes de hogares de ancianos: en varios países europeos, aproximadamente la mitad de las muertes reportadas son de centros de enfermería. Esto ayuda a explicar por qué ciertas áreas (Bérgamo en Italia, Queens en Nueva York) tienen muertes desproporcionadas. Estos son lugares con altas tasas de personal médico infectado, que transmiten el virus a pacientes que ya están enfermos. Los trabajadores de la salud infectados pueden, sin darse cuenta, crear cadenas hospitalarias de infección con consecuencias trágicas para las personas vulnerables”, añade el autor que predijo hace más de 45 días que las medidas gubernamentales estaban siendo tomadas casi a ciegas.
En igual sentido, Ioannidis explica que las residencias geriátricas están llenas de ancianos y personas con incapacidades. Allí fallaron autoridades del Reino Unido y Nueva York. Colocaron a estas personas infectadas en estas instalaciones para aliviar la presión hospitalaria. Las consecuencias fueron fatales. “Quizás lo más importante es que nuestros líderes deben seguir apegados a su enfoque basado en la ciencia y no tener miedo de comunicar los últimos hallazgos al público”, dijo.
Ioannidis explica el segundo punto basándose también en los datos que se tienen disponibles. “El rastreo de contactos tiene sentido cuando hay un pequeño número de casos. Pero es probable que varios millones de personas hayan sido infectadas en el Reino Unido, lo que hace que sea prácticamente imposible realizar la prueba en la escala requerida. Tampoco se debe considerar la eliminación cuidadosa de las medidas de cierre como un intento de alcanzar la inmunidad del rebaño, una estrategia desaconsejable para una infección que infesta tan fácilmente a los hospitales y hogares de ancianos. Un mejor enfoque es utilizar las pruebas de manera precisa para guiar la reapertura. Los hospitales y el personal de los hogares de ancianos deben someterse a pruebas regularmente para proteger a los más vulnerables, junto con un estricto control de infecciones y medidas de higiene mucho más estrictas en estas instalaciones”.
“Se debe instar al público a mantenerse alejado de los hospitales si tienen síntomas de COVID-19, a menos que estén extremadamente enfermos, y es posible que las personas frágiles necesiten ser puestas en cuarentena en casa por más tiempo”, sugirió el académico cuyo currículum abruma.
Finalmente, Ioannidis concluye: “Desde el comienzo de esta crisis global, nuestros líderes han tomado medidas basadas en los mejores datos disponibles. Al principio, esta información era escasa y alarmante, y las medidas draconianas eran comprensibles. Para estar seguros, COVID-19 es un virus novedoso, y todavía hay mucho que aprender. Pero las últimas pruebas y datos apuntan en una dirección favorable”.